Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
Un día como hoy.... 1 de marzo.... pero de 1890.. nacía BENITO QUINQUELA MARTIN. ......................................................
Benito Quinquela
Martín en su taller.
Buenos Aires, 1 de marzo de 1890- 28 de enero de 1977
Esta biografía del pintor BENITO QUINQUELA MARTIN, está publicada en tres partes (por su extensión), hay fotos, y varios videos muy interesantes con su obra en el barrio de La Boca, y su obra pictórica. BENITO QUINQUELA MARTIN
28 DE ENERO 1977 - Muere en Buenos Aires el pintor Benito Quinquela Martín,
pintor personal y característico de escenas del puerto de la Boca del
Riachuelo. Fue además un notable filántropo y donó en su barrio terrenos
para la construcción de escuelas y establecimientos de salud. Cedió al
Estado gran parte de su obra y construyó el teatro de la Ribera. Nació
en Buenos Aires el 1º de marzo de 1890.
Efemérides Folklóricas Argentinas de Juan Carlos Fiorillo. ........................................
Un día como hoy....28 de enero.... pero de 1977.. fallecía BENITO QUINQUELA MARTIN. ..............................................
Benito Quinquela
Martín en su taller.
Benito Quinquela
Martín (Buenos Aires, 1 de marzo de 1890- 28 de enero de 1977), cuyo
nombre de nacimiento fue Benito Juan Martín, fue un pintor argentino. Hijo de
una madre desconocida que lo abandonó en la Casa de Niños Expósitos, siete años
después fue adoptado por la familia Chinchella, dueños de una carbonería.
En este blog, hemos publicado una extensa biografía del pintor BENITO QUINQUELA MARTIN, el día 1 de marzo de 2013, y hay fotos de sus algunas de sus obras.
ORQUESTA TIPICA LORENZO BARBERO cantando HECTOR PALACIOS. ( Me encanta Héctor Palacios..!!!)
Para quienes deseen leer y ver cosas de Benito Quinquela Martín: el día 1 de marzo de 2013, su biografía y obras, fueron publicadas en tres partes. Muchas gracias.
Producción
artística- Contexto El barrio de La
Boca en donde Quinquela se inspiró era un barrio de depósitos, astilleros y
construcciones portuarias, casas de chapa y zinc. El barrio era pobre, teñido
de grises que era poco parecido a lo que Quinquela dejó. Sus ojos podían ver
más allá de lo evidente, podía ver la herencia cultural de cada espacio. La dependencia
sentimental que lo unía al barrio provocó que se lo acusara de monotemático, de
ser incapaz de pintar otra cosa pero él se sentía orgulloso de esta
característica suya. En una oportunidad le pidieron que pintara un mural en
Santiago del Estero el argumento para no hacerlo fue simple:" De la fusión
entre el individuo y el ambiente surge lo que se llama el color local. Santiago
del Estero brinda abundante material artístico para los pintores pero yo no me
animo a pintarlo. El pintor que lo pinte tendrá que ser santiagueño. El color
local requiere un artista local. Y mi color local está en Vuelta de
Rocha". Ofrecimientos como éste, rechazó en cantidad a lo largo de su
carrera.
Enrique Horacio
Gené escribió una extensa obra titulada Quinquela Martín, al análisis de la
pintura quinqueliana en relación con su vida, respecto de la relación entre el
artista y el medio escribe: "...creemos válido señalar desde
nuestra visión que si Quinquela se establece en La Boca, no sólo habitando en
ella sino desde el punto de vista de la inspiración, y se declara incapaz de
encontrar motivos fuera de ella, es porque permanece en esa incertidumbre
inicial, hecha de su propia necesidad de decir el deslumbre que le produce
sentirse capaz de vivenciar su mundo y hacerlo trascendente. [...] Quinquela,
cuya personalidad plástica se desbordó con el tiempo sobre La Boca en verdadero
mecanismo de absorción y modificación del entorno, le debe sin embargo su
paleta, la de la etapa más conocida de su obra, al color mismo del barrio.
Quinquela y La Boca se interpenetraron hasta ser uno mismo".
