Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
Un día como hoy...10 de agosto... pero de 1903... nacía
En este blog, EL BOLICHO, se puede leer su biografía el día 10 de agosto de 2012, fecha de su natalicio, y también lo recordamos el 15 de julio fecha de su partida. El tema BOEDO, fue publicado varias veces por ditintos intérpretes, instrumentales y con letra.
AUTOBIOGRAFÍA RASPOSA
(Poema lunfardo)
Dante A. Linyera
Me yamo Dante A. Linyera... Pero no es ese mi nombre,
¿pa’ qué batirlo?, si es fulo como una mina sin tren
y en el fichero ‘e la vida ‘toy prontuariao como hombre,
como hombre que la ha yirado de un cotén a oro cotén.
Soy d’este país del bizcocho, la quiniela y la macana,
nací en un convento grande como panza de burgués
en una noche fulera sobre una almohada italiana,
en la caye Independencia mil cinco cuarenta y tres.
P’aquellos que gambetearon los azares de mi infancia
yo soy el cantinerito del viejo barrio ‘e Solís;
desde chico me tiraron los potros de la atorrancia
y desde pibe en el fango yo fui a meter la nariz.
¡Cha digo! Cuando me acuerdo que tuve catorce abriles,
justo cuando a la garufa de la vida me largué,
m’entran ganas de matarme, como hacen los tipos giles
pero después fumo un pucho batiendo: ¡Qué va cha che!
Mi jovie trajo ‘e Calabria la sbrufatta ‘e su entusiasmo,
me dijo un yorno: “Mequito, marino va ser osté”,
y quiso hacerme almirante de una escuadra... ¡Qué sarcasmo!
y hoy no me ayudan los remos, ¡porque ni remar yo sé!
Fui al colegio, y un buen día campaniando el estofao
de la vida mishia y triste, sentí bronca, protesté...
¡la abacanada maroma que recorre el asfaltao
me dio bronca, y por las cayes del anarquismo dentré!
Y junando una mañana como un pobre musolino
rejuntaba los bollitos con cariñoso ademán
la inspiración como Pedro por su casa se me vino
¡y empecé a escribir puemas enchastrados de gotán!
Y aquí estoy: Dante A. Linyera... cantor de la mishiadura,
del bulín, de la percanta, de la milonga, aquí estoy.
¿Quién será? Baten los rantes que catan mi caradura,
y yo mismo compañeros, ¡no sé siquiera quién soy!
Y aunque soy arrabalero, más que el farol de Pompeya,
ni soy guapo, ni lancero, ni me tuerzo pa’un gotán,
no uso daga en la culata, ni tengo Rubia Mireya,
ni soy aquel amorcito que se yamaba Julián...
No uso lengue en el pescuezo y a nadie le di la biaba,
no escabio guinado en el mate, ni manyo al Tano Pascual.
No uso liones con franjitas, ni soy de la yunta brava...
y mis veintiséis abriles dentro de un año se irán.
No soy rey del escolaso ni del barrio de las latas,
me vine para Corrientes transformao en un fifí,
nunca he cascao una mina, ni la voy con caferatas
pero la letra de “Pato” parece escrita pa’ mí...
No se tirar del carrito como no sea el de la yeta
y una tristeza muy honda se escrachó en mi corazón:
nunca pa’una lora papa fui gil, el choma, el shusheta
ni aquel garabito guapo que es dueño de su ilusión.
¿Y quién soy al fin y al cabo? Psh... un mamerto cualquiera
prontuario como un salame que ha manyao la gran cuestión.
Yo bato: “Semos hermanos... Me yamo Dante A. Linyera
y, aunque es vergüenza batirlo: ¡Ni siquiera soy ladrón!”
Extractado el
libro "Cien tangos fundamentales", de Oscar del Priore e Irene
Amuchástegui, Aguilar, Buenos Aires 1998.
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Boedo
Tango
representativo de la evolución musical planteada en el género por la escuela de
Julio De Caro, “Boedo” ocupa un lugar en la historia y mantiene un sitio en los
repertorios contemporáneos. Como buen tango de característico corte milonga,
marcadamente rítmico, prevaleció en versiones instrumentales.
