Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
Tango 1922 Música: Manuel
Jovés Letra: Antonio Viergol
Loca me llaman
mis amigos,
que sólo son
testigos
de mi liviano
amor. Loca, ¿qué saben lo que
siento, ni qué
remordimiento se oculta en mi
interior?
Yo tengo, con
alegrías,
que disfrazar mi
tristeza, y que hacen de mi
cabeza las pesadillas
huir. Yo tengo que
ahogar en vino la pena que me
devora. Cuando mi corazón
llora, mis labios deben
reír.
Yo, si a un
hombre lo desprecio,
tengo que
fingirle amores; y admiración,
cuando es necio; y si es cobarde,
temores. Yo que no he
pertenecido al ambiente en
que ahora estoy, he de olvidar lo
que he sido y he de olvidar
lo que soy.
Loca me dicen mis
amigos,
que sólo son
testigos de mi liviano
amor. Loca, ¿qué saben lo que
siento, ni qué
remordimiento se oculta en mi
interior?
Allá muy lejos,
muy lejos,
donde el sol cae
cada día, un tranquilo
hogar había y en el hogar
unos viejos. La vida y su
encanto era una muchacha que
huyó sin decirles
dónde fuera, y esa muchacha
soy yo.
Hoy no existe ya
la casa,
hoy no existen ya
los viejos hoy la muchacha
muy lejos, sufriendo la vida
pasa. Y al caer todos
los días en aquella tierra
el sol, caen con él mis
alegrías y muere mi
corazón.
Un día como hoy... 14 de diciembre... pero de 1900... nacía
JUAN D’ARIENZO. ..................................
Semblanza escrita por JOSE GOBELLO
publicada en TODOTANGO.
Originalmente
publicado en "Tango y Lunfardo" Nº 132, Año XIV, Chivilcoy, 16 de
setiembre de 1997. Director: Gaspar J. Astarita.
DIRECTOR Y VIOLINISTA.
14 de diciembre de 1900 – 14 de enero de 1976
En 1936 irrumpe
victorioso Juan D’Arienzo en el disputado territorio de la popularidad. Acababa
de cumplir 35 años, uno menos que Julio De Caro -estilísticamente ubicado en el
otro extremo del espectro musical del tango- era estrella desde 1924 y
D’Arienzo comenzó a serlo cuando Pablo Osvaldo Valle lo llevó a la flamante
radio El Mundo. Lo cual no quiere decir, de ninguna manera, que D’Arienzo fuera
un tanguista tardío. Como casi todos los musicantes de aquellos tiempos se
inició en el tango de chiquilín. Con Ángel D’Agostino al piano, el
bandoneonista Ernesto Bianchi -por apodo, Lechuguita- y Ennio Bolognini
-hermano de Remo y de Astor- tocó, de muy chico, en teatritos de tres al cuatro.
Su primera actuación memorable, que el mismo no memora bien, data de 1919. El
25 de junio de aquel año, la compañía Arata-Simari-Franco estrenó, en el teatro
Nacional, la pieza cómica de Alberto Novión "El cabaret Montmartre".
D’Arienzo Había nacido el 14 de diciembre de 1900 en el barrio porteño de
Balvanera. Moriría el 14 de enero de 1976, en un reportaje del año 1949 El
tango es para las orquestas, reportaje a Juan D'Arienzo, por Andrés Muñoz, en
Aquí Está, Buenos Aires, 5 de mayo de 1949. Donde Muñoz puso El Morocho, debe
leerse El Mocho., dijo que el tocó en aquel estreno: "Con D’Agostino y yo
en el violín tomamos parte en el estreno del sainete de Alberto Novión "El
cabaret Montmartre"/.../. En la obra aparecía una pequeña orquesta típica,
dirigida por nosotros, y que acompañaba a Los Undar’s, famosa pareja de baile
integrada por la Portuguesa y El Morocho, dos ases del tango canyengue". El doctor Luis Adolfo Sierra ha establecido, empero, que en el estreno de
aquella pieza tocó la orquesta de Roberto Firpo. Cuando ésta (Firpo, al piano;
Cayetano Puglisi, al violín; Pedro Maffia y Juan Bautista Deambroggio, a los
bandoneones, y Alejandro Michetti, a la bateria) se alejó el 1º de setiembre de
aquel año, fue reemplazada por la de D’Arienzo-D’Agostino Carta del doctor Luis
Adolfo Sierra al autor..
