JORGE LUIS BORGES.
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Jorge Luis Borges en 1982, fotografiado por Sara Facio.
Defunción: 14 de junio de 1986 (86 años), Ginebra, Suiza
Seudónimos: Alex Ander, Benjamín Beltran, Andrés Corthis, Pascual Güida, Bernardo Haedo, José Tuntar
Junto a Bioy Casares: Honorio Bustos Domec, Benito Suárez Lynch
Ocupación:escritor, poeta, ensayista, traductor, crítico literario, bibliotecario, profesor y editor
Nacionalidad: Argentina
Período: Siglo XX
Género: cuento, ensayo y poesía
J.L.Borges, Evaristo Carriego
Jorge Luis Borges en 1951
Biografía
Primeros añosBorges consideraba que había heredado dos tradiciones de sus antepasados: una militar y otra literaria. Su árbol genealógico lo entronca con ilustres familias argentinas de estirpe criolla y anglosajona, así como también portuguesa. Desciende de varios militares que tomaron parte activa en la Independencia Argentina, como Francisco Narciso de Laprida, que presidió el Congreso de Tucumán y firmó el Acta de la Independencia; Francisco Borges Lafinur —su abuelo paterno— fue un coronel uruguayo; Edward Young Haslam —su bisabuelo paterno— fue un poeta romántico que editó uno de los primeros periódicos ingleses del Río de Plata, el Southern Cross; Manuel Isidoro Suárez —su bisabuelo materno— fue un coronel que luchó en las guerras de la Independencia; Juan Crisóstomo Lafinur —su tío paterno— fue un poeta argentino autor de composiciones románticas y patrióticas y profesor de Filosofía; Isidoro de Acevedo Laprida —su abuelo materno— fue un militar que luchó contra Juan Manuel de Rosas.
Su padre, Jorge Guillermo Borges, fue un abogado argentino,
nacido en la provincia de Entre Ríos, que se dedicó a impartir clases de
psicología. Era un ávido lector y tenía aspiraciones literarias que concretó en
una novela, El caudillo, y algunos poemas; además tradujo a Omar Jayyam de la
versión inglesa de Edward Fitzgerald. Para 1970, Jorge Luis Borges recordaba
con estas palabras a su padre: «Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de
que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y
música». Su madre, Leonor Acevedo Suárez, era uruguaya. Aprendió inglés de su
marido y tradujo varias obras de esa lengua al español. La familia de su padre
tenía orígenes españoles, portugueses e ingleses; la de su madre, españoles y
posiblemente portugueses. En su casa se hablaba tanto en español como en inglés por ende, Borges creció como bilingüe.
Borges nació el 24 de agosto de 1899 a los ocho meses de gestación, en una típica casa porteña de fines del siglo XIX, con patio y aljibe, dos elementos que se repetirán como un eco en sus poesías. Su casa natal estaba situada en la calle Tucumán 840, pero su infancia transcurrió un poco más al norte, en la calle Serrano 2135 del barrio de Palermo. La relación de Borges con la literatura comenzó a muy temprana edad, siendo que a los cuatro años ya sabía leer y escribir.
En 1905 comenzó a tomar sus primeras lecciones con una
institutriz británica. Al año siguiente escribió su primer relato, La
visera fatal, siguiendo páginas del Quijote. Además, esbozó en inglés un breve
ensayo sobre mitología griega. A los nueve años tradujo del inglés El príncipe
feliz, de Oscar Wilde, texto que se publicó en el periódico El País rubricado
por Jorge Borges (h).
En el barrio de Palermo, que por aquella época era un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros, conoció las andanzas de los compadritos que después poblaron sus ficciones. Borges ingresó al colegio directamente en el cuarto grado. El inicio de su educación formal a los 9 años y en una escuela pública fue una experiencia traumática para Borges, los compañeros se mofaban de aquel sabelotodo, que llevaba anteojos, vestía como un niño rico, no se interesaba por los deportes y hablaba tartamudeando. Durante los cuatro años de su permanencia en ese colegio, Borges no aprendió mucho más que algunas palabras en lunfardo y varias estrategias para pasar desapercibido.
En el barrio de Palermo, que por aquella época era un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros, conoció las andanzas de los compadritos que después poblaron sus ficciones. Borges ingresó al colegio directamente en el cuarto grado. El inicio de su educación formal a los 9 años y en una escuela pública fue una experiencia traumática para Borges, los compañeros se mofaban de aquel sabelotodo, que llevaba anteojos, vestía como un niño rico, no se interesaba por los deportes y hablaba tartamudeando. Durante los cuatro años de su permanencia en ese colegio, Borges no aprendió mucho más que algunas palabras en lunfardo y varias estrategias para pasar desapercibido.
En 1914 el padre de Borges se vio obligado a dejar su profesión, jubilándose de profesor debido a la misma ceguera progresiva y hereditaria que décadas más tarde afectaría también a su hijo. Junto con la familia, se dirigió a Europa para someterse a un tratamiento oftalmológico especial. Para refugiarse de la Primera Guerra Mundial, la familia se instaló en Ginebra (Suiza), donde el joven Borges y su hermana Norah —nacida en 1902— asistirían a la escuela. Borges estudió francés y cursó el bachillerato en el Liceo Jean Calvin. El ambiente en aquel establecimiento de inspiración protestante era completamente distinto al de su anterior escuela de Palermo, sus compañeros, muchos de ellos extranjeros como él, apreciaban ahora sus conocimientos e inteligencia y no se burlaban de su tartamudez. Durante esa época leyó sobre todo a los prosistas del Realismo francés y a los poetas expresionistas y simbolistas, especialmente a Rimbaud. A la vez, descubrió a Schopenhauer, Nietzsche, Mauthner, Carlyle y Chesterton. Con la sola ayuda de un diccionario aprendió por sí mismo el alemán y escribió sus primeros versos en francés.
Gracias al fin de las hostilidades y después del fallecimiento de
la abuela materna, la familia Borges marchó a España en 1919. Inicialmente se
instalaron en Barcelona y luego se trasladaron a Palma de Mallorca. En esta
última ciudad Borges escribió dos libros que no publicó: Los ritmos rojos,
poemas de elogio a la Revolución rusa, y Los naipes del tahúr, un libro de
cuentos. En Madrid y en Sevilla participó del movimiento literario ultraísta,
que luego encabezaría en Argentina y que influiría poderosamente en su primera
obra lírica. Colaboró con poemas y en la crítica literaria en las revistas
Ultra, Grecia, Cervantes, Hélices y Cosmópolis. Su primera poesía, Himno al
mar, escrita en el estilo de Walt Whitman, fue publicada en la revista Grecia
el 31 de diciembre de 1919.