En 1928,
hacía ya cuatro años que Julio De Caro, al frente de una notable formación y
con las ideas de Juan Carlos Cobián como antecedente, había consolidado una
nueva concepción del tango.
Su sexteto fue de una jerarquía técnica
instrumental y un nivel de elaboración en los arreglos desconocidos hasta 1924.
Entonces, no sólo iluminó la belleza de tangos anteriores, sino que admitió
(casi exigía)un repertorio nuevo, más rico y de mayor compromiso interpretativo.
Las carteleras de
espectáculos de los diarios del 8 de octubre de 1928 anuncian: «Hoy se produce
el acontecimiento que todo Buenos Aires espera, a las 18:20 y noche a las
21:30, representación de JULIO DE CARO y su célebre típica, la orquesta que
está en el alma de los porteños, estrenará los siguientes tangos: “Orgullo
criollo” de J. De Caro y P. Laurenz; “Boedo” de J. De Caro; “Loca bohemia” de
F. De Caro; “Mal de amores” de P. Laurenz». Ocurría en el Cine Renacimiento, de
Lavalle 925, coincidiendo con el debut del cantor Roberto Díaz.
Junto con “Buen
amigo”, “Derecho viejo” y “El monito”, “Boedo” figura entre los tangos que en
más oportunidades (cuatro en cada caso) grabó Julio De Caro. La primera vez,
para el sello Victor, en 1928. En 1939 lo registra en Odeon, con un fragmento
de la letra recitado por Héctor Farrell. En 1950 vuelve a hacerlo en Odeon,
nuevamente sin letra. Y, también en versión instrumental, lo lleva al disco
Pathé en 1952.
Mencionemos que
Lucio Demare graba “Boedo” con la orquesta del trío Irusta-Fugazot-Demare, en
época del estreno. Entre las versiones posteriores, anotemos las de la Orquesta
Francini-Pontier, la de Osvaldo Pugliese, las dos de Horacio Salgán (con
orquesta y en dúo con Ubaldo De Lío), la de Los Astros del Tango y la de Ástor
Piazzolla con el Octeto Buenos Aires. Y recordemos que Francisco Canaro, quien
no abordó con frecuencia la obra de De Caro, sí registró este tango con su
Quinteto Pirincho.
La zona de
influencia de la calle Boedo, aunque fue oficialmente reconocida como barrio
recién en 1972, era desde mucho antes territorio de poetas y hombres de tango:
entre los vecinos figuraban José González Castillo, su hijo Cátulo, Homero
Manzi, en cuyas obras perduraron los reflejos del lugar.
Boedo está presente en
el tango a través de los bellos versos de Manzi de “Sur” de 1948.
Ya entonces
existía, desde hacía largo tiempo, el tango “Mi Boedo querido” de José Milano,
con los humildes versos de Enrique D’Aquila: «¡Mi Boedo! ... / Sos aquella
calle linda / abierta... pa’ que entre la ilusión / ¡Hoy quiero! ... /
Deschavarte barrio mío / que te tengo tan prendido/en mi pobre corazón».
Julián Centeya
rescató la mitología y la historia tanguera y literaria de la zona, en el poema
Boedo: «Yo vengo a hacerme la partida. / Pero digo que vengo del Boedo
legendario. / El de la Balear y el Aeroplano, / el de Eufemio Pizarro y la
Chancha / muerto de bala en la ancha vereda de la puerta del Biarritz, / (...)
/ Del Boedo, sí, del Boedo del café Dante / y la ruidosa estación de los bondis
/ frente al Los Andes, / donde mi junada de asombro / entreveró a Gorki con
Barletta».
Pero los encantos
de este barrio alcanzaron también a un “poeta del centro” como Enrique
Cadícamo, que escribió letra y música de “Boedo y San Juan” («De aquí, de Boedo
y San Juan / voy a cantar / al barrio donde he nacido»).
Dante A. Linyera
Ni De Caro,
nacido en Once y criado en San Telmo, ni Dante A. Linyera, que nació en
Independencia y Sáenz Peña, eran hijos de Boedo. No obstante, en la partitura
original del tango se lee: «Dedico este pequeño recuerdo a mis compañeros de la
infancia, los muchachos de Boedo», y es indiscutible que los autores figuran
entre los primeros creadores del género atraídos por ese escenario.
