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lunes, 21 de julio de 2014

ERNEST HEMINGWAY, ESCRITOR ESTADOUNIDENSE

Un día como hoy... 21 de julio... pero de 1899... nacía
ERNEST HEMINGWAY.
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ErnestHemingway.jpg

Ernest Hemingway en 1939.

Nombre: Ernest Miller Hemingway

Nacimiento: 21 de julio de 1899

Oak Park, Illinois, Estados Unidos

Fallecimiento    2 de julio de 1961, 61 años

Ketchum, Idaho, Estados Unidos

Ocupación: Escritor, periodista

Cónyuge:Elizabeth Hadley Richardson (1921–1927)

Pauline Pfeiffer (1927–1940)

Martha Gellhorn (1940–1945)

Mary Welsh Hemingway (1946–1961)

Hijos    Jack, Patrick y Gregory.

Premios          

Premio Pulitzer (1953)

Premio Nobel (1954) Premio Nobel

Esta biografía de ERNEST HEMINGWAY, está publicada en el blog el día 21 de julio de 2013, para quienes deseen leerla, y hay algunos cuentos:
ERNEST HEMINGWAY 
 

 

domingo, 21 de julio de 2013

ERNEST HEMINGWAY, CUENTO



EL VIEJO EN EL PUENTE - Cuento
ERNEST HEMINGWAY

Un viejo con gafas de montura de acero y la ropa cubierta de polvo estaba sentado a un lado de la carretera. Había un pontón que cruzaba el río, y lo atravesaban carros, camiones y hombres, mujeres y niños. Los carros tirados por bueyes subían tambaleándose la empinada orilla cuando dejaban el puente, y los soldados ayudaban empujando los radios de las ruedas. Los camiones subían chirriando y se alejaban a toda prisa y los campesinos avanzaban hundiéndose en el polvo hasta los tobillos. Pero el viejo estaba allí sentado sin moverse. Estaba demasiado cansado para continuar.

Mi misión era cruzar el puente, explorar la cabeza de puente que había más allá, y averiguar hasta dónde había avanzado el enemigo. La cumplí y regresé por el puente. Ahora había menos carros y poca gente a pie, y el hombre seguía allí.

-¿De dónde viene? -le pregunté.

-De San Carlos -dijo, y sonrió.

Era su ciudad natal, por lo que le llenó de satisfacción mencionarla, y sonrió.

-Cuidaba de los animales -explicó.

-Oh -dije, sin entenderlo del todo.

-Sí -dijo-, ya ve, me quedé cuidando de los animales. Fui el último que salió de San Carlos.

No tenía pinta de pastor ni de vaquero, y tras observar su ropa negra y cubierta de polvo, su rostro gris cubierto de polvo y sus gafas de montura de acero, dije:

-¿Qué animales eran?

-Animales diversos -dijo negando con la cabeza-. Tuve que dejarlos.

Yo estaba contemplando el puente y el aspecto de paisaje africano del delta del Ebro y me preguntaba cuánto tardaríamos en ver al enemigo, y todo el rato estaba atento por si oía los primeros ruidos que delataran ese misterioso suceso denominado contacto, y el hombre seguía allí sentado.

-¿Qué animales eran? -pregunté.

-En total tres clases de animales -explicó-. Había dos cabras y un gato y cuatro pares de palomos.

-¿Y los ha dejado? -pregunté.

-Sí. Por culpa de la artillería. El capitán me dijo que me fuera por culpa de la artillería.

-¿Y no tiene familia? -pregunté, vigilando el otro extremo del puente, donde los últimos carros bajaban deprisa la pendiente de la orilla.

-No -dijo-. Sólo los animales que le he dicho. Al gato, naturalmente, no le pasará nada. Un gato sabe cuidarse, pero no quiero ni pensar qué va a ser de los otros.

-¿En qué bando está usted? -le pregunté.

