Mostrando entradas con la etiqueta 05 LOS ESCRITOS DE ROLANDO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 05 LOS ESCRITOS DE ROLANDO. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de diciembre de 2019

FIN DE BAILE, MIGUEL ANGEL HURTADO


*FIN DE BAILE*- 
Miguel Ángel Hurtado (España)

Acaban de bajar las luces del salón de baile. La banda comienza a tocar la última canción: una balada. Siempre odié la música lenta, pero ésta significa “te quiero”, y hay poco más que decir.
Nunca unos ojos me habían mirado así. Nunca había sentido mi cuerpo vibrar a cada nota, ni mis ojos mirar más fijos a algo.
Estas notas que envenenan el aire me han henchido el pecho, hiriendo mi alma de muerte. Me noto temblar cuando nuestras manos se unen, y sus enormes ojos azules se clavan como preciosas aristas de poliedros de amor en mi mente, en mi corazón, en mi recuerdo.
Mientras, suavemente, el cantante me demuestra que todo lo que ocurre es real, y por ello, estrecho mi lazo, atenazando mis brazos a su espalda, acercando su pecho al mío. Noto su respirar entrecortado en mi entrecortado respirar, y entre medio nuestros pechos, golpeados por nuestro revolucionado corazón. Sólo quiero que el pianista lea mi mente, y toque para siempre esta melodía, mientras hago de mis labios una extensión de sus labios. Cierro los ojos para soñar que este momento es una poesía en nuestros oídos o el sabor del azúcar glasé del dulce más lindo del mundo.
Cuando abro los ojos veo los suyos mirándome, pero tienen veinte años más. No existe el salón de baile, sólo queda en nuestro recuerdo. Y la canción suena en nuestras cabezas, recordándonos cada día cuánto nos queremos, y que lo que una vez fue sueño permanece siendo realidad.

CATRES Y PARAISOS

rolandomoro 28/12/2019 
Publicado en Todotango.com
La Mesa del Café



viernes, 27 de diciembre de 2019

EL CABALLO Y EL HOMBRE, ANTONIO FERRES


*EL CABALLO Y EL HOMBRE*-Antonio Ferres

El caballo herido y jadeante había llegado buscando un espacio verde imposible.
El hombre oyó los pasos y vio la silueta borrosa del caballo.
Le dio más pena aún saber que era un caballo enemigo. Parecía que el caballo herido y jadeante había llegado buscando un espacio verde imposible.
Hacía días que arrojara las armas, dejándolas caer una a una por el suelo. No sabía a qué sitio dirigirse en aquel cruce de calzadas medio cubiertas por la arena, en un territorio desierto y sin árboles. Le dolía la pierna izquierda, hinchada, con coágulos negros de sangre. Y le latían las sienes. Quizás, lejos, donde temblaba estremecido el aire, estuvieran las inmensas llanuras verdes por las que vagaban las almas nobles de los hombres.
Se sentía perdido. Pensó en el caballo, que resoplaba un tres el sol estaba tan alto esa tarde, que no fuera a oscurecer nunca en la vida. Oyó los resoplidos del caballo, y vio que se acostaba junto a una pequeña roca blanca que emergía de la arena. El animal sabría, aunque fuese entre sueños, si empezaban cerca los extensos prados. O a lo mejor serían pueblos verdaderos llenos de mujeres, de niños y ganados. Recordaba los enormes poblados con las mujeres saltando las hogueras, los tapiales frescos con las fuentes, y el portal de la casa de su madre en la última ciudad en la que él había sido niño.
Tenía tanto calor y sentía tanta fatiga, que anduvo a gatas, hasta meter la cabeza debajo del cuerpo grande del caballo. Estaba allí, pegado al sudor frío, escuchando los latidos del corazón del animal. Podía ser que el caballo sintiera la gloria de las tierras verdes y de los arroyos rumorosos, sin arneses, ni dueño. Pero para el hombre eran campos que daban miedo, porque no surgían como los oasis y las llanuras de la Tierra, donde había pueblos y torres. El hombre cerraba los ojos en la frescura del sudor del caballo, y temía ver las sombras de los muertos. Si aguardaba un poco, desfilaban por dentro de sus ojos rostros de hombres y mujeres desconocidos.
Como había en las ciudades. Caras de gente viva que pasaba de largo en una existencia casi interminable.
Así quería esperar, mientras resollara el caballo. Sólo sentía cierta dificultad en el pecho, un pequeño ahogo. Rozaba con la yema de los dedos el cuerpo del animal. Sabía que el latido del corazón del caballo era como el latir de todo lo que existía, del entero Mundo. Así pasó un largo tiempo. Y seguramente también el animal sentía su mano suave, y la unánime vida. Ambos en aquella tregua. Los ojos cerrados en la penumbra, mientras el hombre seguía viendo pasar las caras. A veces, caras de niños que huían hasta deshacerse en otros rostros. Y de nuevo la calma, el frescor de la marcha de gente como él, seres humanos que seguramente iban buscando otros territorios con bosques y con ríos, o con ansiosos mares.
Tenía que hacer larga aquella espera junto al cuerpo del caballo, en el hueco en sombra del desierto. Luego, vendría una oscuridad brillante, un estallido de lumbre y deseo. El caballo y el hombre en el espacio infinito donde estuvieron siempre.


