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miércoles, 25 de marzo de 2015

JAIME SABINES, SOLO EN SUEÑOS



SOLO EN SUEÑOS – JAIME SABINES



Sólo en sueños,

sólo en el otro mundo del sueño te consigo,

a ciertas horas, cuando cierro puertas

detrás de mí.

¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan,

y ahora estoy preso en su sortilegio,

atrapado en su red!

¡Con qué morboso deleite te introduzco

en la casa abandonada, y te amo mil veces

de la misma manera distinta!

Esos sitios que tú y yo conocemos

nos esperan todas las noches

como una vieja cama

y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen.

Me gusta decirte lo de siempre

y mis manos adoran tu pelo

y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre.

Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo,

y con mi mano en tu boca, te busco y te busco.

A veces lo recuerdo. A veces

sólo el cuerpo cansado me lo dice.

Al duro amanecer estás desvaneciéndote

y entre mis brazos sólo queda tu sombra.

JAIME SABINES, PEQUEÑA DEL AMOR



PEQUEÑA DEL AMOR – JAIME SABINES



Pequeña del amor, tú no lo sabes,

tú no puedes saberlo todavía,

no me conmueve tu voz

ni el ángel de tu boca fría,

ni tus reacciones de sándalo

en que perfumas y expiras,

ni tu mirada de virgen

crucificada y ardida.



No me conmueve tu angustia

tan bien dicha,

ni tu sollozar callado

y sin salida.



No me conmueven tus gestos

de melancolía,

ni tu anhelar, ni tu espera,

ni la herida

de que me hablas afligida.



Me conmueves toda tú

representando tu vida

con esa pasión tan torpe

y tan limpia,

como el que quiere matarse

para contar: soy suicida.



Hoja que apenas se mueve

ya se siente desprendida:

voy a seguirte queriendo

todo el día.




JAIME SABINES, SITIO DE AMOR



SITIO DE AMOR – JAIME SABINES


Sitio de amor, lugar en que he vivido

de lejos, tú, ignorada,

amada que he callado, mirada que no he visto,

mentira que me dije y no he creído:

en esta hora en que los dos, sin ambos,

a llanto y odio y muerte nos quisimos,

estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!,

queriéndote, llorándome, perdido.



(Esta es la última vez que yo te quiero.

En serio te lo digo.)



Cosas que no conozco, que no he aprendido,

contigo, ahora, aquí, las he aprendido.



En ti creció mi corazón.

En ti mi angustia se hizo.

Amada, lugar en que descanso,

silencio en que me aflijo.



( Cuando miro tus ojos

pienso en un hijo. )



Hay horas, horas, horas, en que estás tan ausente

que todo te lo digo.



Tu corazón a flor de piel, tus manos,

tu sonrisa perdida alrededor de un grito,

ese tu corazón de nuevo, tan pobre, tan sencillo,

y ese tu andar buscándome por donde yo no he ido:



todo eso que tu haces y no haces a veces

es como para estarse peleando contigo.



Niña de los espantos, mi corazón caído,

ya ves, amada, niña, que cosas digo.




JAIME SABINES, ME DUELES



ME DUELES – JAIME SABINES



Mansamente, insoportablemente, me dueles.

Toma mi cabeza. Córtame el cuello.

Nada queda de mí después de este amor.



Entre los escombros de mi alma, búscame,

escúchame.

En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,

pide tu asombro, tu iluminado silencio.



Atravesando muros, atmósferas, edades,

tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)

viene desde la muerte, desde antes

del primer día que despertara al mundo.



¡Qué claridad tu rostro, qué ternura

de luz ensimismada,

qué dibujo de miel sobre hojas de agua!



Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.

Soy como el hijo de tus ojos,

como una gota de tus ojos soy.

Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,

del suelo, de la sombra que pisas,

del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.

Levántame. Porque he caído de tus manos

y quiero vivir, vivir, vivir.


JAIME SABINES, TU CUERPO ESTA A MI LADO



TU CUERPO ESTA A MI LADO – JAIME SABINES

Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.


JAIME SABINES, NO ES QUE MUERA DE AMOR



NO ES QUE MUERA DE AMOR – JAIME SABINES



No es que muera de amor, muero de ti.

Muero de ti, amor, de amor de ti,

de urgencia mía de mi piel de ti,

de mi alma, de ti y de mi boca

y del insoportable que yo soy sin ti.



Muero de ti y de mi, muero de ambos,

de nosotros, de ese,

desgarrado, partido,

me muero, te muero, lo morimos.



