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sábado, 11 de enero de 2014

JUAN CARLOS DAVALOS, POETA

11 DE ENERO
1887 -
Nace en Salta el notable poeta y cuentista Juan Carlos Dávalos, autor de "El viento blanco", "Los gauchos", "Airampo", "Cachi y Molinos", etc. Falleció en la ciudad de Salta el 6 de noviembre de 1959.


Efemérides Folklóricas Argentinas
de Juan Carlos Fiorillo.
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JUAN CARLOS DAVALOS.
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Juan Carlos Dávalos fue un escritor argentino nacido el 11 de enero de 1887 en Villa San Lorenzo, Provincia de Salta y fallecido el 6 de noviembre de 1959 en la Ciudad de Salta.


Juan Carlos Dávalos

En este blog, hemos publicado una biografía del poeta salteño JUAN CARLOS DAVALOS, el día 11 de enero de 2013, y también se puede leer su cuento "La cola del gato".
Muy amables por venir por aquí.
JUAN CARLOS DAVALOS

miércoles, 6 de noviembre de 2013

JUAN CARLOS DÁVALOS, POETA ESCRITOR

1959
Muere en la ciudad de Salta el destacado poeta, narrador, ensayista y profesor Juan Carlos Dávalos, autor, entre otras obras, de "El viento blanco", "Los casos del zorro" y De mi vida y de mi tierra". Nació en Salta el 11 de enero de 1887.


Efemérides Culturales Argentinas.
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viernes, 11 de enero de 2013

JUAN CARLOS DÁVALOS, LA COLA DEL GATO



LA COLA DEL GATO
Juan Carlos Dávalos


Don Roque Pérez es el hombre más flemático de Salta. Tiene cuarenta años. Hace veinte que está empleado en una oficina de la casa de gobierno. Es solterón, metódico, cumplidor y beato. Su vida es simple y redundante, como el rodar monótono de los días provincianos, o bien como la marcha circular y pacífica de un macho de noria.



La historia de este hombre contiene dos etapas, separadas entre sí por un acontecimiento trascendental que dejó en su espíritu una perplejidad perdurable.



La primera etapa comprende su juventud, los diez años que pasó de dependiente en la tienda de don Pepe Sarratea. La segunda etapa comprende su madurez, sus veinte años de empleado público. Con una sonrisa indefinible y calmosa, mientras fuma un cigarrillo, don Roque Pérez cuenta su caso a un grupo de oficinistas.



Cuando él era dependiente, dormía en la trastienda. El negocio de Sarratea ocupaba una vieja casuca que todavía existe en una esquina de la plaza.



El dependiente barría la vereda todas las mañanas, plumereaba los estantes y aguardaba al patrón, que se presentaba a las ocho. Sarratea despachaba personalmente, detrás del mostrador; pero si había que bajar alguna pieza de un alto estante, colocaba la escalera y el dependiente se encaramaba por ella.



A las nueve de la noche, Sarratea despedía a sus contertulios del barrio, guardábase el dinero en el bolsillo y se marchaba a su casa. Entonces el dependiente trancaba las dos puertas de la tienda, rezaba su rosario y se metía en cama.



Una noche entre las noches, Roque Pérez, después de acostarse, dirigió la vista al techo y vio que colgaba una cola de gato por una rotura del cañizo.



El agujero quedaba perpendicularmente sobre su cabeza, y la cola de gato apuntaba, naturalmente, a sus narices.



–¿Qué será eso?– pensó el dependiente –¿Qué será?...



Apagó la vela y se durmió.



Varias noches después del descubrimiento, Roque Pérez volvió a mirar la cola del gato. Al cabo de una hora de contemplación, pensaba: “¿qué será esa cola?...” Y se decía: “Mañana voy a poner la escalera para ver lo que es...” Y apagaba la vela y se dormía.



Todas las mañanas, al despertar, Roque Pérez se desperezaba y miraba la cola de gato. La miraba todas las noches al acostarse. Y siempre pensaba: “En uno de estos días voy a poner la escalera”. Pero Roque Pérez era indolente, con esa profunda indolencia de los seres palúdicos. Él había tenido una idea: aquella cola de gato debía significar algo. Para saber qué era, había tiempo. Así pasaron dos años y pasaron cinco años ¡y pasaron diez años!... El señor Sarratea murió de tabardillo, los herederos liquidaron el negocio; Pérez tuvo que abandonar la vieja casuca.



Salió de allí con quinientos pesos de sueldos economizados y se contrató en la tienda de enfrente.



A poco de esto, alquiló la casa de Sarratea un boticario alemán que llegara a Salta con su mujer.



Lo primero que hizo el boticario, naturalmente, fue preocuparse de la limpieza del chiribitil, para instalar su botica.



Un día el boticario entró en la trastienda, y al revisar las paredes y los techos, vio la cola de gato. El alemán llamó a su mujer y le mostró aquello. Pidieron prestada una escalera en la tienda de enfrente. Roque Pérez, en persona, trajo la escalera. El boticario, ayudado por Pérez, la afianzó sobre un cajón para que alcanzase al techo y se trepó.



