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sábado, 13 de febrero de 2016

RICARDO GÜIRALDES, POETA BAILARIN

Un 13 de Febrero como hoy
En 1886 nació: Ricardo Güiraldes 
Efemérides de TODOTANGO.
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RICARDO GÜIRALDES en Todotango:



Ricardo Güiraldes

Nombre real: Güiraldes, Ricardo

Bailarín y poeta

(13 febrero 1886 - 8 octubre 1927)

Lugar de nacimiento:

Buenos Aires Argentina

 
Por Gustavo Benzecry Sabá


Aunque nació en Corrientes angosta y pasó su primera infancia en Europa, alternó su vida entre la estancia familiar La Porteña, de San Antonio de Areco, la ciudad de Buenos Aires y Francia.



Solía tocar la guitarra y cantar; pero tendría 18 años cuando el niño bien ganó en elegancia y buen porte y comenzó a dominar el arte del baile. Así, «mezcla de poeta y cajetilla» —como lo definiría Horacio Ferrer—, llevaría el tango a París junto con sus amigos Alberto López Buchardo, Roberto Levillier, Vicente Madero y Miguel Tornquist, entre otros que lo popularizaron entre 1905 y 1913.



Entonces, Ricardo Güiraldes era aquel playboy cuyo tango se tuteaba por igual en un aristocrático salón parisino como en un burdel. Ya en 1912, un año antes de dar a conocer su poema Tango, habría de mostrar sus cortes con la invitada Yvette Gueté, en la casa de la marquesa de Reské.



Alguna vez Victoria Ocampo celebró: «Ricardo lanzó el tango en París con mucho éxito». El mismo Güiraldes, en su novela autobiográfica Raucho, dedicaría un espacio sobre nuestra danza. Pero acaso fue el poeta Ulyses Petit de Murat, en cuyo tango “Bailate un tango Ricardo”, quien mejor lo definió: «Ricardo Güiraldes baila saliéndose de la vida…»



Y en esa línea todo estuvo dicho.

fuente: TODOTANGO.
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RICARDO GÜIRALDES, ESCRITOR

Un día como hoy... 13 de febrero...pero de 1886... nacía
RICARDO GÜIRALDES.
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Ricardo Güiraldes 
(Buenos Aires, 13 de febrero de 1886 - París, 8 de octubre de 1927) 
fue un novelista y poeta argentino.

RICARDO GÜIRALDES 

miércoles, 8 de octubre de 2014

RICARDO GÜIRALDES, ESCRITOR

1927
Muere en París Ricardo Güiraldes. Su obra cumbre, la novela poemática "Don Segundo Sombra", se ha traducido a numerosas lenguas y se la ha equiparado en importancia con el "Martín Fierro". Güiraldes nació en Buenos Aires el 13 de febrero de 1886.


Efemérides Culturales Argentinas.
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En EL BOLICHO: biografía y algunos cuentos:
RICARDO GÜIRALDES



08 Octubre (1927) En París

Muere Ricardo Güiraldes


Su obra cumbre,  “Don Segundo Sombra” se ha traducido a numerosas lenguas.

Guiraldes había nacido en Buenos Aires el 13 de febrero de 1886.

Efemérides de TELAM.
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jueves, 13 de febrero de 2014

RICARDO GÜIRALDES - EL ZURDO

RICARDO GÜIRALDES - EL ZURDO

Un entrevero violento y fugaz, palabras de odio gritadas entre una carnicería de doscientos hombres que, al través de la noche, se sablean y atropellan, sobrehumanos; bramando coraje.
Combate rudo.
Por quinta vez, el gauchaje sorprendía el campamento realista, y en el aturdimiento de todos, lazo y bola habían hecho su obra.
Uno de los asaltantes, sin embargo, quedó en mano de los españoles. En cortejo de odio fue conducido al juicio de los superiores, y la pena de muerte cayó fatalmente.
La cabeza baja y casi escondida por lacia melena, el condenado oyó el veredicto. Sus ropas despedazadas descubrían el pecho, sesgado por honda herida.
Cuando la soldadesca tuvo segura su venganza, calmáronse los anatemas y maldiciones. Aproximábanse, por turno, para verlo, y también gozar de su estado.
Concluirían los asaltos y el terror supersticioso que supo imponer ese cabecilla peligroso cuyo apodo vibraba en boca del enemigo con entonación de ira. ¿Cuántos no ahorcó su lazo, y despedazó en la huida, mientras se golpeaba la boca en señal de burla?
 