Oh mar! oh mito! oh
largo lecho!
Y sé por qué te amo. Sé
que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos
desde siglos.
Sé que en tus aguas
venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una
tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh proteico, yo he
salido de ti.
¡Ambos encadenados y
nómadas;
Ambos con un sed
intensa de estrellas;
Ambos con esperanzas y
desengaños;
Ambos, aire, luz,
fuerza, oscuridades;
Ambos con nuestro vasto
deseo y ambos con nuestra grande miseria
En esta época conoció a su futuro cuñado, Guillermo de Torre, y a
algunos de los principales escritores españoles de la época, como Rafael
Cansinos-Assens —a quien frecuentaba en el famoso Café Colonial y a quien
siempre consideró su maestro— Ramón Gómez de la Serna, Valle Inclán y Gerardo
Diego.
*Inicios de su carrera literaria
El 4 de marzo de 1921, junto con su abuela paterna —Frances
Haslam, quien se les había unido en Ginebra en 1916— sus padres y su hermana,
Borges embarcó en el puerto de Barcelona en el Reina Victoria Eugenia, que los
devolvería a Buenos Aires. En el puerto los esperaba el escritor, filósofo de
la paradoja y humorista surreal Macedonio Fernández, cuya amistad Borges habría
de heredar de su padre. El contacto con Buenos Aires llevó al poeta a una
relación exaltada de «descubrimiento» con su ciudad natal.
Así comenzó a dar forma a la mitificación de los barrios suburbanos, donde asentaría parte de su constante idealización de lo real. Ya en Buenos Aires publicó en la revista española Cosmópolis, fundó la revista mural Prisma (de la que sólo se publicaron dos números) y también publicó en Nosotros, dirigida por Alfredo Bianchi. Por esa época conoció a Concepción Guerrero, una joven de dieciséis años de quien se enamoró. En 1922 visitó a Leopoldo Lugones junto a Eduardo González Lanuza para entregarle el último número de Prisma. En agosto de 1924 fundó la revista ultraísta Proa junto con Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra; Alfredo Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz, aunque paulatinamente iría abandonando esa estética.
En 1923, en víspera de un segundo viaje a Europa, Borges publicó su primer libro de poesía, Fervor de Buenos Aires, en el que se prefigura, según palabras del propio Borges, toda su obra posterior. Fue una edición preparada apuradamente, en la que se colaron algunas erratas y que, además, carecía de prólogo. Para la tapa su hermana Norah realizó un grabado. Se editaron unos trescientos ejemplares; los pocos que se conservan son considerados tesoros por los bibliófilos y en algunos se aprecian correcciones manuscritas realizadas por el mismo Borges. En Fervor de Buenos Aires es donde emotivamente confesó que, finalmente, «las calles de Buenos Aires/ya son mi entraña». Son treinta y tres poemas tan heterogéneos que aluden a un juego de cartas (el truco), a Juan Manuel de Rosas, o a la exótica Benarés; sin ahorrar el espacio para solazarse en un patio anónimo de Buenos Aires, «en la amistad oscura/ de un zaguán, de una parra y de un aljibe». Sobre el espíritu de este libro ha escrito Borges que «en aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha».
Así comenzó a dar forma a la mitificación de los barrios suburbanos, donde asentaría parte de su constante idealización de lo real. Ya en Buenos Aires publicó en la revista española Cosmópolis, fundó la revista mural Prisma (de la que sólo se publicaron dos números) y también publicó en Nosotros, dirigida por Alfredo Bianchi. Por esa época conoció a Concepción Guerrero, una joven de dieciséis años de quien se enamoró. En 1922 visitó a Leopoldo Lugones junto a Eduardo González Lanuza para entregarle el último número de Prisma. En agosto de 1924 fundó la revista ultraísta Proa junto con Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra; Alfredo Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz, aunque paulatinamente iría abandonando esa estética.
En 1923, en víspera de un segundo viaje a Europa, Borges publicó su primer libro de poesía, Fervor de Buenos Aires, en el que se prefigura, según palabras del propio Borges, toda su obra posterior. Fue una edición preparada apuradamente, en la que se colaron algunas erratas y que, además, carecía de prólogo. Para la tapa su hermana Norah realizó un grabado. Se editaron unos trescientos ejemplares; los pocos que se conservan son considerados tesoros por los bibliófilos y en algunos se aprecian correcciones manuscritas realizadas por el mismo Borges. En Fervor de Buenos Aires es donde emotivamente confesó que, finalmente, «las calles de Buenos Aires/ya son mi entraña». Son treinta y tres poemas tan heterogéneos que aluden a un juego de cartas (el truco), a Juan Manuel de Rosas, o a la exótica Benarés; sin ahorrar el espacio para solazarse en un patio anónimo de Buenos Aires, «en la amistad oscura/ de un zaguán, de una parra y de un aljibe». Sobre el espíritu de este libro ha escrito Borges que «en aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha».
Después de un año en España e instalado definitivamente en su
ciudad natal a partir de 1924, Borges colaboró en algunas revistas literarias y
con dos libros adicionales, Luna de enfrente e Inquisiciones —que nunca
reeditó— establecería para 1925 su reputación de jefe de la más joven
vanguardia. En los siguientes treinta años Borges se transformaría en uno de
los más brillantes y más polémicos escritores de América. Cansado del ultraísmo
que él mismo había traído de España, intentó fundar un nuevo tipo de
regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribió
cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas
de cuchillo, como Hombre de la esquina rosada y El puñal. Pronto se cansó
también de este «ismo» y empezó a especular por escrito sobre la narrativa
fantástica o mágica, hasta el punto de producir durante dos décadas —desde 1930
a 1950— algunas de las más extraordinarias ficciones del siglo XX: Historia
universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, entre otros.
Más tarde colaboró, entre otras publicaciones, en Martín Fierro,
una de las revistas clave de la historia de la literatura argentina de la
primera mitad del siglo XX. No obstante su formación europeísta, reivindicó
temáticamente sus raíces argentinas, y en particular porteñas, en poemarios
como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno de San
Martín (1929). Compuso letras de tangos y milongas, si bien rehuyó «la
sensiblería del inconsolable tango-canción» y el manejo sistemático del
lunfardo, que «infunde un aire artificioso a las sencillas coplas». En sus
letras y algunos relatos se narran las dudosas hazañas de los cuchilleros y
compadres, a los que muestra en toda su despojada brutalidad aunque dentro de
un clima trágico, cuando no casi épico.
