Marcelo Berbel
Aguada, de los recuerdos lejanos
tapera de un dulce ayer,
tiempo de la pasto verde
zamba del coraje hecho mujer,
Brava gaucha
en los fortines sureños
bella flor del jarillal,
mil soldados te quisieron
pero la tierra te quiso más,
sobre la reja,
entre las piedras
donde duerme tu voz
mi guitarra lloró
sola este zambita por las noches
quiere darte luz,
porque le duele que digas
que el criollo neuquino te olvidó.
Quién te llamó pasto verde fresquita
tal vez tu aroma sintió,
poema de los desiertos
versos de un coplero que pasó,
Tal vez hablen
de tus años de moza
la guada, el grillo,
el zampa,
años de danza
y romance
sangre que secó
el viento al pasar.
LA PASTO VERDE - JORGE CAFRUNE
Sábado 08 de junio de 2013 | Publicado en edición impresa
Rincón gaucho
"LA PASTO VERDE", cuartelera y señora en Plaza Huincul
La fortinera que se convirtió en posadera fue inmortalizada en una gran zamba
Por Mariano
Wullich | LA NACION
Aguada de los desiertos lejanos,/ tapera de un dulce ayer /
tiempo de la Pasto Verde,/ zamba del coraje hecho mujer.
"Brava gaucha en los fortines sureños,/ bella flor del
jarillal,/ mil soldados te quisieron,/ pero la tierra te quiso más."
En 1918 se descubrió en Plaza Huincul la gran cuenca
neuquina de petróleo. Allí se levantó el primer campamento y a su alrededor
crecieron los barrios de YPF. Hoy se puede visitar el histórico pozo y también
el Museo Municipal Carmen Funes, que lleva el nombre de una mítica cuartelera,
en cuyo campo se percibió por primera vez el sabor a querosene en el agua.
La señora Funes cumplía funciones en el Regimiento III de
Caballería y llegó con un batallón a General Roca, Río Negro. A poco de su
estada dejó la milicia y, "espantada" por el ruido del tren que terminaba
en Roca, se mudó a un paraje en el que casi no había nada, Plaza Huincul.
Allí, junto a una aguada, se convirtió en posadera y levantó
lo que se llamó la Posta de la Aguada, en 1890.
Tiempo después llegó el ingeniero Cánepa, para hacer noche
antes de partir a Covunco, donde pensaba montar una máquina para extraer
petróleo. Cuenta la leyenda que esa noche, observó cómo Carmen llenaba barriles
con agua y le preguntó: "Doña Carmen ¿para qué junta tanta agua?"
"Porque está cambiando la luna y en vez de agua va a
salir querosene." La luna cambió y al otro día, entremezclado con el agua,
aparecieron manchones de petróleo. Cánepa dejó allí sus máquinas y comenzó a
explotar el petróleo de la zona.
"Sobre la reja entre las piedras donde duerme tu voz,/
mi guitarra lloró,/ sola esta zambita por las noches quiere darte luz,/porque
le duele que digan, /que el criollo neuquino te olvidó.
"Quien te llamó Pasto Verde fresquita,/tal vez tu aroma
sintió,/ poema de los desiertos,/versos de un coplero que pasó.
"Tal vez hablen de tus años de moza,/ la aguada, el
grillo, el sampá/ años de lanza y romance,/sangre que secó el viento al
pasar."
Cuando Carmen Funes murió la enterraron por allí cerca,
puesto que en Plaza Huincul todavía no había cementerio. Y cuando lo hubo, el
párroco local se opuso a que fuera trasladada. Su tumba, cerca de una banquina,
comenzó a ser tapada por los yuyos y una tarde, dos personas que trabajaban en
la YPF, padre y suegro del poeta Marcelo Berbel, forjaron, en los talleres de
la petrolera, una reja para proteger el sepulcro.
Los años siguieron pasando y hace unas décadas, quien fuera
un chico nacido en Plaza Huincul, se quedó sin nafta en la ruta. Mientras su
hijo se acercaba al pueblo con un bidón, dijo: "Por aquí debe estar la
tumba de la Carmen". No le costó mucho encontrarla. Tomó entonces un papel
y, junto a la tumba, escribió la letra de una zamba: "La Pasto
Verde", que cantaron Jorge Cafrune, José Larralde, Los Andariegos y muchos
más. Casi sin querer, Marcelo Berbel le había devuelto los honores a Carmen y
su tumba fue rápidamente bendecida y hasta se le rindió un homenaje con bandas
militares.
Hoy, la gente la visita como si fuera una santa. Carmen
Funes, para todos los neuquinos, La Pasto Verde.
"Sobre la reja entre las piedras/donde duerme tu voz,
mi guitarra lloró,/sola esta zambita por las noches quiere darte luz,/porque le
duele que digan/que el criollo neuquino te olvidó.
Por Mariano
Wullich | LA NACION
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