Técnica
Prensa para
aguafuertes de Quinquela, exhibiba en el Museo Escuela Pedro de Mendoza. La originalidad
de la técnica de Quinquela sobresale sobre el resto de los pintores
contemporáneos. Exigió una pintura muy rápida, agilidad, fuerza y virilidad en
cada trazo. A golpe de espátula demoraba poco en crear un cuadro pero muchas
horas en idearlo. Partía de un sólido conocimiento de su medio, de su atmósfera
y de la dinámica del paisaje que iba a ilustrar. Con carbonilla hacía un
bosquejo que después rellenaba con la espátula. Esta herramienta fue la
exclusiva a partir de 1918, antes utilizaba también el pincel. Gené dijo sobre
esta técnica que la elección de la espátula supone la necesidad de servir una
urgencia realizativa que el pincel hubiese hecho lento. Quinquela empastó su
obra aún en los casos que usó pincel, como si lo persiguiera la necesidad de
terminar cada una de sus piezas en el menor tiempo posible
Temática
De todos los
motivos que se podía elegir en el barrio para representar en su trabajo eligió
el trabajo. Quizá por sus comienzos como carbonero, sabía de las dificultades
que tenía y quería reflejarla con el arte. Todas las escenas portuarias
pintadas por Quinquela son homenajes al trabajo, protagonizadas por figuras
humanas, dinámicas y en constante movimiento cargando bolsas de carbón. En muy
contadas ocasiones pintó escenas sin figuras humanas, el protagonista siempre
fue el hombre. La crítica
Graciela di María, autora de Candido López, Benito Quinquela Martín y Florencio
Molina Campos como paradigma de la plástica argentina dijo: "En obras como
The bridge al Boca y Descargando carbón Quinquela representa la actividad y
agitación de las horas de trabajo. Son escenas de gran dinamismo, de sobriedad
colorística, de una paleta tonal baja, sin fuertes contrastes...". Gené añadió:
"Por algo nadie, ni antes ni después de Quinquela, intentó plasmar la representación
de la vida ajetreada, de la actividad constante y sin descansos, de la
inclaudicable intensidad de las labores de La Boca. Es como si, inventor de una
temática y, lo que es más evidente, de una forma de decir desbordante, con él
se hubiera agotado ese tema"
Pintor futurista- El pintor popular Es el más popular
de los pintores argentinos, y el más querido. Fue endiosado, convertido por sus
seguidores en una especie de héroe patrio por haberse mezclado la calidad de su
obra artística con la de su obra solidaria. Han aparecido detractores entre la
crítica más especializada que pone en duda su condición de artista, su talento
y habilidad. Gené dice cuando
se refiere a sus seguidores y detractores que es necesario denunciar una y otra
actitud extrema, ya que ambas dañan la imagen del artista, como pintor y
hombre. Para poder evaluar la calidad artística del pintor es necesario separar
su obra de su vida social. El hecho de no
pertenecer dentro de ninguna escuela o corriente pictórica determinada lo
mantuvo al margen del centro de atención de críticos y galeristas y provocó que
su pintura no fuera del todo impresionista ni del todo expresionista; no es del
todo fovista ni del todo realista, no concuerda con ninguna de las corrientes pictóricas
de la época. Para Quinquela era más importante La Boca que el sistema que
estuviese de moda. Además fue
autodidacta, jamás estudió pintura en un establecimiento educativo, decía que
el exceso académico atentaba contra la originalidad y la personalidad de la
obra.
Quinquela siempre fue un autodidacta acérrimo y negaba rotundamente el
progreso a partir de los programas formales que ofrecían las instituciones
oficiales. En sus propias palabras sus dibujos eran diferentes de los
académicos que eran fríos y calculados pero afirmaba que la belleza era otra
cosa. Él aprendió a pintar solo, dibujando con los carbones, bocetando sin
descanso ni escuela, según dijo Gené. El elemento escritor no era carbonilla ni
una mina untuosa, sensible a la superficie del papel, sino de un trozo de
carbón.
Quinquela tuvo
sentimientos nacionales, tanto en su obra artística como solidaria y en su
temática y método. Lo defendió siempre que pudo con argumentos convincentes.
Siempre defendió que la parte patriótica era función del arte y no consideraba
que la función didáctica desmereciera en modo alguno su pintura. Lo expresó en
sus murales y en sus dichos. Lo afirmó en una conferencia radial en Tucumán
donde sostuvo que mezclar el arte con la política es un error. Por este hecho
muchos muros los pintó gratis para beneficiar al país. Por eso defendió la
decoración de la Escuela-Museo Pedro de Mendoza.
Crítica española
Francisco
Álcantara, reconocido crítico madrileño, escribió en El Sol de Madrid un
artículo que destaca las similitudes entre la pintura, la música y la
arquitectura que documentan la profunda comprensión del arte que manejaba
Quinquela, un pintor casi espontáneo. Afirma que el que tiene algo para decir
encuentra la forma de expresarlo. Expresa el crítico también que los cuadros de
Quinquela pertenecen a la clase de pintura en que se ubica la comunidad del
alma, de esencia de todas las artes. Además lo comparó
con un artista ibérico por la sencillez y austeridad del idealismo mostrado por
Quinquela, lo que deja ver que Alcántara se conmovió con la obra de Quinquela.
Esa comparación se realizó en momentos en que el arte europeo se consideraba
superior al americano. José Francés
publicó en la Esfera de Madrid un artículo llamado Un pintor argentino: Benito
Quinquela Martín donde describe en forma más detallada los cuadros dando un
análisis y una semblanza más precisa de la obra de Quinquela. Resaltó la
sencillez y la fuerza que se perciben en los cuadros y destacó la lucha
personal por sortear las dificultades que se le presentaron en la vida al pintor. Rafael Domenech
publicó en el ABC de Madrid que se destaca la modernidad del arte de Quinquela
pero señaló que era un artista de naturaleza pictórica y por ende muy moderno,
entendiéndose por moderno ser el último producto de las generaciones artísticas
pasadas y el primero de las futuras. Aunque Quinquela siempre siguió al
clasicismo antes que modernismo, consideraba a la vanguardia como un peligro
para la estética y la sensibilidad del arte. Hacía prevalecer su estilo y
modelo por sobre las tendencias ajenas. Otra crítica de
un español que firmaba como Hans, que fue publicada en El Debate de Madrid lo
cataloga como impresionista sui generis. Sostiene que llegó al mismo fin que
las escuelas impresionistas tradicionales pero siguiendo caminos nuevos,
propios y totalmente espontáneos. En el artículo se puede notar lo impresionado
que quedó el autor por la técnica quinqueliana y además por la temática. Fue la
nota más extensa que se publicó en medios madrileños. No todas las
críticas fueron positivas: Fernando Beltrán en la Correspondencia de Madrid lo
acusó de artificioso, de querer buscar a propósito un cierto efecto en el
observador y de combinar los colores de forma que se dirijan al corazón del
observador. El crítico opinó que la exposición realizada en Madrid fue un hecho
comercial en exceso y sobrevaluado. Aunque al final de su nota escribió algunos
augurios y buenas proyecciones de futuro.