De allí en más,
D’Arienzo continuó vinculado al teatro. Acompañó, siempre con D’Agostino al
piano, a Evita Franco, que tenía su edad y cantaba bellamente tangos como Loca,
Entra no más o Pobre milonga; tañó su violín en la jazz de Frederickson y formó
luego una orquesta con D’Agostino, en la que este, naturalmente, tocaba el
piano; el otro violín lo hacía Mazzeo; en los bandoneones estaban Anselmo Aieta
y Ernesto Bianchi, y Juan Puglisi en el contrabajo.
Cuando D’Agostino
hizo rancho aparte, lo reemplazó Luis Visca, que por aquellos años componía
"Compadrón". Aquel era un sexteto.
Y llegamos a
1935, que es un año clave en la performance de D’Arienzo; que es el año en que
realmente aparece el D’Arienzo que todos recordarnos. Eso ocurre cuando se
incorpora a su orquesta Rodolfo Biagi, un pianista que había tocado con Pacho,
que había acompañado a Gardel en algunas grabaciones, que había tocado también
con Juan Guido y con Juan Canaro. D’Arienzo actuaba por entonces en el
Chantecler. La incorporación de Biagi significó el cambio de compás de la
orquesta de D’Arienzo, que pasó del cuatro por ocho al dos por cuatro; mejor
dicho, retornó al dos por cuatro, al compás rápido y juguetón de los tangos
primitivos.
Cuando Biagi lo
abandonó en 1938 para formar su propia orquesta, D’Arienzo ya se había
identificado para siempre con el dos por cuatro. Frente al ritmo marcial de
Canaro, a la trivialidad un tanto murguística de Francisco Lomuto, a los
arrestos sinfonistas de De Caro, D’Arienzo aportaba al tango un aire fresco,
juvenil y vivificador. El tango, que había sido un baile alardoso, provocativo,
casi gimnástico, se vio un día convertido, al decir de Discépolo, en un
pensamiento triste que se puede bailar... Se puede... El baile había pasado a
ser subsidiario hoy; sólo que entonces había sido desplazado por la letra y por
los cantores y ahora lo es por el arreglo. Y bien: D’Arienzo devolvió el tango
a los pies de los bailarines y con ello hizo que el tango volviera a interesar
a los jóvenes. El "rey del compás" Este apodo se lo aplicó Príncipe
cubano (Angel Sanchez Carreño), animador del cabaret Chantecler. se convirtió
en el rey de los bailes, y haciendo bailar a la gente ganó mucho dinero, que es
una linda forma de ganarlo.
Los tangófilos
menosprecian a D’Arienzo. Lo consideran una suerte de demagogo del tango. Pero
D’Arienzo -como ha señalado muy bien José Luis Macaggi- hizo posible ese
renacimiento del tango que ha dado en llamarse “la década del cuarenta” una década
que es para el tango algo así, mutatis mutandis, lo que el siglo de oro para la
literatura española.
Es claro que el
tango no comienza en 1940. Tampoco los tanguistas de 1940 son más importantes
que los de 1910 o 1920 (como Cervantes no fue más importante que Berceo o que
el rey Alfonso). A veces se niega, con criterio entre esteticista y
estetizante, a Canaro, a Contursi, a Azucena Maizani, a Luis Roldán, a los
pioneros, a los que pusieron, bien o mal, los cimientos sobre los que se ha
edificado el complicado edificio del tango. Piazzolla se ha quejado alguna vez
de que siempre se toca la música de los muertos... ¡Por Dios! Es como quejarse
porque los chicos de las escuelas leen a Miguel Cané y a José Hernández.
Una vez que tuvo
éxito con el nuevo compás, que encandiló a los bailarines del Chantecler y que
la radio El Mundo difundió en todo el país, D’Arienzo comenzó a teorizar sobre
si mismo.
