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jueves, 18 de abril de 2013

LIDIA BORDA, CLAUDINETTE



CLAUDINETTE
Tango 1942

Música: Enrique Delfino
Letra: Julián Centeya

Ausencia de tus manos en mis manos,
distancia de tu voz que ya no está...
Mi buena Claudinette de un sueño vano,
perdida ya de mí, ¿dónde andarás?

La calle dio el encuentro insospechado,
la calle fue después quien te llevó...
Tus grandes ojos negros, afiebrados,
llenaron de tiniebla mi pobre corazón.

Medianoche parisina
en aquel café-concert,
como envuelta en la neblina
de una lluvia gris y fina
te vi desaparecer.

Me dejaste con la pena
de saber que te perdí,
mocosita dulce y buena
que me diste la condena
de no ser jamás feliz.

Mi sueño es un fracaso que te nombra
y espera tu presencia, corazón,
por el camino de una cita en sombra
en un país de luna y de farol.

Mi Claudinette pequeña y tan querida,
de blusa azul y la canción feliz,
definitivamente ya perdida,
me la negó la calle, la calle de París.


                                                                                              

miércoles, 13 de marzo de 2013

HECTOR MAURÉ, CANTOR

Un día como hoy... 13 de diciembre... pero de 1920... nacía 
HECTOR MAURE.
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Semblanza de NESTOR PINSON
publicada en la página webb TODOTANGO.

El autor consultó el libro 
"Héctor Mauré, Cronología de su vida y trayectoria artística"
de Eduardo Visconti
Editorial Corregidor, Buenos Aires 1993.

CANTOR
13 de marzo de 1920 - 12 de mayo de 1976
Nombre real: Vicente José Falivene

Su más importante investigador, Eduardo Visconti, define así su estilo y su voz: «Su línea interpretativa era dramática y al mismo tiempo melódica. Una voz particular, de registro barítono atenorado, agradable timbre y clara dicción, voz potente, melodiosa y afinada, de corte gardeliano.»

Nació en el barrio de Palermo. Hijo de descendiente de italianos, su padre fue agente de policía, primero, y después obrero en una fábrica de mosaicos. Su madre era gallega, de Lugo, y era la encargada de la casa donde vivían. Tuvo una hermana menor que también incursionó en el canto, utilizando el seudónimo de Diana Rey y luego, como bolerista en la orquesta de Don Fabián, como Alba Morena.

El colegio duró lo necesario, a los 17 años tuvo que comenzar a trabajar en un taller mecánico de automóviles. En ese tiempo se manifiestan sus inclinaciones hacia dos disciplinas diametralmente opuestas, el boxeo y el canto. Tenía un físico llamativo y le gustaban los deportes. Los guantes los practicaba en el Boxing Club Colegiales, que quedaba muy cerca de su casa.

Desde 1933 a 1937, los pocos pesos que ganaba los hizo boxeando, hasta que un golpe lo hizo abandonar la actividad para dedicarse solamente el canto.

En 1936, por gestión de unos amigos, se presentó en el café "Río De La Plata", que quedaba frente al monumento al Cid Campeador, en la esquina de las avenidas Ángel Gallardo y Honorio Pueyrredón. Allí debutó usando el nombre Tito Falivene y estuvo actuando durante tres meses. Posteriormente cantó en un festival, que se desarrolló en el cine Argentino del barrio de Palermo, acompañado por las guitarras de Osvaldo Avena, Pablo Rechia y Antonio Ianigro.

En 1937, tiene la suerte de ser acompañado por la orquesta de Anselmo Aieta, en un local dentro de la Exposición Rural, en el predio que actualmente existe frente a Plaza Italia en Palermo.

En ese mismo año, continúa su carrera con la Orquesta Característica Porteña, dirigida por Dante Liguori. Al poco tiempo, participa del segundo concurso auspiciado por el jabón "Puloil", que se desarrollaba en Radio Belgrano y tenía 5000 inscriptos, de los cuales se seleccionaban las diez voces nuevas del año 1938. El concurso anterior lo había ganado el cantor Hugo Gutiérrez, siendo el segundo premio para Andrés Falgás.