Giras en el
extranjero En 1921, ya con
treinta y un años, empezó una serie de viajes por el mundo, que se extendieron
por diez años. Empezó por Brasil, donde su amigo Taladrid fue nombrado
representante internacional de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes en la
ciudad de Río de Janeiro para incentivar el intercambio cultural entre ambos
países. En ese entonces el pintor que mejor representaba al espíritu argentino
era Quinquela. Se mudó a esa ciudad brasilera por seis meses donde pintó los
paisajes autóctonos. Según sus propias palabras en Río de Janeiro no había
tantos pintores porque el cuadro natural era tan hermoso y perfecto que no
podía copiarse y mucho menos mejorarse.
Su estancia en
Río de Janeiro fue de seis meses porque el salón donde pensaba exponer estaba
ocupado por los reyes de Bélgica primero y por la muestra anual de arte
brasilero después. Taladrid se ocupó de mantenerlo durante su estadía. El 8 de
noviembre de 1921 se realizó la muestra en la Escuela de Bellas Artes
(patrocinado por la Sociedad Estímulo de Bellas Artes), contó con la presencia
del presidente Pessoa quien fue invitado por Quinquela en una audiencia privada
en la sede presidencial. La comitiva presidencial estaba compuesta por el
Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Acevedo Márquez y otras
personalidades cariocas de la política y la cultura. Uno de los cuadros
vendidos se exhibe en el Palacio de Guanabara, sede presidencial.
Al regresar su
triunfo como artista fue celebrado en La Boca por sus vecinos que lo sintieron
como un éxito propio. Cambió nuevamente de taller, junto a Manuel Victorica y
Fortunato Lacámera alquilaron uno amplio en la calle Pedro de Mendoza 2087, esquina
Coronel Salvadores con vista al Puente Avellaneda y además lo convirtió en su
casa abandonando definitivamente su hogar paterno, porque debía pintar de día y
de noche para preparar una exposición en Europa.
El presidente
Marcelo T. de Alvear le dio un cargo de diplomático en el Consulado Argentino
por un sueldo de trescientos pesos mensuales y pasajes gratis. Viajó en el
vapor "Infanta Isabel" con destino a Barcelona y de allí a Madrid
donde conoció a Eduardo Schaffino, diplomático, pintor y crítico de arte. En su
trabajo debió cumplir con seis horas diarias laborales tomando huellas
digitales y atendiendo solicitudes de pasaporte. En el resto del día libre
visitó cafés y bares locales intentando conocer gente para montar su nueva
exposición. Conoció a Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina con
quien visitó el Museo del Prado por segunda vez (ya lo había hecho antes pero
se perdió ante la gran cantidad de obras exhibidas).
Además buscó en
Madrid una sala de arte para realizar su exhibición, utilizó los contactos que
había conseguido y finalmente escogió el Círculo de Bellas Artes de la calle de
Alcalá. El 20 de abril de 1923 exhibió veinte telas de su producción. Fueron
veinte días de exposición, visitada por todos los personajes de la aristocracia
española y los argentinos residentes en ese país, con excepción del cónsul
Schiaffino que se había peleado con Quinquela a raíz de una discusión sobre la
escritura del catálogo de su exposición. Ayudó a la exposición el interés del
rey Alfonso XIII, quien lo recibió previamente en su palacio y quedó
sorprendido por la humildad, simpatía y carisma del pintor. Además la Infanta
Isabel se acercó a conocerlo y lo invitó a su residencia donde compartieron la
hora del té conversando sobre Argentina y España. Los resultados de esta
exposición fueron dos cuadros comprados por el Museo de Arte Moderno de Madrid,
Buque en reparación y A pleno sol, y coleccionistas particulares compraron
otras telas. La crítica elogió el trabajo y el Círculo de Bellas Artes ofreció
un banquete en su honor. Además se le ofreció una condecoración por ser el
primer argentino que figuraba en el Museo de Arte Moderno, pero él se negó por
sentirse ante todo pintor de La Boca y por no sentirse preparado por su
condición de artista de barrio y carbonero según sus propias palabras.
A su regreso,
postergado por más de un año, todo el país lo recibió con alegría. Trajo
consigo el dinero suficiente para comprar la casa que sus padres utilizaban de
carbonería, era alquilada y el negocio estaba en quiebra, y cerrarla. Ya los
padres podían descansar tranquilos porque su hijo se podía ocupar de su futuro.
Benito conservó su taller pero volvió a vivir en la casa paternal, ahora propia
y retomó su ritmo de trabajo intensivo. Tenía que reunir material para
presentar una exposición en la Sociedad Amigos del Arte de Buenos Aires.