Adelantose el verdugo voluntario.
La tropa rodeaba con curiosidad, ansiosa de ver flaquear al que habían temido.
Por primera vez, El Zurdo alzó la cara y tuvo una mirada de pálido desprecio. Quería vejarlos antes de morir, herirlos con una palabra a falta de hierro, y sonrió sarcástico:
-¿Por qué no yaman las mujeres?
La indignación hirvió en la tropa, los dientes rechinaron, hartos de ofensa, el sable temblaba en manos del verdugo. El Zurdo aprovechó el silencio hablando con orgullo: 
-En la sidera de mi recao tengo siento trainta tarjas, y ustedes, por más que me maten, no han de matar más que a uno.
Era el colmo. La tropa, indisciplinada, cayó sobre el preso, que desapareció entre un tumulto de brazos y armas. Cuando el jefe logró despejar su gente, El Zurdo había caído. En su cuerpo sangraban no menos heridas, que tarjas reían en su sidera, pero fue un honor del cual no pudo vanagloriarse.


RICARDO GÜIRALDES - EL ZURDO 
Cuentos de Muerte y de sangre.

RICARDO GÜIRALDES, ESCRITOR

Un día como hoy... 13 de febrero...pero de 1886... nacía
RICARDO GÜIRALDES.
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Ricardo Güiraldes (Buenos Aires, 13 de febrero de 1886 - París, 8 de octubre de 1927) fue un novelista y poeta argentino.


En este blog, hemos publicado la biografía del escritor RICARDO GÜIRALDES, el día 13 de febrero de 2013, y hay algunos cuentos para leer:
RICARDO GÜIRALDES 

13 DE FEBRERO
1986 - Nace en Buenos Aires Ricardo Güiraldes, autor de "Don Segundo Sombra", especie de novela poemática sobre la vida de un resero de existencia real, obra que dio fama mundial al autor. Publicó también "Raucho" (texto casi autobiográfico) y "Rosaura", entre otras obras. Falleció en París (Francia) el 8 de octubre de 1927. Sus restos descansan en San Antonio de Areco (provincia de Buenos Aires), próximos a la tumba de don Segundo Sombra.

Efemérides Folklóricas Argentinas
de Juan Carlos Fiorillo.
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1886
Nace en Buenos Aires el poeta y novelista Ricardo Güiraldes


Nacido en el seno de la oligarquía bonaerense, fue un bueno para nada hasta que descubrió su pasión y su talento para la literatura.

Fundador de la revista Proa junto a Brandon Caraffa y Pablo Rojas Paz, autor de la consagratoria novela "Don Segundo Sombra", visión de la vida rural y de sus hombres brindada por un rico estanciero, publicó, entre otras obras: "El cencerro de cristal", "Cuentos de muerte y sangre", "Raucho", "Rosaura", "Xaimaca", "El pájaro blanco", "Poemas místicos", "El libro bravo".

Debido a su condición de eximio bailarín que brillaba en los salones parisinos, inspiró el tango "Bailate un tango Ricardo" de Ulyses Petit de Murat. Murió en París el 8 de octubre de 1927.

Efemérides de TELAM.
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miércoles, 16 de octubre de 2013

RICARDO GÜIRALDES, COMPASION



RICARDO GÜIRALDES - COMPASION


Lleno de la reciente conversación, me adormecía en visiones interiores mientras volvía a casa por camino conocido a mis piernas.
Casas nuevas y chatas, calle de empedrado tumultuoso por la tortura diaria de enormes carros, veredas angostas plagadas de traspiés, nada me distraía, cuando el rumor de una voz quejumbrosa llegó a mí, al través de la noche, pálidamente aclarada por un pedazo de luna muriente.
Eso me insinuó que el camino era peligroso. En la esquina aquel almacén, equívocamente iluminado por la luz rojiza de varios picos de gas silbones, era conocido como un punto de reunión de borrachos y truqueros tramposos.
Algún fin de partida debía ser lo que me llegaba de en frente en forma de discusión. Saqué del cinto el revólver, que escondí, sin soltarlo, en el vasto bolsillo de mi sobretodo y crucé a enterarme del origen de aquella pelea.
Cautelosamente me aproximé. La disputa había ya pasado «a vías de hecho», pues el más grande de los dos asestaba sin miramientos fuertes golpes sobre el contrincante, que me pareció ser jorobado.
Toda mi sangre de Quijote hirvió en un sólo impulso, y, los dedos incrustados en el cabo de mi arma, juré intervenir con rigor.

