MÚSICA
Sexteto Mayor: aburrirse, jamás
La orquesta que fundaran José Libertella y Luis Stazo cumple
40 años y lo festeja en el Tango BA, con una nueva formación que incluye
jóvenes músicos. La clave, dicen, es sumar calidad e impacto.
13.08.2013
Por Andrés Casak / CLARIN.COM
En 1973 el tango atravesaba una severa crisis. Apenas
sobrevivía un puñado de orquestas típicas, el circuito de los bailes
multitudinarios había sido reemplazado por las reducidas salas de concierto y
los jóvenes se interesaban por otros ritmos. En los casos más extremos, los
músicos de tango debían cambiar de profesión. En ese contexto, el surgimiento
del Sexteto Mayor fue un refugio más para un momento sofocante del género. Sin
embargo, aquel grupo pensado para “quince o veinte días” -como le gustaba
recordar a sus fundadores José Pepe Libertella y Luis Stazo- perdura luego de
40 años como un hito único, con otros integrantes, pero con el mismo concepto:
un sentido irreductible del tango.
Visto con la perspectiva del tiempo, no sólo fue una
alternativa para ese complejo instante histórico: se convirtió en un médium
para la revitalización del tango. Si su presentación en la apertura del local
parisino Trottoirs de Buenos Aires en 1981 auguraba vientos de cambio, su
presencia en el espectáculo Tango Argentino desde 1983 ayudó a abrir las
puertas al éxito internacional y su protagonismo en Tango Pasión entre 1992 y
2004 cosechó lo sembrado. No alcanzaba con reunir a grandes solistas: bajo la brújula
de Libertella, el estilo temperamental del Sexteto estuvo siempre en el lugar
justo en el momento indicado. Tal vez uno de los piropos más precisos lo haya
dicho el bandoneonista Víctor Lavallén, integrante de otro sexteto
contemporáneo y memorable, el Sexteto Tango, pero que no alcanzó tanta
trascendencia en el mundo: “Ellos tenían a Libertella”.
Hoy, el conjunto está integrado por Horacio Romo (bandoneón
y dirección), Fulvio Giraudo (piano), Enrique Guerra (contrabajo), Luciano
Sciarretta (bandoneón) y dos históricos en la fila de violines, Mario
Abramovich (que entró a los pocos meses de haberse formado el Sexteto) y
Eduardo Walczak (ingresó en 1983). Esta noche, a las 20, el Sexteto sigue con
los festejos por las cuatro décadas: abrirá el Festival y el Mundial de Tango
en el Centro de Exposiciones que organiza el Ministerio de Cultura porteño.
Según explicó el ministro Hernán Lombardi, el grupo “se ha constituido en
embajador de la identidad musical porteña en el mundo”. La formación estará
acompañada en vivo por los bailarines Gloria y Eduardo y por las voces de
Adriana Varela, Raúl Lavié y Guillermo Galvé.
Reunidos en el Museo Casa Carlos Gardel -el lugar donde
empezó esta historia el 29 de abril de 1973-, los músicos evocan, analizan,
reflexionan.
Mario, ¿cómo recuerda los primeros tiempos?
Abramovich: El Sexteto gustó de entrada. Pasamos a Caño 14 y
a El Viejo Almacén. Cada uno tenía que demostrar lo que sabía hacer. Incluso el
contrabajista tenía partes solistas, eso era una novedad. Por la dificultad que
implicaba, ningún músico quería venir al Sexteto, ni yo tampoco quería hacerlo.
Porque además había otro riesgo: como se trataba de un grupo instrumental, era
más difícil de instalar.
¿Libertella consultaba las decisiones?
Abramovich: No, decidía él. Cuando surgió la posibilidad de
participar en Tango Argentino, algunos músicos decían que no tenía sentido ir a
acompañar a cantores y a bailarines. Pepe dijo que sí. Era muy inteligente para
elegir trabajos. El veía la pata comercial debajo del agua.
¿No llegó a ser agotador el ritmo de giras por el mundo?
Walczak: En un momento le pedimos a Pepe que no buscara
tanto trabajo, porque en Argentina la gente creía que ya no existíamos.
Estábamos 9 o 10 meses del año afuera del país.
¿En qué momento se dieron cuenta de que el grupo iba en
camino a ser un clásico?
Abramovich: Cuando salimos en la tapa de The New York Times.
Decía: “Si no tiene plata, empeñe a sus hijos, no pague el alquiler, pero no se
pierda la posibilidad de ver al Sexteto Mayor”. No es chiste lo que cuento.
Desde el debut, la historia abarca cifras poderosas: escalas
en 750 ciudades del mundo, 7 giras a Japón, 4 a China, actuaciones todos los
años en Europa y tours interminables en los Estados Unidos. Y más allá de los
números, lo más sorprendente es el nivel de los músicos que pasaron a lo largo
de cuarenta años: Reynaldo Nichele, Fernando Suárez Paz, Hugo Baralis, Mauricio
Mise, Kicho Díaz, Armando Cupo, Oscar Palermo, Osvaldo Aulicino, Omar Murtagh.
Cualquiera de ellos podría figurar en una antología del tango. La muerte de
José Libertella el 8/12/04 y el alejamiento de Luis Stazo, que se radicó en
Alemania en 2005, obligó a replantear el futuro del Sexteto con la
incorporación de integrantes.
A los más nuevos, ¿les costó adaptarse a la forma musical?
Sciarretta: No, porque lo primero que escuché en mi vida fue
al Sexteto tocando la obra de Piazzolla. Si fuera más joven, diría que cumplo
el sueño del pibe.
Guerra: El Sexteto tiene un estilo, pero cuando un músico
entra con su propio bagaje, trata de mantenerse dentro de la sonoridad del
conjunto. Eso nos pasó.
El Quinteto Real hoy funciona como un grupo de homenaje
permanente a Horacio Salgán, ¿qué pasa con el Sexteto?
Guerra: También es así, tocamos los arreglos de Libertella y
Stazo. Pero, por ejemplo, en el último disco, que grabamos con Lavié, Romo hizo
todos los arreglos. Tuvo el cuidado de mantener el estilo del Sexteto.
¿Cómo definiría el estilo del Sexteto Mayor?
Guerra: Tiene que ver con explotar las virtudes solistas de
cada integrante. La escritura de Libertella y Stazo logró algo difícil: tango
de alto impacto. Hay músicos que componen con talento, pero a los ocho compases
empezás a bostezar. Y pasa al revés: hay tipos que quieren hacer cosas
espectaculares, pero no tienen calidad. Los arreglos del Sexteto conjugan las
dos cosas. No es fácil lograrlo.
Abramovich: El día que me aburra, renuncio. En cuarenta años
no me pasó.
fuente: CLARIN.COM
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