Esta exposición
contó con la presencia del presidente Alvear que era también coleccionista de
arte y había sentido las opiniones de la prensa argentina y la española. Al
conocer personalmente a Quinquela se hicieron amigos. En esa exposición,
realizada el 6 de noviembre de 1924, el Ministerio de Marina adquirió la obra
Día de sol en el Riachuelo siendo la primera en ingresar a un establecimiento
militar argentino.
Su nuevo amigo,
el presidente Alvear le aconsejó exhibir las obras en París, en ese momento considerada
la Meca del arte. Allí empezó a planear su segundo viaje a Europa. Después de
encerrarse una temporada en su taller para preparar las telas, tuvo todo listo
en noviembre de 1925 y se embarcó en el vapor "Massilia", quince años
más tarde este navío traería a Argentina a los intelectuales españoles
exiliados.
Una vez en
Francia se contactó con Charles Bourdelle y Filippo Tommasso Marinetti entre
otras personalidades del arte y la cultura de ese país. Fue rápidamente
aceptado además como un dibujante de culto y realizó varios dibujos siguiendo
el estilo onírico introspectivo que proponía la corriente vigente en ese
momento, estos trabajos no fueron tomados en serio por Quinquela, se paseaba
entre los pintores como un observador entremezclado, los consideraba
innecesariamente extravagantes, más tarde le diría a Andrés Muñóz:
...Como tenía curiosidad de conocer de
cerca a esos proselitistas del futurismo, escuela que todavía gozaba entonces
de cierta boga, me hice pasar entre ellos por futurista. Les hacía dibujos
raros y ellos los consideraban estupendos,[...] Como no se sentían capaces de
seguir las huellas de los grandes maestros de la pintura, ni de crear la
propia, se refugiaban en la extravagancia".
Expuso sus
trabajos en la galería Charpentier de París, la muestra se inauguró en
noviembre de 1925 y contó con la presencia de 24.700 visitantes. Camille
Mauclair, reconocido crítico de arte redactó el catálogo. Una de sus obras
Tormenta en el astillero pasó a ser parte de la colección del Museo de
Luxemburgo y se exhibió en el Museo Jeu de Paume. A excepción de Crepúsculo el
resto de las pinturas permaneció en Francia.
Antes de regresar
a su país natal, la cancillería francesa dio una cena en su homenaje, donde
concurrieron los personajes más selectos de la aristocracia local. Consistió en
un banquete que costó 60 francos por cubierto, valor que los amigos que
Quinquela había conocido durante su estadía no podían pagar, por lo tanto el
pintor organizó un segundo banquete a un costo de 6 francos por cubierto al que
asistieron todos los futuristas que el pintor no quiso dejar de lado pese a
considerarlos algo raros.
De vuelta en su
país y en su casa se reunió con el presidente Alvear quien le preguntó todos
los detalles del viaje y quien en sus ratos libres, visitaba su estudio sin
reparo de sentarse en el suelo o mancharse con pintura. Además siguió
recibiendo la visita de todos los colegas y artistas varios conoció a lo largo
de su vida. Al ver tanta gente reunida en las celebraciones de bienvenida,
surgía un espacio para la creación, la discusión y la libertad de pensamiento.
Este proyecto que
nació en junio de 1925 se llamó la "Peña del Café Tortoni" donde se
realizaron las actividades de la Sociedad de Artes y Letras en la cual
Quinquela fue parte de la comisión directiva. Se realizaron conciertos,
conferencias, exposiciones y recitales además de auspiciar todas las
expresiones de arte popular. Se leyó poesía, se estudió el tango en presencia
de reconocidos artistas locales y de la región incluyendo a Alfonsina Storni,
Juana de Ibarbourou, Carlos Marchal y Juan de Dios Filiberto entre otros.
Le faltaba
visitar Estados Unidos para completar la gira, lo hizo en 1927 viajando en el
vapor American Legion. A su llegada conquistó el amor de una mujer sin saber ni
una palabra de inglés, ayudado por traductores y el lenguaje de la pintura. Se
trataba de Georgette Blandi una escultora viuda apasionada del arte y poseedora
de un gran poder adquisitivo. Además fue su madrina artística durante la gira,
se ocupó de todo lo necesario para su exposición en Nueva York que se realizó
en la Anderson Galleries en marzo de 1928 con treinta óleos.
La temática fue
la clásica, el paisaje portuario esta vez acompañado por escenas de fundición y
carga de hornos con visiones impresionistas del fuego. El público no se
presentó enseguida pero lo fue haciendo a medida que aparecieron las críticas
favorables de la prensa local. En total fueron vendidas cinco obras: Día de sol
y Día gris en La Boca que pasaron a ser parte de la colección del Metropolitan
Museum y Sol de mañana comprada por H.O, Havemayer, coleccionista privado. Este
último cuadro carecía de la firma del pintor por una omisión de su parte, lo
firmó delante del comprador, quien pagó por ello mil dólares adicionales.
Además el magnate
de apellido Farrel, dedicado a la industria metalúrgica le encargó decorar con
murales todos sus establecimientos metalúrgicos, un trabajo que demandó tiempo
pero la oferta de medio millón de pesos argentinos era satisfactoria. Sin embargo
Quinquela se consideraba el pintor de La Boca y del puerto, este motivo lo
llevó a rechazar la oferta valiéndose del argumento de que "La Argentina
necesita de artistas, y en consecuencia, considero que mi trabajo pertenece a
mi país. Por lo demás, en Estados Unidos hay muchos pintores muy buenos, que
tienen más derecho que yo a decorar sus fábricas".
