sábado, 17 de agosto de 2013

-OLIVERIO GIRONDO, POETA

Un día como hoy... 17 de agosto... pero de 1891... nacía
OLIVERIO GIRONDO.
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Oliverio girondo.jpg
Oliverio Girondo
Nacimiento:17 de agosto de 1891, Buenos Aires, Argentina 
Defunción: 24 de enero de 1967, Buenos Aires,Argentina 
Ocupación: Poeta
Movimientos: Surrealismo
Cónyuge: Norah Lange

Oliverio Girondo (Buenos Aires, 17 de agosto de 1891 - Buenos Aires, 24 de enero de 1967) fue un destacado poeta argentino.

Biografía

Oliverio Girondo nació el 17 de agosto de 1891 en Buenos Aires en el seno de una familia adinerada. Sus padres, Josefa Uriburu y Juan Girondo, le permitieron desde niño viajar a Alemania, Italia, Bélgica y España. En Buenos Aires vivió sus primeros días en la calle Lavalle 1035.

Debido a estos viajes, parte de sus estudios secundarios fueron realizados en Inglaterra (Londres) y en el Colegio Albert Le Grand en Acueil de Francia, país en el que entabló amistad con el poeta Supervielle, con quien asistiría a manifestaciones surrealistas.

Una vez radicado en Buenos Aires, recibe su título de abogado.

En 1930 recorre Egipto hasta el lago Victoria, y visita Marruecos.

En 1919 concurre a las tertulias de José Ingenieros en el hotel París.

A los 20 años dirige el periódico artístico literario "Comoedia" con René Zapata Quesada y Raúl Monsegur.

En 1922 publica en una tirada limitada, impresa en Francia, "Veinte poemas para ser leidos en el tranvia", que incluye ilustraciones realizadas por él mismo.

En 1924 participa en el periódico "Martin Fierro" junto a Samuel Glusberg y Evar Mendez. Allí publica diversos poemas y realiza hasta 1926 una serie de aforismos denominados "Membretes"

"Las esculturas griegas son incapaces de pensar si el tiempo no les ha roto la nariz"

Participó en las revistas que señalaron la llegada del ultraísmo (la primera vanguardia que se desarrolló en Argentina), como Proa, Prisma y Martín Fierro, en las que también escribieron Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal, la mayoría de ellos del Grupo de Florida que en contraposición al Grupo de Boedo se caracterizaba por su estilo elitista y vanguardista.

Girondo fue uno de los animadores principales de ese movimiento. Y ejerció influencia sobre poetas de las generaciones posteriores, entre ellos el surrealista Enrique Molina, con quien tradujo Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud.

Sus primeros poemas, llenos de color e ironía, superan el simple apunte pintoresco y constituyen una exaltación del cosmopolitismo y de la nueva vida urbana e intentan una crítica de costumbres.

En 1925 publica su segundo libro, "Calcomanías", y la edición de bolsillo de "Veinte poemas..."

En 1926, en un almuerzo organizado en honor a Ricardo Güiraldes, conoce a Norah Lange, poeta con la cual se casa en 1943 y con quien emprendería innumerables viajes.

En 1932, para la publicación de "Espantapájaros", lleva a cabo una extraña campaña publicitaria. Girondo realiza una réplica en papel maché del «espantapájaros-académico» que el pintor Bonomi había diseñado para la tapa del libro. El espanatapájaros fue colocado, según cuenta Norah Lange, «en una carroza coronaria -de esas que llevan las flores y van detrás del coche fúnebre- tirada por seis caballos, con su auriga y lacallos, vestidos según la moda Directorio, apostados a cada lado». Además, alquiló un local en la calle Florida atendido por muchachas hermosas y llamativas para la venta del libro. La experiencia publicitaria resultó un éxito y el libro se agotó en un mes. El muñeco, que durante años presidió la entrada de su casa de Suipacha al 1444, hoy puede visitarse en el Museo de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde 1934 mantuvo una importante amistad con Pablo Neruda y Federico García Lorca, quienes por esa época se hallaban en Buenos Aires.

En 1937 publica "Interlunio" por Editorial Sur, y en 1942 "Persuasión de los días".