Ignoro si el
merito de D’Arienzo consistió inicialmente en sugerir, en proyectar o meramente
en dejar hacer. Tampoco vale la pena demorarse en denigrar las concesiones
lamentables que el maestro hizo a la chabacanería, en composiciones tan
ordinarias como "El tarta" o "El hipo". Mejor olvidar todo
eso. En todo caso, esa chabacanería algún paralelismo guardaba con el tono
original del tango, con la impronta plebeya que los compadritos pusieron al
tango en las academias, en los cafés de camareras, en los bailes del Politeama
y del Skating Ring, vale la pena, en cambio, detenerse en las teorizaciones
d’arienzanas.
Orquesta Juan
D'Arienzo
En 1949 decía
D’Arienzo: "A mi modo de ver, el tango es, ante todo, ritmo, nervio,
fuerza y carácter. El tango antiguo, el de la guardia vieja, tenía todo eso, y
debemos procurar que no lo pierda nunca. Por haberlo olvidado, el tango
argentino entró en crisis hace algunos años. Modestia aparte, yo hice todo lo
posible para hacerlo resurgir. En mi opinión, una buena parte de culpa de la
decadencia del tango correspondió a los cantores. Hubo un momento en que una
orquesta típica no era más que un simple pretexto para que se luciera un
cantor. Los músicos, incluyendo al director, no eran mas que acompañantes de un
divo más o menos popular. Para mi, eso no debe ser. El tango también es música,
como ya se ha dicho. Yo agregaría que es esencialmente música. En consecuencia,
no puede relegarse a la orquesta que lo interpreta a un lugar secundario para
colocar en primer plano al cantor. Al contrario, es para las orquestas y no
para los cantores. La voz humana no es, no debe ser otra cosa que un
instrumento más dentro de la orquesta. Sacrificárselo todo al cantor, al divo,
es un error. Yo reaccioné contra ese error que generó la crisis del tango y
puse a la orquesta en primer plano y al cantor en su lugar. Además, traté de
restituir al tango su acento varonil, que había ido perdiendo a través de los
sucesivos avatares. Le imprimí así en mis interpretaciones el ritmo, el nervio,
la fuerza y el carácter que le dieron carta de ciudadanía en el mundo musical y
que había ido perdiendo por las razones apuntadas. Por suerte, esa crisis fue
transitoria, y hoy ha resurgido el tango, nuestro tango, con la vitalidad de
sus mejores tiempos.
Mi mayor orgullo
es haber contribuido a ese renacimiento de nuestra música popular." Nota
citada de la revista Aquí Está.
Esto es lo que
decía D’Arienzo, a través de aquel gran periodista, de aquel maestro del
reportaje que fue Andrés Muñoz. Y bien: el mismo día que D’Arienzo decía esas
cosas, o casi el mismo día, Aníbal Troilo, con Edmundo Rivero, grababa "El
último organito". Allí el cantor estaba en primer plano y, sin embargo,
eso era tango puro, y en la más exigente antología sonora aquella bellísima
versión no debería estar ausente.
Por lo demás,
también D’Arienzo puso, a veces, al cantor en primer plano, y aunque lo hizo
correr a la velocidad de la orquesta, buscó un éxito adicional y menospreciable
en letras tan penosas como las nombradas o como "Chichipía" o
"El nene del Abasto".
En 1975, un mes
antes de su muerte, D’Arienzo volvió a teorizar: "La base de mi orquesta
es el piano. Lo creo irremplazable. Cuando mi pianista, Polito. se enferma, yo
lo suplanto con Jorge Dragone. Si llega a pasarle algo a éste no tengo
solución. Luego el violín de cuarta cuerda aparece como un elemento vital. Debe
sonar a la manera de una viola o de un cello. Yo integro mi conjunto con el
piano, el contrabajo, cinco violines, cinco bandoneones y tres cantores. Menos
elementos, jamás. He llegado a utilizar en algunas grabaciones hasta diez
violines"Reportaje difundido por la agencia Telam y tomado de La Voz del
Pueblo, Tres Arroyos, 23 de diciembre de 1975. Puesto que tanta importancia
atribuía el maestro al piano, no es superfluo dar aquí la nómina de sus
sucesivos pianistas: Alfonso Lacueva, René Cóspito, Vicente Gorrese, Nicolás
Vaccaro, Juan Polito, Luis Visca, Carlos Di Sarli, Lidia Fassoli, Cesar
Zagnolli, Rodolfo Biaggi, Juan Polito, Fulvio Salamanca, Juan Polito, Normando
Lazara (Di Sarli sólo actuó un mes, en el Chantecler, en 1934, en reemplazo de
Visca)..