Mientras el pobre Roque sostenía la escalera, el boticario, allá arriba, asió de la cola, tiró, y cayó al suelo una moneda de oro. Tiró más, y cayeron algunos cascotes y varias monedas. Luego, metiendo el brazo en el agujero del techo, sacó un zurrón lleno de onzas de oro, y se lo arrojó a su mujer. Buscó más y encontró otro zurrón y cargando el pesado fardo, bajó al suelo.



–Bueno– dijo el alemán todo sofocado, entregándole a Pérez una monedita–. Aquí tiene usted su propina. Y gracias por la escalera.



Ahora, don Roque, ante la rueda de empleados, da un chupón formidable a su cigarrillo, sonríe con calma y con las barbas llenas de humo, dice:



–Entonces fue cuando comprendí que mi destino era ser empleado público.





En: DÁVALOS, Juan Carlos.

El viento blanco y otros relatos.

EUDEBA, Buenos Aires, 1963

www.rojasba.com.ar
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JUAN CARLOS DÁVALOS, POETA SALTEÑO



JUAN CARLOS DAVALOS.

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Juan Carlos Dávalos fue un escritor argentino nacido el 11 de enero de 1887 en Villa San Lorenzo, Provincia de Salta y fallecido el 6 de noviembre de 1959 en la Ciudad de Salta.



Juan Carlos Dávalos

Vida

Su madre, Isabel Patrón Costas, era hija de Domingo Patrón Escobar y de Isabel Costas y Figueroa Güemes, hija de Francisco Manuel Costas Frías y de Catalina Luisa Figueroa Güemes, hija a su vez de Francisca Güemes, hermana de Martín Miguel de Güemes.



Juan Carlos Dávalos pasó la mayor parte de su vida en la provincia andina de Salta. Con dieciséis años fundó el periódico Sancho Panza junto a David Michel Torino. Ocupó varios puestos de gobierno, fue profesor, Director de la academia de letras argentina, director de los Archivos Provinciales de Salta y de la biblioteca local. Una calle de Buenos Aires lleva su nombre en su homenaje.



Obras

Dávalos publicó un extenso y valioso trabajo, temáticamente cercano no solo a su hogar y la vida en los Andes de la Argentina, sino también fuera de los círculos de las fronteras de su país. 

Escribió poemas, obras de teatro, ensayos y cuentos cortos, entre los cuales "El viento blanco" se ha ganado un lugar en el inconsciente colectivo de muchos sudamericanos, siendo parte de innumerables libros de literatura universitarios y de preparatoria.

Los casos del zorro son una serie de fábulas infantiles con personajes autóctonos de la zona andina como el quirquincho o armadillo, el cóndor, el zorro, el yaguareté, etc. Relata divertidas historias con moralejas, su difusión es muy popular entre la zona andina y pasan de padres a hijos como historias para dormir. 

Su obra está considerada entre las más importantes piezas de literatura argentina y americana del siglo XX. 

Junto con Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y otros literarios, comprendieron el siglo de oro de la literatura sudamericana.



Sus Trabajos:

Poemas

De mi vida y de mi tierra, (Salta, 1914)

Cantos agrestes (Salta, 1917)

Cantos de la montaña (Buenos Aires, 1921)

Otoño (Buenos Aires, 1935)

Salta, su alma y sus paisajes (Buenos Aires, 1947)

Últimos Versos (Salta, 1961)



Narrativa

Salta (Buenos Aires, 1918)

El viento Blanco (Buenos Aires, 1922)

Airampo (Buenos Aires-Córdoba, 1925)

Los buscadores de oro (Buenos Aires, 1928)

Los Gauchos (Buenos Aires, 1928)

Los casos del zorro (Buenos Aires-Córdoba, 1925)
Relatos lugareños (Buenos Aires, 1930)
Los valles de Cachi y Molinos (Buenos Aires, 1937)
Estampas lugareñas (Tucumán), 1941)

La Venus de los Barrial (Tucumán, 1941)

Cuentos y relatos del norte argentino (Buenos Aires, 1946)

El sarcófago verde y otros cuentos (Salta, 1976) 
La Cola Del Gato (Buenos Aires,Eudeba 1963)






Teatro

 Don Juan de Viniegra Corazones (Salta, 1917)


 Águila Renga, comedia política 
  (Buenos Aires, 1928, escrita junto a Guillermo Bianchi)

 La tierra en armas
  (Buenos Aires, 1935, escrita junto a Ramón Serrano);



Producción total



Obras Completas de Juan Carlos Dávalos, 1997


fuente: WIKIPEDIA.
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LA NACION - 12-4-2008
Rincón gaucho

JUAN CARLOS DÁVALOS

el recuerdo de un poeta de la tierra



Nació el 11 de enero de 1887; su sangre lo unía a encomenderos y patriotas, su espíritu, a la tierra india



Su escritura es barro de su tierra. El mismo era geografía, su cuerpo le pertenece a la montaña y su voz al viento. Subiendo repechos, bajando hoyadas, esquivando cardones, anduvo su niñez. A los trece años, cuando murió su padre, marchó a tierras calchaquíes, a la finca de la familia Isasmendi, donde su bisabuelo había tenido una enorme encomienda que hoy ocupa todo el departamento de Molinos, provincia de Salta.



