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lunes, 24 de agosto de 2015

BARTOLOME PALERMO, MÚSICO



BARTOLOME PALERMO.
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Nombre real: Basimiani, Bartolomé

Guitarrista, arreglador y compositor
24 agosto 1936 - 8 de enero de 2015
Lugar de nacimiento:
Villa Guillermina (Santa Fe) Argentina

BARTOLOME PALERMO


martes, 13 de enero de 2015

BARTOLOME PALERMO, su fallecimiento 8-1



BARTOLOME PALERMO
24 de agosto 1936 - 8 de enero 2015

Bartolomé Palermo: se enmudeció una de las guitarras más destacadas del tango

Por Osmar Spanu, especial para DiariodeCultura.com.ar.





El año comienza con otra perdida irremplazable para el género tanguero. Tras los fallecimientos del poeta Horacio Ferrer y el bandoneonista Leopoldo Federico, la música ciudadana se quedó sin el particular sonido de Bartolomé Palermo.



El singular guitarrista nació en la provincia de Santa Fe en 1936, a los 10 años comenzó a estudiar música y a los 17 se radicó en Buenos Aires.



En 1957, fue convocado por Ariel Ramírez, con quien colaboró en giras y grabaciones, incluso en la versión completa de “La misa criolla”.



En el año 1964 se vinculó con el genial Alfredo Gobbi y trabajó junto al creador de “El andariego” en dúo de piano y guitarra. Este encuentro fue muy importante para Palermo ya que influyó en su desarrollo estético.



El destacado instrumentista fue convocado por los cantores más importantes para dirigir su acompañamiento, entre ellos podemos nombrar a Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Alberto Podestá, Floreal Ruiz y Oscar Ferrari, entre otros.



En 1967 fundó el Palermo trio junto a Paco Peñalba y Miguel Luna, se presentaron en el teatro San Martín, en radio y registraron en el sello Discomundo su primer larga duración. En 1971 vuelven a grabar y dos años más tarde el Palermo trio acompañó al cantor Héctor Darío en su primer disco como solista.



A mediados de la década del 70 Bartolomé Palermo actuó en El viejo almacén y acompañó al acordeonista Raúl Barboza tocando tangos.



En 1997 le dio el marco musical a Nelly Omar en la grabación del cd“Por la luz que me alumbra”. Palermo se mostró feliz con ese trabajo ya que Nelly siempre se rodeó de los mejores y el hecho de grabar con ella lo colocaba a él en ese lote.



El maestro también se hizo un lugar para la docencia y daba clases a unos pocos alumnos, transmitiendo vivencias, entre ellos se destaca Hugo Rivas.



También realizó varias giras por el exterior, Estados Unidos, Bélgica, Holanda, Japón, Francia y algunos países sudamericanos disfrutaron de su talento.



Los cantantes de las nuevas generaciones contaron con el aporte musical y el sabio consejo del maestro, entre ellos podemos mencionar a Hugo Araujo, Hernán Genovese y Roberto Paz, entre otros.



Recordamos al admirado Bartolomé Palermo en una actuación en 2005 junto a sus músicos Felipe Traine y Adrián Lacruz.




Por Osmar Spanu, 
especial para DiariodeCultura.com.ar.
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domingo, 24 de agosto de 2014

BARTOLOMÉ PALERMO, MÚSICO

Un 24 de Agosto como hoy


nació Bartolomé Palermo

¡Feliz cumpleaños! 

Efemérides de TODOTANGO.
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Lunes, 4 de julio de 2011

PAGINA 12, ESPECTACULOS

Por Cristian Vitale




ENTREVISTA A BARTOLOME PALERMO

UNA LEYENDA DE LA GUITARRA TANGUERA

“El secreto está en la mano derecha”


“El tango me agarró en la adolescencia y se me metió para siempre”, dice este señor de 74 años, referente clave para la generación contemporánea de guitarristas aplicados al tango. “Ahora les doy clases de tango a muchos pibes que vienen del rock”, señala.