De Caro
volverá a consagrarle una obra, esta vez con letra de Mario Gomila y el nombre
de una de las calles emblemáticas del barrio, “Chiclana”, como título: «Vuelvo
a vos, barrio querido / del lejano ayer. / Viejo Chiclana / que aprendí a
querer / entre el rumor malevo / de tu bandoneón».
“Boedo” no tuvo
gran trascendencia como tango cantado, si bien Roberto Díaz dejó su versión en
fecha cercana al estreno, el 18 de abril de 1929, acompañado por guitarras.
Pero el asunto de la letra es por demás interesante, por varios motivos.
Para empezar,
comentemos que en el mismo 1928, Dante A. Linyera dio a conocer otro tango de
tema similar, éste con música de Ricardo Luis Brignolo.
Se trata de “Florida de
arrabal”: «Barrio de hacha y tiza, papuso, canyengue, / ande tuvo cuna la nueva
emoción, / ande el alma rea sigue usando lengue / y el tango se tuerce como un
bandoneón». El fragmento basta para advertir la afinidad con el tango que nos
ocupa.
Agreguemos otra estrofa de “Florida de arrabal” dedicada específicamente
a la calle Boedo, centro sensible del barrio que Linyera eligió en los dos
tangos como punto panorámico: «Boedo, Boedo, / la calle de todos / la alegre
Florida / del triste arrabal / decile muy quedo / decile a la piba / romántica
y papa / que ya va a llegar».
Florida del
arrabal
Es interesante
detenerse en la comparación que hace Dante A. Linyera, en las dos letras de las
calles Boedo y Florida. Porque estamos, en 1928, en plena efervescencia del
legendario enfrentamiento entre los movimientos literarios representados por el
Grupo Florida y el Grupo Boedo.
Alrededor de la
revista Martin Fierro —instalada en Buenos Aires en 1924—, con el impulso de
Ernesto Palacio y Roberto Marianise reúne un notable grupo de escritores entre
los que figuran Jorge Luis Borges, Conrado Nalé Roxio, Macedonio Fernández,
Raúl Scalabrini Ortiz, con centro de encuentro en Florida y Tucumán. Mientras
la intersección de San Juan y Boedo aglutina, en sus cafés, a un notable grupo
de escritores entre los que figuran Roberto Arlt y Álvaro Yunque, con sede central
en los talleres de la revista Claridad. La rivalidad entre los dos grupos no
tarda en crecer, avivada por un vespertino.
Las divergencias
estaban muy lejos de la enemistad. Muchos años más tarde, en 1959, algunos de
los más sobresalientes protagonistas de esta historia declaraban para Clarín.
Así, Borges
afirmaba: «Florida y Boedo existieron de verdad, aunque no definidos netamente.
Así por ejemplo Nicolás Olivari estaba en Boedo y publicaba en Florida, Raúl
González Tuñon comenzó actuando en Boedo y luego pasó a Florida (...) Mi
impresión es ésta: los de Boedo de arte comprometido y social y los de Florida
de tendencias puristas, el arte por el arte. Los de Boedo eran seguidores de
Emile Zola, Máximo Gorki. Su meridiano pasaba por Rusia y también por Francia.
En realidad, los de Florida eran de una tendencia derivada de Lugones, aunque
públicamente éramos enemigos de él. También lo éramos un poco por motivos
políticos y porque le debíamos demasiado y no queríamos confesarlo. (...)
Florida era pues una revolución literaria, un tanto espectacular, otro poco
ruidosa, no obstante, fructífera. Algunos resultados dio. Roberto Arlt y otros
como él procedían de Boedo y publicaban en Claridad, que editaba Antonio
Zamora...»
Para Álvaro
Yunque: «Los de Florida se preocupaban más por los sonidos. Nosotros éramos
revolucionarios y ellos vanguardistas».