Juan Carlos Dávalos nació el 11 de enero de 1887, en San Lorenzo, Salta. Su sangre lo unía a encomenderos y patriotas, su espíritu, a la tierra india. Ya de joven fue recogiendo historias, respirando la fatiga de La Puna en cada verso. Esos collas que bajaban callados del cerro repetían en la mirada del poeta lo que sus palabras no decían. Y los chivos que andaban haciendo equilibrio por la áspera ladera se convertían en su puño en ripiosas expresiones.



Fue congregando el espíritu ventoso de una región que quedaba lejos. Con afán de nombrador le fue poniendo rostros a las historias desperdigadas. Por el surco negro del tabacal llegó en su verso Andrés Ramírez, mientras que otro poema tironeaba el burro de Don Ventura Perdigones, antiguo verdulero español. Sus versos fueron abriendo paso entre las ramazones del monte junto a Amadeo Alzogaray. Así se asomaron Loreto Peñaloza y Antenor Sánchez, por nombrar algunos de sus tantos paisanos. A Serapio Guantay, puestero del cerro San Lorenzo, le escribe unos versos: "viviendo yo en el poblado, tu en las breñas/ sin saber me edificas/ sin discurrir me enseñas/ con esta noble vida que practicas".



Aquellos relatos ásperos hurgan entre la piedra, persiguen un rastro antiguo. Son memoria, raíz que vuelve de tiempos olvidados tras la cultura andina arrastrando un español castizo. Pero no sólo le canta al paisaje ni se queda en la historia, también le escribe al hombre y a su dolor, al destino misterioso que se confunde entre la tierra y el cielo, entre el trabajo y el sueño, entre el olvido y la memoria.

Su obra



A los 16 años, junto a David Michel Torino, fundó un diario que no funcionó. Años más tarde fue nombrado profesor del Colegio Nacional, en Salta. En 1914 publicó su primer libro, De mi vida y de mi tierra. Luego llegaron los Cantos agrestes, su principal poemario, Los valles de Cachi y Molinos, El viento blanco, Salta, su alma y sus paisajes y Los Gauchos.



Fue él quien llevó en una oportunidad a Atahualpa Yupanqui a recorrer los puestos de los cerros, haciéndole conocer el alma de los Valles Calchaquíes. Esa travesía guarda un eco indio de más de cien años de resistencia.



En 1821 también lo visitó Ricardo Güiraldes. Inquieto pero sereno, Dávalos fue apodado Don Sancas por sus piernas largas. No se arrimó a la levedad de una clase acomodada. Cantó la vida provinciana y cuando la mayoría puso su mirada en Buenos Aires, él no se dejó encandilar por las luces de la gran ciudad.



Se apartó de los círculos literarios y, hundido en su Norte, continuó recorriendo los rincones. No era su distracción la escritura, era su entraña.



En 1937, en una de sus peregrinaciones, se largó a recorrer ochenta leguas de valle durante varios días. Aquella vez anduvo por El Churcal, Banda Grande, Molinos, Seclantás, Laguna Brealito, San José, Cachi y Payogasta. Una vez más ingresó a caballo norte adentro, se zambulló en el pasado, buceando la historia natural por los cerros, apuntando los gestos de la montaña. Sus notas van repitiendo el tintineo lento de un cencerro, el silbido del arriero que apura una tropa, van trepando cuestas medanosas, vigilando los asaltos del puma. Sobre su mirada vuela el polvo del tiempo y descansa el silencio hondo de la piedra. Comulgando con su tierra fue mezclando quietud viva, horizontes, arrastrando los sedimentos de una poesía torrencial. La de Dávalos es una voz antigua que enlazó en sus páginas el gesto sencillo de la región y la gravedad del universo, haciendo brotar de la simple observación una reflexión fecunda.



Tiempo después ese árbol de poesía entregó la savia a sus hijos y floreció hecho música en sus nietos. Como burlándose del éxito murió el 6 de noviembre de 1959 en Salta. Su amigo, el poeta Manuel J. Castilla, le dedicó entonces unos versos: "porque la tierra viva se quedó en las manos/ como una húmeda sombra enamorada/ Yo digo que la tierra lo nombra en la semilla". El viento blanco fue gastando sus días y el tiempo fue tapando sus huellas. Su memoria es un poema que todavía el pueblo no ha escrito. .




fuente:
Nota publicada en LA NACION.COM
Edición impresa del 12 de abril del 2008
RINCON GAUCHO.
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JUAN CARLOS DÁVALOS
  
IMAGEN DE JUAN CARLOS DÁVALOS, POETA,ESCRITOR,
TOMADA DE INTERNET.