En 1946 publica el poema "Campo nuestro"

A partir de 1950 comenzó también a pintar con una orientación surrealista, aunque nunca expuso sus cuadros.

Acerca de su último libro, "En la masmédula" (1953), Enrique Molina señaló: "Hasta la estructura misma del lenguaje sufre el impacto de la energía poética desencadenada en este libro único. Al punto que las palabras mismas dejan de separarse individualmente para fundirse en grupos, en otras unidades más complejas, especie de superpalabras con significaciones múltiples y polivalentes, que proceden tanto de su sentido semántico como de las asociaciones fonéticas". Algunos críticos relacionaron este último gesto vanguardista de Girondo con un libro igualmente desesperado, constructor y destructor del sentido: "Trilce", del peruano César Vallejo.

Sus autores favoritos eran Remy de Goumont, Rubén Dario, Nietzsche. Su mentor fue su hermano Eduardo.

"Su poesia no es fácil y menos tranquilizadora, tiene el caracter inquietante de toda exploración de lo desconocido y significa el esfuerzo de un hombre que intenta penetrar en la densidad de lo indecible, para volver con su cosecha y ofrecerla como mensaje"

Entre sus numerosas amistades figuran Salvador Dali, Macedonio Fernandez, Rafael Alberti, Gómez de la Serna (quien publicó un ensayo sobre Girondo en "Retratos Contemporaneos")y Aus Keller (con quien asistía a tertulias llamadas "Peñas" de la revista "Martín Fierro")

En 1961 sufrió un accidente que lo dejó imposibilitado físicamente. Murió el 24 de enero de 1967.

Girondo en su juventud.
Obras
    Veinte poemas para leer en el tranvía (1922)
    Calcomanías (1925)
    Espantapájaros (1932)
    Interlunio (relato, 1937)
    Persuasión de los días (1942)
    Campo nuestro (1946)
    En la masmédula (1953)

fuente: WIKIPEDIA.
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ESPANTAPAJAROS - OLIVERIO GIRONDO


Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido.

Apenas se desvanece la musiquita que nos echó a perder los últimos momentos y cerramos los ojos para dormir la eternidad, empiezan las discusiones y las escenas de familia.

¡Qué desconocimiento de las formas! ¡Qué carencia absoluta de compostura!

¡Qué ignorancia de lo que es bien morir!

Ni un conventillo de calabreses malcasados, en plena catástrofe conyugal, daría una noción aproximada de las bataholas que se producen a cada instante.

Mientras algún vecino patalea dentro de su cajón, los de al lado se insultan como carreros, y al mismo tiempo que resuena un estruendo a mudanza, se oyen las carcajadas de los que habitan en la tumba de enfrente.  
Cualquier cadáver se considera con el derecho de manifestar a gritos los deseos que había logrado reprimir durante toda su existencia de ciudadano, y no contento de enterarnos de sus mezquindades, de sus infamias, a los cinco minutos de hallarnos instalados en nuestro nicho, nos interioriza de lo que opinan sobre nosotros todos los habitantes del cementerio.
De nada sirve que nos tapemos las orejas. Los comentarios, las risitas irónicas, los cascotes que caen de no se sabe dónde, nos atormentan en tal forma los minutos del día y del insomnio, que nos dan ganas de suicidarnos nuevamente.
Aunque parezca mentira -esas humillaciones- ese continuo estruendo resulta mil veces preferibles a los momentos de calma y de silencio.
Por lo común, éstos sobrevienen con una brusquedad de síncope. De pronto, sin el menor indicio, caemos en el vacío. Imposible asirse a alguna cosa, encontrar una asperosidad a que aferrarse. La caída no tiene término. El silencio hace sonar su diapasón. La atmósfera se rarifica cada vez más, y el menor ruidito: una uña, un cartílago que se cae, la falange de un dedo que se desprende, retumba, se amplifica, choca y rebota en los obstáculos que encuentra, se amalgama con todos los ecos que persisten; y cuando parece que ya se va a extinguir, y cerramos los ojos despacito para que no se oiga ni el roce de nuestros párpados, resuena un nuevo ruido que nos espanta el sueño para siempre.
¡Ah, si yo hubiera sabido que la muerte es un país donde no se puede vivir...!
  

Oliverio Girondo - Espantapájaros.

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