Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
LALO DE LOS SANTOS Nombre real: De Los Santos, Eduardo Guitarrista, cantor, compositor y letrista (17 enero 1956 - 25 marzo 2001) Lugar de nacimiento: Rosario (Santa Fe) Argentina Obras Alguien se muere de amor Canción
Alguien se muere de amor
Canción Música: Lalo De Los Santos Letra: Charly Bustos
Un día como hoy...17 de enero...pero de 1956... nacía LALO DE LOS SANTOS. ..................................... Mayo 10, 2010
LALO DE LOS SANTOS: CUATRO CUERDAS DEL ALMA
por Jorge Cadús
LALO DE LOS SANTOS - ADRIAN ABONIZIO
Hace poco más de nueve años, el 25 de marzo de 2001, partía
hacia otras geografías Lalo de los Santos. Músico indispensable a la hora de
trazar el mapa de la identidad de estos arrabales, el bajista, cantante y
compositor rosarino sobrevive junto a sus canciones a ese exilio definitivo, la
muerte. Quizás porque vivió acostumbrado a gambetear olvidos, y porque supo
desde siempre que los partidos se definen sobre la hora, en un vuelo cotidiano
de ternuras y afectos
EXILIOS
"Irse cuesta poco y nada / siempre una puerta alcanza y
un adiós. / Pero al cruzar el umbral / nos damos cuenta recién que los caminos
son sólo de vuelta / que uno nunca se fue..."
Así definía Lalo de los Santos esto de las despedidas. Se
acostumbró desde joven a las partidas, a las valijas donde siempre caben
"ropa vieja, sueños, amores y penas". Supo aprender una y mil veces
"el idioma otra vez, la huella de cada señal". Y por eso, también,
supo descubrir que "irse no es más que empezar a volver".
Lalo de los Santos nació en Rosario, el 17 de enero de 1956,
hijo de un padre guitarrista y cantor de tangos. Ligado desde muy pibe al arte,
fue uno de los músicos que construyeron la magia de la llamada Trova rosarina,
muchos antes que las canciones explotaran en la garganta de Juan Carlos
Baglietto. Desde la mítica banda "Pablo el Enterrador", y junto a
Rubén Goldín, comenzaron a definir una identidad musical que iría más allá de
las calles rosarinas. Corría la década del 70. Y surgía una música de puertos,
mezcla de vinos en un mismo vaso, sangre nueva de rock, tango y chacarera.
Música urbana, parida en encuentros que desafiaron a su modo el terrorismo de
Estado, la represión y la asfixia.
Cuando la década del 80 recién despuntaba, en mitad de un
invierno, Lalo de los Santos decidió que estaba bien ya del arte y su condena,
y partió hacia Buenos Aires, desafiando al dolor que "crecía a medida que
el tren se alejaba". Allí trabajó de oficinista, hasta 1982, el año del
desembarco de Juan Carlos Baglietto y su banda en el Estadio Obras. Esa noche
estuvo entre el público, un espectador más. Sin embargo, como contaría años más
tarde, cuando escuchó la canción Mirta de regreso "la conmoción interna
que sentí hizo que me planteara mi rosarinidad, reconociera mi grupo de
pertenencia y me dejara embriagar por ver a cinco mil monos gritando 'Rosario,
Rosario...'".
Allí comenzaría otra historia, en la que Lalo de los Santos
dará forma a canciones como Al final de cada día, No te caigas campeón y Tema
de Rosario, que se convertirá en el himno no oficial de la ciudad preñada por
ese pariente del mar, el Río Paraná. Tres discos solistas, uno más con
Rosarinos (junto a Jorge Fandermole, Adrián Abonizzio y Rubén Goldín),
infinitas colaboraciones con otros artistas (desde Silvina Garré a Rubén
Juárez), y una fe de hierro en la solidaridad -que supo mantenerlo en pie en
épocas del peor individualismo- han trazado una marca de fuego en la memoria
colectiva.