El bruto era de enorme talla. Cuando sintió asido del brazo suspendió el balanceo de su pierna, que con indiferencia de péndulo, viajaba entre el punto de partida y el posterior de su víctima. 
Me miró con ira, pero su expresión cambió instantáneamente hacia el respeto. También yo le había reconocido, lo cual no amenguó mi justo enojo.
-¿No tenés vergüenza de estropear así a un infeliz que no puede defenderse?
-¡Si usted supiera niño, qué bicho es ese! -y lo miraba con un renuevo de rencor.
-Cualquiera que sea; a un hombre así no se le pega.
Dócilmente, se dejó llevar del brazo hasta el almacén, donde entró bajo pretexto de un encuentro con «elementos nuevos».
Yo seguí mi ruta hacia casa. Crucé la gran avenida y volví a sumirme en un zig-zag de pequeñas calles obscuras.

Guardé mi arma, inútil ya, y mientras mis nervios reentraban en calma pensé en el dador de la paliza. Cañita, un muchacho bebedor e impetuoso que mi padre utilizaba en los momentos peliagudos de una elección. Valeroso hasta la inconsciencia, bruto, obediente a nuestras órdenes y que sólo nosotros podíamos tratar a antojo sin protestas de su parte.

Rememoraba un hecho no lejano. En unas elecciones de pueblo suburbano nos servía para secuestrar un presidente de mesa que estorbaba. Recordé el día de agitación política, las calles rectas y terrosas, el atrio de la iglesia colonial. Los detalles se precisaban en mi memoria e iba saboreando la audacia maliciosa de nuestro Cañita, cuando un palo asestado de atrás sobre mi cabeza hizo caer a pique en el aturdimiento mis remembranzas.
-Yo te voy a dar infeliz... -y los palos llovieron y la voz seguía. Vas a ver si no sé defenderme, y después te vas a meter a proteger gente que no te pide ayuda y hacerte el valiente diciendo que a los desgraciados no se les pega...
Los palos aumentaban, y también los insultos... Y de cuánto duró aquello y cómo concluyó conservo memoria muy vaga. 

RICARDO GÜIRALDES - COMPASION
Cuentos de muerte y de sangre.





martes, 8 de octubre de 2013

RICARDO GÜIRALDES, LA DEUDA MUTUA

Un día como hoy... 8 de octubre... pero de 1927... 
fallecía el escritor
RICARDO GÜIRALDES.
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13 de febrero de 1886 - 8 de octubre de 1927
ESCRITOR GUACHESCO, POETA, NOVELISTA 
Su obra más importante: DON SEGUNDO SOMBRA.

En este blog, EL BOLICHO, hemos publicado una pequeña biografía de RICARDO GÜIRALDES, el día 13 de febrero de 2013, para quienes deseen leerla.
También, en entrada aparte ese mismo día, hay uno de sus cuentos: PUCHERO DE SOLDAO.

Hoy, recordamos a este escritor de las cosas nuestras, con otro cuento, en el día de su partida.
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RICARDO GÜIRALDES - LA DEUDA MUTUA
Cuentos de muerte y de sangre.



Don Regino Palacios y su mujer habían adoptado a los dos muchachos como cumpliendo una obligación impuesta por el destino. Al fin y al cabo no tenían hijos y podrían criar esa yunta de cachorros, pues abundaba carne y hubiesen considerado un crimen abandonarlos en manos de aquel padre borracho y pendenciero.

