OLIVERIO GIRONDO.
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Oliverio Girondo
Defunción: 24 de enero de 1967, Buenos Aires,Argentina
Ocupación: Poeta
Movimientos: SurrealismoCónyuge: Norah Lange
Oliverio Girondo
(Buenos Aires, 17 de agosto de 1891 - Buenos Aires, 24 de enero de 1967) fue un
destacado poeta argentino.
Biografía
Oliverio Girondo
nació el 17 de agosto de 1891 en Buenos Aires en el seno de una familia
adinerada. Sus padres, Josefa Uriburu y Juan Girondo, le permitieron desde niño
viajar a Alemania, Italia, Bélgica y España. En Buenos Aires vivió sus primeros
días en la calle Lavalle 1035.
Debido a estos
viajes, parte de sus estudios secundarios fueron realizados en Inglaterra
(Londres) y en el Colegio Albert Le Grand en Acueil de Francia, país en el que
entabló amistad con el poeta Supervielle, con quien asistiría a manifestaciones
surrealistas.
Una vez radicado
en Buenos Aires, recibe su título de abogado.
En 1930 recorre
Egipto hasta el lago Victoria, y visita Marruecos.
En 1919 concurre
a las tertulias de José Ingenieros en el hotel París.
A los 20 años
dirige el periódico artístico literario "Comoedia" con René Zapata
Quesada y Raúl Monsegur.
En 1922 publica
en una tirada limitada, impresa en Francia, "Veinte poemas para ser leidos
en el tranvia", que incluye ilustraciones realizadas por él mismo.
En 1924 participa
en el periódico "Martin Fierro" junto a Samuel Glusberg y Evar
Mendez. Allí publica diversos poemas y realiza hasta 1926 una serie de
aforismos denominados "Membretes"
"Las
esculturas griegas son incapaces de pensar si el tiempo no les ha roto la
nariz"
Participó en las
revistas que señalaron la llegada del ultraísmo (la primera vanguardia que se
desarrolló en Argentina), como Proa, Prisma y Martín Fierro, en las que también
escribieron Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, Macedonio Fernández y
Leopoldo Marechal, la mayoría de ellos del Grupo de Florida que en
contraposición al Grupo de Boedo se caracterizaba por su estilo elitista y
vanguardista.
Girondo fue uno
de los animadores principales de ese movimiento. Y ejerció influencia sobre
poetas de las generaciones posteriores, entre ellos el surrealista Enrique
Molina, con quien tradujo Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud.
Sus primeros
poemas, llenos de color e ironía, superan el simple apunte pintoresco y constituyen
una exaltación del cosmopolitismo y de la nueva vida urbana e intentan una
crítica de costumbres.
En 1925 publica
su segundo libro, "Calcomanías", y la edición de bolsillo de
"Veinte poemas..."
En 1926, en un
almuerzo organizado en honor a Ricardo Güiraldes, conoce a Norah Lange, poeta
con la cual se casa en 1943 y con quien emprendería innumerables viajes.
En 1932, para la
publicación de "Espantapájaros", lleva a cabo una extraña campaña
publicitaria. Girondo realiza una réplica en papel maché del
«espantapájaros-académico» que el pintor Bonomi había diseñado para la tapa del
libro. El espanatapájaros fue colocado, según cuenta Norah Lange, «en una
carroza coronaria -de esas que llevan las flores y van detrás del coche
fúnebre- tirada por seis caballos, con su auriga y lacallos, vestidos según la
moda Directorio, apostados a cada lado». Además, alquiló un local en la calle
Florida atendido por muchachas hermosas y llamativas para la venta del libro.
La experiencia publicitaria resultó un éxito y el libro se agotó en un mes. El
muñeco, que durante años presidió la entrada de su casa de Suipacha al 1444,
hoy puede visitarse en el Museo de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde 1934
mantuvo una importante amistad con Pablo Neruda y Federico García Lorca, quienes
por esa época se hallaban en Buenos Aires.
En 1937 publica
"Interlunio" por Editorial Sur, y en 1942 "Persuasión de los
días".
En 1946 publica
el poema "Campo nuestro"
A partir de 1950
comenzó también a pintar con una orientación surrealista, aunque nunca expuso
sus cuadros.