Sin duda, los
resultados logrados por la orquesta de D'Arienzo no justificaban tanto derroche
instrumental, ni justificaban tener el primer violín a un artista como Cayetano
Puglisi. Con igual numero de instrumentos la orquesta de Troilo obtuvo, en
1946, ese prodigio de sonoridad que es la versión de Recuerdos de bohemia. Pero
esa es otra cuestión. Lo cierto es que, en 1975, en plena vanguardia, D’Arienzo
seguía sosteniendo que "sí los músicos retornaran a la pureza del dos por
cuatro, otra vez reverdecería el fervor por nuestra música y, gracias a los
modernos medios de difusión, alcanzaríamos prevalencia mundial"Reportaje
difundido por la agencia Telam y tomado de La Voz del Pueblo, Tres Arroyos, 23
de diciembre de 1975. Puesto que tanta importancia atribuía el maestro al piano,
no es superfluo dar aquí la nómina de sus sucesivos pianistas: Alfonso Lacueva,
René Cóspito, Vicente Gorrese, Nicolás Vaccaro, Juan Polito, Luis Visca, Carlos
Di Sarli, Lidia Fassoli, Cesar Zagnolli, Rodolfo Biaggi, Juan Polito, Fulvio
Salamanca, Juan Polito, Normando Lazara (Di Sarli sólo actuó un mes, en el
Chantecler, en 1934, en reemplazo de Visca)..
Volver al dos por
cuatro primitivo significa, sin embargo, borrar a Canaro, borrar a Cobián,
borrar a De Caro, borrar a todos los tanguistas del Cuarenta. ¿Vale la pena?
D’Arienzo, al fin
de su carrera, cultivó el estilo camp; por supuesto, sin saberlo y sin
proponérselo. La gente lo veía gesticular frente a los músicos y los cantores;
lo veía con simpatía, había algo de nostalgia y algo de burla. Por supuesto, el
compás de la orquesta se llevaba tras de si los pies de los bailarines. Y los
pies de los bailarines siguen yéndose con el compás cuando suenan los discos de
D’Arienzo, y su figura continua suscitando una gran simpatía. Se la merece por
lo que hizo por el tango al promediar la década de 1930.
Originalmente
publicado en "Tango y Lunfardo" Nº 132, Año XIV, Chivilcoy, 16 de
setiembre de 1997. Director: Gaspar J. Astarita.
Un día como hoy... 18 de octubre... pero de 1918 nacía DONATO RACCIATTI. ............................................. Biografía de ABEL PALERMO publicada en la página webb TODOTANGO.
BANDONEONISTA, DIRECTOR Y COMPOSITOR 18 de octubre de 1918 -27 de mayo de 2000.
Como dice el historiador Juan Carlos Legido, escribir la
historia de Racciatti es escribir parte de la historia uruguaya y del tango en
Uruguay a través de un período de más de cincuenta años. Yo le agrego, no sólo
del tango en esa república hermana, también el de ambas orillas del Río de la
Plata.
Su orquesta expresaba un tango clásico, sencillo, muy
rítmico, de poco valor musical pero tremendamente popular. Tenía un aire a
D'Arienzo y sus discos eran muy vendidos.
Nació en Chieti (Italia) y su inicio profesional se produce
como bandoneonista de radio en el año 1938.
En el año 1940 se incorpora a la orquesta Laurenz-Casella y
en 1945 es invitado a dirigir la formación que acompañaba al cantor Luis
Alberto Fleitas. Con el que llega al disco en nueve oportunidades.