Jorge Luis Borges.
En 1930 Borges publicó el ensayo Evaristo Carriego y prologó una
exposición del pintor uruguayo Pedro Figari. Además, conoció a un joven
escritor de solo 17 años, que luego sería su amigo y con el que publicaría
numerosos textos, Adolfo Bioy Casares.18 En el primer número de la revista Sur,
dirigida por Victoria Ocampo, Borges colaboró con un artículo dedicado al
coronel Ascasubi. En este primer número, publicado en 1931, también
contribuyeron la propia Victoria Ocampo, Waldo Frank, Alfonso Reyes Ochoa,
Jules Supervielle, Ernest Ansermet, Walter Gropius, Ricardo Güiraldes y Pierre
Drieu la Rochelle.10 Borges publicó dos años más tarde una colección de ensayos
y crítica literaria titulada Discusión, la que abarca temas tan diversos como
la poesía gauchesca, la Cábala, temas filosóficos, el arte narrativo y hasta su
opinión sobre clásicos del cine. El 12 de agosto de 1933 comenzó a dirigir,
junto con Ulyses Petit de Murat, la Revista Multicolor de los Sábados,
suplemento cultural impreso a color del diario populista Crítica que duraría
hasta octubre de 1934.19 En 1935 editó Historia universal de la infamia, una serie
de relatos breves, entre ellos, Hombre de la esquina rosada.20 Allí sigue
interesado en el perfil mítico de Buenos Aires iniciado en Evaristo Carriego.
Al año siguiente se publicaron los ensayos de Historia de la eternidad, donde
—entre otros temas— Borges indaga sobre la metáfora. En la revista quincenal El
Hogar, comenzó a publicar la columna de crítica de libros y autores extranjeros
hasta 1939. Allí publicó quincenalmente gran cantidad de reseñas
bibliográficas, biografías sintéticas de escritores y ensayos. Colaboró también
en la revista Destiempo, editada por Adolfo Bioy Casares y Manuel Peyrou, con
ilustraciones de Xul Solar. Para la editorial Sur tradujo A Room of One’s Own,
de Virginia Woolf y al año siguiente la novela Orlando de la misma autora.12 En
1937 publicó Antología clásica de la literatura argentina.
El Borges vanguardista y más tarde terruñero se transformó en la
década del 30 al Borges de la revista Sur, con su cosmopolitismo de alto vuelo;
al Borges metafísico que especuló sobre el tiempo y el espacio y lo infinito,
la vida y la muerte y si hay destino para el hombre; al Borges que hace alardes
de erudición y que ya pergeña sus celebérrimos textos trampa: comentarios
exhaustivos, por ejemplo, de libros que no existen, o relatos que juntan y
mezclan lo real con lo ficticio. También se percibe un cambio en materia de
estilo, una labor de poda en las prosas y los metros, que pasan a ser más
clásicos, más nítidos, más sencillos.
Los años finales de esta década fueron funestos para Borges:
primero vino la muerte de la abuela Fanny; después, la del padre, precedida de
una muy lenta y penosa agonía.22 Borges se vio arrojado de una vez pero
contundentemente al mundo de los adultos responsables. Tenía que hacer lo que
todos hacían desde edades bastante más tempranas: trabajar, sacar adelante una
familia. En esto tuvo suerte: con la ayuda del poeta Francisco Luis Bernárdez,
consiguió en 1938 un empleo en la biblioteca municipal Miguel Cané del barrio
porteño de Boedo. En esta poco concurrida biblioteca pudo seguir haciendo lo
que solía, pasarse los días entre libros, leyendo y escribiendo.21 Después, el
mismo Borges sufrió un grave accidente, al golpearse la cabeza con una ventana,
lo que lo llevó al borde de la muerte por septicemia y que, oníricamente,
reflejará en su cuento El sur. En la convalecencia escribió el cuento Pierre
Menard, autor del Quijote. Esos sueños de convaleciente le sirvieron para
escribir páginas espléndidas; fantasiosas pero tramadas por su inconfundible
mente de siempre, lúcida y penetrante. Borges salió del trance afianzado en la
idea que venía rumiando desde hacía tiempo: que la realidad empírica es tan
ilusoria como el mundo de las ficciones, pero inferior a éste, y que sólo las
invenciones pueden suministrarnos herramientas cognoscitivas confiables.23
En 1940 publicó Antología de literatura fantástica, en
colaboración con Bioy Casares y Silvina Ocampo, quienes ese mismo año
contrajeron matrimonio, siendo Borges el testigo de su boda. Prologó, además,
el libro de Bioy Casares La invención de Morel.9 19 Publicó en 1941 Antología
Poética Argentina y editó el volumen de narraciones El jardín de senderos que
se bifurcan, obra con la que se hizo acreedor al Premio Nacional de Literatura.
