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domingo, 2 de noviembre de 2014

DANIEL GIRIBALDI, POETA

Un 02 de Noviembre como hoy 
En 1984 murió: Daniel Giribaldi
Efemérides de TODOTANGO.
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DANIEL GIRIBALDI

1984
Muere el poeta Daniel Giribaldi
Agrónomo, bailarín de tango, poeta y periodista, fue un escritor de fuerte compromiso social, reconocido por la calidad de sus versos lunfardos. Autor de "Villa de Dios no se entrega", "Agua reunida", "Sonetos mugre", "La construcción del laberinto", su versión lunfarda del clásico de Cervantes, "Milonga de Don Quijote", es una de sus obras más recordadas. Dejó además varias novelas inéditas, entre ellas "Quilmes tomadas en los jardines de Flores".
Se fue demasiado pronto, a los 54 años, pero siempre demostrando "ser de buen paño/poniendo el lomo o exponiendo el cuero".
Había nacido en el barrio porteño de Pompeya el 30 de abril 1930.
Efemérides de TELAM.
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Augurio reo
Poema lunfardo
Música:
Letra: Daniel Giribaldi


Usté que demostró ser de buen paño
poniendo el lomo o exponiendo el cuero,
y que la sigue así de enero a enero
y garpa el lastre, la chapil y el caño.

Usté, que nunca a nadie le hizo daño
y en esto de vivir de hombre entero,
tenga mano un momento, compañero,
que un año nace y se nos muere un año.

Olvide al que se va, y en el que empieza
fije la mira y haga puntería:
el que juna p'atrás, siempre tropieza.

Y alce confiao su copa en este día.
¡Si bancó la otra mano la tristeza,
tallará en la que viene la alegría!

sábado, 2 de noviembre de 2013

DANIEL GIRIBALDI, MILONGA DE DON QUIJOTE



Milonga de Don Quijote
Milonga
Música: Jorge Marziali
Letra: Daniel Giribaldi

En un lugar de La Mancha,
de cuyo nombre no me quiero acordar,
un caballero -flaco, lungo y singular-
a fuerza de morfetear libros de caballería
llegó a revirarse un día
y ya colifa el cafaña
salió a imitar las hazañas
de los broli que leía.

Dispuesto pal entrevero
calzaba facón y lanza,
un gordinflón Sancho Panza
le servía de escudero;
tenía por parejero
un tungo bichoco y rante
sentido -pero de aguante-
y el de la triste figura
lo bautizó: Rocinante...

Muy pachorriento el baturro
Sancho Panza la vivía;
para él, que andaba en la vía,
lo del Quijote era un buen curro.
Al tranquito de su burro
siguió del otro el destino,
aconsejando con tino
al jockey de Rocinante,
como cuando en vez de un gigante
el loco chuceó un molino.

El cofla salió mormoso
del lance con el molino
pero, firme en su destino,
llegó con Sancho al Toboso.
Tras morfar se le hizo el oso
a la mina, con la idea
de que esa cantina rea
fuese un castillo, y la ñata
era más que una azafata:
la bacana Dulcinea.

Así fue ese vagabundo:
rayao, pero sin malicia,
la cinchó por ver justicia
y amor de nuevo en el mundo.
Quiso la paz, fue profundo
el fruto de su sesera,
una verdad que a cualquiera
le da de prepo la salsa
cuando deschaba: ¡qué falsa,
la realidad! -si es fulera-.

Cansao de tanta aventura
(jinete del desengaño)
volvió el Quijote a su caño
y se murió de amargura.
De su lanza y su armadura,
de su flete y de su espada,
hoy por hoy, no queda nada
(como no sea este poco):
la cordura de aquel loco
nos alivió la cinchada...

-DANIEL GIRIBALDI, POETA

DANIEL GIRIBALDI.
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Semblanza de ANTONIO REQUENI
publicada en la página webb TODOTANGO.



