Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
LA MOROCHA Tango 1905 Música: Enrique Saborido Letra: Ángel Villoldo
Yo soy la morocha,
la más agraciada, la más renombrada de esta población. Soy la que al paisano muy de madrugada
brinda un cimarrón.
Yo, con dulce acento,
junto a mi ranchito, canto un estilito con tierna pasión, mientras que mi dueño sale al trotecito en su redomón.
Soy la morocha argentina,
la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño.
Yo soy la morocha
de mirar ardiente, la que en su alma siente el fuego de amor. Soy la que al criollito más noble y valiente ama con ardor.
En mi amado rancho,
bajo la enramada,
en noche plateada,
con dulce emoción, le canto al pampero, a mi patria amada y a mi fiel amor.
Soy la morocha argentina,
la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño.
Nota de Oscar Del Priore e Irene Amuchástegui publicada en la página webb TODOTANGO. ..................................
Ningún otro tango azarzuelado, de los del período inicial del
género, perduró en los repertorios con la misma fuerza de "La
Morocha", de Saborido y Villoldo. Su incomparable trayectoria abarca todas
las generaciones de intérpretes femeninas del tango. Concretamente, une dos
extremos: Flora Hortensia Rodríguez de Gobbi y Susana Rinaldi.
Sobre las circunstancias de su estreno, el propio Enrique
Saborido proveyó diferentes versiones, aunque no irreconciliables.
Enrique Saborido
Raúl Lafuente se basa en una entrevista publicada en el
diario Crítica, el 1 de noviembre de 1925, para afirmar que "La
Morocha", dedicado a los socios del Club de Pelota, de Piedras al 400, fue
estrenado en el local Tarana, anteriormente llamado Hansen, donde «por esa
época Saborido estaba al frente de un trío con él en el piano, Genaro Vázquez
en violín y Benito Masset en flauta».
En la misma edición de Cuadernos de Difusión del Tango que
incluye el trabajo de Lafuente el coleccionista Eduardo Visconti reproduce, de
su archivo personal, un reportaje publicado en Caras y Caretas el 1 de
septiembre de 1928, en el que Saborido afirma que "La Morocha" fue
estrenado por Lola Candales. Claro que ése pudo ser un informal preestreno,
presumiblemente en el Bar Reconquista, previo a la interpretación a cargo del
trío que menciona Crítica. La entrevista de Caras y Caretas, que aquí
transcribimos, detalla además la historia del nacimiento:
«-¿El tango fue inspirado, quizás, por una linda criollita
de entonces?
Saborido piensa. Parece que en su mente revivieran escenas
de aquel tiempo inolvidable.
En ese tiempo existía aún el Bar Reconquista del popular
Ronchetti. Yo solía ir allí con frecuencia y también hacía lo propio una linda
bailarina uruguaya llamada Lola Candales...
¿Ella fue la musa?
Le diré. Una noche la reunión estaba sumamente animada,
figurando en ella los muchachos Victorica, Argerich, el diputado Félix Rivas y
otros. Como notaran que yo estaba muy entusiasmado con Lola, que era una
morocha exquisita, me tocaron el amor propio asegurando que yo no podía
escribir un tango que ella pudiera cantar con éxito. Siguió la jarana y, ya de
madrugada, nos retiramos todos. Me acosté y estaba por dormirme cuando me
acordé del desafío.
¿Y allí mismo escribió su tango?
Inmediatamente. Eran las cinco, y yo me senté al piano. A
las seis y media había compuesto la pieza. Una hora después estaba en casa de
mi amigo Ángel Villoldo pidiéndole que escribiera la letra. A las diez de la
mañana, letra y música estaban de acuerdo y, al mediodía ambos visitábamos a
Lola.
¿Para ejecutarle el nuevo tango?
Así fue. Lo aprendió de memoria, lo ensayó y esa noche, en
presencia de toda aquella barra memorable, ella misma lo cantó por primera vez.
¡Todo un triunfo!
Absoluto. Fue repetido ocho veces, entre los aplausos de la
concurrencia, y el diputado Rivas envió a Lola 200 pesos como premio por su
éxito.
¿Y después?
Se lo llevé a don Luis Rivarola, que era el principal editor
de música. Él lo hizo imprimir y, un mes después, todo Buenos Aires lo cantaba,
como creo jamás fue cantado tango alguno. Fue un triunfo inesperado, y pocas
veces me sentí tan feliz como entonces.»