La elección se definía con el voto de los oyentes que superaron los 200.000. A los participantes los acompañaban la orquesta de Juan Canaro y las guitarras de Vila, Ciaccio y Cortese.

Nuestro joven aspirante se presentó como Vicente Falivene y cantó dos tangos: "Lo han visto con otra" y "Confesión"; finalmente resultó ganador. El premio consistía en seis meses de actuación a 500 pesos por mes.

Como dato curioso, del resto de los seleccionados, sólo podemos destacar a Chola Luna y en un plano menor a Laurita Esquivel. El resto no trascendió.

Comenzó a estudiar y vocalizar en el conservatorio que había instalado Gabriel Clausi "El Chula", luego en la academia de los hermanos Rubistein. Hasta el año 1940 actúa en varias emisoras y luego se emplea en la bodega "La Superiora". En ese momento, disminuyen sus actuaciones por un breve período, donde podemos destacar su actuación, durante 15 días, junto a la orquesta de Alberto Pugliese (hermano de Osvaldo Pugliese).

A raíz del retiro del cantor Carlos Casares de la orquesta de Juan D'Arienzo, el director inicia una búsqueda para su reemplazo. La prueba se hizo en la sala "B" de Radio El Mundo, donde concurrieron numerosos aspirantes. Casi al final, le tocó el turno a nuestro cantor y, acompañado al piano por Fulvio Salamanca, ya cansado de tanto trajín, cantó el tango de Pedro Maffia y Celedonio Flores "La mariposa". Fulvio cansado al escucharlo se reanimó y miró hacia arriba, donde estaba D'Arienzo, entonces alentó al muchacho: «¡Dale pibe, que ya te compraste al maestro!».

Como era de suponer, el debut se produciría en el reducto habitual del director, el cabaret "Chantecler". En esa oportunidad comienza a utilizar su nombre artístico, Héctor, por Héctor Varela, primer bandoneón y arreglador de la orquesta y Mauré, pensando en la esposa de D'Arienzo, que se apellidaba Maure, sólo le agregó el acento.

El 12 de diciembre de 1940 hace su debut en el disco con el vals de Juan Carlos Gravis "Flor de mal", del otro lado "Esclavas blancas" de Horacio Pettorossi, cantado por Alberto Reynal. Su última grabación con D'Arienzo fue el 21 de julio de 1944, con el tango "Amarras" (de Carlos Marchisio y Carmelo Santiago), fueron en total 50 registros.

El primero de enero de 1945 comienza su labor como solista, actuando en Radio Belgrano, con orquesta propia dirigida por el bandoneonista Alberto Cima.

También actuó con los conjuntos de guitarras de José Canet y de Roberto Grela.

Su éxito era muy grande y prácticamente no hubo día que no tuviera trabajo, se presentó en todos los pueblos y también en Uruguay. A fines de 1949 es tentado por Juan Canaro y se embarca rumbo a Francia. Pero las desavenencias con el director llegaron antes que el debut. Regresó frustrado, pero con el saldo positivo de haber tomado unas clases con Andrés Huc Santana, que era el primer bajo de la Opera de París.

Se casó en 1953 con Susana Esther Bassini. Vivió en nuestra capital y unos años más tarde adquirió su casa propia en la ciudad de Ituzaingó (a unos 22 kilómetros del centro de Buenos Aires). Fue padre de tres hijas.

En septiembre de 1955, a raíz de la caída del gobierno del General Perón, del cual era adherente, fue marginado de todas las radios.

En 1960 comienza lentamente a desaparecer el tango de la radio y la televisión, las empresas son tentadas a dar paso a nuevos ritmos. De tantos sitios donde Mauré se presentó en ese entonces debemos recordar "El Rincón de los Artistas" de los hermanos Forastieri, reducto que defendió hasta las últimas consecuencias la difusión del tango y, donde además, Héctor Mauré debutara el 7 de noviembre de 1965 y fuera artista exclusivo hasta el 9 de mayo de 1976.

Tres días más tarde, imprevistamente, en su casa, un infarto al miocardio ponía fin a su existencia.

Dejó 293 grabaciones para los sellos Víctor, Orfeo, Columbia y Music Hall.