Acerca de su
último libro, "En la masmédula" (1953), Enrique Molina señaló:
"Hasta la estructura misma del lenguaje sufre el impacto de la energía
poética desencadenada en este libro único. Al punto que las palabras mismas
dejan de separarse individualmente para fundirse en grupos, en otras unidades
más complejas, especie de superpalabras con significaciones múltiples y
polivalentes, que proceden tanto de su sentido semántico como de las
asociaciones fonéticas". Algunos críticos relacionaron este último gesto
vanguardista de Girondo con un libro igualmente desesperado, constructor y
destructor del sentido: "Trilce", del peruano César Vallejo.
Sus autores
favoritos eran Remy de Goumont, Rubén Dario, Nietzsche. Su mentor fue su
hermano Eduardo.
"Su poesia
no es fácil y menos tranquilizadora, tiene el caracter inquietante de toda
exploración de lo desconocido y significa el esfuerzo de un hombre que intenta
penetrar en la densidad de lo indecible, para volver con su cosecha y ofrecerla
como mensaje"
Entre sus
numerosas amistades figuran Salvador Dali, Macedonio Fernandez, Rafael Alberti,
Gómez de la Serna (quien publicó un ensayo sobre Girondo en "Retratos
Contemporaneos")y Aus Keller (con quien asistía a tertulias llamadas
"Peñas" de la revista "Martín Fierro")
En 1961 sufrió un
accidente que lo dejó imposibilitado físicamente. Murió el 24 de enero de 1967.
Obras
Veinte poemas para leer en el tranvía (1922)
Calcomanías (1925)
Espantapájaros (1932)
Interlunio (relato, 1937)
Persuasión de los días (1942)
Campo nuestro (1946)
En la masmédula (1953)
fuente: WIKIPEDIA.
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ESPANTAPAJAROS - OLIVERIO GIRONDO
Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me
suicido.
Apenas se desvanece la musiquita que nos echó a perder los
últimos momentos y cerramos los ojos para dormir la eternidad, empiezan las
discusiones y las escenas de familia.
¡Qué desconocimiento de las formas! ¡Qué carencia absoluta
de compostura!
¡Qué ignorancia de lo que es bien morir!
Ni un conventillo de calabreses malcasados, en plena
catástrofe conyugal, daría una noción aproximada de las bataholas que se
producen a cada instante.
Mientras algún vecino patalea dentro de su cajón, los de al
lado se insultan como carreros, y al mismo tiempo que resuena un estruendo a
mudanza, se oyen las carcajadas de los que habitan en la tumba de enfrente.
Cualquier cadáver se considera con el derecho de manifestar
a gritos los deseos que había logrado reprimir durante toda su existencia de
ciudadano, y no contento de enterarnos de sus mezquindades, de sus infamias, a
los cinco minutos de hallarnos instalados en nuestro nicho, nos interioriza de
lo que opinan sobre nosotros todos los habitantes del cementerio.
De nada sirve que nos tapemos las orejas. Los comentarios,
las risitas irónicas, los cascotes que caen de no se sabe dónde, nos atormentan
en tal forma los minutos del día y del insomnio, que nos dan ganas de
suicidarnos nuevamente.
Aunque parezca mentira -esas humillaciones- ese continuo
estruendo resulta mil veces preferibles a los momentos de calma y de silencio.
Por lo común, éstos sobrevienen con una brusquedad de
síncope. De pronto, sin el menor indicio, caemos en el vacío. Imposible asirse
a alguna cosa, encontrar una asperosidad a que aferrarse. La caída no tiene
término. El silencio hace sonar su diapasón. La atmósfera se rarifica cada vez
más, y el menor ruidito: una uña, un cartílago que se cae, la falange de un
dedo que se desprende, retumba, se amplifica, choca y rebota en los obstáculos
que encuentra, se amalgama con todos los ecos que persisten; y cuando parece
que ya se va a extinguir, y cerramos los ojos despacito para que no se oiga ni
el roce de nuestros párpados, resuena un nuevo ruido que nos espanta el sueño
para siempre.
¡Ah, si yo hubiera sabido que la muerte es un país donde no
se puede vivir...!
Oliverio Girondo - Espantapájaros.
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