Señalemos que Héctor y Luis Bates, a partir de una
entrevista de 1935 con Saborido, reseñada en su Historia del Tango, sitúan el
nacimiento de "La Morocha", en la navidad de 1905.
En torno a las condiciones de edición del tango, las
versiones son contradictorias. De nuevo Lafuente, basándose en Crítica, afirma:
«Inmediatamente de componerlo, lo llevó a la editorial Rivarola y cedió sus
derechos de autor al editor. Este le retribuyó regalándole un piano y además se
hizo cargo de un viaje que hizo nuestro hombre a Montevideo.» Pero los Bates,
por su parte, denuncian: «Editado por Rivarola, se vendieron 280.000 ejemplares
a $ 0,70 cada uno. Sin embargo, a Saborido "La Morocha" no le produjo
ni un solo centavo. ¡Absurdo, inconcebible pero exacto! A la casa Odeón se
presentó un individuo atribuyéndose derechos que nadie le había dado,
manifestando que, muerto Saborido (?), él era el único autorizado para disponer
del tango. Grabado primeramente por la señora de Gobbi, y después de aquella
"autorización" por casi todas las orquestas e intérpretes, cobró
todos los derechos el supuesto albacea. Al autor le quedó la gloria.»
Lo cierto es que, en cualquier caso, Saborido estuvo muy
lejos de obtener con "La Morocha" un beneficio proporcional al
descomunal nivel de difusión del tango.
Villoldo murió en 1919. Saborido, en 1941. En distintos
momentos, los dos llegaron a viajar a Europa y obtener, al menos, la
satisfacción de ver su tango divulgado internacionalmente. Porque "La
Morocha" está considerada la primera partitura de tango de exportación, la
primera que cruzó el Atlántico, pocos meses después de su edición original,
alrededor de 1906. »La fragata Sarmiento realizaba su segundo viaje a Europa
-dicen los Bates-, y se llevó 1000 ejemplares del tango, dejándolos en todos
los puertos de su ruta.»
Además de la original y consagrada, Villoldo produjo otras
letras sobre la música de "La Morocha", que tuvieron grabaciones
suyas o de su compadre Alfredo Gobbi (padre). Para empezar, existe una ligera
adaptación para intérprete masculino, de la que los dos intérpretes dejaron
versiones. Esta letra reemplaza "Yo soy la morocha" por "Tengo
una morocha" y, sistemáticamente, la primera persona por la tercera
persona, sin otras modificaciones esenciales.
Pero, también, Villoldo empleó la música de ese tango para
escribir y grabar "La suba de alquileres", jocoso ruego del locatario
al dueño del inquilinato, que es una encendida protesta contra los aumentos.
Por su parte, Gobbi cantó y llevó al disco "Los mamertos", con la
misma música, que es el remoto antecedente de "De puro curda" y de
los muchos tangos de esa línea temática.
Volviendo a la letra original, en trabajos de Eduardo Romano
y de Ricardo Ostuni, hay referencias a una posible fuente de inspiración. Estos
autores señalan que a principios de 1905, es decir, antes del nacimiento de
este tango, la revista Caras y Caretas publicó un poema titulado La morocha, de
Francisco Aníbal Riu, que dice: "Yo soy la gracia argentina/con mi garbo
de morocha/la que un poema derrocha/de flores cuando camina...". Las
coincidencias son más que sugestivas.
Entre las cantantes que grabaron "La Morocha",
además de las mencionadas, destaquemos a la olvidada pionera Linda Thelma y a
la legendaria Lola Membrives. Ada Falcón lo grabó en dos ocasiones con la
orquesta de Francisco Canaro: como vocalista y como solista. También lo
registraron, en distintas épocas, Mercedes Simone, Libertad Lamarque, Virginia
Luque y Lolita Torres. En versiones instrumentales, lo grabaron las orquestas
de Juan D' Arienzo y de Carlos Di Sarli.
El propio Saborido intentó, sin demasiada suerte, reeditar
el éxito de "La Morocha", con un nuevo tango titulado "La hija
de la Morocha".