Al año siguiente apareció Seis problemas para don Isidro Parodi, libro de
narraciones que escribió en colaboración con Bioy Casares. Lo firmaron con el
seudónimo «H. Bustos Domecq», el cual proviene de «Bustos», un bisabuelo
cordobés de Borges, y «Domecq», un bisabuelo de Bioy Casares. Bajo el título
Poemas (1923-1943) reunió en 1943 la labor poética de sus tres libros más los
poemas publicados en el diario La Nación y en la revista Sur. Presentó, junto
con Bioy Casares, la antología Los mejores cuentos policiales. Para esta época,
Borges ya había logrado un espacio en el reducido círculo de la vanguardia
literaria argentina. Su obra Ficciones recibió el Gran Premio de Honor de la
Sociedad Argentina de Escritores (SADE). En sus páginas se halla Tlön, Uqbar,
Orbis Tertius, sobrecogedora e insuperable metáfora del mundo.19
En una reunión en la casa de Bioy Casares y Silvina Ocampo,
Borges conoció en agosto de 1944 a Estela Canto, una joven atractiva,
inteligente, cultivada y poco convencional, que llamó su atención —acostumbrado
a tratar en los círculos literario y social con mujeres convencionales de la
clase media o alta— y de quien se enamoró sin ser correspondido. Estela era una
mujer vanidosa y hasta su muerte se ufanaba de haber conquistado el amor, y
después la amistad de Borges, así como de haber sido la destinataria de una
colección de cartas de amor que mostraban hasta qué punto el autor de
Ficciones, que detestaba el sentimentalismo en la literatura, podía ser
profundamente sentimental en la vida.24 En su libro de memorias, Canto escribió:
La actitud de Borges me
conmovía. Me gustaba lo que yo era para él, lo que él veía en mí. Sexualmente
me era indiferente, ni siquiera me desagradaba. Sus besos torpes, bruscos,
siempre a destiempo, eran aceptados condescendientemente. Nunca pretendí sentir
lo que no sentía25
La figura de Estela le inspiró a Borges ciertos aspectos de El
Aleph, uno de sus mejores cuentos. El le dedicó a ella ese relato y le regaló
el manuscrito original, el cual Estela hizo subastar cuatro décadas más tarde
en Sotheby y fue vendido en más de 25.000 dólares24 a la Biblioteca Nacional de
España.26
Desafiando a su madre, para quien Estela era una desclasada,
Borges le propuso casamiento. Ese amor no consumado, siempre agónico, terminó
hacia fines de 1952.27
En colaboración con Silvina Bullrich publicó El compadrito en
1945. Junto con Bioy Casares publicó en 1946 Un modelo para la muerte
utilizando el seudónimo «B. Suárez Lynch» y, como H. Bustos Domecq, Dos
fantasías memorables, volumen de historias de suspenso policial. Borges aclaró
posteriormente que «Suárez» provenía de su abuelo y que «Lynch» representaba el
lado irlandés de la familia de Bioy. Fundó y dirigió la revista Los Anales de
Buenos Aires (que concluiría, tras 23 números, en diciembre de 1948). En la publicación,
Borges y Bioy colaboraron con un nuevo seudónimo: «B. Lynch Davis». Entre 1947
y 1948 editó el ensayo Nueva refutación del tiempo y publicó sus Obras
Escogidas. En 1949 se editó su célebre obra narrativa El Aleph, libro de género
fantástico y que para la crítica es casi unánimemente su mejor colección de
relatos.28
En 1946 Juan Domingo Perón fue elegido presidente, venciendo así
a la Unión Democrática. Borges, que había apoyado a ésta última, se manifestaba
abiertamente en contra del nuevo gobierno. Su fama de antiperonista lo acompañó
toda su vida. Respecto al nuevo gobierno, que Borges consideraba una dictadura,
manifestó:
Las dictaduras fomentan
la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la
crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que
balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados,
ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez...
Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor
¿Habré de recordar a los lectores del Martín Fierro y de Don Segundo Sombra que
el individualismo es una vieja virtud argentina?
Borges se sintió obligado a renunciar a su empleo como
bibliotecario cuando fue designado «Inspector de mercados de aves de corral»
por el gobierno. Su madre y su hermana, también antiperonistas, fueron
detenidas por la policía.n. 2 Borges fue llevado por la necesidad a convertirse
en conferencista itinerante por diversas provincias argentinas y Uruguay. Para
ello, debió superar su tartamudez y su timidez con ayuda médica. La necesidad
también lo llevó a iniciarse en la tarea docente como profesor de literatura
inglesa en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza y, más tarde, en la
Universidad Católica.28
Madurez
Jorge Luis Borges en 1951.
Los albores de la década de 1950 marcaron el inicio del
reconocimiento de Borges dentro y fuera de Argentina. La Sociedad Argentina de
Escritores lo nombró presidente en 1950, cargo al que renunciaría tres años más
tarde. Dictó conferencias en la Universidad de la República de Uruguay, donde
apareció su ensayo Aspectos de la literatura gauchesca. Editó en México
Antiguas literaturas germánicas, escrito en colaboración con Delia Ingenieros.
También en ese mismo año se publicó en París la primera traducción francesa de
su narrativa (Fictions) y en Buenos Aires la serie de cuentos La muerte y la
brújula. En 1952 aparecieron los ensayos de Otras inquisiciones y se reeditó un
ensayo sobre lingüística porteña titulado El idioma de los argentinos, junto
con El idioma de Buenos Aires de José Edmundo Clemente. Apareció también la
segunda edición de El Aleph, con nuevos cuentos. Algunas narraciones de este
libro fueron traducidas al francés por Roger Caillois y publicadas en París en
1953 con el nombre de Labyrinthes. Ese año Borges publicó El Martín Fierro,
ensayo que tuvo una segunda edición dentro del año. Bajo el cuidado de José
Edmundo Clemente, la editorial Emecé comenzó a publicar sus Obras Completas. En
1954 el director cinematográfico Leopoldo Torre Nilsson dirigió el film Días de
odio, basado en el cuento de Borges Emma Zunz.29
Tras un golpe militar —denominado Revolución Libertadora— que
derrocó al gobierno peronista, Borges fue elegido en 1955 director de la
Biblioteca Nacional, cargo que ocuparía por espacio de 18 años. En diciembre de
ese mismo año fue designado miembro de la Academia Argentina de Letras. Publicó
Los orilleros, El paraíso de los creyentes, Cuentos breves y extraordinarios,
Poesía gauchesca, La hermana Eloísa y Leopoldo Lugones. Se le confirmó, además,
en la cátedra de Literatura Alemana y, luego, como director del Instituto de
Literatura Alemana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
Buenos Aires. La revista Ciudad le dedicó un volumen crítico y bibliográfico
sobre su obra. Apareció Ficciones en italiano, bajo el título La Biblioteca di
Babele. Tras varios accidentes y algunas operaciones, un oftalmólogo le
prohibió leer y escribir. Aunque aún distinguía luces y sombras, esta
prohibición cambió profundamente su práctica literaria. Borges se fue quedando ciego
como consecuencia de la enfermedad congénita que había ya afectado a su padre.