“Todo es larguísimo de contar si empezamos por donde empecé”, desliza Bartolomé Palermo. Y un flash en fuga hacia atrás lo recorre como un film que empieza en blanco y negro, deviene sepia y llega en colores. “Yo nací en el norte de Santa Fe ¿sabe?, pegado al Chaco. Nací en Villa Guillermina y me pusieron así por el médico que atendió a mi madre y porque nací el día de San Bartolomé”, relata, intentando calibrar a punto una memoria que parece intacta. Don Bartolomé tiene 74 años y, apresurando una definición, podría presentárselo –por si hace falta– como una de las glorias de la guitarra aplicada al tango. Como un emisario que trae en su sino de años y rutas, el latido de un tiempo que fue. Tenía 10 cuando empuñó por primera vez una viola, y 17 cuando se mudó a Buenos Aires. 19, 21 o 22 cuando hizo las inferiores en peñas y clubes de la agitada Reina del Plata de entonces, y 24 cuando Ariel Ramírez, azorado por su versatilidad, lo convocó para ejecutar una versión entera de La Misa Criolla. Pero fue a través de Alfredo Gobbi, ninguneado y magistral por entonces, que ese apellido con olor fuerte a barrio porteño empezó a circular en serio por las arterias centrales del 2 por 4. “Gobbi fue fundamental en mi vida”, sentencia Palermo, cuya vigencia refrendará pasado mañana en La Bohemia (Yerbal y Morelos), junto a su grupo Palermo 5.



–¿Gobbi fue más importante que Alberto Ortiz, el guitarrista de Agustín Magaldi que lo llevó a conocer el circuito tanguero cuando usted recién había llegado de Villa Guillermina?



–Los dos. Pero lo de Ortiz fue más efímero. Cuando me lo presentaron, él ya había tocado con Magaldi y era director del conjunto estable de La Querencia. Tocamos en el camarín después de una actuación de él, quedamos amigos, pero la conexión fue de amistad: no me dio trabajos. Gobbi, a quien llegué poco después, había terminado con su orquesta y estaba medio en decadencia y con poca plata, entonces empezó a trabajar de noche con su piano, porque él era un gran pianista, y yo lo acompañaba con mi guitarra.



–Pero Gobbi pasó a la historia como violinista, incluso le decían “el violín romántico del tango”.



–Es cierto que en la historia figura como violinista, pero fue un gran pianista. Incluso, yo lo conocí tocando ese instrumento. Fui al club a acompañar a un cantante, y él se quedó asombrado conmigo, porque yo metía muchas tonalidades. Iba todas las noches, lo esperaba y nos íbamos a tomar un café o a comer de madrugada. Me interesaba ese personaje tan grande, que no era muy reconocido en ese tiempo. No era tan famoso como D’Arienzo o Troilo, digamos.



Es Gobbi, entonces, un personaje central para desandar esta historia bañada de músicas y giros que aún tiene para decir. Porque fue vía Gobbi que Palermo logró grabar su primer disco (todo instrumental), pudo pasar del orgullo de ser autodidacta y orejero a la seguridad que da el estudio de la escritura musical y la armonía; ponerse a punto, nada menos, para acompañar a Edmundo Rivero durante todo 1975 en El Viejo Almacén o, más acá en el tiempo, arreglar los 14 temas y dirigir la agrupación con que Nelly Omar grabó su disco de 1997, a los 86 años. “Ojo, yo ya venía con un feeling porque Villa Guillermina no era en los ’40 lo que fue después como pueblo del litoral. En mi época casi no existía el chamamé. Había algunas pocas cosas que venían de Paraguay, pero los compositores correntinos todavía no primaban. Cocomarola, Montiel, todos esos muchachos estaban tocando pero no tenían la trascendencia que tuvieron después. Lo que dominaba era el tango y a uno, más cuando sos un pibe de 12 años, se le pega lo que suena”, dice.



Trazando una elipsis hasta el presente, Palermo es uno de los guitarristas guía, un referente clave para la generación contemporánea de guitarristas aplicados al tango. A través de sus diferentes formatos y formaciones (Palermo Trío, solista, Palermo 5) ha ocupado la década pasada mostrando sus tangos con ruido a púa por el país y por el mundo. “Es impresionante. Cuando estuve en Holanda me aparecían guitarristas holandeses muy jóvenes que tocaban tango. Tocamos en el teatro principal y, cuando fuimos al hall, había al menos cien parejas bailando tango, y chicas argentinas que hacían empanadas para vender y bancarse los estudios allá. Esa movida me hizo acordar mucho a mis principios, porque yo, cuando llegué a Buenos Aires viví una bohemia tremenda. Había mucho trabajo nocturno, y yo hacía dobletes en boliches, boliches estables, salidas con cantores, en fin...”



–Terminaba destruido.



–Pero bien, porque era joven, estaba solo y podía estar en la bohemia, en la pilcha, esas cosas. El tango había invadido el país completamente en los ’40, como después lo hizo el rock. Se bailaba y se respiraba tango en todas partes. En Guillermina, que no superaba los cinco mil habitantes, había una orquesta con cuatro bandoneones, cuatro violines, cantante y pianista... era completa. El tango me agarró en la adolescencia y se me metió para siempre.



–Volvamos a la centralidad que tuvo Gobbi para su trayectoria. Usted dijo que cuando lo conoció estaba en decadencia. ¿No alcanzaba con que Piazzolla lo “legitimara” como referente principal del género a través de aquella conmovedora pieza (“Retrato de Alfredo Gobbi”) que registró en 1967 con el Quinteto?



–Tal vez sí, pero eso fue más bien después de su muerte. En verdad, Piazzolla no le daba mucha bola. Eran amigos, se conocían, sí, pero no estaban tanto en el bar. Astor no tenía mucho tiempo, estaba en plena lucha.



–¿Y usted cómo miraba esa lucha de Astor?, ¿en qué “bando” se ubicaba?



–Yo soy un admirador de Astor Piazzolla, me parece que soy el más fanático.



–¿Lo era en ese momento o lo asumió después?



–No, desde ese momento. Yo tengo dos ídolos grandes: Astor y Frank Sinatra. Son mis ídolos máximos. Ahora, lo que nunca hice fue tocar Piazzolla.



–¿Por respeto?, ¿porque es difícil?



–Por respeto, porque es un estilo tan completo que no podés sacarle nada. Hay que hacer lo que él hizo, no podés pasarte. Es como la grabación de Troilo-Grela, un disco que es como un cuadro intocable: todo lo que puedan hacer un bandoneón y una guitarra juntos ya está hecho. Piazzolla es lo mismo.. Es como Gardel, o como Rivero ¿no?



–Rivero tendría hoy 100 años. ¿Recuerda cómo empezó a trabajar con él?



–Estaba trabajando en el boliche de Tania y Discépolo, Cambalache, todas las noches, y cerrábamos el show acompañando a Tania. Yo tocaba la guitarra eléctrica...



–¿Como Malvicino y López Ruiz?



–No, en realidad no era eléctrica; era una criolla con pastilla y se enchufaba a un equipo. Por esos días, entonces, yo había grabado un disco con el hijo de Rivero, con el Muni, en el que también había participado José Colángelo con el cuarteto. El Muni se lo hizo escuchar al padre y Edmundo dijo “qué bueno está esto”. Muni lo cuenta siempre como anécdota porque pensó que el elogio iba para él, cuando en realidad el elogio de Edmundo era para las guitarras (risas). Edmundo era un fanático de las guitarras. Igual, Muni fue el que me presentó al padre, justo en el momento en que se le habían ido todos los guitarristas de El Viejo Almacén por un juicio laboral. Entonces, yo llevé al trío y, como con el trío conocíamos todo su repertorio, “Sur”, “Malón de ausencia”, “Trenza”, en fin, quedé como guitarrista. Incluso grabé en el disco que Rivero hizo sobre el lunfardo, porque yo creo que Edmundo y De La Púa son los padres del lunfardo, aunque Edmundo fue quien lo proyectó, lo cantó, lo estilizó y le hizo la música.



–Generó y desarrolló un estilo.



–Y hoy los chicos están locos con eso. Los pibes de 34 Puñaladas son amigos míos. La verdad es que me llevo muy bien con las nuevas generaciones y les doy clases de tango a muchos pibes que vienen del rock... ellos hacen las tonalidades como tiene que ser, usan bien la mano izquierda, pero el problema lo tienen en la derecha, en el rasgueo. Y yo les digo que el gran secreto está en la mano derecha, porque es la que tiene que dar con la síncopa y el swing del género, es una cuestión de práctica y costumbre. Hay que usar la yema y no la uña del pulgar para darle el color del género. Ese es el secreto.



Palermo está jubilado pero aún da clases en su casa. Ya no trabaja de noche, ni toca con púa porque perdió fuerza en las manos, pero señala que los dedos “andan muy bien”. Agradece a EPSA haber recuperado los 31 temas que registró en su tercer disco editado en 1971 (De aquí y de ahora) y allí anida el material que muestra en público cada vez que puede. “Fue ese trabajo, editado aquella vez en vinilo y ahora en CD, el que me permitió poder girar con mi grupo por Europa y el que me permite seguir trabajando hoy. Todavía estoy tocando las versiones del ‘68, y hay trabajo porque el guitarrista que sabe cómo acompañar a un cantante (Palermo ha acompañado a Floreal Ruiz, Alberto Podestá, Roberto Goyeneche, Roberto Rufino, Héctor Pacheco, Jairo y Oscar Ferrari) siempre tiene trabajo. Incluso entre los ’70 y los ’80, cuando no había nada y habían desaparecido las orquestas, yo pude arreglármelas bien”, evoca.

fuente:

Lunes, 4 de julio de 2011

PAGINA 12, ESPECTACULOS

Por Cristian Vitale
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sábado, 24 de agosto de 2013

BARTOLOME PALERMO, SU MÚSICA

TRENZAS - PALERMO 5

AQUEL TAPADO DE ARMIÑO - PALERMO 5
A ORLANDO GOÑI - PALERMO 5


NELLY OMAR, COMME IL FAUT

Nuestra querida NELLY OMAR acompañada por las guitarras de BARTOLOME PALERMO y PACO PEÑALBA
canta COMME IL FAUT.

                           qué hermosa es....!!!!!! qué grande Nelly...!!!!!             

BARTOLOME PALERMO, MÚSICO

Un día como hoy... 24 de agosto... pero de 1936...nacía 
BARTOLOME PALERMO.
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GUITARRISTA, ARREGLADOR, COMPOSITOR
24 de agosto de 1936
Nombre verdadero: Bartolomé Basimiani




En este blog, EL BOLICHO, hemos publicado la biografía del guitarrista BARTOLOME PALERMO, el día 24 de agosto de 2012, y hay tres temas para escucharlo tocar, el mismo día.
-Mano cruel
-Milonguero triste
-Campo afuera
con el PALERMO TRIO.



viernes, 24 de agosto de 2012

BARTOLOME PALERMO, GUITARRISTA

Un día como hoy... 24 de agosto... pero de 1936
nacía BARTOLOME PALERMO.
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Biografía de Héctor Oviedo, publicada en TODOTANGO.


Guitarrista, arreglador y compositor
(24 de agosto de 1936)
Nombre verdadero: Bartolomé Basimiani

No canta, canturrea con una dulce voz perruna sólo cuando, en algún ensayo, quiere darle el tono justo, la intención adecuada, al cantante o cancionista de turno. Lo suyo es algo así como el lamento de un caniche desolado perdido en medio de una tormenta, buscando voces familiares que lo orienten.
Ocurre que Bartolomé Palermo soñaba con ser cantor; cantor de tango. Y pasó que una noche de serenata allá, en su Santa Fe natal, el petiso Regi, compinche en esas lides, lo paró en seco y le dijo sin preámbulos anestésicos: «Cortala, Bartolo; vos no podés cantar... ¡no debés cantar». Y ahí mismo, y para siempre, doblegó su vocación gardeliana. El juicio lapidario de su amigo no le dejó resquicio para la duda.
Palermo no sólo es un virtuoso de la viola —entendido esto como “gran tocador de notas”—, no, es un verdadero artista que pone, junto con su gran formación musical, la enorme dosis de amor, sentimiento y pasión aun en los momentos menos comprometidos de sus presentaciones.
Quienes lo conocemos sabemos de su sonrisa beatífica que le asoma cuando le brota el placer y es ganado por el éxtasis de un acorde justo, de un bordoneo inspirado. Cuando llegó a Buenos Aires no tenía aún diecisiete años. Edad imprecisa donde conviven la retaguardia de la adolescencia y los albores de la juventud. Precisa era su determinación, su voluntad de abrirse un camino con la guitarra.
En 1957, fue requerido por Ariel Ramírez, con el que colaboró muchos años en giras y realizaciones fonográficas, incluso la versión completa de “La misa criolla”.
Nélida Rouchetto contaba, hace unos años, el encuentro de Palermo con el gran Alfredo Gobbi, en 1964: «No me cabe duda que la causalidad de esa relación y la suerte de trabajar en yunta con Gobbi -que por entonces ejercía de pianista- habrá dejado una huella profunda para su posterior desarrollo estético. De ahí ese sentido orquestal que aprendió de ese maestro que después, supo aplicar en sus conjuntos de guitarras».
Abrirse paso no le fue ni le es fácil. La guitarra, como instrumento tanguero, conoció momentos de esplendores que se fueron opacando en la medida que las radios fueron desprendiéndose de los conjuntos estables. Épocas donde había muchos cultores y muy buenos, y los grandes cantores —Carlos Gardel, Ignacio Corsini, Agustín Magaldi—, por hablar de las glorias, no podían prescindir de ellas para el acompañamiento. Más cerca en el tiempo, podemos mencionar a Héctor Mauré, Carlos Acuña, Horacio Deval y tantos otros. Cuando aparecieron las grandes orquestas se les fue acotando el margen y consecuentemente fueron mermando sus cultores. Hoy ese tipo de guitarrista -el de acompañamiento de cantores- es casi una raza en extinción.
En 1984, muere José Canet. En 1992 se fue también Roberto Grela. Dos maestros, dos maneras, dos estilos y miradas igualmente válidas que se posan en el instrumento y la canción popular, esa que gira alrededor del tango. Pero antes, mucho antes de esas pérdidas, la fuente de trabajo con los cantores había mermado por distintas razones. Primero por la decadencia del tango mismo y los pocos cantores que siguieron en la brecha prefirieron otro tipo de acompañamiento. Y ahora mismo, con el florecimiento de nuestra música, los modos y las formas de cantar han cambiado; ya casi no se canta “a ritmo", tanto que por momentos no se sabe si se está escuchando un tango cantado o recitado. Y la guitarra es poco lo que puede hacer en ese contexto.
La formación de pequeños conjuntos fue una alternativa para los guitarristas. Juntarse con otros instrumentos fue otra. Ejemplos: Roberto Grela con Aníbal Troilo y luego con Leopoldo Federico, Ubaldo de Lío con Horacio Salgán, por dar algunos ejemplos representativos, o lisa y llanamente como ejecutantes solistas, el caso de Aníbal Arias o Juanjo Domínguez.
Bartolomé Palermo nació en Villa Guillermina, provincia de Santa Fe y a partir de 1950, se radicó en la Capital. Armó su primer conjunto -el Palermo Trío- en el año 1968, junto con su amigo inseparable, Paco Peñalva y Miguel Luna. Los arreglos estaban hechos desde el 64. Con esa formación debuta en radio, trabaja en el teatro San Martín, lugares de la noche, clubes y giras por nuestro país.
