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miércoles, 13 de enero de 2016

ALEDO LUIS MELONI, SU FALLECIMIENTO



A los 103 años falleció el poeta Aledo Luis Meloni

El poeta del Chaco, nacido en otros lares, pero aquerenciado aquí, Aledo Luis Meloni, se fue en paz la noche del lunes 11 de enero rodeado de sus seres queridos.

Su hija confirmó hace instantes a NORTE que durante la noche del lunes 11 de enero falleció el poeta Aledo Luis Meloni. Sus restos serán velados en la casa velatorio De Bonis, ubicada en la esquina de Juan B. Justo y Arbo y Blanco en Resistencia.
¿Quién fue?

Aledo Luis Meloni nació en Estación María Lucila, provincia de Buenos Aires, un primero de agosto de 1912. Fue poeta, periodista y docente argentino radicado en la Provincia del Chaco desde 1937, catalogado frecuentemente como uno de los máximos exponentes literarios chaqueños.

Su obra se basa en las coplas para describir el entorno de la zona occidental del Chaco, y hoy forman parte de las lecturas del nivel educativo de la provincia.

Se mudó al Chaco cuando el Consejo Nacional de Educación lo designó al frente de una escuela rural en el departamento Doce de Octubre (en ese entonces llamado Campo del Cielo), a 17 kilómetros de General Pinedo; un año más tarde fue puesto al frente de una escuela rural que él mismo inauguró, a cinco kilómetros de allí, en Colonia San Antonio, la primera colonia de alemanes del Volga fundada en la provincia.

En 1956 se trasladó a Resistencia —donde vivió desde entonces— para encargarse de la secretaría técnica de la Inspección de Escuelas Nacionales; se jubiló en 1963 pero siguió trabajando en la Biblioteca Popular Herrera de esa ciudad. También colaboró en el desaparecido diario El Territorio y en Norte.
Honores

Recibió diversos premios por sus poesías, entre ellos Caballero de la Orden de Mérito de Italia en 1982 y el Premio Santa Clara de Asís en 1990.

El 24 de mayo de 2006 recibió por parte de la Universidad Nacional del Nordeste el título de Doctor Honoris Causa, en reconocimiento a su trayectoria en la poesía.

fuente:
DIARIO NORTE.COM
12 de enero 2016

ALEDO MELONI, UNA VIDA DE 103 AÑOS...



Aledo Luis Meloni: 
una vida de 103 años que transcurrió en coplas
 
Mauro Apicella
LA NACION
Miércoles 13 de enero de 2016

Aledo, durante una visita a Buenos Aires.
Foto: Soledad Aznarez

Cuando un coplero se muere, comienza a andar su memoria; lo que la muerte le quita, se lo devuelve la copla.

Anteanoche comenzó a andar la memoria de Aledo Luis Meloni, maestro rural, periodista, poeta y, sobre todo, coplero. Había nacido en la provincia de Buenos Aires y se instaló en el Chaco, en 1937, cuando fue convocado como maestro rural. Allí se quedó. Con los años comenzó a publicar libros, a escribir coplas que fueron musicalizadas y grabadas por artistas como Liliana Herrero y Coqui Ortiz. Y en sus últimos años ganó el cariño y la admiración de las más jóvenes camadas de folkloristas. Anteanoche, este hombre que había nacido el 1° de agosto de 1912 falleció a los 103 años.

En una de las visitas a su casa, quien ahora escribe esta semblanza le preguntó si el secreto de su longevidad era haber nacido el Día de la Pachamama. La respuesta, con sorna, fue: "Por supuesto que tomo caña con ruda cada 1° de agosto. Pero, ¿sabe por qué he vivido tantos años? Porque no he muerto", se reía.

Su obra -afortunadamente organismos de cultura del Chaco la reeditaron en antologías- es la confesión de que Aledo Luis Meloni descubrió la virtud de la simpleza (Llevo una copla en el alma, igual que un grillo nochero; yo sé que es muy poca cosa, pero me basta con eso). Por eso se dedicó a escribir coplas que tuvieron como inspiración sus vivencias personales y como antecedente la copla anónima del noroeste andino.

Sus primeras vivencias que quedaron publicadas en un libro, Tierra ceñida a mi costado, fueron de su experiencia en el norte chaqueño, cuando llegó como maestro rural para inaugurar una escuela en el monte, a 300 kilómetros de Resistencia.
Boyero de niño. Autor de piezas como "Arbolito del querer" en su juventud. Miembro de la Academia de la Letras. Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional del Nordeste. Quenista aficionado y chaqueñero (gentilicio para los que sin ser de la provincia se aquerencian con el Chaco) en su madurez. Y en sus últimos años, "Trenzador de palabras", como muy bien lo definió Rubén Tolosa en el libro donde rescata la vida y la obra de Meloni.