-Déjelos, no más, y Dios lo ayude -contestaron simplemente.
Sobre la vida tranquila del rancho pasaron los años. Los muchachos crecieron, y don Regino quedó viudo sin acostumbrarse a la soledad.
Los cuartos estaban más arreglados que nunca; el dinero sobraba casi para la manutención, y sólo faltaba una presencia femenina entre los tres hombres.
El viejo volvió a casarse. En la intimidad estrecha de aquella vida pronto se normalizó la primera extrañeza de un recomienzo de cosas, y la presente reemplazó a la muerta con miras e ideas símiles.
Juan, el mayor, era un hombre de carácter decidido, aunque callado en las conversaciones fogoneras. Marcos, más bullanguero y alegre; cariñoso con sus bienhechores.
Y un día fue el asombro de una tragedia repentina. Juan se había ido con la mujer del viejo.
Don Regino tembló de ira ante la baja traición y pronunció palabras duras delante del  hermano, que, vergonzoso, trataba de amenguarla con pruebas de cariño y gratitud.
Entonces comenzó el extraño vínculo que había de unir a los dos hombres en común desgracia. Se adivinaron, y no se separaban para ningún quehacer; principalmente cuando se trataba de arreos a los corrales; andanzas penosas para el viejo. Marcos siempre hallaba modo de acompañarle, aunque no le hubiesen tratado para el viaje.
Juan hizo vida vagabunda y se conchabó por temporadas donde quisieran tomarlo, mientras la mujer se encanallaba en el pueblo.
Fatalmente, se encontraron en los corrales. El prurito de no retroceder ante el momento decisivo los llevó al desenlace sangriento.
El viejo había dicho:
-No he de buscarlo, pero que no se me atraviese en el camino.
Juan conocía el dicho, y no quiso eludir el cumplimiento de la amenaza.
Las dagas chispearon odio en encuentros furtivos buscando el claro para hendir la carne; los ponchos estopaban los golpes y ambos paisanos reían la risa de muerte.
Juan quedó tendido. El viejo no trató de escapar a la justicia, y Marcos juró sobre el cadáver la venganza.
Seis años de presidio. Seis años de tristeza sorbida, día a día, como un mate de dolor.
Marcos se hizo sombrío, y cuanto más se acortaba el plazo, menos pensaba en la venganza jurada sobre el muerto.
-Pobre viejo, arrinconado por la desgracia.
Don Regino cumplió la condena. Recordaba el juramento de Marcos.
Volvió a sus pagos, encontró quehacer, y los domingos, cuando todos reían, contrajo la costumbre de aturdirse con bebidas.
     En la pulpería fue donde vio a Marcos y esperó el ataque, dispuesto a simular defensa hasta caer apuñaleado.
     El muchacho estaba flaco; con la misma sonrisa infantil que el viejo había querido, se aproximó, quitándose el chambergo respetuosamente:
     -¿Cómo le va, don Regino?
     -¿Cómo te va, Marcos?
     Y ambos quedaron con las manos apretadas,  la cabeza floja, dejando, en torno a sus rostros, llorar la melena. Lo único que podía llorar en ellos.
     Yo he conocido a esa pareja unida por el engaño y la sangre más que dos enamorados fieles.
     Y los domingos, cuando la semana ríe, vuelven al atardecer, ebrio el viejo, esclavo el muchacho de aquel dolor incurable, bajas las frentes, como si fueran buscando en las huellas del camino la traición y la muerte que los acollara para siempre.

fuente:
BIBLIOTECA VIRTUAL 
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
 
 

miércoles, 13 de febrero de 2013

RICARDO GÜIRALDES, PUCHERO DE SOLDAO


PUCHERO DE SOLDAO
cuento de RICARDO GÜIRALDES 


     El tren cruzaba una estancia poblada de vacas finas que, familiarizadas con el paso del gran lagarto férreo, pacían tranquilas.



     Era un espectáculo harto conocido y conversábamos, indiferentes, de incidencias menores en nuestras vidas camperas.



     El viejo don Juan miraba hacía un rato por la ventanilla y veía cosas muy distintas de las que hubiéramos podido ver nosotros.



     Recuerdos. Y ¿qué recuerdos podía no tener  ese hombre de setenta y cuatro años desde su juvenil participación en la guerra del Paraguay?



     De pronto pensó en voz alta:



     -Nosotros nos asombramos de la evolución a que hemos asistido en Buenos Aires...; es asombroso, en efecto, lo presenciado en adelantos y perfeccionamientos pero hay cosas increíbles en el pasado de un hombre viejo, y es como para pensar si uno no las ha visto en otra vida. Así, pues, miro esta estancia y pienso que tal vez sea un sueño lo que nos sucedió a un grupo de hombres en épocas diferentes de éstas, como lo son las cruzadas de los modernos días europeos.



     -¿Qué les sucedió? -preguntamos, más por deferencia que interés.



     -Figúrense que el gobierno me había encargado de hacer una mensura poco tiempo después de la campaña del general Roca contra los salvajes. Como el trabajo presentaba  peligros, mandé pedir unos soldados a mi amigo, y cuasi pariente, Napoleón Uriburu, que fue -se sabe- uno de los jefes expedicionarios.



     Uriburu me envió quince hombres para completar una comitiva apta a medir tierra y defenderse por sus cabales del posible ataque pampa.