BROTES
El hijo de Lalo de los Santos, Iván, señala a Prensa
Regional que "papá vivió el movimiento de la Trova desde un lugar muy
particular. Si bien tuvo sus proyectos solistas durante la época de más auge de
la Trova, siempre buscó asociarse con los demás miembros para lograr algo en
conjunto. Me parece que siempre terminó priorizando sus colaboraciones o
proyectos compartidos por sobre su propio material. Vivió con un orgullo
inmenso el hecho de pertenecer a un grupo de personas que se identificaron bajo
una misma ala rosarina", cuenta Iván, que -como su padre- es también
músico, y sabe de despedidas y valijas.
Y completa: "a medida que fui creciendo empecé a
descubrir la poesía que me iba rodeando, tanto en recitales como en ensayos o
esbozos de canciones que mi viejo estuviera preparando en casa, y me abrió la
cabeza. Por darte algún que otro ejemplo, siempre desde pequeño me llamaron la
atención frases de diferentes canciones, que por ser chico no terminaba de
entender: 'no hay rima que rime con vivir', o 'y como tantas mis manos se
hartaron de golpear las puertas, y por no derrumbarme con ellas me tuve que
ir'. A medida que pasó el tiempo y las experiencias de vida, esas canciones que
escuchaba día y noche de pibe, comenzaron a tomar otro color mucho mas
maduro".
Ivan recuerda que "Rosario siempre fue un lugar de
calidez y tranquilidad para mi viejo. Tuve la suerte de acompañarlo infinitas
veces y recuerdo que siempre lo vivió con una ternura increíble, expectante de
reencontrar viejos amigos, contarme anécdotas en cada esquina, como por ejemplo
el Tío Ramón perdiéndose en tranvías por la ciudad, o cómo se iba a tomar
helados con mi abuelo a La Uruguaya. Me transmitió su amor incondicional por
Central también, y luego de esparcir sus cenizas en el Gigante de Arroyito mi
fervor es mayor aun cada vez que miro un partido..."
Y consigna que entre las canciones de su papá,
"definitivamente el Tema de Rosario es el más influyente. Leí en
entrevistas que mi viejo escribió el Tema de Rosario (o simplemente Rosario,
como a él le gustaba) luego de un recital de Baglietto en Obras en el cual la
vibración entre el público y los músicos fue tal que al verse desbordado
emocionalmente por esta situación, la terminó volcando al papel y la compuso
casi en el momento. Justamente la canción habla de nostalgias, de la adaptación
a un nuevo ambiente o territorio casi desde un punto de vista de exilio. Me
parece que logró plasmar en una canción la mezcla de sensaciones que vivieron
no solamente él, sino tantos otros, al dejar su lugar de origen por un mundo
nuevo. En su momento hubo mucha gente que se identificó con este tema".
De los Santos compuso varias canciones en las que habla a su
hijo. Entre ellas, Tibio brote de amor y Duérmase mi amor. Iván cuenta que
"aunque te parezca mentira, hoy por hoy sigo escuchándolas y siento que me
están ayudando a crecer, o que me aconsejan a lo largo de mis días... Tanto
‘Tibio Brote’ como ‘Duermase mi amor’ son palmaditas en la espalda que me
acompañan en cada momento de decisiones importantes. Saber que alguien va a
‘saltar los muros’ por mi, o ‘darme un sol con sus manos’, se siente lo mas
emocionante del mundo, y agradezco tener la suerte de poder acudir, tanto a esa
como tantas otras grabaciones, para sentir que mi viejo esta siempre cerca, que
su voz me acompaña siempre".
Y dice que en los últimos meses "papá estaba trabajando
en una canción que no llego a terminar. Tenía la música, pero no la letra. Una
tarde, me la mostró... y la única frase que tenía como boceto era ‘no tengas
miedo, hijo’. Es el día de hoy que la sigo escuchando en mi cabeza o me pongo a
tocarla en la guitarra cuando lo extraño".
MORIR DE VIVIR
Lalo de los Santos murió en la tarde del domingo 25 de marzo
de 2001.
Tenía 45 años, le peleaba a una enfermedad de las bravas
desde varios meses atrás, y había dado su último recital junto a Goldín,
Fandermole y Abonizzio, una semana antes, el 17 de marzo, en su ciudad,
Rosario.