Morimos en mi cuarto en que estoy solo,

en mi cama en que faltas,

en la calle donde mi brazo va vacío,

en el cine y los parques, los tranvías,

los lugares donde mi hombro

acostumbra tu cabeza

y mi mano tu mano

y todo yo te sé como yo mismo.



Morimos en el sitio que le he prestado al aire

para que estés fuera de mí,

y en el lugar en que el aire se acaba

cuando te echo mi piel encima

y nos conocemos en nosotros,

separados del mundo, dichosa, penetrada,

y cierto , interminable.



Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos

entre los dos, ahora, separados,

del uno al otro, diariamente,

cayéndonos en múltiples estatuas,

en gestos que no vemos,

en nuestras manos que nos necesitan.



Nos morimos, amor, muero en tu vientre

que no muerdo ni beso,

en tus muslos dulcísimos y vivos,

en tu carne sin fin, muero de máscaras,

de triángulos oscuros e incesantes.

Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,

de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.

En el pozo de amor a todas horas,

inconsolable, a gritos,

dentro de mi, quiero decir, te llamo,

te llaman los que nacen, los que vienen

de atrás, de ti, los que a ti llegan.

Nos morimos, amor, y nada hacemos

sino morirnos más, hora tras hora,

y escribirnos y hablarnos y morirnos.




JAIME SABINES, TU NOMBRE



TU NOMBRE –JAIME SABINES



Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.

Trato de escribir que te amo.

Trato de decir a oscuras todo esto.

No quiero que nadie se entere,

que nadie me mire a las tres de la mañana

paseando de un lado a otro de la estancia,

loco, lleno de ti, enamorado.

Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.

Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,

lo grita mi corazón amordazado.

Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,

lo digo incansablemente,

y estoy seguro que habrá de amanecer.







JAIME SABINES, ME TIENES EN TUS MANOS

ME TIENES EN TUS MANOS – JAIME SABINES



Me tienes en tus manos

y me lees lo mismo que un libro.

Sabes lo que yo ignoro

y me dices las cosas que no me digo.

Me aprendo en ti más que en mi mismo.

Eres como un milagro de todas horas,

como un dolor sin sitio.

Si no fueras mujer fueras mi amigo.

A veces quiero hablarte de mujeres

que a un lado tuyo persigo.

Eres como el perdón

y yo soy como tu hijo.

¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?

¡Qué distante te haces y qué ausente

cuando a la soledad te sacrifico!

Dulce como tu nombre, como un higo,

me esperas en tu amor hasta que arribo.

Tú eres como mi casa,

eres como mi muerte, amor mío.




JAIME SABINES, ME ENCANTA DIOS



ME ENCANTA DIOS – JAIME SABINES

Me encanta Dios.
Es un viejo magnífico que no se toma en serio.
A él le gusta jugar y juega, 
y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna 
o nos aplasta definitivamente.
Pero esto sucede porque es un poco cegatón 
y bastante torpe con las manos.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales 
como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, 
para que nos digan que nos portemos bien. 
Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce.
Sabe que el pez grande se traga al chico, 
que la lagartija grande se traga a la pequeña,
que el hombre se traga al hombre.
Y por eso inventó la muerte: 
para que la vida -no tú ni yo- 
la vida, sea para siempre.
Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang...
Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae?
Esto es asunto sólo para agencias de viajes.

A mí me encanta Dios. 
Ha puesto orden en las galaxias 
y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. 
Y es tan juguetón y travieso 
que el otro día descubrí que ha hecho 
-frente al ataque de los antibióticos- 
¡bacterias mutantes!
Viejo sabio o niño explorador, 
cuando deja de jugar 
con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, 
hace campos de flores 
o pinta el cielo de manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar, 
y mueve la otra y hace el bosque. 
Y cuando pasa por encima de nosotros, 
quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece 
y hace terremotos, 
y manda tormentas, 
caudales de fuego, 
vientos desatados, 
aguas alevosas, 
castigos y desastres. 
Pero esto es mentira. 
Es la tierra que cambia 
-y se agita y crece- 
cuando Dios se aleja.

Dios siempre está de buen humor. 
Por eso es el preferido de mis padres, 
el escogido de mis hijos, 
el más cercano de mis hermanos, 
la mujer más amada, 
el perrito y la pulga, 
la piedra más antigua, 
el pétalo más tierno, 
el aroma más dulce, 
la noche insondable, 
el borboteo de luz, 
el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios. 
Que Dios bendiga a Dios.



el propio Sabines..!!!! escuchémoslo.