     Seríamos, pues, veinte entre todos, con numeroso convoy de carretas y animales. Trabajábamos sin descanso, y de noche, para mayor  seguridad, hacíamos campamento rodeados por las carretas unidas con lazos.



     Un hombre quedaba de centinela; no había cuidado que se durmiera. Los indios se presentaban de improviso, y a nadie sonreía morir sin vender el pellejo.



     Aquella noche cayeron en número crecido. No podíamos pelear con ventaja; pero en lugar de la atropellada que esperábamos se contentaron con incendiar el pajonal, y pronto las llamas nos alumbraron como de día.



     Había que ver, amigo: temblábamos de miedo como nuestras sombras bailarinas. Íbamos a morir asados si nos quedábamos. ¿Y disparar? ¿A dónde que no nos ensartáramos con las lanzas de los salvajes que nos esperaban para eso?



     Era la muerte a fuego o hierro. Podíamos elegir.



     De pronto vi la salvación. La laguna donde habíamos dado el día antes de beber a nuestros animales.



     Di la voz, y corrimos temerosos de no tener tiempo. El calor picoteaba ya el cuerpo, y a punto nos largamos de cabeza en el agua, luminosa de reflejos.



     Le garanto que tengo una rebajita en el Purgatorio. Metidos en el agua hasta el cogote, vimos llegar las llamaradas, que roncaban en una sostenida nota grave; parecía como que la tierra se fuera en borbotones de humo, y la cara se nos asaba materialmente. Entonces empezamos la única maniobra de defensa. Metíamos la cabeza bajo el agua el mayor tiempo posible para evitar la quemadura de las llamaradas que pasaban sobre nosotros, pero teníamos que respirar y así jugamos al zambullón hasta sentir el fuego alejarse.



     El agua parecía de puchero. Pensar en salir  a tierra era locura. Nos hubiéramos cocido como bifes los pies. Optamos, pues, por quedarnos, y, aplacado el susto, sintiéndonos como resucitar, empezamos a mirarnos. No faltaba ninguno.



     Clareaba ya la mañana cuando salimos del agua, colorados como flamencos y tiritando de frío por contraste.

     Pero nos reíamos. Nos reíamos los unos de los otros, a pesar de quedar sin recursos en el desierto, porque pensábamos que el fuego encendido para nuestra muerte nos salvaba arriando a los indios lejos de nosotros.

RICARDO GÜIRALDES
PUCHERO DE SOLDAO.
(Cuentos de muerte y de sangre)

RICARDO GÜIRALDES, ESCRITOR

Un día como hoy... 13 de febrero...pero de 1886... nacía
RICARDO GÜIRALDES.
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Ricardo Güiraldes (Buenos Aires, 13 de febrero de 1886 - París, 8 de octubre de 1927) fue un novelista y poeta argentino.



Biografía

Güiraldes nació en una familia de alto rango social y de grandes propiedades. Don Manuel Güiraldes, su padre, quien llegaría a ser más tarde intendente de Buenos Aires, era un hombre de gran cultura y educación; y también muy interesado por el arte. Esta última predilección fue heredada por Ricardo, que dibujaba escenas campestres y realizaba pinturas al óleo. Su madre, Doña Dolores Goñi pertenecía a una de las ramas de la familia Ruiz de Arellano, familia fundadora de San Antonio de Areco.



Un año después de nacer Ricardo, la familia se trasladó a Europa, donde permaneció durante algún tiempo. A su regreso y contando el niño con cuatro años de edad, se lo podía escuchar hablando tanto francés como alemán; siendo el francés el idioma que dejaría honda huella en su estilo y en sus preferencias literarias.



Su niñez y juventud se repartieron entre San Antonio de Areco y Buenos Aires. Fue en San Antonio donde se puso en contacto con la vida campestre y de los gauchos, reuniendo experiencias que habría de utilizar años más tarde en Raucho y en Don Segundo Sombra. Fue allí donde conoció a Segundo Ramírez, un gaucho de raza, en el que se inspiró para dar forma a la figura de Don Segundo Sombra.



Tuvo una serie de institutrices y luego un profesor mexicano, que reconoció sus aspiraciones literarias y le animó a continuar con ellas. Estudió en varios institutos hasta que acabó el bachillerato a los dieciséis años. Sus estudios no fueron brillantes. Comenzó las carreras de arquitectura y derecho, sucesivamente, más al fracasar, emprendió varios trabajos en los que tampoco triunfó. Viaja a Europa y Oriente en 1910 en compañía de un amigo, visitando Japón, Rusia, la India, Oriente Próximo y España, instalándose finalmente en París con el escultor Alberto Lagos. En la capital francesa decide seriamente convertirse en escritor.