No es el único tango vinculado al que nos ocupa. Alrededor
de 1906 fue editada una pieza que lleva los siguientes títulos: "Yo soy la
Rubia", Tanguito criollo. Retruque de "La Morocha". Quizás la
principal curiosidad es que letra y música fueron escritas por una mujer, con
título nobiliario: la baronesa Eloísa D'Herbil de Silva. Ricardo Ostuni reconstruyó,
a través de diversas fuentes, la historia de esta singular figura. Era hija del
barón francés Joseph D'Herbil y la duquesa de Portugal Raquel Angel de Cadia y
nació en Cuba, en 1852, vivió en la Argentina desde la infancia y fue pianista
y compositora. Sus versos, inspirados en los de "La Morocha",
introducen la variante de la picardía: "Yo soy la rubia gentil/la de los
cabellos oro/la que conserva un tesoro/en su lánguido mirar./Yo soy la rubia
ideal/la que soñando la vida/a sus placeres convida/con su risa
angelical./Tengo la gracia de la porteña/tengo de la francesa todo su chic/de
la española tengo el salero/y de la rubia inglesa su dulce flirt./Soy cariñosa,
soy hacendosa/y sé hacer unas cosas!/que sí que no./Cantar, bailar, coser,
bordar y un mate amargo también cebar...
LA MOROCHA Tango 1905 Música: Enrique Saborido Letra: Ángel Villoldo
Yo soy la morocha,
la más agraciada, la más renombrada de esta población. Soy la que al paisano muy de madrugada
brinda un cimarrón.
Yo, con dulce acento,
junto a mi ranchito, canto un estilito con tierna pasión, mientras que mi dueño sale al trotecito en su redomón.
Soy la morocha argentina,
la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño.
Yo soy la morocha
de mirar ardiente, la que en su alma siente el fuego de amor. Soy la que al criollito más noble y valiente ama con ardor.
En mi amado rancho,
bajo la enramada,
en noche plateada,
con dulce emoción, le canto al pampero, a mi patria amada y a mi fiel amor.
Soy la morocha argentina,
la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño.
Un día como hoy...3 de febrero... pero de 1913...nacía
SABINA OLMOS.
...........................
Semblanza de NESTOR PINSON
publicada en la página webb TODOTANGO
CANCIONISTA, ACTRIZ 3 de febrero de 1913 - 14 de enero de 1999
Nombre completo: Rosa Herminia Gómez
El diario del día 15 de enero de 1999, daba la noticia en la
sección espectáculos: «Murió ayer a los 85 años Sabina Olmos, actriz
inolvidable. Tenía una depresión aguda. Se arrojó por una ventana de su
departamento. Había trabajado en cerca de treinta películas. Supo ponerle su
fibra a los más variados papeles.Empezó cantando folklore y tango». El hecho
ocurrió apenas pasadas las seis de la mañana, cuando llevaba casi 20 años peregrinando
por un trabajo. Se había ilusionado cuando, en 1992, un director de cine la
eligió para un papel en una película que resultó un preanunciado fracaso. Entre
corridas y desatinos, pretendidamente humorísticos, aparecía su figura de mujer
avejentada, entristecida, paralítica y muda en un sillón de ruedas.
Nació en el barrio de Balvanera frente a la estación
ferroviaria "11 de Septiembre" y ya, en el colegio, la destacaban
para cantar en las reuniones festivas.
A los 21 años trabajaba en una tienda del centro y alguien
conocedor de sus virtudes, la presenta a Amanda Ledesma, por cuya gestión llega
a Radio Buenos Aires. Le proponen cantar folklore porque había muchas
cancionistas de tango. Sabía solamente un tema, pero la buena predisposición de
los hermanos Acosta Villafañe, excelente dúo de reconocido éxito por entonces,
solucionan la carencia.
Al poco tiempo, escala un peldaño cuando pasa a Radio
Splendid, donde Rosa Gómez se convierte en Sabina Olmos. Actúa en muchas
emisoras e incorpora más tangos a su repertorio.
Finalmente, en 1938, inicia su etapa más importante: el
cine. Participa en cuatro películas: "El casamiento de Chichilo", con
la presencia del cantor Héctor Palacios, donde canata sólo un tema, pero no
actúa. Tenía un carácter caprichoso y ya se vislumbraba su personalidad de
diva.
Tuvo un rápido ascenso que le permitió conquistar al
cantor-galán más cotizado en aquel momento: Fernando Borel.