El hecho no fue repentino («Se ha extendido desde 1899 sin momentos dramáticos,
un lento crepúsculo que duró más de medio siglo»),30 sino que más bien se trató
de un proceso; como fuere, esto no le impidió seguir con su carrera de
escritor, ensayista y conferencista, así como tampoco significó para él el
abandono de la lectura —hacía que le leyesen en voz alta— ni del aprendizaje de
nuevas lenguas.29 El haber sido nombrado director de la Biblioteca Nacional y,
en el mismo año, comprender la profundización de su ceguera fue percibido por
Borges como una contradicción del destino. Él mismo lo relató en una
conferencia dos décadas más tarde: «Poco a poco fui comprendiendo la extraña
ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie
de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos
mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las
carátulas y los lomos. Entonces escribí el Poema de los dones»:31
Nadie rebaje a lágrima
o reproche
esta declaración de la
maestría
de Dios, que con
magnífica ironía
me dio a la vez los
libros y la noche.32
En 1956 dictó el curso de literatura inglesa en la Universidad de
Buenos Aires, fue nombrado catedrático titular en la misma universidad, recibió
un doctorado Honoris Causa de la Universidad de Cuyo y fue nombrado presidente
de la Asociación de Escritores Argentinos. En Montevideo criticó ásperamente al
peronismo depuesto y defendió a la Revolución Libertadora. Por su adhesión al
nuevo gobierno resultó muy criticado, entre otros, por Ernesto Sabato y
Ezequiel Martínez Estrada. Sabato y Borges continuarían, si bien no
enemistados, «separados» por motivos políticos hasta 1973, cuando, a raíz de un
encuentro casual en una biblioteca, Orlando Barone resolvió promover una serie
de reuniones, en las que ambos escritores discutieron sobre literatura,
filosofía, cine, lingüística y demás temas. El resultado de estas reuniones fue
la edición de un libro: Diálogos: Borges-Sabato.29
Borges con el presidente Arturo Frondizi.
Entre 1957 y 1960 publicó Manual de zoología fantástica y El
hacedor, una colección de textos breves y poemas dedicada a Leopoldo Lugones.
Hizo una nueva actualización de Poemas y publicó en el diario La Nación el
poema Límites. Bajo su dirección se inició la segunda época de la revista La
Biblioteca y, en colaboración con Bioy Casares, editó la antología Libro del
cielo y del infierno. Sus obras continuaron traduciéndose a varios idiomas:33
en este período en particular Otras inquisiciones fue traducido al francés bajo
el título Enquétes, El Aleph al alemán con el título Labyrinthe y una selección
de cuentos de El Aleph y Ficciones al italiano como L'Aleph. En este período
también aparecieron los volúmenes sexto a noveno de las Obras Completas. Para
1960 se vinculó con el Partido Conservador.9 29 Compartió con Samuel Beckett,
en 1961, el Premio Internacional de Literatura (consistente en 10 mil dólares),
otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca. Este
importante galardón lo promovió internacionalmente y le ofreció la posibilidad
de que sus obras fueran traducidas a numerosos idiomas (inglés, francés,
alemán, sueco, noruego, danés, italiano, polaco, portugués, hebreo, persa,
griego, eslovaco y árabe, entre otros). Apareció su Antología personal, editada
por Sur. Viajó junto a su madre a Estados Unidos, invitado por la Universidad
de Texas y por la Fundación Tinker, de Austin. Allí dictó conferencias y cursos
sobre literatura argentina durante seis meses. En Nueva York se editó una
antología de sus cuentos titulada Labyrinths y se tradujo al alemán Historia
universal de la infamia. En 1962 se estrenó el film Hombre de la esquina
rosada, basado en el cuento homónimo, que dirigió René Mugica. Finalizó una
biografía sobre el poeta Almafuerte. En compañía de su madre, viajó a Europa en
1963 y ofreció numerosas conferencias. De regreso a Buenos Aires terminó una
antología sobre Evaristo Carriego.34
Jorge Luis Borges en L'Hôtel, París(1969) fotografiado por Pepe
Fernandez. Borges manifestó su deseo de morir allí, en el mismo lugar que Oscar
Wilde.
Con la colaboración de María Esther Vázquez publicó Introducción
a la literatura inglesa en 1965 y Literaturas germánicas medievales en 1966. Al
año siguiente se editó Introducción a la literatura norteamericana, escrito en
colaboración con Esther Zemborain y Crónicas de Bustos Domecq, con Bioy
Casares. Se editaron, además, sus milongas y tangos en el libro Para las seis
cuerdas, ilustrado por Héctor Basaldúa, y su cuento La intrusa.9 34
Borges con el presidente Dr. Arturo Umberto Illia.
El 21 de septiembre de 1967 Borges, de 68 años, se casó por
iglesia con Elsa Astete Millán, viuda de 57 años. Durante los primeros tiempos,
la pareja vivió en la casa de él, compartiendo sus días con Leonor Acevedo. En
el recuerdo de Elsa la madre del escritor no intervino para perjudicar la
relación. No obstante, según los amigos de Borges, los celos de Doña Leonor
eran terribles. Unos meses después del casamiento, la pareja se mudó a un
departamento, donde hicieron por primera vez la experiencia de vivir juntos y
solos, y allí la rivalidad entre su esposa y su madre cobró mayor virulencia y
el escritor tuvo que empezar a visitar a escondidas a Leonor. Esa experiencia,
además, llevaría a la pareja a enfrentar definitivamente la realidad: la
convivencia era intolerable. En una entrevista publicada en 1993, Elsa admitió
que no fue feliz junto a Borges: «Era introvertido, callado y poco cariñoso.
Era etéreo, impredecible. No vivía en un mundo real».35 El matrimonio duró
hasta octubre de 1970.
En 1968, con la colaboración de Margarita Guerrero, publicó una
ampliación del Manual de zoología fantástica bajo el título El libro de los
seres imaginarios. Apareció en ese año su Nueva antología personal. Viajó a
Santiago de Chile para asistir al Congreso de Intelectuales Antirracistas y a
Europa e Israel para pronunciar algunas conferencias. El director Hugo Santiago
dirigió la película Invasión, con argumento de Bioy y Borges. En 1969 ordenó y
corrigió dos libros de poemas: El otro, el mismo y Elogio de la sombra, el cual
logró dos ediciones dentro del año. Con ilustraciones del pintor Antonio Berni,
se editó su traducción y antología de Hojas de hierba, de Walt Whitman. Después
de algunos años sin publicar cuentos, reunió varias narraciones en El informe
de Brodie, libro publicado en agosto de 1970.9 34
Sus últimos años
Jorge Luis Borges en 1963, ya con dificultades en la visión.
Tumba de Jorge Luis Borges en el cementerio de Plain Palais, en
Ginebra.
