Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
BALADA PARA UN LOCO TANGO 1969 Música: Astor Piazzolla Letra: Horacio Ferrer
recitado Las tardecitas de Buenos
Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo
de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un
árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer
polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la
camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y
una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero
sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan
tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran
azahares...!!! ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el
melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo... (Cantado) Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao... No ves que va la luna rodando por Callao; que un corso de astronautas y niños, con un vals, me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá! Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao... Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión; y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!... el loco berretín que tengo para vos ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad, por la ribera de tu sábana vendré con un poema y un trombón a desvelarte el corazón. ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Como un acróbata demente saltaré, sobre el abismo de tu escote hasta sentir que enloquecí tu corazón de libertad... ¡Ya vas a ver! (Recitado) Salgamos a volar, querida mía; subite a mi ilusión super-sport, y vamos a correr por las cornisas ¡con una golondrina en el motor! De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!", los locos que inventaron el Amor; y un ángel y un soldado y una niña nos dan un valsecito bailador. Nos sale a saludar la gente linda... Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!: provoco campanarios con la risa, y al fin, te miro, y canto a media voz: (Cantado) Quereme así, piantao, piantao, piantao... Trepate a esta ternura de locos que hay en mí, ponete esta peluca de alondras, ¡y volá! ¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení! Quereme así, piantao, piantao, piantao... Abrite los amores que vamos a intentar la mágica locura total de revivir... ¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!
(Gritado) ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva! Loca ella y loco yo... ¡Locos! ¡Locos! ¡Locos! ¡Loca ella y loco yo!
Un día como hoy... 24 de Septiembre.... pero de 1940 nacía AMELITA BALTAR. ..................................... Biografía escrita por JOSE PEDRO ARESI, publicada en TODOTANGO. CANCIONISTA 24 de Septiembre de 1940 Nombre completo: María Amelia Baltar No
es fácil introducirse en el mundo artístico de Amelita
Baltar, una figura del canto que se entronca en el tango por caminos
no tradicionales. Ella no es la "piba de barrio" que alcanza
notoriedad, después de haber pasado el examen de cantar ante
familiares y amigos, de haber actuado en concursos que buscan "la
nueva voz" o transitado boliches tangueros.
Amelita llega al gran público luego de su paso por la canción
folklórica, interpretando baladas que apenas rozan el tango
y se involucra, quizás sin proponérselo, en la eterna
polémica que todos conocemos. Muchos la consideran un "invento"
de Piazzolla, otros dicen apreciar en
ella una nueva voz alucinada y sensual, enraizada en la canción
rioplatense.
Irrumpe en escena integrada al binomio Piazzolla-Ferrer
en un momento muy especial, que el comentarista Néstor Dante
González describe así: "La ciudad está pariendo
trillizos, dos locos y una loca que revolucionan el tango, la música
ciudadana o como le quieran llamar, me da lo mismo, pero que llevarían
el perfume de Buenos Aires absolutamente a todos los rincones del
mundo. El músico (Piazzolla),
el poeta (Ferrer) y la cantante (Baltar)
hicieron algo absolutamente nuevo y que como todo lo nuevo tuvo naturalmente
sus detractores y sus admiradores."
Amelita se sitúa así en el epicentro de nuevas formas
musicales y poéticas que pretenden mostrarse diferentes y que
algunos se empeñan en bautizar como tango de vanguardia.
Amelita y su perro Pantaleón
Nace en lo que erróneamente se denomina Barrio Norte, designación
que, si bien no existe catastralmente, define una parte bacana de
la ciudad, hoy el hábitat del "porteño bien",
pero que tiempo atrás coexistió con los conventillos.
Cursa sus estudios, hasta recibirse de maestra en el colegio "la
Annunziata". Toma clases de guitarra con el maestro Vicente Di
Giovanni y de canto con María Contreras.
A los veintidos años
comienza su actividad como cancionista integrando el "Quinteto
Sombras", con quien graba sus primeros discos. A principios del
año 1968, ya como solista, registra su primer disco larga duración,
con el cual obtiene el premio mayor en el Festival del Disco de Mar
del Plata.
Quiso el destino que Astor Piazzolla
la escuchara cantar y atraído por su ronca voz de "mezzosoprano",
le ofreció participar junto a Héctor
de Rosas en la operita "María de Buenos Aires",
que inicialmente había comenzado a ensayar Egle Martin. Sobre
este episodio cuenta de Rosas, que cuando Piazzolla se vio en la necesidad
de buscar una reemplazante, él lo acompañó a
una peña folklórica para escuchar a "la Baltar"
y lo primero que elogió Astor al conocerla, no fue precisamente
su voz, sino sus piernas.
Sin saberlo, había llegado para Amelita el "punto bisagra"
de su vida artística, pues de ahí en adelante se convirtió
en la voz más representativa del rubro Piazzolla-Ferrer.
Estrena todas sus obras y en especial, el 16 de noviembre de 1969,
aquella de la cual jamás podría separarse: "Balada
para un loco".
Acompañando a Astor actúa
en diversos escenarios nacionales y extranjeros, haciéndolo
además en las televisiones francesa, italiana, suiza y alemana;
estrenando en esta última el oratorio de "El Pueblo Joven".