La visita terminó
como las anteriores, con un banquete en su homenaje. Esta vez el mitín incluyó
la visita del conde de Rivero, director del Diario de la Marina quien lo invitó
a exponer sus obras en los salones que el periódico poseía en La Habana.
Quinquela aceptó porque esta exposición no demandaría tiempo ni búsqueda de
salón, ya estaba todo incluido. Fueron expuestas veintiséis obras vendiéndose dos:
Contraluz que las compró el conde y Niebla en el puerto que adquirió el doctor
Felipe Camacho.
Antes de retornar
se despidió en Nueva York de sus nuevos conocidos y de Georgette, que ya había
atrapado su corazón a tal punto que en su testamento le dejó una suma de cien
mil dólares, que por cuestiones burocráticas de Estados Unidos nunca pudo
cobrar. Además siempre la recordó como una mujer y artista de grandes
cualidades.
A su regreso lo
estaba esperando el presidente Alvear con otro agasajo realizado en la Sociedad
Verdi de La Boca al que asistieron funcionarios y personalidades de la cultura.
Hubo música, desfiles callejeros y la presencia de los bomberos voluntarios de
La Boca para garantizar la seguridad. Esa noche Quinquela tuvo la certeza de
que obró correctamente cuando rechazó la oferta del señor Farrel. Además su
amigo el presidente de la República compró la obra Puente de La Boca para
obsequiárselo al príncipe de Gales.
Terminó la
celebración y Quinquiela empezó los preparativos para exponer en Italia e
Inglaterra además de dos pinturas que se colocaron en el Teatro Regina. Una vez
preparadas sus pinturas, se embarcó en el vapor Conte Verde rumbo a Italia,
visitando Roma, Milán y Nápoles. En la capital italiana lo esperó el embajador
Fernando Pérez quien se encargó de los preparativos de la muestra que se llevó
a cabo en el Palazzo delle Esposizioni ubicado sobre la vía Milano. El rey
Vittorio Emanuelle III y el presidente Benito Mussolini visitaron la
exposición. Este último compró el cuadro Momento violeta para el Museo de Arte
Moderno de Italia. Además otros cuadros Sol de mañana y Actividad en La Boca
pasaron a ser parte de coleccionistas italianos.
Su presencia en
Roma motivó el interés de Pio XI, el Papa de ese entonces, que lo llevó a
conocer la colección de arte de El Vaticano y lo entrevistó en audiencia
privada.
Volvió a su hogar
e inmediatamente preparó el viaje a Inglaterra, para la que consistiría en su
última muestra internacional. Corría el año de 1930. Esta vez el barco sería el
Arlanza, otro vapor. Llegó a Londres y buscó una galería que pudiera albergar
su muestra. No sabía el idioma local, tuvo que acudir a un amigo que consiguió,
el español Pedro Morales radicado en la capital inglesa vente años atrás. El
lugar fue la galería Burlinghton y tuvo buena aceptación. En este lugar un
periodista del Daily Express entrevistó a Quinquiela y le preguntó por qué no
dibujaba mujeres. Su respuesta fue que aún no había conocido a la mujer ideal.
Otro periodista publicó un artículo donde sostenía que la mujer ideal era
inglesa y le sugería aprovechar su estadía para buscarla. A partir de la
publicación de esta nota le empezaron a llegar cartas de candidatas para sus cuadros
y Benito accedió a elegir una por diplomacia. La elegida fue Miss Gladis con
quien tuvo un romance, además posó para un cuadro que tuvo buena aceptación
entre el público y le formuló una propuesta de casamiento de nunca se llevó a
cabo.
Los resultados de
la muestra fueron siete cuadros vendidos, uno al Museo de Arte de Londres, otro
al Birmingham, otro al Scheffield, otro al Swansea, otro a la Tate Gallery y
tres al Museo de Nueva Zelanda. De este último Museo la compra la hizo su
director James B. Manson que lo comparó con Van Gogh por el impresionismo de su
obra. El príncipe de Gales cedió la obra de su propiedad, donada por el
presidente Alvear, para la exposición. Este fue el último de los largos viajes
de Benito Quinquela Martín, aún le quedaban invitaciones de Alemania, Estados
Unidos y Japón pero las desechó porque Justina, su madre -muy anciana ya-
sufría durante sus ausencias.
No se separó de
su madre hasta que ésta falleció en 1948, pero tampoco abandonó sus primeras
amistades, la Peña del Tortoni por él inaugurada, ya era un clásico en la vida
porteña. El dueño del Tortoni Pedro Curuchet celebró su regreso ya que le
sumaba fama a su café. Tampoco dejó su trabajo: empezaban los viajes por el
interior del país.
Giras en
Argentina
El 19 de julio en
el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez ubicado en Santa Fe realizó la primera
muestra en el interior argentino. Sus obras fueron compradas casi en su
totalidad por la Facultad de Ingeniería de Santa Fe y por la de Rosario.