"La verdad que parece mentira que ya hayan pasado 9
años", confiesa hoy Iván. Y cuenta que "lo recuerdo siempre con un
amor inmenso. El mejor amigo que no pude disfrutar lo suficiente. Tuve la
suerte de poder subirme a escenarios con él, juntar figuritas de fútbol juntos,
romper veladores y portarretratos en definiciones interminables de penales
inatajables en un departamento minúsculo, entre tantas otras cosas. Siempre fue
mi cómplice, mi primer gran amigo y lo extraño muchísimo".
"Si es que llega la muerte quiero morir de vivir / no
de la que quiera algún tirano..." había pedido Lalo en su "Pequeño
tango escrito en invierno".
Y como se sabe que el verdadero cementerio es la memoria,
Silvina Garré abraza la ausencia de este tipo entrañable: "lo recuerdo
como un gran ser humano, sensible, inteligente, generoso. Además de un músico
excelente, multiinstrumentista, que disfrutaba enormemente del encuentro con
sus pares. Fuimos muy amigos y su opinión fue muy importante y decisiva a la
hora de animarme a mostrar mis canciones", recuerda.
Nueve años después, su compañero de crónicas, músicas y
batallas, Adrián Abonizzio, lo describe "como a un hermano mayor, un
confidente, un preclaro, un luchador por la unión entre los músicos, un maestro
del humor y fundamentalmente, alguien con quien confiarse en las miserias y las
alegrías íntimas. Me hace mucha falta aún hoy".
LA MEMORIA EN DONDE ARDÍA
Largos años atrás, Lalo de los Santos aseguraba a este
cronista que hay que mantener viva la memoria, "el ejercicio de la
memoria, para que no volvamos a repetir siempre los mismos errores. Y por otra
parte es lo menos que podemos hacer por todos los muertos, porque el peor
castigo es precisamente el olvido..."
Hablaba, claro, de un tiempo cierto de impunidades
cotidianas.
Tiempos que seguramente no han terminado.
"Nuestra voz, -decía Lalo- "nuestra presencia, si
bien no va a hacer que disminuya automáticamente la impunidad, son voces que se
van alzando y demostraciones que se van haciendo para que los que detentan el
poder no sientan que están tan libres para moverse como quieren".
Y señalaba entonces que "el gran compromiso que tiene
cada artista es con la gente. Primero que el sustento del artista es la gente.
En definitiva, si uno escribe canciones las escribe para la gente. Y las
escribe como una especie de espejos en donde la gente pueda ver reflejado sus
sueños, sus esperanzas, pero también sus miserias, su pobreza y su impotencia
frente a determinadas cuestiones. Y es una manera, también, de no sentirse tan
solos".
Corría 1997. Y Lalo de los Santos elaboraba el manifiesto de la
resistencia del arte en tiempos de condenas: "hoy veo que el sistema que
se ha instalado como propuesta de vida, digamos, el modelo de joven argentino,
es cada vez más cercano a un criterio de vida utilitario. Es decir: elegir como
valores de vida las cosas según su uso. Y de ese modo habría que preguntarse, y
está jodido preguntarse, para qué sirve una canción, en ese contexto. Por lo
tanto creo que hoy es mucho más heroico que estemos vivos, resistiendo y
cantando todavía".
Un día como hoy... 25 de marzo... pero de 2001...falleció LALO DE LOS SANTOS. ..........................................
Murió Lalo de los Santos, rosarino y canalla de ley
A los 44 años, víctima de cáncer, se fue el autor del
emblemático “Tema de Rosario”, y uno de los exponentes de la trova que, con
Baglietto a la cabeza, llegó a Buenos Aires a principios de los ’80.
Por Mariano Blejman
PAGINA 12
26-03-2001
”Quiero ser lo que para mí fueron Los Beatles, sin ninguna
pretensión: que mi música, sin rótulos ni géneros, llegue al corazón de la
gente”, solía decir Lalo de los Santos, creador del mítico “Tema de Rosario”.
Lalo falleció ayer, a los 44 años, víctima de cáncer. Su historia fue también
la historia de un sueño generacional, el que se apoderó de ese puñado de
artistas que patentaron la trova rosarina, un movimiento que desembarcó en el
Buenos Aires de los primeros 80, de la mano de Juan Carlos Baglietto, Fito
Páez, Rubén Goldín y Adrián Abonizio, entre otros. Su perfil artístico podría
sintetizarse a partir de sus fuentes musicales: fue un historiador
antropológico de Los Gatos desde su adolescencia, y le gustaba plantarse frente
a los demás como un ahijado artístico de Litto Nebbia, el primer rockero
rosarino exitoso.