En 1971 Borges publicó en Buenos Aires el cuento largo titulado
El congreso. Al año siguiente viajó a Estados Unidos, donde recibió numerosas
distinciones y pronunció conferencias en diversas universidades. A su regreso a
Buenos Aires publicó el libro de poemas El oro de los tigres y el 24 de agosto,
día de su cumpleaños, recibió un homenaje singular: la publicación en forma
privada de su cuento El otro. En 1973 fue declarado Ciudadano Ilustre de la
Ciudad de Buenos Aires y, paralelamente, solicitó su jubilación como director
de la biblioteca nacional. En 1973 reunió por primera vez en un volumen sus
Obras Completas, editadas por Emecé.
Como De Quincey y
tantos otros, he sabido, antes de haber escrito una sola línea, que mi destino
sería literario. Mi primer libro data de 1923; mis Obras Completas, ahora,
reúnen la labor de medio siglo. No sé que mérito tendrán, pero me place
comprobar la variedad de temas que abarcan. La patria, los azares de los
mayores, las literaturas que honran las lenguas de los hombres, las filosofías
que he tratado de penetrar, los atardeceres, los ocios, las desgarradas orillas
de mi ciudad, mi extraña vida cuya posible justificación está en estas páginas,
los sueños olvidados y recuperados, el tiempo... La prosa convive con el verso;
acaso para la imaginación ambas son iguales.
Borges, 1974, «Prólogo»
En Milán, Franco Maria Ricci publicó el cuento El congreso en una
edición lujosísima con letras de oro. El libro de poesía La rosa profunda y la
colección de relatos El libro de arena se publicaron en 1975, junto con la
recopilación Prólogos. Se estrenó además la película El muerto, sobre un cuento
homónimo, dirigida por Héctor Olivera.
Ante una nueva victoria del peronismo, Borges insistió en
recordar al primer gobierno de Perón como "los años de oprobio".
En 1975 falleció su madre, a los noventa y nueve años. A partir
de ese momento Borges realizaría sus viajes junto a una ex-alumna, luego
secretaria y —por último, en la senectud de Borges— su segunda esposa, María
Kodama.
En 1986, al conocerse enfermo de cáncer y temiendo que su agonía fuese
un espectáculo nacional, fijó su residencia en Ginebra, ciudad a la que lo unía
un profundo amor y a la cual Borges había designado una de mis patrias. El 26
de abril se casó —por poderes— con María Kodama, según Acta de esa fecha labrada
en Colonia Rojas Silva, Paraguay. Falleció el 14 de junio de 1986 a los 86 años
víctima de un cáncer hepático y un enfisema pulmonar. Obedeciendo su última
voluntad, sus restos yacen en el cementerio de Plain Palais. La lápida,
realizada por el escultor argentino Eduardo Longato, es de una piedra blanca y
áspera. En lo alto de su cara anterior se lee Jorge Luis Borges y, debajo, «And
ne forhtedon na», junto a un grabado circular con siete guerreros, una pequeña
cruz de Gales y los años "1899/1986” La inscripción «And ne forhtedon na»,
formulada en anglosajón, se traduce como «Y que no temieran». La cara posterior
de la lápida contiene la frase Hann tekr sverthit Gram ok leggr í methal theira
bert, que se corresponde al capítulo veintisiete de la Saga Volsunga (saga
noruega del siglo XIII), y se traducen como «El tomó la espada, Gram, y la
colocó entre ellos desenvainada».n. 5 Estos dos mismos versos los utilizó
también Borges como epígrafe de su cuento Ulrica, incluido en El libro de
arena, único relato de amor del autor y cuyo protagonista se llama Javier
Otálora. Bajo esta segunda inscripción aparece el grabado de una nave vikinga,
y bajo ésta una tercera inscripción: «De Ulrica a Javier Otárola», lo que
permite interpretar esta última inscripción como una dedicatoria de María Kodama
a Jorge Luis Borges.
En febrero de 2009,46 se presentó un proyecto para trasladar sus
restos al cementerio porteño de la Recoleta. Se generó una importante polémica,
su viuda María Kodama se opuso rotundamente y finalmente el proyecto quedó
desechado.
Obras
Jorge Luis Borges en 1976.
Si bien la poesía fue uno de los fundamentos del
quehacer literario de Borges, el ensayo y la narrativa fueron los géneros que
le reportaron el reconocimiento universal. Dotado de una vasta cultura, elaboró
una obra de gran solidez intelectual sobre el andamiaje de una prosa precisa y
austera, a través de la cual manifestó un irónico distanciamiento de las cosas
y su delicado lirismo. Sus estructuras narrativas alteran las formas
convencionales del tiempo y del espacio para crear mundos alternativos de gran
contenido simbólico, construidos a partir de reflejos, inversiones y
paralelismos. Los relatos de Borges toman la forma de acertijos, o de potentes
metáforas de trasfondo metafísico. Borges, además, escribió guiones de cine y
una considerable cantidad de crítica literaria y prólogos. Editó numerosas
antologías y fue un prominente traductor de inglés, francés y alemán (también
tradujo obras del anglosajón114 y del escandinavo antiguo)115 Su ceguera
influyó enormemente en su escritura posterior. Entre sus intereses
intelectuales destacan la mitología, la matemática, la teología, la filosofía
y, como integración de éstas, el sentido borgiano de la literatura como
recreación —todos estos temas son tratados unas veces como juego y otras con la
mayor seriedad—. Borges vivió la mayor parte del siglo XX, por lo que vivió el
período modernista de la cultura y la literatura, especialmente el simbolismo.
Su ficción es profundamente erudita y siempre concisa.
Borges junto a Ben Molar.