-Yo no tengo bando -dijo-. Tengo setenta y seis años. Llevo andados doce kilómetros y creo que ya no puedo seguir.

-Este no es un buen lugar para pararse -dije-. Si puede llegar, hay camiones en el desvío a Tortosa.

-Esperaré un poco -dijo-, y luego seguiré. ¿Adónde van esos camiones?

-A Barcelona -le dije.

-No conozco a nadie en esa dirección -dijo-, pero muchas gracias. Se lo repito, muchas gracias.

Me miró sin expresión, cansado, y a continuación, necesitando compartir su preocupación con alguien, dijo:

-Al gato no le pasará nada, estoy seguro. No hay por qué inquietarse por un gato. Pero a los demás, ¿qué cree que les pasará a los demás?

-Bueno, probablemente tampoco les pasará nada.

-¿De verdad lo cree?

-¿Por qué no? -dije mirando la otra orilla, donde ya no había carretas.

-Pero ¿qué harán cuando empiece el fuego de la artillería, si a mí me dijeron que me fuera por culpa de la artillería?

-¿Dejó abierta la jaula de los palomos? -pregunté.

-Sí.

-Entonces saldrán volando.

-Sí, seguro que saldrán volando. Pero los demás. Más vale no pensar en los demás -dijo.

-Si ya ha descansado, yo si fuera usted me iría -le insistí- . Levántese e intente andar.

-Gracias -dijo, y se puso en pie, avanzó haciendo eses y volvió a sentarse sobre el polvo, dejándose caer.

-Yo sólo cuidaba los animales -dijo sin energía, pero ya no hablaba conmigo-. Sólo cuidaba a los animales.

No se podía hacer nada por él. Era Domingo de Pascua y los fascistas avanzaban hacia el Ebro. Era un día gris y las nubes iban bajas, por lo que sus aviones no volaban. Eso, y que los gatos supieran cuidarse solos, era toda la buena suerte que tendría aquel hombre.

fuente: CIUDAD SEVA

ERNEST HEMINGWAY, CUENTO


UN LUGAR LIMPIO Y BIEN ILUMINADO - Cuento
ERNEST HEMINGWAY

Era tarde y todos habían salido del café con excepción de un anciano que estaba sentado a la sombra que hacían las hojas del árbol, iluminado por la luz eléctrica. De día la calle estaba polvorienta, pero por la noche el rocío asentaba el polvo y al viejo le gustaba sentarse allí, tarde, porque aunque era sordo y por la noche reinaba la quietud, él notaba la diferencia. Los dos camareros del café notaban que el anciano estaba un poco ebrio; aunque era un buen cliente sabían que si tomaba demasiado se iría sin pagar, de modo que lo vigilaban.

-La semana pasada trató de suicidarse -dijo uno de ellos.

-¿Por qué?

-Estaba desesperado.

-¿Por qué?

-Por nada.

-¿Cómo sabes que era por nada?

-Porque tiene muchísimo dinero.

Estaban sentados uno al lado del otro en una mesa próxima a la pared, cerca de la puerta del café, y miraban hacia la terraza donde las mesas estaban vacías, excepto la del viejo sentado a la sombra de las hojas, que el viento movía ligeramente. Una muchacha y un soldado pasaron por la calle. La luz del farol brilló sobre el número de cobre que llevaba el hombre en el cuello de la chaqueta. La muchacha iba descubierta y caminaba apresuradamente a su lado.

-Los guardias civiles lo recogerán -dijo uno de los camareros.

-¿Y qué importa si consigue lo que busca?

-Sería mejor que se fuera ahora. Los guardias han pasado hace cinco minutos y volverán.

El viejo sentado a la sombra golpeó su platillo con el vaso. El camarero joven se le acercó.

-¿Qué desea?

El viejo lo miró.

-Otro coñac -dijo.

-Se emborrachará usted -dijo el camarero. El viejo lo miró. El camarero se fue.

