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jueves, 10 de mayo de 2018

ALICIA MARQUEZ, POEMA SIN TITULO (TAZA)

El poeta Gustavo Tissocco tuvo la gentileza de regalarme esta antología CAPRICHO, así que iremos publicando algunos poemas.
Colección serie RAPSODIA, Ensamble de Voces,
Ediciones El Mono Armado, 2017.
Alicia Marquez, Gustavo Tisocco, Norma Starke, Rubén Reches, Claudia Tejeda, entre otros.
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Aquí un poema de la poeta Alicia Márquez:


El limonero está creciendo,

Simona me pide salir a pasear,
damos una vuelta manzana,
le ladra un perro enorme,
me acuerdo de que tengo que comprar orégano,
cuando llegue a casa lo anoto para no olvidarme.
Sobre la mesa del comedor está el libro que dejé sin terminar
y me da pereza retomarlo.
La cafetera me avisa con un gruñido que ya está.
Miro por la ventana: el cielo tiene un
extraño color naranja, el jazmín chino
avanza sobre una baranda,
escucho música de los años sesenta,
suena el teléfono. Es una promoción imperdible
de medicina a la carta.
Recuerdo una película. Y una charla.
Tomo despacio el café mientras mojo una vainilla.
Estiro el café, pero ya no hay más café,
y entonces lavo una taza,
una taza, sólo una taza, la taza en la que tomé café,
una taza. Una taza celeste. Una. Sólo una taza.
Y la taza, sola me mira. Sola la taza. Una taza
en el escurridor. Pobre taza sola.
Y entonces lloro.


Alicia Márquez.

Antología Capricho
de la serie Rapsodia, ensamble de voces.
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ALICIA MARQUEZ, A LA DERIVA


A LA DERIVA

“Pobrecita la Inesita,
tiende ancho y duerme solita”
Zamba Soltera – Autor: Cuchi Leguizamón

La única habitante de la enorme isla soy yo.
Solamente yo.
Flota por aguas tormentosas
y me aferro a las sábanas para que no me trague
el remolino que aparece,
dos por tres, solapado,
murmurando cosas,
murmurando cosas.
Sopla un viento desencantado
por arriba de mi cabeza,
me despeina los pensamientos
y se queda, muy cómodo
en la boca del estómago,
extendiéndose, extendiéndose.
Lejos está el tiempo en que las lianas
estiraban sus brazos, enlazándonos,
en que el perfume de las flores
nos hacía felices,
en el que había risas permanentes
y descubrimientos de nuevos arroyos,
de cielos prodigiosos.
La isla ya no tiene palmeras.
Es un páramo.
A los costados, se ahogan los sueños compartidos.
Y un hueco se hace cada vez más profundo
en la almohada de la izquierda.
Las siete de la tarde me atacan, día a día.
Se muestran amables, con ese reflejo que apenas se despide
en los vidrios de la cocina,
con ese color escurridizo que amasa las esquinas
de los muebles y acaricia levemente las paredes
y entonces la melancolía,
esa que últimamente me acompaña,
me muerde.
Puede ser una canción,
quizás el perfume insolente del jazmín que brotó,
indiferente a todo lo demás,
o de repente un escalofrío.
Podrían ser las seis, también.
Es esa hora imprecisa, de un café, de una mirada
lejos, de una risa, de una frase.
Y los recuerdos ahí, solapados.
Las siete de la tarde, las seis, las cinco.
La tarde. El sol que se refleja en los vidrios de la cocina.
El alma.
Las siete, las seis, las cinco.
Son asesinas seriales. Todas. Todas.
La tarde,
el sol que se desmaya,
el pájaro que chilla,
las siete, las seis, las cinco.
La tarde. La tarde. Esa hora.
Y quien dice que no se puede morir de amor sin morirse.
Quien dice. A ver.
Que venga y me lo diga en la cara.

Alicia Márquez. 
Antología Capricho
de la serie Rapsodia, ensamble de voces.
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ALICIA MARQUEZ, LA ROPA


LA ROPA

Momento de cambiar la ropa, porque va a hacer frío,
y entonces las blusitas livianas, las camisitas tímidas,
los pantalones frescos se van a dormir
entre cajas, bien arriba del placard.
Y mientras acomodo y guardo
me doy cuenta de que hay ropa para llorar.
El tapado todavía tiene lágrimas en las solapas,
que parecen marchitas,
pobre tapado negro.
A la camisa de lunares se le escaparon algunos
porque no pudieron soportar tanta tristeza,
tiene todo el cuello desteñido.
Pero quizás se le pueda coser otra tela arriba,
para disimular la huida de los lunares.
Yo no puedo coserme una tela para disimular,
tengo que salir como estoy, llena de agujeros.
Esa pollera turquesa, lánguida, 
sostuvo mi mano con un pañuelo de adiós 
y un ramo de hasta siempre.
Me parece que no la voy a usar más.
De repente, entre tanto llanto, aparece un pantalón
lleno de flores. Un pantalón de reír.
Y una remera verde, también de reír.
No los guardo en la caja. Los dejo colgados porque
los necesito, aunque haga frío.

Alicia Márquez.


Antología Capricho
de la serie Rapsodia, ensamble de voces.