El músico Coqui Ortiz grabó sus coplas en sus discos y hasta hizo un espectáculo con Aledo, que luego se convirtió en CD. La palabra echa a volar en el canto es, sin duda, uno de los mejores discos de raíz folklórica argentina publicados en 2014.

Si está permitido parafrasear el texto de "Elegía para un niño" (escrito hace décadas por Meloni y grabado por Coqui Ortiz y Carlos "Negro" Aguirre), Aledo finalmente se reunió con su padre (quien falleció a los 38, a pesar de haber tenido hijos tan longevos) y se fue detrás del ángel de la guarda que se llevó a uno de sus hermanos, que murió de pulmonía a los 4 años, en tiempos de la crecida de agua que borró las chacras de Huetel, en la provincia de Buenos Aires.

Se fue a buscar "el sitio verdadero de esa tierra lejana que los cobija". Ahora los ojos de don Aledo volverán a mirar las flores.

LA NACIONEspectáculos

Mauro Apicella
LA NACION
Miércoles 13 de enero de 2016


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ALEDO MELONI, POESIA MODELADA POR EL PAISAJE



PAGINA 12 / espectaculos 
Miércoles, 13 de enero de 2016

LITERATURA › A LOS 103 AñOS, MURIO EL POETA Y COPLERO ALEDO LUIS MELONI
Poesía modelada por el paisaje

Era una institución en el Chaco, donde nació, se crió, fue maestro rural, corrector de diarios y donde publicó su primer libro recién a los 52 años. Quienes lo conocieron destacan especialmente su humildad. Recientemente se publicaron sus Obras completas.

 Por Silvina Friera
 

El querido Aledo Luis Meloni fue achicando su escritura: del poema a la copla, de la copla al haiku.
Imagen: Gentileza Fátima Soliz

El alma deambula encogida de pena por “la ley de la vida”, como escribió el inolvidable poeta y coplero chaqueño. Aledo Luis Meloni murió el lunes a la noche, en Resistencia, a los 103 años. “No pretendo, claro está,/ un sitio para mi nombre/ en el diccionario lírico/ que encumbran Neruda y Borges;/ si apenas soy un coplero/ que en cada copla se esconde;/ que anda anudando palabras/ en la voz de los cantores/ y celebrando al amor/ para que otros se enamoren;/ o ciñéndole a la vida/ un moño de tela pobre,/ para que también, a veces/ con lo mínimo se adorne./ A nadie envidio lo suyo,/ con lo mío estoy conforme:/ me basta ser un coplero/ que en cada copla se esconde”, se lee en el poema “Identidad”, una declaración de principios y legado, que no es un ejercicio de falsa modestia. Quienes lo han visitado en su casa de la calle Don Bosco al 600, aquellos que han tenido el hermoso privilegio de charlar con él y escuchar tantas anécdotas, saben que la sencillez de Aledo, por más anómala que resultara en medio de egos literarios desmesurados, era su manifiesto existencial.

Cómo no recordar esa hermosa sonrisa que iluminaba su cara de viejo pícaro. Si vivir es andar abriendo surcos en la tierra, Aledo lo hizo desde que nació en María Lucila, una estación ferroviaria de la provincia de Buenos Aires que ya no existe, el 1 de agosto de 1912. “Cuando era chico, no me gustaba Aledo. ‘¿Por qué me pusieron ese nombre tan horrendo?’, le preguntaba a mi mamá. A lo mejor me quisieron poner Alejo o Aldo, pero la verdad que sigue siendo un misterio por qué me llamo así –recordaba el poeta en la primera entrevista de Página/12 en 2009–. Luis sería un nombre trucho, como dice uno de mis bisnietos, porque no estoy anotado con ese nombre. Cuando me bautizaron, según contaba mi mamá, el cura dijo que me faltaba un santo protector, y ahí me pusieron Luis para que tuviera mi santo.” Se recibió de maestro normal, pero le costó conseguir una escuela donde enseñar. Rumbeó en 1937 hacia General Pinedo, en el interior del Chaco, cuando fue nombrado maestro en una escuela rural en pleno monte. En los años 40 leyó a Antonio Machado, el poeta que le enseñó el pulso poético. “Machado, con esa poesía escueta, sin muchos adornos, me mostró cuál debía ser mi camino. Deseché todo lo que había escrito antes y no me arrepentí. Publiqué mi primer libro a los 52 años, Tierra ceñida a mi costado, en 1965. Muchos escritores, entre otros Borges, se arrepintieron del primer libro que escribieron, pero yo no. Siempre conviene tirar los poemas de juventud. Suelen ser muy inflamados, y la poesía no se lleva muy bien con esa inflamación porque necesita maduración”, sugería Aledo, autor de Rama y ceniza (1966), Coplas de barro (1971), Como el aire y el día (1974), Costumbre de grillo (1976), La palabra desnuda (1980), Umbral del silencio (1983) La luz que uno amaba (1987), Antes que sea noche (1990), La otra mirada (1992), Memoria y olvido (1993), Leve fulgor (1995), Todo se vuelve azul (1997), Las nubes que pasan (1999), La copla del lunes (2000), Don de lágrima (2001), La hora del cierre (2004), la antología poética La tentación de la palabra (2005), De coplas somos (2010), El trébol verde (2010) y Obras completas, que se acaban de publicar para felicidad de muchos lectores.