Y Ernesto Palacio
es bien claro: «Ese asunto de Boedo contra Florida fue, así lo estimo, un
fenómeno de poca importancia. Un día creo que se me ocurrió a mí, le propuse al
espíritu fino y culto que era Roberto Mariani crear un movimiento literario en
broma. Más tarde, esa broma adquirió una trascendencia inusitada para asombro
de nosotros mismos. Esa importancia en realidad fue caldeada por un diario de
la tarde. Tanto es así que nadie estaba en contra de nadie, que unos y otros
colaboraban en las mismas revistas, se sentaban juntos en las mesas de
redacción y actuaban también juntos en las peñas. Además y vale la pena
decirlo, los constituyentes de Boedo eran gente de una categoría social
inferior. En su mayoría se trataba de obreros que aspiraban a una
representación literaria de su clase, “literatura proletaria”, se llamaría más
tarde. Los genuinos voceros de esta corriente eran Castelnuovo y Roberto Arlt.
Pero éste último también estaba con nosotros (aunque un poco más tarde y
apadrinado por Conrado Nalé Roxlo). No era fácil ingresar a nuestros círculos.
Raúl González Tuñón estuvo en las dos integraciones. La denominación se debió,
creo, a fortuitos geográficos. Nosotros nos reuníamos por comodidad en los
cafés cercanos de Florida y ellos, en San Juan y Boedo».
El hecho es que
Dante A. Linyera, definidamente enrolado, no deja de arrimar su brasa a la
espectacular pirotecnia del enfrentamiento, con su provocador: «¿Qué quiere
hacer esa fifí Florida?...».
Por último,
consignemos que la segunda letra de "Boedo", que es en realidad una
variante de la original, seguramente fue escrita en 1943, como concesión a la
censura radiofónica impuesta por el gobierno del general Pedro Pablo Ramírez.
En esta nueva versión, tal como lo exigía la dictadura, desaparecen las
expresiones lunfardas, el voseo y, significativamente, los versos “herejes”:
«ande el tango, provocador y macho / hoy es el Dios / Nuestro Señor / del
Berretín».
Es difícil
establecer quién escribió esta versión “adecentada”, si es que, como
presumimos, no es anterior a 1943. Porque las partituras en las que figura
mantienen la firma de Dante A. Linyera. Pero el poeta había muerto en 1938, a
los 35 años.
Esta letra, de
origen por lo menos turbio, pero relativamente fiel a la temática original —si
no a la forma, esencial—, puede escucharse en la versión grabada, en época muy
posterior a su aparición, por el cantor Guillermo Fernández.
Extractado el
libro "Cien tangos fundamentales", de Oscar del Priore e Irene
Amuchástegui, Aguilar, Buenos Aires 1998.
Poeta y periodista
(10 de agosto de 1903 - 15 de julio de 1938)
Nombre verdadero: Francisco Bautista Rímoli
Fue muy corta la vida de este bohemio impenitente, cuyo pecado mayor ha sido vivirla tan de apuro y sin ningún cuidado. En algún momento reflexionó un arrepentimiento, pero continuó sin cambiar el rumbo:
«¡Cha digo! cuando me acuerdo que tuve catorce abriles
justo cuando a la garufa de la vida me largué,
me entran ganas de matarme como hacen los tipos giles
pero después fumo un pucho batiendo:
¡Qué va cha ché!»
En el mismo poema, su hermosa "Autobiografía rasposa", nos retrata que era hijo de un calabrés, que nació en Buenos Aires, en un conventillo grande situado en la calle Independencia 1543 y que pronto quedó huérfano. También que trabajó de "cantinero" cuando muchacho: «Yo soy el cantinerito del viejo barrio 'e Solís», se está refiriendo a un bodegón que por muchas años permaneció en la esquina de Solís y Garay.
Si a los catorce años ya andaba suelto por la vida, fue lógico que buscara un medio para poder expresar lo que sus andanzas le iban enseñando. Lo encontró en el periodismo. Primero en el diario matutino La Argentina, que entonces trataba de competir con La Prensa y La Nación, tenía 16 años. Luego fue El Telégrafo y también La Montaña, mítico periódico fundado por Leopoldo Lugones y José Ingenieros. Y tras cartón, El Alma Que Canta, aquel cancionero inicial fundado por Vicente Bucchieri en febrero de 1916. Allí, a través de sus notas y versos desparejos pudo, con total libertad, expresar su dolor ante tantas injusticias recogidas por las calles de la ciudad.