En 1943 viajó a
Tucumán invitado por el gobierno provincial, se presentó con veinte cuadros al
óleo y por primera vez en su carrera con grabados. Venía experimentando con
esta técnica desde 1940 bajo la influencia de Joseph Pennell que había conocido
en los Estados Unidos. Lo ayudó Salvador Boruzzo con la prensa y luego
Quinquela retocaba con lápiz y diferente barnices. La exposición la realizó en
el Museo de Bellas Artes de la capital tucumana presentando veinticinco
grabados. Estos aguafuertes fueron una solución a las dificultades económicas
que debió superar durante su vida.
En 1944 realizó
una segunda exposición en la galería Witcomb. Contó con setenta y cuatro
cuadros, entre óleos, aguafuertes y dibujos. Después de 27 años de su primera
exposición en 1918 siguiendo su lema de que el tiempo embellece las cosas por
eso se debía esperar para exponer en un mismo lugar. El resultado fueron ventas
por cien mil pesos contra los cinco mil que había recaudado en su primera
experiencia.
Las siguientes
exposiciones fueron Mar del Plata, Mendoza y Rosario en donde junto a Victorica
organizaron una muestra en homenaje a Alfredo Lazzari en el Museo Municipal
Juan B. Castagnino supervisado por Horacio Callet-Bois el mayor promotor de
arte de la provincia de Santa Fe. Fueron expuestos treinta y siete óleos, diez
dibujos y veinticinco aguafuertes que ocuparon toda la planta baja del
edificio. Con entrada gratis para que todo el mundo pudiera acceder a ella.
En 1953
nuevamente la galería Witcomb hospedó su última muestra individual y una de las
de mayores concurrencia en la historia del arte de Argentina, cerca de diez mil
personas por día la visitaron formando largas colas por la calle Florida.
Fueron sesenta obras que se expusieron divididas en cuatro grupos por armonía
de color, un grupo por tonalidades grises, otro con tonalidades de día de sol,
un tercero con imágenes de cielos y días nublados y el cuarto con imágenes
nocturnas del puerto.
Otras
exposiciones menores fueron en Bahía Blanca, 34 óleos, 6 dibujos grandes y 14
grabados, el día de la inauguración del Museo de Bellas Artes de la ciudad. En
Córdoba en 1955, en Tres Arroyos y Coronel Dorrego en 1956 y en Tandil, en
septiembre de 1958.
El 12 de octubre
de 1959 en el Salón Dorado de la Municipalidad de La Plata se realizó la última
exposición individual donde presentó cuarenta y cinco obras, entre óleos,
dibujos y esmaltes sobre hierro. James Bolivar Manzo, director del Museo de
Bellas Artes, tuvo a su cargo la dedicatoria del catálogo de presentación. Esta
fue la última exposición individual, continuó con sus obras solidarias y
culturales.
Fue Presidente
Honorario, el primero, del Museo de Bellas Artes General Urquiza que albergó
obras de distintos pintores argentinos incluyendo Hora Azul en la Boca una de
las diez clasificadas dentro de los nocturnos.
En 1972, ya
anciano, y sin haber concurrido nunca a la Universidad, solamente tenía
aprobados los dos primeros del primario fue nombrado Profesor Honorario de la
Universidad de Buenos Aires.
Donaciones hechas
por Quinquela
Frente del Teatro
de La Ribera.
En La Boca, a su
regreso, comenzó a buscar la forma de ayudar a su vecindario, gente muy humilde
que apenas conocía lo que era el arte. El primer paso fue la creación del
Instituto Sanmartiniano cuyo primer presidente, el doctor Pacífico Otero,
reconoció que Quinquela era el principal impulsor. Y el segundo proyecto nació
de la necesidad de contar con una escuela primaria que reemplazara a las
actuales, ubicadas en inmuebles de alquiler con escasas comodidades. Compró un
terreno para construir una escuela para mil niños repartidos en dieciocho aulas
decoradas con murales de su creación representando las diferentes profesiones y
trabajos. Se chocó con un contratiempo, el dueño del terreno quería cincuenta
mil pesos, una cifra muy elevada pero que fue aceptada por Quinquela. Pero al
ver el proyecto iniciado, el dueño de la propiedad, un millonario, se echo
atrás y duplico el valor de la operación. Después de duras negociaciones el
valor bajo a los setenta mil pesos y provocó que Benito se endeudara para
cumplir su deseo. Otro inconveniente fue que sus colegas decían que él no podía
decorar una escuela por no tener la técnica adecuada. Finalmente y previa firma
de un documento que lo responsabilizaba de los desastres que pudiera provocar
su diseño, ya que de arquitectura no tenía muchos conocimientos y era
testarudo. En el frente del establecimiento se colocó un mascarón de proa
considerado un adefesio por los constructores y en el interior pintó dieciocho
murales. El 19 de julio de 1936 se inauguró la escuela en Pedro de Mendoza 1835
con una fiesta popular en el barrio, la presencia de los bomberos voluntarios
de la zona, de Avellaneda y San Fernando, varias Sociedades de Fomento, boy
scouts y la Sociedad Colombófila que soltó diez mil palomas. El padrino fue el
entonces presidente Agustín P. Justo y fue bendecida por el cardenal Copello.
La escuela fue bautizada con el nombre de Pedro de Mendoza, Consejo Escolar
Número 4. El se negó a darle su nombre pero se la conoce como "la escuela
de Quinquela".