Lalo tenía 12 años cuando –escapado del colegio– escuchó un
tema de Los Gatos que había compuesto Nebbia, allá por 1968. Era “Un día de
fiesta”, y el hecho de que lo pasaran por la radio lo animó a pensar que el
puñado de canciones que había compuesto también podía ser algún día objeto de
difusión. Desde 1973 perteneció al movimiento Amader (Ateneo de Músicos y
Amigos de Rosario), que nucleaba a grupos como Amalgama, donde estaba el Topo
Carbone, una especie de Tanguito rosarino, Nuevo Día de Jorge Fandermole, o El
Principio con Adrián Abonizio. En la Rosario de entonces todos los días se
armaba una banda. En 1976 surgió AMI, Asociación de Músicos Independientes,
liderado, entre otros, por el grupo Irreal, donde cantaba Baglietto.
Dieciocho años después, ya instalado en Buenos Aires, De los
Santos esperaba que sus canciones fueran para sus oyentes lo que, para él, era
“Yesterday” a los 14, “salvando las distancias”, solía decir. Llegó a editar
tres discos: El final de cada día (1984), Hay otro cielo (1987) y Canciones
rosarinas (1996), y además de ese emblemático “Tema de Rosario” fue creador de
muchas melodías versionadas por otros artistas y tarareadas por medio Rosario,
como “No te caigas campeón” o “Señales del alma”. Tocó con Baglietto, integró
la primera banda de Raúl Porchetto y fue compañero de Goldín, desde 1974, en la
legendaria banda Pablo el enterrador. También trabajó como arreglador de
Silvina Garré, y muchos artistas requirieron de sus servicios como sesionista,
desde Litto Nebbia hasta León Gieco, pasando por Fito Páez y el Cuarteto Zupay,
entre otros. Encaró un dúo con Abonizio y fue mentor de mil proyectos, pero el
que logró mayor trascendencia en los últimos años fue Rosarinos, que en 1997
compartió con Fandermole, Abonizio y Goldín, y que se tradujo en un disco y en
una excusa para tocar y tocar.
Era muy buen jugador de fútbol, y le gustaba ocupar la
posición de número cinco, al estilo del “centrojás” antiguo. Su pasión por
Rosario Central lo hizo participar en 1999 de un disco llamado Música para
canallas. Allí interpretaba un hermoso tema dedicado a Aldo Pedro Poy, “Vuela
Aldo, vuela”, un homenaje explícito al gol de “palomita” que el brillante
futbolista de Central le hiciera a Newell’s, en la semifinal del campeonato
nacional de 1971. Allí, en ese disco, puede asegurarse que Lalo cumplió uno de
sus sueños mayores: en la tapa se lo ve junto a Mario Alberto Kempes y Poy, con
la camiseta de Central. Y se los ve abrazados, en un gesto de triunfo
compartido, con los ojos bien despiertos.
Un día como hoy...17 de enero...pero de 1956... nacía LALO DE LOS SANTOS. .....................................
Lalo de los Santos
Datos generales
Nombre real Eduardo
de los Santos
Nacimiento 17 de
enero de 1956
Rosario, Santa Fe, Bandera de Argentina Argentina
Nacionalidad Argentina
Muerte 25
de marzo de 2001 (45 años)
Ciudad de Buenos Aires, Bandera de Argentina Argentina
Ocupación músico,
cantautor.
Información artística
Género(s) rock
rock sinfónico
Instrumento(s) guitarra
eléctrica, bajo, voz
Período de actividad 1969-2001
Discográfica(s) RCA
Víctor
Melopea
Artistas relacionados Juan
Carlos Baglietto
Fito Páez
Silvina Garré
Rubén Goldín
Adrián Abonizio
Litto Nebbia
Jorge Fandermole
Eduardo «Lalo» de los Santos (Rosario, 17 de enero de 1956 -
Buenos Aires, 25 de marzo de 2001) fue un conocido guitarrista, bajista y cantautor
de rock argentino.