Con esta última experiencia ganó en confianza y, en 1948,
forma su propia orquesta y un dato interesante, uno de sus bandoneonistas era
el joven Raúl Jaurena, actual director del New York Tango Trío, instalado desde
hace muchos años en esa ciudad.
El debut se produce en el Hotel Nogaró de Punta del Este,
aristocrático balneario a 100 km de Montevideo.
También integra el elenco
artístico de Radio Universal pero al poco tiempo pasa a Radio Sarandí, una de
las más importantes emisoras de aquel entonces.
Sus actuaciones logran un gran
suceso y es contratado por el sello Sondor donde registra el tango
"¿Conocen estos compases?" de Horacio Márquez y letra de Carlos Morín
y del otro lado, el candombe "El pregón del negrito" del propio
Racciatti en colaboración de Enrique Liste con versos de Enrique Soriano.
Realiza giras en el interior del Urugay y en Brasil y al
mejor estilo Canaro, se involucra con el teatro. Se asocia con los autores
Mario Rivero y Eduardo Casanovas para producir varias comedias musicales en los
escenarios de Montevideo.
Realizó varias temporadas en los teatros Artigas, 18
de Julio, Palacio Peñarol y un éxito imponente en el estadio Centenario de
fútbol con la comedia "Barrio, luna y tamboril".
La etapa más brillante de su orquesta fue entre los años
1953 y 1960, en al que se destacaban sus voces femeninas, primero la mejor
cancionista de su país: Nina Miranda, luego Olga Delgrossi quien actuó con él
durante siete años. Ambas vinieron después a la Argentina para continuar su
trayectoria artística.
La lista de cantores que pasaron por su orquesta es muy
grande. Podemos citar entre otros, además de las mencionadas Miranda y Delgrossi,
a Enrique Liste, Alfredo Cabral, Víctor Ruiz, Marisa Cortez, Alfredo Rivera,
Carlos Torres, Miguel Ángel Maidana, Elsa del Campo, Marcos Giral, los
argentinos Luis Correa, Juan Carlos Godoy, Alfredo Dalton, Osvaldo Rivas,
Néstor Real y para el final de este recuerdo la voz más importante de la banda
oriental, el gran Carlitos Roldán, luego de su paso por las grandes orquestas
de Osvaldo Fresedo, Francisco Canaro y Francisco Rotundo.
Donato Racciatti contribuyó a la vigencia del tango bailable
y popular, con tremendo éxito desde el punto de vista comercial y muy requerido
en toda América y en Japón.
Actuó en las principales radios de Buenos Aires y en los
canales 7 y 11 de televisión. También fue artista exclusivo en el escenario de
"Catedral del tango" y trabajó en el cabaret "Marabú",
donde sus figuras fueron, nada más ni nada menos, que Aníbal Troilo y Carlos Di
Sarli. Sus giras por el interior de la Argentina fueron innumerables, actuó en
casi todas las ciudades importantes del país.
Por último, quiero destacar su labor como compositor
prolífico y coherente con su idea musical. Fue un compositor de obras
sencillas, de melodías pegadizas, muy bien receptuadas por un público masivo que
bailaba tarareando las letras. La mayoría de estas letras eran intrascendentes
desde el punto de vista poético, con excepción de las elaboradas por ese buen
poeta uruguayo que fue Federico Silva. Baste recordar sus tangos
"Vencida", "Morocho y cantor", "Sin estrellas" y
el gran suceso que significó "Hasta siempre amor", grabado por el
maestro Carlos Di Sarli con la voz de Horacio Casares, por D'Arienzo con Jorge
Valdez y por Elsa Rivas con el acompañamiento de la orquesta de Juan José Paz,
entre los registros más conocidos. Otros temas suyos: "Tu corazón",
"Queriéndote", "Limosna de amor", con letra de Enrique
Soriano, "Murga de pibes" de Carmelo Imperio y Soriano y "Por la
misma senda", de Mario Battistella.
Murió a los ochenta y un años en la ciudad que tanto amó,
con el reconocimiento de un pueblo que lo venera por su compromiso permanente
con la música danzante y popular, no obstante sus limitaciones artísticas.