En el año 1972 estrena "La Primera Palabra" en el
Festival Onda Nueva de Caracas y unos meses más tarde "Las
Ciudades" en el Maracanãzinho de Río de Janeiro.
Su canto nunca pretendió ser popular. Ella era una "pieza"
que adornaba a un bandoneón y "decía" las
letras escritas por Ferrer, quien al referirse
a Amelita comenta: «Con su voz misteriosa, tabacosa, sugestiva
y distinta, con su temperamento y autenticidad de mujer del Buenos
Aires moderno, creó una nueva manera de interpretar el tango.
En su talento, nuestros temas encontraban el eco exacto que nosotros
pedíamos.»
Después de separarse sentimental y artísticamente de
Piazzolla, se presenta como solista
alternando el folklore con el tango, interviniendo en varios espectáculos
teatrales y de "music hall". Participa junto a Susana
Rinaldi y Marikena Monti, en el espectáculo "Tres
mujeres para el show" y con el cómico Jorge Luz en "Cocktail
para tres".
Vuelve a Europa para actuar en el "Olympia" de París
y también lo hace en las televisiones italiana, francesa y
holandesa. En el Festival de Palma de Mallorca es premiada por su
interpretación de "Los pájaros perdidos".
Después se presenta en Chile y en la ciudad de Los Angeles
en Estados Unidos, para luego regresar a Europa, donde reitera sus
anteriores éxitos.
Durante esta etapa, sin dejar de cantar los temas musicales de Piazzolla,
incorpora a su repertorio tangos de corte tradicional, intentando
recrearlos con su particular manera de expresarse. El suyo fue siempre un estilo de "decir" entrecortado,
sensual, bien modulado, pero a mi gusto, lento y falto de matices
tangueros. Sus interpretaciones carecen de ritos arrabaleros y exhibe
un modo sofisticado, extraño dentro del género.
Sin embargo, a mi juicio, existe una excepción a esta particular
manera de cantar. La interpretación que hace en francés,
de "Che, tango che" (Piazzolla
y Carrier), muestra una disposición no común en ella
donde se deja arrastrar por el frenesí tanguero.
Amelita transmite la idea de ser, ante todo, una artista que se vale
de la música y las letras, recrea personajes que maneja mediante
pausas y con el auxilio de sus manos y brazos, logrando en cada interpretación
el clima sensual, poético y misterioso que se propone. Por
momentos se muestra en el escenario como una alondra que vuela sobre
la escena y en otras como un felino disfrazado de dulzura que busca
atrapar a su presa, el público.
Sin posturas y cadencias arrabaleras, se le anima al tango convencional
y en este quehacer pone de manifiesto su encanto de mujer seductora.
Con sus brazos en alto y su particular tono de voz, cautiva al auditorio
y, en mi opinión, hace lo suyo con calidad y calidez.
En la actualidad, Amelita Baltar continúa recorriendo países
donde su presencia es esperada y celebrada. Nunca sus presentaciones
quedaron libradas a la improvisación. Por el contrario, siempre
sus espectáculos fueron previamente estudiados y programados.
Ella es una artista y como tal, se ciñe a un libreto que interpreta
a la perfección. Por ejemplo, "Balada
para un loco" la canta al principio de su actuación
y Amelita explica el porqué: «La doy de entrada para
no crear el suspenso y así, ya relajada, ofrecer lo que me
gusta hacer.»
Filmó dos películas. La primera, en el año 1976,
dirigida por Fernando Ayala y Héctor Olivera con el titulo
"El canto cuenta su historia", en el cual participaron también
destacados músicos e intérpretes del tango y el folklore.
Mucho después, en 1990, dirigida por Alejandro Agresti, interviene
en "Luba", junto a Elio Marchi, Bozena Lasota y Viveca Lindfors.
Sus testimonios discográficos arrancan de su época
de folklorista, ya con Piazzolla estrena
y graba muchas obras, entre ellas, "Chiquilín
de Bachín", "La
bicicleta blanca", "Balada
para mi muerte", "Fábula
para Gardel", "Los
paraguas de Buenos Aires", "Las
ciudades", "La
última grela" y la ya clásica "Balada
para un loco", que grabó en reiteradas oportunidades,
en distintas épocas y con diversos acompañamientos musicales.
En el terreno del tango tradicional se destacan, "Nostalgias",
"Sur",
"Che bandoneón",
"Los mareados",
"Yuyo verde",
"Gricel",
"De mi
barrio" y "Cambalache".
Por último, nada mejor que sus palabras para expresar su íntimo
sentimiento: «Estoy cada día más enamorada de
mi profesión. Pero nadie es profeta en su tierra. Ahora estoy
recibiendo algo que di durante treinta y ocho años, coherencia,
seriedad, responsabilidad y las ganas enormes de darme, de subir a
un escenario y dejar todo. Hice unos cuantos años folklore
y en el año 68, me llamó Piazzolla para que protagonizara
"María de Buenos Aires". Yo entré al tango
de un modo diferente, empecé por Piazzolla y ahora estoy en
el tango tradicional.»