Biografía
De los Santos se crio en un ambiente en el que la música
formaba parte esencial de la vida cotidiana. Su padre era guitarrista y formaba
parte del grupo de tango llamado Recordando Serenatas, y su madre era una
aficionada al canto, por lo cual no resultó extraño que el joven Lalo
tempranamente abrazara una guitarra y siguiera los pasos marcados por la
tradición familiar.
Infancia
Estudió guitarra desde niño con un profesor llamado Juan
Carlos Zemp. Además de escuchar tangos en su casa, creció escuchando a grupos
como Los Gatos, Almendra y Manal.
A la edad de 13 años formó su primera banda de rock.1 Su
contacto con el arte también conoció otros medios de expresión como la
radiofonía. En ese medio interpretó el personaje de un duende en un programa
radial rosarino y más adelante en el tiempo, llegó a ponerle la voz a Clemente,
el personaje creado por el dibujante Caloi. El contacto con el medio radial
también le permitió, en un momento de su carrera, componer jingles, tarea que
le iba a permitir la supervivencia en buena parte de su vida.1 A principios de
los años setenta se recibió de perito mercantil.
Comienzos de su carrera artística: Pablo el Enterrador
A mediados de 1973, De los Santos ingresó a la banda
rosarina de rock sinfónico Pablo El Enterrador, que influiría de manera
definitiva en su carrera artística. Una característica que distinguió a este
grupo del resto de las bandas argentinas fue su devoción por los ensayos, en
pos de una búsqueda obsesiva por la perfección artística. El grupo pasó la
mayor parte de su existencia ensayando, y son escasos y muy recordados los
conciertos que protagonizó De los Santos. En 1978, la banda se vio ante la
perspectiva de grabar un disco en Estados Unidos por gestión del productor
Lloyd Vitale (exintegrante de la banda de rock Los Bárbaros). Sin embargo, una
disputa entre sus integrantes terminó con la disolución del conjunto.
Aunque Pablo El Enterrador pronto volvió a surgir, en 1980
surgió otro problema interno que tuvo como consecuencia el alejamiento de Rubén
Goldín. Lalo de los Santos asumió el rol de guitarrista y el grupo ofreció un
recital en el Auditorio Fundación Héctor Astengo en marzo de 1980, antes de
partir hacia Buenos Aires en busca de una nueva oportunidad. El productor ya no
los esperaba y consiguió para la banda solo una presentación en un programa
televisivo, el 19 de octubre de 1980. Esa fue la última actuación de De los
Santos en Pablo el Enterrador.
Esta amarga experiencia lo alejó temporalmente de la música.
De los Santos se dedicó a trabajos que nada tenían que ver con el ambiente
musical.
Comienzos de su carrera como solista, mediados de los años
ochentas
En 1983 empezó a trabajar como bajista y virtual integrante
de la banda de la cantautora Silvina Garré, después de que esta se alejó de la
banda de Juan Carlos Baglietto Al mismo tiempo comenzó su carrera solista. En
esa época alojó en su casa a Fito Páez (1963-) recién llegado a Buenos Aires.
La gran ocasión para Lalo de los Santos llegaría el 19 de
marzo de 1983. Ese día se realizó, en el estadio de Newell’s Old Boys (en
Rosario), el recital Rosariazo Rock 83, protagonizado por Litto Nebbia y Juan
Carlos Baglietto como figuras centrales. En este espectáculo se reunieron
varios de los compositores ―como Adrián Abonizio y Jorge Fandermole, entre
otros― que alimentaban el movimiento de músicos rosarinos que recientemente
había cautivado al público nacional desde su presentación en Buenos Aires. La
prensa de Buenos Aires ya empezaba a hablar de la llamada Trova Rosarina. El
debut solista de De los Santos a nivel nacional fue en una grabación de su
canción «Tema de Rosario», hecha en El Coloso del Parque (el estadio de
Newells).
En 1984 editó su primer álbum, Al final de cada día. Su
productor en este disco ―así como en los dos discos que seguirán en su
carrera―, fue Litto Nebbia.
En 1987 salió el segundo álbum, Hay otro cielo.
En 1996 se edita su último álbum como solista: Canciones
rosarinas.