Desde una perspectiva más histórica, la obra de
Borges puede dividirse en períodos. Una primera etapa inicial, vanguardista,
acotada entre los años 1923 y 1930. Este período está caracterizado por la
importancia fundamental del poema, el verso libre y la proliferación metafórica
(sobre todo la proveniente de Lugones), la apelación a un neobarroco de
raigambre española (Quevedo, en primer término) y cierto nacionalismo
literario, que llega a proclamar la independencia idiomática de Argentina, en
textos luego repudiados por el propio autor. A este período pertenecen los
poemarios Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente y Cuaderno San Martín, así
como los ensayos de Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza, El idioma de los
argentinos y Evaristo Carriego. A partir de 1930 la obra de Borges, durante
unos treinta años, se inclinará a la prosa y surgirá una doble vertiente de su
tarea: el ensayo breve, normalmente de lecturas literarias, y la llamada
"ficción", que no es estrictamente un cuento, aunque su trámite sea
narrativo y su convención de lectura sea la ficcional. En ella aparecen, a
menudo, escritores y libros apócrifos como Pierre Ménard y su Quijote, o
Herbert Quain. Apelando a citas deliberadamente erróneas en sus meditaciones
sobre la tradición literaria, Borges definía la tarea del escritor como
esencialmente falsificadora y desdibujaba toda pretensión de originalidad y
creación. La literatura era, según su concepción, la infinita lectura de unos
textos que surgen de otros y remite a un texto original, perdido, inexistente o
tachado. En otro sentido, la obra ficcional borgiana se inclinó a temas
recurrentes, como son lo fantasmal de la vida, el combate singular como
reconocimiento del otro en el acto de darle muerte, el espejo como cifra de las
apariencias mundanas, la lejanía y la desdicha vinculadas con la relación
amorosa, o la busca del nombre de los nombres, el prohibido nombre de Dios,
donde se realicen las fantasías de perfecta adecuación entre las palabras y las
cosas. Estéticamente, en este segundo período de su obra, Borges efectuó una
crítica radical a sus años de vanguardista. Se replegó hacia una actitud
estética de apariencia neoclásica, aunque en él pervivieran los tópicos del
infinito y de lo inefable, recogidos en sus juveniles frecuentaciones de
Schopenhauer y de los poetas románticos alemanes. El afán de tersura en la
expresión, la relectura de los clásicos y su cita constante, la concisión que
exigen los géneros breves, son todos gestos de su neoclasicismo en el que la
razón intenta ordenar, jerarquizar y clarificar hasta los límites admisibles de
su poder sobre el lenguaje, siempre resbaladizo, engañoso y ambiguo. Borges en
esta etapa vuelve sobre algunos episodios costumbristas de ambiente campesino o
suburbial, que había tratado en su juventud, como el duelo a cuchillo, para
repasarlos en un contexto de mitología universal. Así, sus gauchos y
compadritos de las orillas se entreveran con los héroes homéricos, los teólogos
medievales y los piratas del mar de la China. No son ya el motivo de una
exaltación peculiarista ni se los encara como emblemas de un universo cultural
castizo y cerrado, sino que se los relativiza en un marco de ambiciones
eclécticas y cosmopolitas. A este período, prescindiendo de antologías y
reelaboraciones, pertenecen los ensayos de Discusión (1932), Historia de la
eternidad (1936) y Otras Inquisiciones (1952); los relatos de Historia
universal de la infamia (1935), de Ficciones (1944) y El Aleph (1949), y un
buen número de obras en colaboración con Bioy Casares (Seis problemas para don
Isidro Parodi, 1942; Dos fantasías memorables, 1946; Un modelo para la muerte,
1946, y los guiones cinematográficos Los Orilleros y El paraíso de los
creyentes, 1955, con Delia Ingenieros (Antiguas literaturas germánicas, 1951),
con Betina Edelberg (Leopoldo Lugones, 1955) y con Margarita Guerrero (El
Martín Fierro, 1953 y Manual de zoología fantástica, 1957).
La mayoría de sus historias más populares abunda en
la naturaleza del tiempo, el infinito, los espejos, laberintos, la realidad y
la identidad; mientras otras se centran en temas fantásticos. El mismo Borges
cuenta historias más o menos reales de la vida sudamericana; historias de
héroes populares, soldados, gauchos, detectives y figuras históricas, mezclando
la realidad con la fantasía y los hechos con la ficción.
Con un manejo inusual de las palabras, la obra
borgiana impulsó una renovación del lenguaje narrativo, resaltando la índole
ficticia del texto y amalgamando fuentes y culturas de índole diversa (europeas
y orientales, vanguardistas y clásicas) a través de la parodia y la ironía. Sus
textos surgen de otros textos previos, y suponen una estrecha familiaridad con
ellos. Las tramas se superponen a otras tramas, cada párrafo es la variación de
otra escritura o lectura previas. Es difícil no descubrir algunas de sus
claves; es casi imposible descifrarlas todas. Su escritura rescata ideas y
preguntas que atraviesan el pensamiento occidental desde sus remotos orígenes y
las reformula, legándolas a la posteridad. No intenta seriamente solucionar las
contradicciones; prefiere resaltarlas, reordenándolas en paradojas, a las que
envuelve una y otra vez con diferente ropaje.
En sus páginas más características, propone un
contexto lúdico y desafía al lector a resolver un enigma. Como en un buen
laberinto policial, exhibe todas las pistas necesarias para deducir las
respuestas; entre esas pistas se destaca su propia biblioteca clasificada y
comentada. Hay una solución obvia que satisface al detective chapucero, pero la
verdadera clave está reservada para el héroe. Cuál es el enigma y quién es en
realidad ese héroe son también parte del misterio. Abunda en referencias
inexistentes disimuladas entre un fárrago de citas eruditas. Hay frases
copiadas traviesamente de obras ajenas, guiños al iniciado, a sus amistades y a
sí mismo. Sus mejores cuentos acumulan múltiples significados, ordenados en
capas que se tornan alternativamente transparentes u opacas según el punto de
vista. El lector vislumbra un reflejo aquí y otro allá, de acuerdo a su
experiencia y a sus circunstancias; la comprensión completa, sin embargo, nos
está vedada. El único privilegiado es el tramoyista, el que visualiza el
universo cifrado, el que urdió la trama, ubicado en el centro del laberinto,
reflejado y multiplicado en sus propias palabras: el mismísimo Jorge Luis
Borges.
Como afirmó Octavio Paz, Borges ofreció dádivas
sacrificiales a dos deidades normalmente contrapuestas: la sencillez y lo
extraordinario. En muchos textos Borges logró un maravilloso equilibrio entre
ambas: lo natural que nos resulta raro y lo extraño que nos es familiar. Tal
proeza determinó el lugar excepcional de Borges en la literatura. En ese
mismo sentido, Fritz Rufolf Fries sostuvo que Borges consiguió formar su propia
identidad en el espejo de los autores que él interrogaba, mostrándonos lo
insólito de lo ya conocido.
Traducciones
A la edad de 11 años, tradujo a Oscar Wilde.121
Borges creía que la traducción podía superar al original y que la alternativa y
potencialmente contradictoria revisión del original podía ser igualmente
válida, más aún, que el original o la traducción literal no tenía porqué ser
fiel a la traducción. A lo largo de su vida, tradujo, modificando sutilmente,
el trabajo de, entre otros, Edgar Allan Poe, Franz Kafka, James Joyce, Hermann Hesse,
Rudyard Kipling, Herman Melville, André Gide, William Faulkner, Walt Whitman,
Virginia Woolf, Henri Michaux, Jack London, Gustav Meyrink, Novalis, Marcel
Schwob, George Bernard Shaw, May Sinclair, Jonathan Swift, H. G. Wells y G. K.