Su segundo film fue "La rubia del camino", de
Manuel Romero. La protagonista era Paulina Singerman. Actúa y canta
"Muchachita del campo" (de Francisco Lomuto y Manuel Romero). Unos
meses más tarde, otra película de Romero: "Mujeres que trabajan" y, a
fines de ese año 1938, "Los apuros de Claudina", donde canta un tema.
Su consagración es al año siguiente, cuando Romero presenta
otro de sus productos: "La vida es un tango", es la protagonista
junto a Hugo del Carril. Canta "Mi noche triste",
"Milonguita", "La morocha", "Pero hay una melena"
y a dúo: "La payanca", "No me vengas con paradas" y, en la
escena final, "Aquel tapado de armiño".
Pocos meses más tarde llega la versión para el cine de la
exitosa y siempre recordada comedia teatral de Malfatti y De Las Llanderas,
"Así es la vida", dirigida por Francisco Mujica, con las actuaciones
de Enrique Muiño y Elías Alippi.
La Municipalidad de Buenos Aires le entrega el premio a la
mejor actriz dramática de reparto. La actriz supera largamente a la
cancionista. Actuó en cerca de 25 películas y, en una de ellas, "Carnaval
de antaño", también de Manuel Romero, estrenada en 1940, forma dúo con Charlo.
Es el comienzo de su relación amorosa con el famoso cantor, que recién se
legaliza en 1952, cuando se casan.
Dos intervenciones mas para destacar: en 1941 "Yo
quiero ser bataclana", una excelente comedia musical, al estilo
norteamericano, con pegadizas melodías cantadas por sus protagonistas, buenas
coreografías y un obvio argumento romántico. La acompañaban Juan Carlos Thorry,
Alicia Barrie, la orquesta de Juan D'Arienzo y la inclusión, forzada, de Nini
Marshall, cuya carrera de actriz comenzaba y era necesario promover, su
presencia entorpece los aires plácidos de la comedia. Los temas musicales
centrales son "Dime mi amor" y el vals "Tres recuerdos",
ambos llevados al disco por Sabina (son sus primeras grabaciones). Finalmente,
actúa en la primera experiencia como director de cine de Hugo del Carril:
"Historia del 900", donde canta el vals "Rosa de abril".
Como cancionista unas pocas grabaciones en el país, escasas
presentaciones radiales y algunas presentaciones teatrales. Hizo largas giras
por el exterior, a partir del año 1947 junto a Charlo. Y, desde 1955,
intensificó las mismas después de la caída del gobierno del General Perón.
Residió dos años en España (donde graba), pasó por Portugal y recorrió toda
América, realizando algunas placas en Colombia y Brasil.
En Argentina grabó 12 títulos, acompañada por una orquesta
dirigida por Charlo, quien también ejecutaba acordeón. Juntos grabaron cinco
dúos vocales. También han quedado tomas radiales con temas que no figuran en su
discografía: "Amor de mis amores", "Cuando cuentes la historia
de tu vida", "Lluvia sobre el mar", "Pobre negra",
"Patio mío", "La barranca", "Sin ella" y
"Poema de la despedida", entre otros.
Fue una cantante interesante, pero que no llegó a la altura
de las grandes voces femeninas de su época. Sólo despierta curiosidad entre los
coleccionistas.
El final de su vida fue azaroso, lleno de viscicitudes,
termina su relación con Charlo en 1969, y su ocaso transcurre en la pobreza y
el olvido, hasta su trágica determinación.
Un día como hoy.... 18 de noviembre... pero de 1880... nacía
JUAN "PACHO" MAGLIO
…………………………….....
Biografía de ROBERTO SELLES y NESTOR PINSON
publicada en la página webb TODOTANGO.
............................
BANDONEONISTA, DIRECTOR, COMPOSITOR
18 de noviembre de 1880 - 14 de julio de 1934
Nombre completo: Juan Félix Maglio
Corrían los años '10. La frase solía oírse comúnmente en los
comercios de venta de discos: "Déme un pacho". El comerciante comprendía
sin más explicación; acababan de pedirle un disco.
Visto desde nuestros días, parecería una jerga extraña, pero
en aquellos tiempos resultaba de lo más sencillo, tal era el éxito de venta de
las grabaciones de la orquesta que dirigía Juan Maglio, al que apodaban “Pacho”,
que esta palabrita pasó a ser sinónimo de disco.
Sin duda, Juan Maglio “Pacho”, fue uno de los más
importantes músicos que continuaron a la Guardia Vieja, junto con Eduardo
Arolas, Genaro Espósito y Vicente Greco, todos pioneros en la difusión y
popularidad del tango.