Ya para siempre había perdido su verdadero nombre. Tuvo más fuerza su irónica ocurrencia: "Dante A. Linyera", sin omitir la letra A, que no pertenece a la inicial de un segundo nombre, alude a Dante Alighieri, esa fue su intención.
Escribió algunas piezas teatrales para conjuntos filodramáticos. Una sola de ellas fue puesta en escena: "Mambrú se fue a la guerra". Escribió letras para varias decenas de tangos, pero no era su medio, quizás le apretaba la medida y el tiempo que la canción requiere.
Creó entre otras una revista infantil: El Purrete. También en colaboración, la revista de fútbol La Cancha, que subsistió hasta fines de los cincuenta. Pero su más importante creación fue La Canción Moderna, que luego con el auge del cine devino en la exitosa Radiolandia, ya en manos del editor Julio Korn. El primer número apareció en marzo de 1928.
Según un breve artículo publicado en el diario La Razón, el 6 de agosto de 1963, un grupo de amigos se reunieron para recordarlo a 25 años de su muerte. Fue en aquella cantina citada en su poesía. Alguien relató que sobre el amplio mesón de mármol que aún estaba, Linyera escribía, en el transcurso de la noche, íntegramente la edición de la revista. Entre los presentes se cita a quien fuera su esposa María Josefa Charila, quien escribía con el sudónimo Susy Paz y también el poeta Nicolás Olivari, quien dijo: «Todavía recuerdo su aire de muchacho triste, pensativo y sus largas caminatas por la calle Corrientes. Fue un cantor angustiado de lo porteño, un hombre ensombrecido por el sufrimiento de los pobres. Y todavía me acuerdo de su pierna claudicante, de su andar defectuoso que parecía confirmar que él era un poeta de la mala pata». Aqui Olivari hace alusión a su propio libro "La musa de la mala pata" como también al problema físico que Linyera trajo desde su nacimiento.
Fue admirador de Last Reason, seudónimo de Máximo Teodoro Sáenz, periodista uruguayo de turf y creador de numerosas acuarelas porteñas con las que regó diversos diarios.
Tenía catorce años cuando conoció al escritor y poeta Álvaro Yunque (Arístides Gandolfi Herrero), quien dijo de Linyera: «Se me entró en el cuore. Era pequeño, ágil, inquieto, insolente e inteligente. Tenés algo en el "mate" -le dije- pero tus versos están llenos de faltas ¿Estudiaste alguna vez? No, me respondió. Y agregó: ¿Y ya que usted estudió, por qué no me enseña? Como correspondía a muchos jóvenes de la época, desde sus ideas anarquistas combatió por los desposeídos, siendo él, el primero».
Supo escribir "versos serios", incursionó en la poesía romántica. Vayan como ejemplo estas dos líneas de un poema: «Hermano amor, que inconfesable cosa / se torna el hombre que en tu red se envuelve». Como si lo avergonzara los firmó con seudónimos, a veces fue Arnaldo Demos, otras, Carlos Onofre de Alvear y Rayenil.
Cuando en 1933 apareció su libro "Semos hermanos", exclamó ante un grupo de amigos: «¡Perdón, no lo voy a hacer más!». Fue su única obra formalmente editada. La dedicatoria dice: «A mi perro, porque no lo tengo».
Otro poeta lunfardo, Carlos de la Púa o El Malevo Muñoz, también fue de una sola obra: "La crencha engrasada". ¿Por qué nombrarlo? Porque ambos han sido los más importantes creadores en su género. Claro que en la vida jugaron distinto. Linyera vivió hambreado, nunca un cobre en el bolsillo y se mantuvo fiel a una ideología hasta la locura final. De La Púa no pasó mayores apremios, buscó fortuna que finalmente consiguió y antes de morir -totalmente conciente- él, ateo de siempre, pidió un cura por si acaso.
El poeta Enrique Dizeo, otro gran amigo suyo, lo describe fielmente en su poema: "Retrato", bosquejo biográfico del "taepo" Dante A. Linyera, mi viejo compinche. También él escribe sobre si mismo, como ya dijimos, en los versos de su "Autobiografía rasposa".