Chesterton.12
Cuentos
Borges en 1978.
Historia
universal de la infamia (1935)
El
espantoso redentor Lazarus Morell
El
impostor inverosímil Tom Castro
La
viuda Ching, pirata
El
proveedor de iniquidades Monk Eastman
El
asesino desinteresado Bill Harrigan
El
incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké
El
tintorero enmascarado Hákim de Merv
Hombre de la esquina rosada
Un
teólogo en la muerte
La
cámara de las estatuas
Historia de los dos que soñaron
El
brujo postergado
El
espejo de tinta
I. El
jardín de senderos que se bifurcan
Prólogo
Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
El acercamiento a Almotásim
Pierre Menard, autor del Quijote
Las ruinas circulares
La lotería en Babilonia
Examen de la obra de Herbert Quain
La biblioteca de Babel
El jardín de senderos que se bifurcan
II.
Artificios
Prólogo
Funes el memorioso
La forma de la espada
Tema del traidor y del héroe
La muerte y la brújula
El milagro secreto
Tres versiones de Judas
El fin
La secta del Fénix
El Sur
El Aleph
(1949)
El
inmortal
El
muerto
Los
teólogos
Historia del guerrero y la cautiva
Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)
Emma
Zunz
La
casa de Asterión
La
otra muerte
Deutsches Requiem
La
busca de Averroes
El
Zahir
La
escritura del Dios
Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto
Los
dos reyes y los dos laberintos
La
Espera
El
hombre en el umbral
El
Aleph
El
informe de Brodie (1970)
La
intrusa
El
indigno
Historia de Rosendo Juárez
El
encuentro
Juan
Muraña
La
señora mayor
El
duelo
El
otro duelo
Guayaquil
El
evangelio según Marcos
El
informe de Brodie
El libro
de arena (1975)
El
otro
Ulrica
El Congreso
There are more things
La secta de los treinta
La
noche de los dones
El
espejo y la máscara
Undr
Utopía de un hombre que está cansado
El
soborno
Avelino Arredondo
El
disco
El
libro de arena
Epílogo.
La
memoria de Shakespeare (1983)
Veinticinco de agosto de 1983
Tigres azules
La
rosa de Paracelso
La
memoria de Shakespeare
Ensayos
Inquisiciones (1925)
El tamaño
de mi esperanza (1926)
El idioma
de los argentinos (1928)
Evaristo
Carriego (1930)
Discusión
(1932)
Historia
de la eternidad (1936)
Aspectos
de la literatura gauchesca (Número. 1950)
Otras
inquisiciones (1952)
Siete
noches (1980)
Nueve
ensayos dantescos (1982)
Atlas
(1985)
Poesía
Los
ritmos rojos (1918)
Fervor de
Buenos Aires (1923)
Luna de
enfrente (1925)
Cuaderno
San Martín (1929)
El
hacedor (1960)
El otro,
el mismo (1964)
Para las
seis cuerdas (1965)
Elogio de
la sombra (1969)
El oro de
los tigres (1972)
La rosa
profunda (1975)
La moneda
de hierro (1976)
Historia
de la noche (1977)
Adrogué,
con ilustraciones de Norah Borges (1977)
La cifra
(1981)
Los
conjurados (1985)
Antologías
Antología
personal (1961)
Nueva
antología personal (1968).
Libro de
sueños (1976)
Textos
cautivos (1986).
Borges en
el hogar (2000).
Obras en colaboración
Índice de
la poesía americana (16), antología con Vicente Huidobro y Alberto Hidalgo
Antología
clásica de la literatura argentina (1937), con Pedro Henríquez Ureña
Antología
de la literatura fantástica (1940), con Bioy Casares y Silvina Ocampo
Antología
poética argentina (1941), con Bioy Casares y Silvina Ocampo
Seis
problemas para don Isidro Parodi (1942), con Bioy Casares
El
compadrito (1945), antología de textos de autores argentinos en colaboración
con Silvina Bullrich
Dos
fantasías memorables (1946), con Bioy Casares
Un modelo
para la muerte (1946), con Bioy Casares
Obras escogidas
(1948).
Antiguas
literaturas germánicas (México, 1951), con Delia Ingenieros
El idioma
de Buenos Aires (1952), con José Edmundo Clemente
Obras
completas (1953)
El Martín
Fierro (1953), con Margarita Guerrero
Poesía
gauchesca (1955), con Bioy Casares
Cuentos
breves y extraordinarios (1955), con Bioy casares
El
paraíso de los creyentes (1955), con Bioy casares
Leopoldo
Lugones (1955), con Betina Edelberg
Los
orilleros (1955), con Bioy Casares
La
hermana Eloísa (1955), con Luisa Mercedes Levinson
Manual de
zoología fantástica (México, 1957), con Margarita Guerrero
Los
mejores cuentos policiales (1943 y 1956), con Bioy Casares
Libro del
cielo y del infierno (1960), con Bioy Casares
Introducción a la literatura inglesa (1965), con María Esther Váquez
Literaturas germánicas medievales (1966), con María Esther Vázquez,
revisa y corrige el tratado Antiguas literaturas germánicas
Introducción a la literatura norteamericana (1967), con Estela Zemborain
de Torres
Crónicas
de Bustos Domecq (1967), con Bioy Casares.
El libro
de los seres imaginarios (1967), escrito en colaboración con Margarita
Guerrero.
Nueva
antología personal (1968).
Prólogos
(1975).
¿Qué es el
budismo? (1976), con Alicia Jurado
Diálogos
(1976), con Ernesto Sabato
Nuevos
cuentos de Bustos Domecq (1977), con Bioy Casares
Breve
antología anglosajona (1978), con María Kodama
Obras
completas en colaboración (1979)
Atlas
(1985), con María Kodama
Textos
cautivos (1986), textos publicados en la revista El hogar
Guiones de cine
Los
orilleros (1939). Escrito en colaboración con Adolfo Bioy Casares
El
paraíso de los creyentes (1940). Escrito en colaboración con Adolfo Bioy
Casares
Invasión
(1969). Escrito en colaboración con Adolfo Bioy Casares y Hugo Santiago.
Les
autres (1972). Escrito en colaboración con Hugo Santiago
fuente: WIKIPEDIA.
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Biografía completa:
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