-Se quedará toda la noche -dijo a su colega-. Tengo sueño y nunca puedo irme a la cama antes de las tres de la mañana. Debería haberse suicidado la semana pasada.

El camarero tomó la botella de coñac y otro platillo del mostrador que se hallaba en la parte interior del café y se encaminó a la mesa del viejo. Puso el platillo sobre la mesa y llenó la copa de coñac.

-Debía haberse suicidado usted la semana pasada -dijo al viejo sordo. El anciano hizo un movimiento con el dedo.

-Un poco más -murmuró.

El camarero terminó de llenar la copa hasta que el coñac desbordó y se deslizó por el pie de la copa hasta llegar al primer platillo.

-Gracias -dijo el viejo.

El camarero volvió con la botella al interior del café y se sentó nuevamente a la mesa con su colega.

-Ya está borracho -dijo.

-Se emborracha todas las noches.

-¿Por qué quería suicidarse?

-¿Cómo puedo saberlo?

-¿Cómo lo hizo?

-Se colgó de una cuerda.

-¿Quién lo bajó?

-Su sobrina.

-¿Por qué lo hizo?

-Por temor de que se condenara su alma.

-¿Cuánto dinero tiene?

-Muchísimo.

-Debe tener ochenta años.

-Sí, yo también diría que tiene ochenta.

-Me gustaría que se fuera a su casa. Nunca puedo acostarme antes de las tres. ¿Qué hora es esa para irse a la cama?

-Se queda porque le gusta.

-Él está solo. Yo no. Tengo una mujer que me espera en la cama.

-Él también tuvo una mujer.

-Ahora una mujer no le serviría de nada.

-No puedes asegurarlo. Podría estar mejor si tuviera una mujer.

-Su sobrina lo cuida.

-Lo sé. Dijiste que le había cortado la soga.

-No me gustaría ser tan viejo. Un viejo es una cosa asquerosa.

-No siempre. Este hombre es limpio. Bebe sin derramarse el líquido encima. Aun ahora que está borracho, míralo.

-No quiero mirarlo. Quisiera que se fuera a su casa. No tiene ninguna consideración con los que trabajan.

El viejo miró desde su copa hacia la calle y luego a los camareros.

-Otro coñac -dijo, señalando su copa. Se le acercó el camarero que tenía prisa por irse.

-¡Terminó! -dijo, hablando con esa omisión de la sintaxis que la gente estúpida emplea al hablar con los beodos o los extranjeros-. No más esta noche. Cerramos.

-Otro -dijo el viejo.

-¡No! ¡Terminó! -limpió el borde de la mesa con su servilleta y movió la cabeza de lado a lado.

El viejo se puso de pie, contó lentamente los platillos, sacó del bolsillo un monedero de cuero y pagó las bebidas, dejando media peseta de propina.

El camarero lo miraba mientras salía a la calle. El viejo caminaba un poco tambaleante, aunque con dignidad.

-¿Por qué no lo dejaste que se quedara a beber? -preguntó el camarero que no tenía prisa. Estaban bajando las puertas metálicas-. Todavía no son las dos y media.

-Quiero irme a casa.

-¿Qué significa una hora?

-Mucho más para mí que para él.

-Una hora no tiene importancia.

-Hablas como un viejo. Bien puede comprar una botella y bebérsela en su casa.

-No es lo mismo.

-No; no lo es -admitió el camarero que tenía esposa-. No quería ser injusto. Sólo tenía prisa.

-¿Y tú? ¿No tienes miedo de llegar a tu casa antes de la hora de costumbre?

-¿Estás tratando de insultarme?

-No, hombre, sólo quería hacerte una broma.

-No -el camarero que tenía prisa se irguió después de haber asegurado la puerta metálica-. Tengo confianza. Soy todo confianza.

-Tienes juventud, confianza y un trabajo -dijo el camarero de más edad-. Lo tienes todo.