Fue el primer bandoneonista que llevó al disco solos de
bandoneón con el tango "La sonámbula" (de Pascual Cardarópoli) y la
mazurca "La morocha" (de Gerardo Metallo).
Dueño de una técnica depurada imprimió a sus formaciones
orquestales un estilo delicado, con una cadencia rítmica que lo llevó a ser el
preferido del público a la hora de comprar discos.
Juan Félix Maglio vino al mundo el 18 de noviembre de 1880,
en el hogar que habían establecido en Palermo Pantaleón Maglio, italiano, y
Carmen Dodero, argentina, emparentada con los célebres navegantes de aquel
origen. La descendencia se completaba con Tino, María Juana, Roque, Justina,
Carmen y Carlos, al que apodaban Pucho y fue también bandoneonista, autor de
tangos como "Quilmes" y "La Paternal".
El bandoneón atrajo a Pacho desde pequeño, cuando ya la
familia se había trasladado a Boedo y oía tocar a su padre ese instrumento alemán
que nada tenía que ver con un inmigrante italiano, pero que pronto se convertiría
en el más típico con que cuenta el tango. A veces, solía tocarlo a escondidas,
y ésta no era su mayor travesura, de allí que don Pantaleón lo llamara “Pazzo”,
loco en italiano.
«Mis compañeros de juego —contaba en un reportaje de Héctor
y Luis Bates— no podían pronunciar correctamente aquella palabra y les salía “pacho”.
Poco a poco se fue divulgando el sobrenombre y así continuaron llamándome,
hasta que el tiempo se encargó de confirmarlo, llegando a conocerse más que mi
verdadero nombre de pila.»
Maglio se inició con un pequeño instrumento de 13 voces,
regalo de su padre. Más tarde, cuando comenzó el aprendizaje formal del
instrumento, pasó a otro de 35 voces. Su profesor fue Luis Almeida, que tenía
el seudónimo de “El Negro Cototo”. Sucesivamente fue pasando a instrumentos de 44,
52, 65 y 71 teclas, hasta llegar al de 75 voces en su consagración.
En 1898, a
los 18 años, comenzó a tomar lecciones con Domingo Santa Cruz —el autor de "Unión
Cívica"— y un año más tarde debutaba en el café El Vasco, de Barracas, con
un trío completado por Julián Urdapilleta en violín y, en guitarra, Luciano Ríos,
nombre ligado durante muchos años a las formaciones de Pacho. Alrededor de 1903,
formó un cuarteto con Luis Guerrero (violín), José Guerrero (flauta) y el infaltable
Luciano Ríos pulsando su viola bordonera.
En 1910 tocó por primera vez en el legendario café La
Paloma, por cuyo veredón (avenida Santa Fe frente al arroyo Maldonado, hoy
entubado y subterráneo sobre el cual va la avenida Juan B. Justo), "en las
noches brumosas, se pasean las sombras de Tito, Arolas y Bardi", como
imagina Cadícamo en "A pan y agua".
Con menos poesía, digamos que el local era tan concurrido
por las ratas, que Pacho y sus músicos parecían una versión moderna y aumentada
del flautista de Hamelin. Cuando los integrantes del conjunto se negaron a
seguir tocando en tales condiciones, el propietario corrió a los roedores, y
los músicos se encargaron de atraer una nada despreciable cantidad de público.
De La Paloma, el cuarteto pasó al café Garibotto (Pueyrredón
y San Luis), al Ambos Mundos (Paraná casi Corrientes), al La Morocha (Carril y
Corrientes) y seguramente a otros sitios, hasta volver, en 1912, a La Paloma, ahora ya con un éxito
estruendoso, y sin ratas. Fue allí donde el conjunto fue contratado para grabar
en Columbia y se transformó en lo que, pomposamente, se denominó Orquesta Típica
Criolla Juan Maglio "Pacho"; integrada por apenas cuatro músicos —¡pero
qué músicos!— José "Pepino" Bonano (violín corneta), Carlos "Hernani"
Macchi (flauta), Luciano Ríos (guitarra de siete cuerdas) y, por supuesto,
Pacho en el bandoneón. La venta de discos y la fama del bandoneonista, uno de
los mayores de aquellos días, eran ya imparables.