CATRES Y PARAISOS
rolandomoro 23/12/2019
Publicado en Todotango.com
La Mesa del Café

jueves, 22 de diciembre de 2016

LOS ESCRITOS.... ARBOLITO DE NAVIDAD



LOS ESCRITOS DE ROLANDO
La Mesa del Café - Folkore
publicado en la página webb TODOTANGO

-ARBOLITO DE NAVIDAD-
rolandomoro 12/12/2016
La tradición marca que los ocho de diciembre se debe “armar” el arbolito de Navidad, donde se colgarán los regalos del Niño Jesús al llegar la Nochebuena.
Chicos embobados e igualmente confundidos, con la pléyade de ofertas plásticas con lucecitas de colores, de los últimos “héroes” que impone la televisión y los mercados de consumo.
-¡¡Yo quiero el spiderman grande abuelo!!
-Yo el Minecraft con el hombre negro.
-¡¡Yo el supermario!!
-¡¡Abu, abu, yo pido que me traiga tres zombies!!
“LOS PARIO CON ESAS COSAS QUE CONTAMINAN A MIS NIETOS QUERIDOS. Y YO- VIEJO BOLUDO- SE LAS COMPRARÉ POR VERLOS FELICES, Y CON CUYAS ALEGRÍAS TAMBIÉN YO LO SERÉ”
Me retrotraen los tiempos a la niñez en la comarca, donde también aquellos chicos sin tener casi nada, eran felices. La falta de caminos fiables, pocos negocios donde adquirir insumos, lluvias torrenciales que se dan en esa época, falta de dinero. Hallaban a las familias numerosas, tanto de inmigrantes, como de criollos, en la necesidad de festejar el nacimiento del Señor.
La mayoría de “nuestros” hermanos, sentían la imperativa necesidad de continuar con la tradición religiosa.
Crecimos en contacto con la naturaleza y ella brinda todo lo necesario para ser felices. Los pichones de pajaritos, el nacimiento de un ternero, los pollitos de la gallina madre. El cariño de las mascotas del campo; fuese un burrito, una oveja, el perro, o un chivito. Los pavos a los cuales corríamos, el nacimiento de las flores silvestres, tal vez las mojarritas de la laguna, nada faltaba en ese medio si lo sabíamos ver con los ojos del alma.
En aquellas escuelas del campo nos enseñaban los maestros a fabricar nuestros arbolitos. Los mayores aportaban un arbolito frondoso, que se ubicaba dentro de una lata que funcionaba como plantero a la cual se la pintaba con cal. Los chicos-siempre numerosos-fabricaban con espejitos, pegando arena, semillas, arroz, kafir, mijo u otra semilla, dibujitos pegando todo con engrudo.
Las pelotitas eran imposibles de comprar, por ello se la fabricaban de la siguiente forma: Se inflaban globitos o chupitas y sobre ellas pegábamos papel-capa sobre capa-tipo cartapesta. Luego se desinflaban los globitos y ya teníamos las bolas de navidad. Se le pegaban-también con engrudo-un hilo del cual colgarían. Para finalizar se las decoraban con papel de regalo, celofán o papel de aluminio de los atados de cigarrillos.
Si se carecía de globos, hacíamos bolas de barro que una vez secas nos servían de moldes. Luego con hojas de afeitar usadas, las dividíamos en dos partes para pegarlas después, nuevamente con engrudo y decorarlas.
Llegada la noche buena se colgaban TODOS los juguetes existentes en la casa y el abuelo-generalmente era así-colocaba uno o dos foquitos en medio del ramaje, alimentados por una batería.
La carencia de “medios”, como poseen muchos chicos de hoy, no deterioraba en nada la alegría de fecha tan apreciada.
Podemos ser felices y debemos enseñar a serlo. Es y será la lucha contra el impiadoso mercado de consumo.
Abrazón


LOS ESCRITOS DE ROLANDO
La Mesa del Café - Folkore
publicado en la página webb TODOTANGO

martes, 15 de noviembre de 2016

* LOS ESCRITOS DE ROLANDO

Los Escritos de Rolando
La Mesa del Café - Folklore
publicado en la página webb TODOTANGO



rolandomoro  12/11/2016



Hoy hay muchos que se creen gauchos por usar botas finas. Otros toman mate y apuran una ginebra inglesa.

Chinas que ceben buen mate y “sepan” porqué y como se hace, son las menos.

Paciencia no tenemos hace mucho. Por los nietos no nos brotamos como quisiéramos. Ayer fui a campos de allá-ité, muy allá Ité, para respirar mejor y dar paisaje limpio a los ojos.-

Abrazón