Algunas frases dichas por Dante A. Linyera: «No soy cristiano ni soy judío, ni creo más que en el dolor humamo.» «Todas las luchas nobles son estériles. Doblemente en caso de ser libradas por un solitario.» «El laburo, ese viejo cafiolo de la existencia.» «La verdad siempre resulta menos valiosa que las buenas coartadas.» «Para vivir sin esgunfio basta con ser mediocre complaciente.» «Tenés dos posibilidades: ser feliz de prepo o conocer la realidad.»
En el verano de 1993, en una charla con Eduardo Moreno, me contó: «En una época me encontraba mucho con él en el luego famoso café de San Juan y Boedo. Una vez que salíamos de la casa de Pugliese me invitó a comer a un bodegón. Mirá haceme una letra para esto. Resulta que traía una música, no sé si era suya, de hecho música no sabía pero se la pudieron haber regalado, después me enteré que era de Elvino Vardaro. Tenía problemas con una mujer, no sé. El caso es que escribí la letra y utilicé algunos términos lunfardos lo cual no era mi costumbre. Se tituló "Y a mí qué me importa". Fue la primera partitura que editó Julio Korn.
«Una novela fue su breve vida. Un tipo extraordinario, de poco hablar y gran inspiración. Por entonces vivía en un bulín donde apenas entraba. Era la época de El Alma Que Canta y Bucchieri, su dueño, tenía un local de venta de libros enfrente a la imprenta donde se imprimía la revista, allí también se hacía el diario La República. Cerca, en un pasaje, había una casucha donde alquilaba una pieza por diez mangos. Bucchieri me pedía que lo sacara de la cama. Yo iba, llamaba, pero no podía entrar porque faltaba espacio. Había sólo una cama y el lugar que la rodeaba estaba lleno de libros por todas partes, ediciones sencillas. Para entrar y salir pasaba por arriba de la cama. Llegaba siempre curda, le daba a los libros y a las ocho de la mañana estaba totalmente dormido. "Hay que cerrar el número, tenés que escribir.", le decía. Como me apreciaba finalmente se venía conmigo. Él era el alma de la revista y en ese tiempo figuraba como director. No podía salir un número sin algo suyo. Bucchieri lo quería y trataba de ayudarlo de todas formas. Hasta que un día Linyera se enojó y se fue con Korn. Le propuso hacer La Canción Moderna y Korn, un tipo vivo, aceptó. Tenía una imprentita en un zaguán en la calle Corrientes, a metros del Teatro Nacional.
«Luego encontró a una mujer cursi, estaba con cierta poesía y en cosas raras, lo embalurdó de tal forma -justo a él que no le daba "boliya" a nadie- que creyó que ella lo quería. Se casaron. Fueron a vivir a la calle Entre Ríos 337. Duraron un mes, un día se fue con un circo. Mire si era rara esa Susy Paz. Cuando volvió no la recibió más. Pero la quería. Ella después tuvo loco a un pianista amigo mío, Mario Rafaelli. Murió en 1981, era muy pesada y estaría medio colifata. No, no fue causa de la locura final de Linyera. Su locura fue causa de su mala vida, producto de una sífilis nunca curada, además estaba tuberculoso. Murió mal. En un pabellón, solo. Íbamos con Bucchieri y no nos dejaban verlo.
«Fue palabra superior, el maestro del poema lunfardo. Inigualable. Un tipo de excepción. Nació para esto, vino a cumplir ese destino.»
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BOEDO (Tango1927)
Música: Julio De Caro
Letra: Dante Linyera
Sos barrio del gotán y la pebeta, el corazón del arrabal porteño, cuna del malandrín y del poeta, rincón cordial, la capital del arrabal.
Yo me hice allí de corazón malevo porque enterré mi juventud inquieta junto al umbral en el que la pebeta ya no me espera pa' chamuyar.
Boedo, vos sos como yo: malevo como es el gotán, abierto como un corazón que ya se cansó de penar. Lo mismo que vos soy así: por fuera cordial y cantor, a todos les bato que sí y a mi corazón le bato que no.
Sos como yo de milongón... Un cacho del arrabal, en su emoción del lengue, ande el gotán, provocador y macho hoy es el Dios Nuestro Señor del Berretín.
¿Qué quiere hacer esa fifí Florida? ¡Si vos ponés tu corazón canyengue, como una flor en el ojal prendida, en los balcones de cada bulín!