POETA
Abril 1930 - 2 de noviembre de 1984
Nombre real: Diógenes Jacinto Giribaldi

Algunas noches, poco antes de las 12, sonaba el teléfono del escritorio que yo compartía con Calvetti y, uno u otro, oía la voz de Daniel Giribaldi que, parafraseando el verso de Rubén Darío, exclamaba: «¡Torres de Dios, poetas!»

Giribaldi era periodista del diario Crónica y autor de magníficos sonetos lunfardescos. Cuando nos llamaba a esa hora era para darnos cita, un rato más tarde, en un bar infecto-contagioso de la Avenida de Mayo, junto al restaurante Pedemonte. Más de una vez nos encontramos allí, al terminar nuestros respectivos trabajos. Giribaldi, Calvetti y yo, juntos con otros dos periodistas de La Prensa: José Luis Macaggi, autor de un Diccionario Gardeliano, y Hernán Giménez Zapiola.

Nos servían sendos vasos de vino y unos platitos con porciones de tortilla o fiambre. Yo, el más virtuoso, tomaba solamente el vaso de vino, o medio y, al rato, me despedía para regresar a casa mientras los compañeros seguían “hasta altas copas de la madrugada”.

En su vida exterior, Giribaldi jugaba a parecerse a lo que en porteño llamamos un “reo”. Tal vez lo fuera de verdad. Recuerdo una medianoche de invierno en que la niebla invadía una Avenida de Mayo despoblada y fría, casi fantasmal. Caminábamos con nuestro amigo en dirección al bar cuando una prostituta, desde la vereda de enfrente, lo saludó con el brazo levantado: «¡Chau Giribaldi!»

Giribaldi murió en 1985, a los 54 años y, como correspondía en él, de una cirrosis hepática. Como poeta, encontró en el lunfardo la mejor manera de expresar su talento. Un lunfardo a ratos metafísico, con el que acertó a transmitir no sólo una visión entre crítica y humorística de la idiosincrasia y las costumbres del hombre de Buenos Aires, sino sus propias preocupaciones existenciales y hasta sus inquietudes religiosas.

Hombre de extensa cultura, gran lector de Quevedo y traductor de Baudelaire (él lo llamaba Carlitos Baudelaire), vivió para la noche, las copas y los amigos y, para servir a la poesía, esa diosa cuyo resplandor —según Calvetti—, también alumbra la noche de los bodegones. Y como servidor que era, se consideró, humildemente, menos poeta y periodista que artesano de la palabra.

Con el soneto titulado, precisamente, “El artesano”, de “Bien debute y a la gurda”, libro que tuve el privilegio de presentar una noche en El Viejo Almacén, quiero poner término a esta charla un tanto deshilvanada sobre poetas y periodistas.

El soneto de Giribaldi comienza con un juego paródico en el que imita los versos iniciales de una famosa composición de Darío: “Yo soy aquel que ayer nomás decía/ el verso azul y la canción
profana...”. Giribaldi escribió:

Yo soy aquel que ayer nomás batía
el verso mugre y la canción ranera.
El que casi amasija a una mechera
que el mate cebó con agua fría.

El que quilombizó la taquería
la vez que cayó en cana en la tercera,
cuando escribió en una pared fulera:
¡Quevedo volverá! La Poesía...

El trompa y el peonacho de la rima,
el que apiló palabras a destajo,
el que en la viola fue bordona y prima.

Y al fin de su jornada de trabajo
siente que el mundo se le viene encima
y canta un mundo que se viene abajo

* Nota de dirección: Aunque su vida fue sin duda un paradigma tanguero, curiosamente, Daniel Giribaldi no escribió ningún tango. En nuestra sección La Biblioteca/Letras, figuran dos temas de su autoría, un tango y una milonga pero en realidad se tratan, de un soneto, “El velorio” y de un poema alegórico, “Milonga de don Quijote”, musicalizados ambos por el guitarrista mendocino Jorge Marziali y que no estaban pensados para ello. Asimismo, encontramos en SADAIC siete composiciones más de otros músicos, que también se inspiraron en su poética.

Texto leído por Antonio Requeni en su incorporación a la Academia Nacional de Periodismo.

fuente: TODOTANGO.
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