-¿Y a ti, qué te falta?

-Todo; menos el trabajo.

-Tienes todo lo que tengo yo.

-No. Nunca he tenido confianza y ya no soy joven.

-Vamos. Deja de decir tonterías y cierra.

-Soy de aquellos a quienes les gusta quedarse hasta tarde en el café -dijo el camarero de más edad-, con todos aquellos que no desean irse a la cama; con todos los que necesitan luz por la noche.

-Yo quiero irme a casa y a la cama.

-Somos muy diferentes -dijo el camarero de más edad. Se estaba vistiendo para irse a su casa-. No es sólo una cuestión de juventud y confianza, aunque esas cosas son muy hermosas. Todas las noches me resisto a cerrar porque puede haber alguien que necesite el café.

-¡Hombre! Hay bodegas abiertas toda la noche.

-No entiendes. Este es un café limpio y agradable. Está bien iluminado. La luz es muy buena y también, ahora, las hojas hacen sombra.

-Buenas noches -dijo el camarero más joven.

-Buenas noches -dijo el otro. Continuó la conversación consigo mismo mientras apagaba las luces. Es la luz, por supuesto, pero es necesario que el lugar esté limpio y sea agradable. No quieres música. Definitivamente no quieres música. Tampoco puedes estar frente a una barra con dignidad aunque eso sea todo lo que proveemos a estas horas. ¿Qué temía? No era temor, no era miedo. Era una nada que conocía demasiado bien. Era una completa nada y un hombre también era nada. Era sólo eso y todo lo que se necesitaba era luz y una cierta limpieza y orden. Algunos vivieron en eso y nunca lo sintieron pero él sabía que todo eso era nada y pues nada y nada y pues nada. Nada nuestra que estás en nada, nada sea tu nombre nada tu reino nada tu voluntad así en nada como en nada. Danos este nada nuestro pan de cada nada y nada nuestros nada como también nosotros nada a nuestros nada y no nos nada en la nada mas líbranos de nada; pues nada. Ave nada llena de nada, nada está contigo. Sonrió y estaba frente a una barra con una cafetera a presión brillante.

-¿Qué le sirvo?- preguntó el cantinero.

-Nada.

-Otro loco más -dijo el cantinero y le dio la espalda.

-Una copita -dijo el camarero.

El cantinero se la sirvió.

-La luz es bien brillante y agradable pero la barra está opaca -dijo el camarero.

El cantinero lo miró fijamente pero no respondió. Era demasiado tarde para comenzar una conversación.

-¿Quiere otra copita? -preguntó el cantinero.

-No, gracias -dijo el camarero, y salió. Le disgustaban los bares y las bodegas. Un café limpio, bien iluminado, era algo muy distinto. Ahora, sin pensar más, volvería a su cuarto. Yacería en la cama y, finalmente, con la luz del día, se dormiría. Después de todo, se dijo, probablemente sólo sea insomnio. Muchos deben sufrir de lo mismo.

fuente: CIUDAD SEVA
 


ERNEST HEMINGWAY, ESCRITOR ESTADOUNIDENSE

Un día como hoy... 21 de julio... pero de 1899... nacía
ERNEST HEMINGWAY.
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ErnestHemingway.jpg

Ernest Hemingway en 1939.

Nombre: Ernest Miller Hemingway

Nacimiento: 21 de julio de 1899

Oak Park, Illinois, Estados Unidos

Fallecimiento    2 de julio de 1961, 61 años

Ketchum, Idaho, Estados Unidos

Ocupación: Escritor, periodista

Cónyuge:Elizabeth Hadley Richardson (1921–1927)

Pauline Pfeiffer (1927–1940)

Martha Gellhorn (1940–1945)

Mary Welsh Hemingway (1946–1961)

Hijos    Jack, Patrick y Gregory.