Trayectoria junto al grupo Rosarinos
La carrera del compositor e instrumentista prosiguió con
altibajos. El artista gozaba de un alto concepto entre sus colegas y fue
sesionista de una muchos músicos, como Litto Nebbia, León Gieco, Fito Páez, el
Cuarteto Zupay y Rubén Juárez, entre otros.
En los años noventa estableció una estrecha relación
amistosa y profesional con Adrián Abonizio. Hacia el año 1997, Adrián Abonizio,
Rubén Goldín y Jorge Fandermole sumaron voces e instrumentos para dar vida,
junto a De los Santos, al grupo Rosarinos, con el que grabaron un álbum de
estudio. Aunque la banda nunca se consolidó como tal, ofreció algunos
esporádicos conciertos hasta su disolución.
Si bien la banda se disolvió formalmente, los cuatro amigos
siguieron haciendo actuaciones juntos. La última fue un recital benéfico, el 17
de marzo de 2001, en el balneario La Florida (sobre la ribera del río Paraná,
en la zona norte de la ciudad de Rosario). De los Santos ya estaba muy enfermo
de cáncer.
Fallecimiento y legado
Ocho días después de este último recital, Lalo de los Santos
falleció el domingo 25 de marzo de 2001
En su vida dejó un himno no oficial para su ciudad natal (el
Tema de Rosario), una oda al goleador del club de fútbol Rosario Central, Aldo
Pedro Poy (Vuela, Aldo, vuela, homenaje explícito al «gol de palomita» que el
futbolista le hiciera a Newell's Old Boys en la semifinal del campeonato
nacional de 1971), tres discos solistas y uno con Rosarinos, y a su único hijo
Iván (1986-), también músico.
Citas
Sobre la composición de canciones:
Las composiciones
que verdaderamente dejan huellas importantes en el tiempo son inspiraciones
difíciles de explicar, pero creo que aparecen cuando algo nos desborda y nos
supera, así sean estados de felicidad o de angustia, en general extremos. En mi
caso funciona así.
Lalo de los Santos
Sobre Lalo de los Santos:
Era un burlón
tierno aún de sí mismo. Era músico generoso, al punto de privilegiar la idea de
grupo antes que los individualismos estériles. Era elocuente, didáctico y muy
querible. Era respetuoso de la sensibilidad ajena, era fanático pero me enseñó
a ser paciente. Él, que sabía del desarraigo, me protegió cuando dejé Rosario
por Buenos Aires, me convirtió en un personaje cómico que yo ignoraba. Me ayudó
a ver el mundo. Me enseñó acordes, humor y a resistir. Me enseñó que podíamos
ser amigos y me honró llamándome hermano.
Adrián Abonizio
Los que lo
quisimos lo vamos a extrañar. Tuve tiempo, antes de despedirlo, de darle las
gracias. Y de llorarlo como es debido un poco después.
Adrián Abonizio
Bandas en que participó
Pablo el Enterrador
Carlos Andón
Brandolini
Jorge Antún:
teclados
Lalo de los
Santos: bajo eléctrico (desde 1973 hasta 1980) y guitarras (en 1980)
Rubén Goldín:
guitarra eléctrica y acústica
Juan Carlos Savia
Rosarinos
Adrián Abonizio
Lalo de los Santos
(desde 19972 hasta la disolución del grupo)
Jorge Fandermole
Rubén Goldín
Discografía oficial
Como solista
«Al final de cada día» (1984)
Alguien se muere
de amor
Mi primer retrato
Reflexiones en
Navidad
Goldianía (con
Luna).
Para la gente de
barrio
Tema de Rosario
Silbándole a la
Luna
Al maestro con
música
El káiser
Al final de cada
día
«Hay otro cielo» (1986)
No te caigas,
campeón
Amor de costurera
Irse
Y será canción
Hay otro cielo
Tibio brote de
amor
Cómo Lograr
Alcanzar Universos De Infinito Amor (C. L. A. U. D. I. A.).