“En el trabajo literario hay que tener siempre a mano un canasto grande para tirar lo que no sirve. Porque escribir un poema es como tirar al blanco: en algún momento acertás. Pero también le pifiás mucho, y si no tirás esos poemas, perdés. Sé que al decir esto puede haber alguien que al leer mi obra poética me diga: ‘Don Aledo, por que no tiró este poema’”, bromeaba el poeta que vivía en Resistencia desde 1956 y que trabajó como corrector en los diarios El territorio y Norte. “La copla registra con precisión matemática la diástole y la sístole del corazón del hombre”, planteaba Aledo. En Poesía elegida, una antología editada por el Instituto de Cultura de Chaco en 2011, se combinan poemas y coplas para disfrutar el canto íntimo de Aledo: “En el corazón tenía/ una guitarra sonora;/ las penas para pulsarlas/ llegaban a cualquier hora”. A la cantante Mariana Carrizo le dedicó “Culpable”: “Culpa de tu vidalita/ llorando contigo estoy,/ como si una misma lágrima/ nos hermanara a los dos.// Como si toda la pena/ que se desangra en tu voz,/ fuera la pena honda/ que hoy llevo en mi corazón.// ¿Qué habrás perdido, Mariana,/ que lloras tanto al cantar?/ Tal vez algo que perdido/ nunca se vuelve a encontrar.// Culpa de tu vidalita/ también yo aprendí a llorar; como la vida es un río/ lloro el agua que se va”.

La segunda y última visita al poeta fue en 2012 –año en que celebró un siglo de vida–, junto a la periodista chaqueña Fátima Soliz –que le sacó las fotos–, y la escritora Claudia Piñeiro. “Al que me dice ‘¡qué lindo que llegó a los cien años!’, le digo: el hombre no debe llegar a los cien; ochenta, ochenta y cinco sí. Aunque esté mentalmente como yo, espiritualmente hay soledad, porque uno es de otra época. Toda mi familia, mis nietos y bisnietos me quieren mucho, pero son de otra época. De mis amigos, no queda nadie. Yo soy como una espiga de maíz desgranada: soy solo y algún otro granito. La espiga está vacía. Y se siente... Yo soy de la generación del 40; son setenta años que han pasado. La literatura actual no es mi literatura. Mi literatura no encaja con lo de ahora y la literatura de la juventud me cuesta disfrutarla más que entenderla, porque es otro el sentimiento, otra manera de expresar, otro lenguaje. Usted puede estar vivo y estar solo. Y a veces está como un hueso fuera de lugar. Pero así es la vida.” La escritura se fue achicando, decía Aledo, cuando resumía su itinerario hacia la brevedad: del poema a la copla, de la copla al haiku. En El trébol verde hay varios haikus bellísimos: “La polvareda/ es el ánima en pena/ de la sequía”; “Cronos nos hiere/ con premeditación/ y alevosía”; “Qué no daría/ por descifrar/ lo que murmura el viento”, entre otros. “Sin ritmo, no hay poesía. La poesía es música; si usted le saca la música a la poesía, pasa a ser prosa, aunque tal vez me equivoco. El pensamiento, el sentimiento, es lo que hace a la poesía. Pero si usted manifiesta un pensamiento o un sentimiento rítmicamente me parece que es mejor”, explicaba el poeta, que también publicó un libro de relatos: Tal cual (2010).

“El paisaje me hizo a mí. Y la gente sufrida de este paisaje. En Buenos Aires habría sido un poeta de cuarta. Acá soy de segunda, pero estoy en mi lugar. Disfruto mucho el hecho de que haya mejores poetas que yo. ¿Qué voy a hacer? ¿Me voy a poner a llorar? ¿Me voy a enojar con la vida? No, aceptémoslo así como viene. Yo escribí lo que pude.”
Pudo mucho, queridísimo Aledo. Su palabra sobrevivirá al tembladeral de olvidos y silencios.

PAGINA 12
Nota de Silvina Friera
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