Premios          

Premio Pulitzer (1953)

Premio Nobel (1954) Premio Nobel



Ernest Miller Hemingway (Oak Park, Illinois, 21 de julio de 1899 – Ketchum, Idaho, 2 de julio de 1961) fue un escritor y periodista estadounidense, y uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX. Su estilo sobrio y minimalístico tuvo una gran influencia sobre la ficción del siglo XX, mientras que su vida de aventura y su imagen pública influenció generaciones posteriores.

Hemingway escribió la mayor parte de su obra entre mediados de 1920 y mediados de 1950. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa. Publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos y dos ensayos. Póstumamente se publicaron tres novelas, cuatro libros de cuentos y tres ensayos. Muchos de estos son considerados clásicos de la literatura de Estados Unidos.



Hemingway se crio en Oak Park (Illinois). Después de la escuela secundaria, trabajó durante unos meses como periodista del Kansas City Star, antes de irse al frente italiano donde se registró como conductor de ambulancia durante la Primera Guerra Mundial. En 1918, fue gravemente herido y regresó a su casa. Sus experiencias de la guerra sirvieron de base para su novela Adiós a las armas. En 1921 se casó con Hadley Richardson, la primera de sus cuatro esposas. La pareja se mudó a París, donde trabajó como corresponsal extranjero, y cayó bajo la influencia de los escritores y artistas modernistas de la comunidad de expatriados, la «Generación perdida» de la década de 1920. La primera novela de Hemingway, Fiesta, fue publicada en 1926.



Después de su divorcio de Hadley Richardson en 1927, Hemingway se casó con Pauline Pfeiffer. La pareja se divorció después de que regresó de la Guerra Civil Española, donde había sido periodista, y después de que escribió Por quién doblan las campanas.



Martha Gellhorn fue su tercera esposa en 1940. Se separaron cuando conoció a María Welsh en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial. Estuvo presente durante el desembarco de Normandía y la liberación de París.



Poco después de la publicación de El viejo y el mar en 1952, Hemingway se fue de safari a África, donde casi murió en dos accidentes aéreos sucesivos que lo dejaron con dolor y problemas de salud por gran parte del resto de su vida.



Hemingway tenía residencia permanente en Cayo Hueso, Florida (durante la década de 1930) y Cuba (durante la década de 1940 y 1950). En 1959 compró una casa en Ketchum (Idaho), donde se suicidó el 2 de julio de 1961.

Obras selectas

Novelas

    Aguas primaverales (The Torrents of Spring, 1926)

    Fiesta (The Sun Also Rises), 1926)

    Adiós a las armas (A Farewell to Arms, 1929)

    Tener y no tener (To Have and Have Not, 1937)

    Por quién doblan las campanas (For Whom the Bell Tolls, 1940)

    Al otro lado del río y entre los árboles (Across the River and into the Trees, 1950)

    El viejo y el mar (The Old Man and the Sea, 1952)

    Islas en el golfo [o Islas a la deriva] (Islands in the Stream, 1970)

    Al romper el alba (True at First Light, 1999)

    El jardín del Edén (The Garden of Eden, 1986)



Relatos

    Tres relatos y diez poemas (Three Stories and Ten Poems, 1923)

    En nuestro tiempo (In Our Time, 1925)

    Hombres sin mujeres (Men Without Women, 1927)

    El ganador no se lleva nada (Winner take Nothing, 1933)

    La quinta columna y los primeros cuarenta y nueve relatos (The Fifth Column and the First Forty-Nine Stories, 1938).

    Nick Adams (The Nick Adams Stories, 1972)



Otras

    Muerte en la tarde (Death in the Afternoon) (1932)

    París era una fiesta (A Moveable Feast, 1964)

    El verano peligroso (The Dangerous Summer, 1985)



ERNEST HEMINGWAY en 1957
foto de arte de Yousuf Karsh

fuente: WIKIPEDIA.
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Para quienes deseen más información, pueden leer toda la biografía, muy completa, con muchas fotos, en este enlace: