Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
Letra: Juan Carlos Patrón Cuando el ombú de la existencia sacude el viento del recuerdo, se llena el alma de "murmuyos" que cuentan cosas del tiempo viejo. En ocasiones, al oírlos, el cielo claro de los ojos queda "tapao" de cerrazón y en otras veces, sin querer, se va la mano pa’l facón. "Murmuyos" que traen al alma la tropa de los recuerdos, pa’ llegar vienen al trote pa’ "dirse" siempre son lerdos. "Murmuyos", "murmuyos" son que aprietan el corazón. Y si los echo pa’ correrlos a la perrada de los sueños, esos "murmuyos", uno a uno, me matan "tuitos" los pobres perros. Sólo la caña los domina y se los lleva al trote en ancas, por eso siempre tiene sed de caña, mi alma, pa’ apagar la voz que llega del "pasao".
Un día como hoy...16 de mayo... pero de 1924... nacía ALDO CALDERON
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Semblanza de ABEL PALERMO
publicada en la página webb TODOTANGO
CANTOR, GUITARRISTA
16 de mayo de 1924 – 6 de diciembre de 1983
Nombre verdadero: Aldo Ives Calderón
Nació en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Era
todavía un adolescente cuando comenzó a cantar, acompañado de su guitarra, en
las peñas y cafés de su ciudad natal y de los alrededores.
Su voz, de excelente coloratura y claro decir, se expresaba
a través de un importante repertorio de tangos, milongas y estilos criollos,
que lograba entusiasmar al público. Esto lo decidió a partir hacia la capital a
probar suerte.
En Radio Mitre, debutó en el programa “La matiné de Juan
Manuel” y actuó en la confitería “La Querencia” de la avenida de Mayo, donde
participaban diversos números de tango, folklore y de cante español, hasta que
fue requerido por el director Francisco Rotundo para cantar en su orquesta.
A mediados de 1948, Aníbal Troilo sufrió la desvinculación
de Floreal Ruiz, que se fue tentado por un importante contrato que le ofreció
Rotundo. Entonces, “El Gordo”, sin titubear, hizo un enroque y se llevó a
Calderón a sus filas.
El otro cantor de la orquesta era Edmundo Rivero, con quien
debutó a dúo en el disco, en marzo de 1949, con el tango, “Una lágrima tuya”.
Luego, hacen también, el vals de Germán Videla y Carlos Montbrún Ocampo, “A
unos ojos” y la milonga “Miriñaque”, de Alberto Mastra. Como solista graba, el
que fue su primer éxito, el tango “Cuando volverás”.
El 26 de octubre de 1949, Rivero hizo su grabación final con
Troilo, el tango “Tú”, y en el acople, la voz de Calderón con “Y volvemos a
querernos”. Este disco sería el último de la orquesta en el sello RCA-Victor,
después de nueve años consecutivos de grandes éxitos. A partir de ese momento,
Calderón se quedó solo, hasta la incorporación de Jorge Casal, en marzo de
1950.
Lamentablemente, el rompimiento contractual de Pichuco con
esta empresa fonográfica, no permitió la edición de varios temas grabados por
ambos, me refiero a “Media noche”, “Tarde”, “Atenti pebeta” y “Destellos”,
entre otros.
En noviembre de ese año, Troilo volvió al disco en el sello
TK y, en febrero de 1951, la última grabación de Calderón, la milonga de René
Ruiz y Charrúa, “Tata no quiere”.
Después, fue contratado como solista por la Victor y por
Radio Splendid, en los dos espacios lo acompañó la orquesta del bandoneonista
Ismael Spiltanik, que estaba integrada por jóvenes y talentosos músicos:
Leopoldo Federico, Fernando Tell, Fernando Córdoba y Spitalnik (bandoneones);
Alberto “Tito” Besprovan, Simón Braiman e invitado David Díaz (violines);
Alcides Rossi (contrabajo) y Atilio Stampone —por un año—, luego Armando Cupo
(piano).
El primer disco, fue en marzo de 1952, “De vuelta al bulín”
y en el reverso, el estilo de Vicente Galleri, “Ansina es la madre mía”.
También grabaron “Oración rante”, “Qué querés con ese loro” y, los más
destacados: “Murmullos” y “Será una noche”. En total —hasta mayo de 1954—, 14
registros.
A partir de 1956, se dedicó a hacer giras por el interior
del país, acompañado por distintos conjuntos de guitarras, con repertorio más
folklórico que tanguero. Pasaron algunos años y regresó a Rosario, donde vivió
hasta su muerte, cuando apenas tenía 59 años.
Fue un cantor que nos dejó con las ganas. Su carrera
artística creció y se desarrolló rápidamente, en un lapso muy breve y, en una
época donde las grandes orquestas comenzaban a sufrir los primeros embates de
la crisis del tango. No obstante, el testimonio de su calidad interpretativa se
conserva en sus discos, que no fueron muchos, pero suficientes para apreciarla
en su real magnitud.
Publicado en la revista "Tango y Lunfardo", Nº 158, Chivilcoy, 16 de noviembre de 1999.
Bandoneonista, director, arreglador y compositor
(27 de agosto de 1919 - 12 de octubre 1999)
El 12 de octubre pasado, en Ramos Mejía (Buenos Aires), se apagaba la vida de Ismael Spitalnik, bandoneonista, compositor, arreglador y director de muy prolongada trayectoria en el tango. Una cruel enfermedad, desde hacía tiempo, lo había abatido. Así que sus últimos días fueron un resignado esperar el desenlace. Había nacido en la Capital el 27 de agosto de 1919.
Desde muy pequeño llegó a la música y al bandoneón. Con el maestro José Junissi (hermano de Alejandro), realizó sus primeros estudios, y comenzó a foguearse en el conjunto juvenil que éste dirigía. Ya mayorcito, hizo rubro con el pianista Armando Cupo, con el que se largaron en gira por Córdoba y Santa Fe.
En 1939 se vinculó al conjunto de Emilio Balcarce, integró por breve tiempo la Orquesta Típica Nobel y llegó a la orquesta de Ángel D'Agostino, con quien permaneció hasta 1943.
Paralelamente cuidó mucho sus estudios. Con Jacobo Fischer se instruyó en Armonía y Composición, y recibió también lecciones de Paco Requena. Y junto a toda esta tarea de trabajo y aprendizaje, culminó su carrera de químico industrial.
Desvinculado de D'Agostino, en 1944 participó de la fundación de la primera orquesta de Horacio Salgán, para luego, al producirse la deserción en masa de los músicos de Miguel Caló, en 1945, pasara la orquesta de éste.
Después comenzó a comandar la orquesta que acompañó a Fiorentino, que había dirigido antes Piazzolla. Le armó orquesta de acompañamiento a Raúl Iriarte, a Aldo Calderón, a Hugo del Carril. Integró y realizó arreglos para la última agrupación que formó Juan Carlos Cobián.
Parejamente a toda esta actividad profesional, incrementó sus estudios, volcándose al arreglo y la instrumentación, realizando una importante tarea con trabajos para las orquestas de Aníbal Troilo, Francini-Pontier, para la Editorial Korn.
En 1956 ingresó a las filas de Osvaldo Pugliese, con quien además compartió ideas políticas. En la orquesta del autor de La yumba estuvo hasta mediados de 1961, interviniendo en las giras que el conjunto realizó por la Unión Soviética y China.
Luego hizo un prolongado paréntesis, hasta que en 1987 realizó un viaje por nueve ciudades de la Unión Soviética, marcando su reingreso a los caminos de la música. En 1990 se presentó con un septimino integrado por estos excelentes músicos que se unieron al bandoneón de su director: Normando Lázzara (piano), Carlos Piccione y Gabriel Rivas (violines), Osvaldo Gurnitz (contrabajo), Andrés Rivas (viola) y Patricio Villarejo (violoncello).
Con similar agrupación (con algunas variantes en su integración) estuvo tocando hasta estos últimos meses en televisión, en el canal Sólo Tango.
En todos estos años se interesó mucho por este trabajo musical, el arreglo, logrando verdaderos aciertos para adaptar una obra original a determinado estilo orquestal. Prueba de ello es la labor que realizó para Francini-Pontier, para Osvaldo Pugliese, para José Basso y, sobre todo, para Aníbal Troilo (en esta última orquesta dejó una "perlita" que es prácticamente un modelo de buen gusto, de adecuada combinación de voces y sonidos, escribiendo un solo de violín magistralmente ínterpretado por David Díaz: el tango "La viajera perdida").
Para sus propios conjuntos, o para las orquestaciones estándar que realizó para la Editorial Korn, mostró una especial ductilidad y una manera muy tanguera, muy moderna, pero sin excesos, en donde la esencia del tango estaba siempre por encima del exhibicionismo. Fue evolucionado, pero hasta el límite donde el tango se puede seguir llamando tango. Todas estas propuestas se advierten, como nunca, en el último septeto, "Bien milonga", con el que se presentó en televisión y otros escenarios de Buenos Aires.
Sus mejores obras como sompositor fueron, desde nuestra óptica, aquella serie de tangos milonga de corte moderno: "Fraternal", "Bien milonga", "Anónimo", "Gente amiga", "De buena estampa", "Presencia tanguera", etcétera. Entre los cantables podemos nombrar "Todo terminó" (el primero), "San Pedro y San Pablo", "Ni me entrego ni me voy". Otros tangos instrumentales suyos, entre otros, son: "Bandoneón melancólico", "El troesma" (dedicado a Osvaldo Pugliese).
Fue un hombre extremadamente sencillo, de arraigadas convicciones políticas. Vivió desentendido de la promoción publicitaria. En lo exterior, era, como se dice ahora, de perfil bajo. Hasta en la manera de ejecutar el bandoneón se mostraba pausado, sin alharacas. Abría poco el fuelle, lo estrictamente necesario. No había poses en él, ni desbordes ni movimientos exagerados.
Y así vivió y así murió, austeramente. Pero con dignidad. Como hombre de ideales y como profesional de mérito.
Publicado en la revista "Tango y Lunfardo", Nº 158, Chivilcoy, 16 de noviembre de 1999.