Sin embargo, Güiraldes se dejó seducir por la vida fácil y divertida de la capital francesa y emprendió una frenética vida social, intentando olvidar sus proyectos literarios. Pero un día se le ocurrió sacar de un cajón unos borradores que había escrito, unos cuentos campestres, que luego incorporaría a sus Cuentos de muerte y de sangre.



Leyó los cuentos a unos amigos y le animaron a publicarlos. Ya en estos primeros borradores se dio cuenta de que había forjado un estilo muy particular.


Adelina del Carril de Güiraldes



Volvió a México en 1912 después de haber decidido, de una vez por todas, convertirse en escritor. Al año siguiente, 1913, se casó con Adelina del Carril, hija de una destacada familia bonaerense (la ceremonia se realiza el día 20 de octubre, en la estancia Las Polvaredas), y ese mismo año aparecieron varios de sus cuentos en la revista Caras y Caretas. Éstos y otros de 1914, irían a formar parte de Cuentos de muerte y de sangre que, junto a El cencerro de cristal, se publicarían en 1915 animado por su mujer y por Leopoldo Lugones. Sin embargo, no tuvo éxito. Dolido, Güiraldes retiró los ejemplares de la circulación y los tiró a un pozo. Su mujer recogería algunos de ellos y hoy en día estos libros, manchados de humedad, tienen un gran valor bibliográfico.



A finales de 1916 el matrimonio Güiraldes, junto a un grupo de amigos, emprende un viaje a las Antillas, visitando Cuba y finalizando el mismo en Jamaica. De sus apuntes surgiría el esbozo de su novela Xaimaca. En 1917 aparece su primera novela Raucho. En 1918 publica la novela corta Rosaura (rótulo de 1922) con el título Un idilio de estación en la revista El cuento ilustrado de Horacio Quiroga.



En el año 1919 viaja otra vez a Europa con su mujer. En París establece contactos con numerosos escritores franceses. Frecuenta tertulias literarias y librerías.



Entre todos los escritores que conoció en esa visita, quien mayor huella le deja fue Valery Larbaud. En 1923 publica en Argentina la edición definitiva de Rosaura, muy influenciada por escritores franceses, y que es razonablemente bien recibida por público y crítica.



En 1922 vuelve a Europa y, además de establecerse en París, pasa una temporada en Puerto Pollensa, Mallorca, donde había alquilado una casa.



A partir de ese año se opera un cambio intelectual y espiritual en el escritor. Se interesó cada vez más por la teosofía y la filosofía oriental, buscando la paz del espíritu. Su poesía es fruto de esta crisis.



Al mismo tiempo sus ideas literarias empezaban a tener aceptación en Buenos Aires, ciudad que se veía asaltada por los movimientos vanguardistas. Güiraldes ofreció su apoyo a los nuevos escritores.



En 1924 funda la revista Proa junto con Brandán Caraffa, Jorge Luis Borges y Pablo Rojas Paz; la revista no tendría éxito en Argentina pero sí en otros países hispanoamericanos.



Tras el cierre de la revista, Güiraldes se dedica a terminar Don Segundo Sombra, novela a la que pondría el punto final en marzo de 1926.


El final


En 1927 hace su último viaje a Francia, a Arcachon, y debido a su estado de salud es trasladado a París donde muere, en la casa de su amigo Alfredo González Garaño, víctima de la enfermedad de Hodgkin (cáncer de los ganglios). El cadáver es trasladado a Buenos Aires para darle sepultura en San Antonio de Areco.



Museo Ricardo Güiraldes, en San Antonio de Areco.


Obras


    El cencerro de cristal (1915)

    Cuentos de muerte y de sangre (1915) Artemisa Ediciones realizó en 2006 una cuidada edición, prologada por el escritor Mateo de Paz

    Aventuras grotescas

    Trilogía cristiana

    Raucho (1917)

    Rosaura (1922)

    Un idilio de estación

    Rosaura y siete cuentos

    Xaimaca (1923).

    Don Segundo Sombra (1926)

    Poemas místicos (1928).

    Poemas solitarios (1928).

    Seis relatos

    El sendero (1932).

    El libro bravo

    Pampa(1934).

    El pájaro blanco

fuente: WIKIPEDIA.
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