Lactario
Municipal Nro 4.
El Jardín de
Infantes Nro 6 (hoy Jardín Maternal Quinquela Martín, en la calle Pedro de
Mendoza 1803), el Lactario Municipal Nº4 y la Escuela de Artes Gráficas fueron
donadas por Quinquela. Con el último edificio tuvo inconvenientes con la
donación por procesos burocráticos en el gobierno que duraron un año. Cuando se
trató el proyecto en el Congreso, el diputado Poblet Videla propuso darle el
nombre del pintor pero él estaba presente en la sala en un palco y gritó que
eso no era posible porque no se había muerto. Ante la insistencia del pintor
que no atendía las indicaciones de un policía que pedía silencio el diputado
retiró su moción.
De Diputados paso
a Senadores y de allí al Poder Ejecutivo, que lo derivó al Ministerio de Obras
Públicas y éste a la Dirección General de Arquitectura. Cada instancia con su
papeleo y tiempo perdido. El proceso terminó con un decreto en 1944 de Edelmiro
Farrel que dio comienzo inmediato a las obras pero un empleado público acusó al
pintor de querer publicitarse y vender más caros sus cuadros y por eso usaba
patrimonio público y logro que el presidente diera marcha atrás con su decreto.
Quinquela solicitó la mediación de Perón, coronel en ese entonces, que lo apoyó
en su idea. La construcción empezó en 1947, con Perón en la presidencia, con un
atraso de siete años. Actualmente funciona como Escuela de Artes Colegio
Industrial llamada en ese momento Armada Argentina. Luego de varios años se
cambió el nombre y pasó a ser Escuela Técnica nº 31 "Maestro
Quinquela" donde, actualmente funciona en el turno de la noche un curso de
fotografía gratuito.
En forma paralela
a esta obra, mientras continuaba pintando y siendo parte de la Comisión
Directiva del Círculo de Bellas Artes, comenzó a proyectar un hospital, también
en la década del 40, proyecto aprobado por el Concejo Deliberante en 1941,
revocado por la intendencia en 1943 porque en esa zona funciona el hospital
Argerich y provocó que en vez de hospital sea lactario que sí hacía falta. El 4
de octubre de 1947 abrió sus puertas el Lactario Municipal Nro 4 con otro
festejo popular. Sin embargo el hecho de que en vez de hospital sea lactario
provocó que la emoción no fuera completa para Quinquela.
El Jardín de
Infantes Nro 61 fue la última donación del pintor, ubicado en la calle La
Madrid 648, inaugurado en terrenos donados por el pintor en el año 1948.
El Museo de
Mascarones de Proa, murales para varias instituciones fueron donaciones menores
realizadas por Quinquela. Conversando con su amigo Andrés Muñóz -quien además
fue su biógrafo- Quinquela explicó que las donaciones respondieron a un impulso
sentimental de pertenencia al barrio, que toda la obra está realizada dentro de
él y no le sería posible vivir fuera de La Boca.
Hospital
Municipal de Odontología.
El Instituto
Odontológico Infantil construido en otro terreno donados por él se inauguró en
1959 en la calle Pedro de Mendoza 1797 brindando asistencia a 800 niños
diariamente y aún funciona como Hospital Municipal de Odontología Don Benito
Quinquela Martín a pesar de que en sus inicios el pintor se negó a que llevara
su nombre.
La última obra de
solidaridad de Quinquela fue el Teatro de la Ribera, en Pedro de Mendoza 1821,
cuya construcción se inició en 1966 dentro de uno de los terrenos donados por
el pintor. Actualmente es parte del Complejo Teatral Enrique Santos
Discépolo.
La segunda
República de La Boca
El 19 de octubre
de 1943 se disolvió la Peña del Tortoni y Quinquela intentó buscar otro espacio
para cubrir el vacío que se produjo, poder llevar a cabo las reuniones sociales
y los encuentros culturales. Uno de esos espacios lo llamó "La Orden del
Tornillo", una especie de logia de artistas, pensadores y locos de todo
tipo que se encontraban para hacer libre uso de su imaginación o lo que
denominaron falta de cordura. A los miembros ingresantes se les entregaba un
tornillo representando lo que les faltaba de la cabeza y que garantizara que
siempre les faltara, que nunca fueran cuerdos. Benito fue el gran Maestre de
esta organización por ser el más intrépido de los artistas argentinos. Se
reunió con los integrantes de esta agrupación por el resto de su vida.
El otro lugar de
reuniones fue la República de La Boca, un nuevo país con fronteras poco claras,
con geografía móvil y poblada por lunáticos. Víctor José Molina fue el
presidente y dictador de este país y Quinquela fue nombrado Almirante de Tierra
y de Mar, el mayor Eduardo A. Olivero fue el jefe de la Policía Aérea.
Esta forma de
nacionalismo representa el pensamiento de Quinquela, y se puede ver en la
"Constitución" que rigió en esta nación.