Pequeño tango
escrito en invierno
En otro idioma
Tío Ramón
«Canciones rosarinas» (1996)
Tema de Rosario
Aquella niña en
soledad (dedicada a Silvina Garré)8
No te caigas,
campeón
Alguien se muere
de amor
Amor de costurera
Irse
Hay otro cielo
Tibio brote de
amor
Y será canción
Hada y mujer
Tío Ramón
Tarde de abril
Vuela, Aldo, vuela
Al final de cada
día
«Homenaje» (2002), posmórtem
Algo de mí
Fantasmas
Duérmase de mi
amor
Tema de Rosario
Sueños del
amanecer
Alas que tiemblan
Gorrión de
infancia
Cómo Lograr
Alcanzar Universos De Infinito Amor (CLAUDIA).
Sobre el mismo
tren (Depois de trabalhar).
En otro idioma
El káiser
Goldiana (con
Luna).
Reflexiones de
Navidad
Derrochando
insomnios
Al maestro con
música
She loves you
Con el grupo Rosarinos
«Rosarinos» (1997)
Basura en colores
Cuando
Corazón de barco
Tema de Rosario
El ogro y la bruja
Canción del pinar
Duérmase mi amor
Y ahora
Otro ángel
Sueñero
El témpano
Un discepolín sin
arrabal
Mirta de regreso
No te caigas
campeón
Sueño de valeriana
Todo a mi favor
Aquella niña en
soledad
Fuente: WIKIPEDIA.
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BIOGRAFIA DE LALO DE LOS SANTOS
ROCK.COM
Lalo en una de sus últimas actuaciones en Rosario
Bajista, cantante y sobre todo compositor, Lalo de los
Santos llegó a Buenos Aires a principios de los 80 junto a otros músicos
rosarinos amigos como Juan Carlos Baglietto, Fito Páez, Silvina Garré y Rubén
Goldin, si bien no formaba parte del grupo que grabó el álbum Tiempos
difíciles.
Por entonces ya tenía una carrera musical de varios años.
Había sido integrante de la mítica banda Pablo El Enterrador.
Había nacido en Rosario el 17 de enero de 1956 en el seno de
una familia de músicos. Su padre fue guitarrista y cantor de tangos.
Empezó a estudiar guitarra de niño, y en la adolescencia
creció con Los Beatles, Los Gatos, Almendra y Manal. Esa música y los tangos
que había escuchado desde siempre en su casa modelarían su perfil de autor.
Luego, el rock sinfónico en auge en los 70 lo llevó a integrarse a una banda de
ese género, Pablo El Enterrador, junto a Rubén Goldín. Ese grupo estuvo a punto
de concretar una grabación en los Estados Unidos pero no lo consiguió y en 1980
se disolvió. Poco después De los Santos se radicó en Buenos Aires, cuando sus
amigos Baglietto, Páez y Goldín consiguían el primer impacto con Mirta de
regreso, tema escrito por otro amigo suyo, Adrián Abonizio. Puntualmente, Lalo
contó que escribió su canción más célebre, el Tema de Rosario, luego de ver a
Baglietto en su primer Obras, en 1982.
Debutó en la escena nacional con una versión en vivo de ese
tema, grabada durante el concierto El Rosariazo que se realizó en el estadio de
Newell's Old Boys de su ciudad natal, con Litto Nebbia y Baglietto como números
centrales, poco después de que se celebrara el mismo espectáculo en Obras
Sanitarias de Buenos Aires. Por entonces, De los Santos era el bajista y
virtual conductor de la banda de Silvina Garré, recién alejada del grupo de
Baglietto. En aquellos días, en su casa de Flores alojaba a un rosarino amigo
que luego tendría gran éxito, Fito Páez. En el '84 De los Santos hizo su primer
disco como solista, producido por Litto Nebbia. El mismo Nebbia sería luego el
editor de sus otros dos discos personales.
En los 90 se acercó profesional y humanamente a Adrián
Abonizio, y juntos, en el 97, formaron el grupo Rosarinos, que completaron con
Rubén Goldín y Jorge Fandermole, y que grabó un álbum.
Si bien la banda se disolvió formalmente, los cuatro
rosarinos siguieron haciendo actuaciones juntos. La última fue una benéfica, el
17 de marzo del 2001, en el balneario La Florida de Rosario. Lalo ya estaba
enfermo. Y ésa fue su despedida. Murió una semana después, el domingo 25, en un
sanatorio de Buenos Aires. Tenía 45 años.