Cuarteto Juan Maglio "Pacho".
De izquierda a
derecha: Juan Maglio (bandoneón), Luis Suarez (piano), José Bonano (violín) y
Carlos Macchi (flauta).
Fue en ese mismo año cuando Pacho se inició en la composición.
Su primer tango se tituló "El zurdo". Luego vendrían "Quasi nada"
(subtitulado "El combate"), "Armenonville", "Jeanne",
"Un copetín", "Adelita", "Sábado inglés", "Royal
Pigall" (retitulado, con letra posterior de José González Castillo, "¡Qué
has hecho de mi cariño!"), "Cielito", "¡Tomá mate!", "Chile",
"Ando pato", "La Guardia Vieja", "Tacuarí" y
muchos otros pertenecientes a su primera etapa.
A ellos deben sumarse los compuestos en los días del "tango-canción":
"Llegué a ladrón por amarte" (con letra propia), "La chacarera"
(a medias con José Servidio y con letra de Juan Andrés Caruso), "Tango
Argentino" (con Alfredo Bigeschi), "A media noche", "Copen
la banca" (ambos con Enrique Dizeo), "El curdela" (con Jorge
Luque Lobos), "El llorón" (antiguo tango que recopiló e hizo
versificar por Enrique Cadícamo), y otros. También fueron sumamente populares
sus valses "Orillas del Plata", "María Esther", "Horas
de hastío", "Copo de nieve" y "Violetas", entre otros.
En 1920, organizó su nueva orquesta, acorde con los tiempos
que corrían, integrada por él, Rafael Rossi y Nicolás Primiani (bandoneones),
Benito Juliá, Salvador Viola y "El Pibe" Rossi (violines), Juan
Carlos Ghio (piano) y José Galarza (flauta y batería). En 1929, en la fila de
bandoneones aparecía un jovencito de apenas 15 años llamado Aníbal Troilo, que
con el tiempo daría bastante que hablar. Sin embargo, los días gloriosos de
Pacho se habían ido, como aquel tango canyengue y bravío de la Guardia Vieja
que supo interpretar como los mejores. No obstante, en sus últimos años
continuaba actuando con el ahínco de su juventud, al frente de sus formaciones
finales, un sexteto al estilo antiguo —uno de cuyos violines era tocado nada
menos que por Elvino Vardaro— y el Trío Pacho, integrado por tres bandoneones
junto a los hermanos José y Luis Servidio. Más tarde, en 1929, el trío vuelve a
formarse con los bandoneones de Federico Scorticati, Gabriel Clausi y Ernesto
Di Cicco, actuando "Pacho" únicamente como director.
Una curiosidad se da a partir de 1930 cuando forma un
conjunto para interpretar música paraguaya, exclusivamente polcas, la mayoría
de las cuales lleva títulos en guaraní y fueron firmadas por el propio Maglio,
o con el seudónimo Oglima, que era su apellido al revés.
A lo largo de su carrera grabó casi 900 temas, la gran mayoría
instrumentales, cuando recurrió a los cantores estos solamente actuaron como
estribillistas. Es excluyente la labor de Carlos Viván, la voz más destacada en
su orquesta. Las demás voces no tuvieron trascendencia, pero podemos destacar
los nombres del bandoneonista Ángel Ramos, la del baterista y flautista José Galarza
y alguna intervención de Luis Scalon, famoso vocalista que actuó muchos años en
Europa difundiendo nuestro tango. Tres meses antes de sus fallecimiento, el 17
de abril de 1934, llega al disco por última vez para el sello Odeón. Grabó la ranchera
"Que esperanza", de su autoría y el vals "Recordándote", de
Garardo Metallo.
Sus últimas apariciones fueron por Radio Belgrano en 1934. Poco
después, fue internado en el Hospital Ramos Mejía, donde los Bates lograron
entrevistarlo para su Historia del tango casi por milagro; tres días más tarde,
se marchaba de la vida. Fumador impenitente, solía consumir entre cinco y seis
atados de cigarrillos negros diarios.
El 14 de julio de 1934, de regreso en su casa, Bulnes 948,
ya perdidas las esperanzas, sus pulmones dijeron basta. En su mesa de trabajo,
quedaban varios tangos inéditos, que no había alcanzado a titular, como si no
hubiera querido poner el punto final a una existencia consagrada al tango. Y
puede decirse que el tango lo eternizó.