Fue entrevistado
por Pipo Mancera para su programa Sábados Circulares, viviendo en el tercer
piso situado en la calle Pedro de Mendoza, cuando donó 27 fotos y varias de sus
pinturas con un valor estimado de 50 millones de pesos. Dijo durante la
entrevista que "Todo lo que es trabajo es un deber entregárselo otra vez
al estado". Comentó que la idea de donar sus obras, como una forma de
legado y regalo al estado, fue la del mismo presidente del consejo. También
aprovecharon ese momento para que el señor Córdoba, director general del
supermercado Gigante, le regalase un cheque por 100.000 pesos, el cual lo destinó
a 3 cooperadoras: "El infante", "La Escoba Nuestra" y al
"Instituto Montorro", de niños necesitados.
Quinquela se
inspiró en los diversos paisajes que le ofrecía "La república de la
Boca" como "La famosa vuelta de Rocha", en donde se encontraba
por aquel entonces el "Barco Washington", un viejo barco de la marina
nacional. Otros sitios como "El instituto Doctor Olifantil" ("Un
lugar donde se pone el color al servicio del dolor"), "La Escuela de
Artes Gráficas" y "El Teatro Escolar" organizado por el consejo
de educación, le sirvieron de inspiración cultural para sus obras.
Calle Caminito
Calle caminito,
obra colectiva de Quinquela Martín.
En 1950 un grupo
de vecinos, entre los que se encontraba el pintor boquense Benito Quinquela
Martín, decidieron recuperar una vía de tren abandonada. En 1959, a iniciativa
de Quinquela Martín, el gobierno municipal construyó allí una calle museo, con
el nombre que le había puesto el tango, "Caminito".
"Un buen día se me ocurrió convertir ese
potrero en una calle alegre. Logré que fueran pintadas con colores todas las
casas de material o de madera y zinc que lindan por sus fondos con ese estrecho
caminito (...)Y el viejo potrero, fue una alegre y hermosa calle, con el nombre
de la hermosa canción y en ella se instaló un verdadero Museo de Arte, en el
que se pueden admirar las obras de afamados artistas, donadas por sus autores
generosamente".
(Benito Quinquela Martín)
Cine
Hizo de él mismo
en la película He nacido en la Ribera junto a Susana Giménez, Santiago Bal.
Ricardo Darín entre otros. El film dirigido por Catrano Catrani y el guion de
Víctor Tasca fue estrenado el 19 de agosto de 1972. Se trató de una comedia
musical que narra la vida de un joven llamado Miguel Notari que quiere ser
futbolista. Se desarrolló en el barrio de La Boca y en la cancha del club del
mismo nombre.
Casamiento
Un día contrajo
una gripe que derivó en una hemiplejía. Tuvo que luchar para recuperar la
motricidad y lo logró pero sus fuerzas no eran las de antes y no se animó a
seguir viviendo solo. Su amigo Raúl Andrade le prestó una casa en la calle
Suárez 1620.
Soltero y sin
herederos decidió casarse por primera vez a los 84 años de edad con su
secretaria de toda la vida, Alejandrina Marta Cerruti. La boda se llevó a cabo
el 15 de marzo de 1974 siendo testigo el director del Museo de Bellas Artes de
Artistas Argentinos "Benito Quinquela Martín" Guillermo de la Canal.
Su esposa heredó todos sus bienes, era la única heredera.
Ese mismo año
Alpargatas reprodujo el cuadro Sol y niebla y editó un disco simple, doble faz,
con temas de Aníbal Troilo y un poema de Cátulo Castillo dedicado al pintor.
Fallecimiento El martes 28 de
enero de 1977 falleció en la habitación 107 del Instituto del Diagnóstico a
causa de una complicación cardíaca. Sus restos fueron velados en su casa y
estudio de toda la vida y lo enterraron en un ataúd fabricado por él años antes
porque decía "que quien vivió rodeado de color no puede ser enterrado en
una caja lisa". Sobre la madera que conformaba el ataúd estaba pintado una
escena del puerto de La Boca.
El empresario de
pompas fúnebres Federico Cichero relató una vez: "Quinquela escribió una
carta a mi padre en 1958 solicitando que le realizara un ataúd que él después
pintaría y así se hizo. Como las manijas se descascaraban porque no tomaban la
pintura, las cambiaron por una especie de baranda de madera. A raíz de varias
inundaciones, por las cuales ingresó el agua, el féretro quedó flotando muchas
veces, debiendo ser restaurado por el pintor. En el interior del féretro pintó
la bandera argentina, porque quería descansar directamente sobre la madera, y
sobre nuestro símbolo patrio. El pidió ser sepultado, pero su esposa prefirió
colocarlo en un nicho, en Chacarita. Después de unos años, se le hizo un
mausoleo, al lado del de Sandrini y cuando lo trasladaron allí, el féretro
estaba destruido por una filtración que hubo en el nicho. Yo me llevé una
manija de recuerdo, y el Administrador del Cementerio me pidió permiso para
llevarse la parte de la tapa, donde Quinquela había pintado un barco."
Entonces se lo colocó en otro féretro y se lo ubicó en su mausoleo. En la
ceremonia, hubo familiares, amigos y varios sacerdotes. En cierta oportunidad
se hizo una réplica de ese ataúd para presentar en una muestra, cosa que
Cichero ratificó, diciendo además que se había expuesto en el "Palais de
Glace", y que actualmente lo conserva un hombre de apellido Zaldivar.
fuente: WIKIPEDIA.
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MUSEO DE BELLAS ARTES DE LA BOCA BENDITO BENITO - SUS DONACIONES - MURALES