OSCAR RORRA.
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Semblanza de HORACIO LORIENTE
publicada en la página webb TODOTANGO
Extractado de:
Loriente, Horacio: Ochenta notas de Tango.
Perfiles Biográficos, Ediciones de
La Plaza, Montevideo 1998.
Auspiciado por la Academia de Tango del Uruguay
CANTORAuspiciado por la Academia de Tango del Uruguay
15 de agosto de 1890 - 6 de abril de 1950
Apodo: Caruso Negro
Nació en la calle
Isla de Flores y Cuareim (Montevideo), a pocos pasos del actual emplazamiento
del monumento a Carlos Gardel.
Era niño mensajero
de un famoso negocio en su ramo, hoy desaparecido. Don Oscar D'Oliveira, el
dueño lo sintió cantar y muy impresionado por sus condiciones le pagó lecciones
en un conservatorio, estudios que Rorra abandonó casi enseguida. Don Donato
Pascale, conocedor de sus virtudes (era el dueño del Café Italiano que
funcionaba en 18 de Julio y Río Branco), lo llevó a cantar por un peso por
noche.
En agosto de
1915, se presentaba en los teatros Solís y Urquiza el famoso tenor Enrico
Caruso, interpretando en esta última sala la ópera “Pagliacci”. Pascale le
ofreció a Rorra cincuenta centésimos más para que interpretara las arias.
Aceptada la oferta, a partir de entonces nació el apodo de “Caruso Negro”,
podríamos agregar uruguayo, porque ya existía otro tenor norteamericano apodado
así y se llamaba Roland Hayes.
Crecía su
popularidad y era la época de la rivalidad de dos grandes comparsas de negros
Los Nyanzas y Los Guerreros del Sur, Oscar Rorra integró los segundos. Ese
carnaval, la Municipalidad tuvo que otorgar a ambos un primer premio.
Luego, Oscar
Rorra se dedicó por un breve lapso al boxeo y, en abril de 1918, se presenta
como solista en los cines Justicia (Justicia y Pagola) y Rodó (Joaquín Requena
y Charrúa). A fines de este año, actúa junto a Luis Viapiana con quien comparte
el cartel durante un tiempo. En las temporadas veraniegas era número atracción
en las famosas varietés del Parque Rodó.
Viaja a Buenos
Aires en 1923. Canta los tangos del concurso realizado con el auspicio de los
cigarrillos Tango recorriendo varios cines de la capital argentina, junto a la
orquesta dirigida por el pianista Alfonso Lacueva. Los premios por su orden
fueron para “El ramito”, “Sobre el pucho”, “La mentirosa” y hubo una mención
para “Midinette porteña”. La partitura del de máxima puntuación dice: «Cantado
con gran éxito por el aplaudido melodista Caruso Negro», luciendo en un ángulo
de la misma la foto del cantor.
Reanuda su
actividad artística en Montevideo y uno de sus amigos, el excelente periodista
Raúl Durante recuerda sus interpretaciones más exitosas, entre ellas “La
garçonniere”, “La mina del Ford” y “Callecita de mi barrio”.
En marzo de 1925 parte a Buenos Aires nuevamente, con el empresario León Angulo, para suscribir contratos, entre ellos la grabación de discos. Quedaron para la historia seis temas: “Un real al 69” y “Triste regreso”, con acompañamiento de la orquesta encabezada por Antonio Scatasso, que se desempeñaba también en el Teatro Apolo, en tanto los restantes temas: “Recuerdos de arrabal”, “Cruel mujer”, “Modistita” y “Amor de Pierrot”, no indican el nombre del director del conjunto. Como estribillista de la, entonces, flamante jazz de Adolfo Carabelli, le correspondió popularizar las maxixas “Monerías” y “Noé Noé”.
Esos discos,
impresos en el antiguo sistema acústico permiten, no obstante, aquilatar las
sobresalientes condiciones vocales de Rorra. Una voz atenorada, de impecable
afinación, buen gusto, muy apreciada por la generalidad de la gente de la
época.
Su bohemia lo
aleja de su querido Barrio Sur, de su gente, de sus amigos. Viaja a Europa
donde hace presentaciones en Bélgica, Barcelona (1932), Madrid y La Coruña
(1933), Paris (1936-1937) y algunas giras por África. Su repertorio abarcaba
prácticamente todos los géneros, pero, en especial se lucía en los temas
melódicos de actualidad y en el repertorio de su raza.
Procedente de
Francia, regresó a Montevideo en el vapor Belle Isle, después de casi catorce
años de ausencia de su país. Transcurría 1938, cuando la emisora CX42 —entonces
llamada Tribuna Sonora—, lo contrata y realiza un ciclo en base a canciones
cubanas. Amargado por la falta de trabajo y también por el olvido originado por
su larga ausencia, se radica en Buenos Aires, viaja a Chile presentándose en el
Teatro Balmaceda con una orquesta de 16 músicos, bajo la batuta de Roberto
Retes y el agregado de tamboriles. Al retornar a la Argentina, se afilia a la
Asociación Argentina de Artistas Circenses como chansonier. Realiza entonces
sus presentaciones, en largas giras por el interior argentino.
En un artículo
periodístico, Raúl Durante lo despedía: «Ya no tienen cantor los viejos
muchachos: murió Caruso Negro. Llenó una época en los escenarios del Parque.
Sus triunfos del 24 al 25 nunca fueron superados». Y epilogaba la nota, llena
de nostalgia, casi con angustia: «La última vez que estuvo con nosotros, hace
veinte días, al despedirse, me quedé mirándolo. Y lo vi alejarse por la calle
Pampa con aquel su pasito dormilón, como cruzó en el pasado en las tardes
felices, por la esquina de Isla de Flores y Cuareim. Con aquel paso que no
abandonó un instante cuando recorría, lleno de aplausos y de pinta, por las
calles de España y de Francia».Extractado de: Loriente, Horacio: Ochenta notas de Tango. Perfiles Biográficos, Ediciones de La Plaza, Montevideo 1998. Auspiciado por la Academia de Tango del Uruguay.
fuente: TODOTANGO.
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