Finalizando 1969, aparece su primer disco, un larga duración en el que se agrega el guitarrón de Norberto Pereyra. Disco hoy inhallable y es un verdadero pecado que no se haya reeditado. Pasa que, entre otras muy buenas versiones, hay un tango de Alfredo Gobbi, “El último bohemio”, del que no existe edición ni partitura. Palermo lo grabó de acuerdo a como se lo había pasado el mismo Gobbi en el piano.
La buena repercusión que tuvo este trabajo llevó al trío nuevamente al disco un año después, con arreglos más elaborados. El lugar de Miguel Luna fue ocupado por Domingo Laine, y el guitarrón de Pereyra, por Ernesto Báez “El Negro”. El repertorio incluyó títulos de grandes compositores como Francisco De Caro, Alfredo Gobbi, Aníbal Troilo, Anselmo Aieta y Lucio Demare.
En 1972, el sello Cabal convoca al conjunto para un trabajo que incluye seis temas cantados por Héctor Darío: “La noche que te fuiste”; “Tormento”; “Un poco de todo” (de Osvaldo Tarantino y Juanca Tavera, dedicado a Edmundo Rivero); “No serás un recuerdo” y “Romance para una vereda”. A su vez el trío de guitarras puso “Recuerdo de bohemia”; “Payadora”; “Danzarín”, “Compadre y milonguero”; “Valsecito alegre” y “Del bajo fondo”, esa joya del enorme Osvaldo Tarantino.
En este sello —Cabal—, acompaña a Edmundo Rivero en el año 1975 y, al año siguiente, participa como guitarrista solista en una notable experiencia con la orquesta de Alberto Garralda. Es ésta una producción ejemplar. En este conjunto de cuerdas Bartolomé participa en cuatro temas: “La reja”, “Caminito”, “Mimí Pinsón” y “Vieja luna”. En ellos, Garralda dejó el espacio para que la guitarra improvisara sobre un determinado esquema. El resultado fue excelente.
Es bueno detenerse en los nombres y apellidos de aquella formación: Osvaldo Tarantino (piano); Eduardo Walczach, Reinaldo Nichele, Fernando Suárez Paz, Mario Abramovich, Tito Besprovan y Nito Farace (violines); Abraham Selecson (viola); José Bragato (cello); Kicho Díaz (contrabajo) y bandoneón, arreglos y dirección Alberto Garralda. Un lujo todo.
Hoy Bartolomé exhibe una experiencia y una sabiduría evidente. Conoce mucho de lo suyo y sabe que no hay que poner todo el conocimiento en una obra. Sólo los necesarios para crear la atmósfera que ella requiere. Sabe el valor de la síntesis; conoce que a veces la capacidad expresiva de un silencio es más fuerte que una catarata de notas por lindas que éstas puedan sonar. Las azadas de su memoria rescatan modelos grandes: Grela, Canet, el Negro Báez y tantos otros que han hecho escuela.
Sabe, también lo confiesa, que el presente laboral plantea incógnitas futuras, pero las asume con tranquilidad y realismo. Tiene proyectos y, todavía, sueños.
Participó en el compacto que Nelly Omar grabó en 1997 —“Por la luz que me alumbra”— como protagonista en la dirección y arreglos musicales y eso lo llena de orgullo: «“La Gardela” —dice—, siempre se rodeó de los mejores y el hecho de grabar con ella sugiere que estoy en ese lote». También es consciente que este trabajo es un pasaporte a la historia. «Todo lo que ella ha grabado se seguirá escuchando por mucho tiempo, mucho más de lo que pueden abarcar nuestras vidas. Los hijos de mis nietos me van a escuchar cuando las pasen y, seguramente, se van a sentir orgullosos del viejo guitarrero que por entonces habitará una ramita del árbol genealógico de los Palermo».
Mientras tanto, sigue dando clases a un puñado de alumnos, transmitiendo vivencias y sapiencia a los jóvenes; entrenándolos para -como dijo hace poco Dino Saluzzi- la ilusión y el hambre.
Sigue grabando como acompañante de varios cantores, como: Carlos Barral (1998), Abel Amorós (1999), Alejandro Muzni (1999), Pablo Banchero (2001), Walter Yonsky (1999 y 2001), Hugo Araujo (2006) y Hernán Genovese (2007), entre otros.

fuente: TODOTANGO.

MANO CRUEL - PALERMO TRIO
  

 MILONGUERO TRISTE - PALERMO TRIO

CAMPO AFUERA - PALERMO TRÍO