nacía el bandoneonista OSVALDO RUGGIERO.
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Entrevista de EDUARDO RAFAEL, publicada en TODOTANGO.
Extractado de la revista "La Maga" del 25/11/1992.
OSVALDO RUGGIERO
BANDONEONISTA, ARREGLADOR, COMPOSITOR
22 de Septiembre de 1922 - 31 de mayo de 1994.
OSVALDO RUGGIERO
Mi viejo se llamaba Sabatino. ¡Bien tano! Era del sur de Italia, de la provincia de Caserta, muy cerca de Nápoles. Llegó al país junto a ese aluvión de inmigrantes de fines de siglo XIX y se fue a vivir a Villa Pueyrredón. Era fabricante de mosaicos y le encantaba la música, las romanzas, las canzonettas. Y me fue contagiando su berretín desde muy chico. Aunque yo no quería saber nada, a mí me gustaba jugar a la pelota.
«Mi
primer bandoneón me lo regaló él, era su instrumento preferido y me
compró uno. ¡Cómo sería su locura, que hasta se puso a estudiar solfeo
para tomarme las lecciones!
«El viejo fue mi único maestro, nadie más. ¡Yo sí que fui autodidacta! ¡Ni radio teníamos en casa!
«No tuve influencias de ningún otro bandoneonista. A veces me preguntan si mis raíces están en Pedro Maffia o en Laurenz,
que eran los dos más famosos de aquella época.
Y creo que a Maffia no
lo escuché nunca y a Pedro Laurenz, ya de muy grande, cuando él tocaba
en el Quinteto Real.
Lo mío fue agarrar el “fueye”, darle y darle y
meta estudiar, pero solito.
Además hay que tener en cuenta que yo
llegué a la orquesta de Pugliese a los diecisiete años. Ahí sí, Osvaldo me formó y me marcó para siempre.
«Yo había hecho algunas changuitas en
conjuntos que se armaban y desarmaban. Con uno de ellos tocamos en
Radio Sarmiento, que ni siquiera me acuerdo donde quedaba. Uno de los
músicos, se llamaba Álvarez, fue quien me recomendó al enterarse que Pugliese
estaba formando orquesta propia.
Primero trabajamos en “El Germinal”,
pero la formación definitiva debutó en el café “El Nacional”, en agosto
de 1939.
«La de Pugliese siempre fue una orquesta de
avanzada y, dentro de ella, uno iba formando su personalidad. Tenía que
hacerlo porque Osvaldo era muy exigente. Me decía: “Tenés que
estudiar, ¡estudiá!”. Y yo lo tomé muy en serio porque quería
sobresalir. Osvaldo insistía: “Tenés que llegar a interesar como
interesa Troilo”. Me hablaba de Troilo porque era la gran figura del bandoneón. ¡Miren en el brete que me metió el hombre!
«Troilo fue el gran bandoneón. Y que no se
enoje nadie. Yo sé que hubo y hay excelentes bandoneonistas. Pero a
Troilo lo sentí de otra manera. Fui hincha suyo. Era muy comunicativo,
muy sentimental, muy porteño y todo eso lo expresaba en el fraseo de su
bandoneón.
Tengo una reliquia: una foto que me saqué con él y me dedicó
con una frase que no podré olvidar: “Al bandoneón que le queda a
Buenos Aires”, escribió.
Ruggiero en la Orquesta de Pugliese
|
«Mi formación como tanguero empieza con Osvaldo. Había que ser muy temperamental porque la orquesta exigía garra, fuerza.
«Mis tangos nacieron y murieron en la
orquesta de Pugliese, por ejemplo “Catuzo”, “N. N.”, “A mis
compañeros”, “Yunta de oro”.
Eso pasó porque cada orquesta tenía su
repertorio propio. Se sentía una especie de pudor si se tocaba el tango
de otro.
Además, toqué veintiocho años con el maestro.
«Nunca tuve deseos de independizarme. No
tengo virtudes para dirigir. Prefiero estar en el borbollón, todo lo
que tengo para dar lo doy ahí.
Me gusta compartir. No sé, nunca me
pareció importante ser director.
«Pugliese siempre le dio una importancia
especial a los bandoneones dentro de la formación de la orquesta,
porque va ligado a la faz rítmica. El bandoneón, junto al bajo y al
piano, marcan la percusión dentro del conjunto.
«Osvaldo fue el mejor continuador de Julio De Caro,
pero se desprendió de él a partir de “La yumba” y “Negracha”. Con esos
tangos nace el auténtico Pugliese, manteniendo la fidelidad a la
preponderancia rítmica que viene desde los comienzos del tango. Carlos Di Sarli viene de Fresedo. Astor de Pugliese. Piazzolla empezó a ser Piazzolla a partir de “Negracha”. Al único que nunca le conocí raíces fue a D’Arienzo. Cuando impuso su orquesta, allá por 1935, no tenía nada que ver ni con De Caro, ni con Canaro, ni con Firpo ¡Con nadie!
«A mi siempre me gustó. La orquesta era muy rica en ritmo y temperamento. Tenía una personalidad bárbara. Negarlo a D’Arienzo me parece una barbaridad.
«El Sexteto Tango tiene reminiscencias de todo aquello. Somos leales a todo eso que viene de Pugliese, de Troilo, de Di Sarli, de D’Arienzo.
Es decir, tratamos de mantener la preponderancia de lo rítmico. La
diferencia está en que ellos tocaban para que la gente baile y ahora no
baila nadie. Ahora hay que ejecutar para ser escuchado.
«Cuando me preguntan sobre el bandoneón
repito que es el instrumento que le dio su verdadera personalidad al
tango. En los comienzos, cuando se tocaba con guitarra, flauta y
violín, era otra cosa, la sonoridad, la agresividad, el color, a mí me
enloquecen.
Ruggiero con Julián Plaza
|
«Sobre mi estilo no me parece que haya
seguidores. Hoy se buscan nuevas formas y me parece lógico que sea así.
Además el tango ya no se toca más como antes.
«Si tuviera que elegir un tango mío, optaría
por “Rezongo tanguero”, porque lo escribí pensando en mi viejo y a él
se lo dediqué.
«Cuando me preguntan: ¿qué quedó de aquellos
tiempos de esplendor de las décadas del 40 y el 50? Respondo sin
titubear: a mí me quedó todo, hasta la juventud».
Extractado de la revista "La Maga" del 25/11/1992.
fuente: TODOTANGO.
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N.N. con Julián Plaza
N.N. con Julián Plaza
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