Además de los músicos ya mencionados, fue acompañado por las orquestas de Carlos Demaría, Juan Sánchez Gorio, Héctor Varela, Lito Escarso, Jorge Dragone, Leopoldo Federico y también un conjunto propio dirigido por Pascual Elía. En muchos casos ni figuraba el nombre de la orquesta en el disco, tal el caso de Héctor Varela que lo acompañó con un sexteto.

Como autor y compositor registró en SADAIC 26 temas, uno de ellos, el tango "Oro y diamantes", fue grabado por Juan D'Arienzo.

Como dato simpático y curioso, recordemos que su primer representante artístico fue el famoso comediante Fidel Pintos.

Sus interpretaciones de los tangos "Amarras", "Cicatrices" y "Cosas olvidadas" están impresas en la antología del mejor tango, por su voz cálida, su espíritu gardeliano y su impronta de porteño cabal.


El autor consultó el libro "Héctor Mauré. Cronología de su vida y trayectoria artística", de Eduardo Visconti, Editorial Corregidor, Buenos Aires 1993.

fuente: TODOTANGO.
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                               SAN JOSE DE FLORES

                              INFAMIA                                  
                              RÍE PÀYASO                          
                              COPA DE AJENJO                        
                              JAMAS LO VAS A SABER                         
                              UNO                         
                              CICATRICES - LILIAN                       
                              MAÑANA ZARPA UN BARCO                      
                              ORO Y DIAMANTES                         
                              CLAUDINETTE ( UNA VEZ MÁS..!!!!!!)                      
   SI TUVIERA VEINTE ABRILES con ROBERTO GRELA                       
                     NOSTALGIAS - con JORGE DRAGONE                               
                              CANZONETA - con guitarras                       
                              NINGUNA                        
                              CUATRO PALABRAS - VALS                       
                              LA SERENATA DE AYER                    
                              HUMILLACION                      
                                                                                   

viernes, 14 de diciembre de 2012

JUAN D'ARIENZO, DIRECTOR DE ORQUESTA 14-12

Un día como hoy... 14 de diciembre... pero de 1900... nacía 
JUAN D’ARIENZO.
.................................. 

Semblanza escrita por JOSE GOBELLO
publicada en TODOTANGO. 

Originalmente publicado en "Tango y Lunfardo" Nº 132, Año XIV, Chivilcoy, 16 de setiembre de 1997. Director: Gaspar J. Astarita.

Juan D'Arienzo
DIRECTOR Y VIOLINISTA.
14 de diciembre de 1900 – 14 de enero de 1976

En 1936 irrumpe victorioso Juan D’Arienzo en el disputado territorio de la popularidad. Acababa de cumplir 35 años, uno menos que Julio De Caro -estilísticamente ubicado en el otro extremo del espectro musical del tango- era estrella desde 1924 y D’Arienzo comenzó a serlo cuando Pablo Osvaldo Valle lo llevó a la flamante radio El Mundo. 
Lo cual no quiere decir, de ninguna manera, que D’Arienzo fuera un tanguista tardío. Como casi todos los musicantes de aquellos tiempos se inició en el tango de chiquilín. Con Ángel D’Agostino al piano, el bandoneonista Ernesto Bianchi -por apodo, Lechuguita- y Ennio Bolognini -hermano de Remo y de Astor- tocó, de muy chico, en teatritos de tres al cuatro. Su primera actuación memorable, que el mismo no memora bien, data de 1919. El 25 de junio de aquel año, la compañía Arata-Simari-Franco estrenó, en el teatro Nacional, la pieza cómica de Alberto Novión "El cabaret Montmartre". 

D’Arienzo Había nacido el 14 de diciembre de 1900 en el barrio porteño de Balvanera. Moriría el 14 de enero de 1976, en un reportaje del año 1949 El tango es para las orquestas, reportaje a Juan D'Arienzo, por Andrés Muñoz, en Aquí Está, Buenos Aires, 5 de mayo de 1949. Donde Muñoz puso El Morocho, debe leerse El Mocho., dijo que el tocó en aquel estreno: "Con D’Agostino y yo en el violín tomamos parte en el estreno del sainete de Alberto Novión "El cabaret Montmartre"/.../. En la obra aparecía una pequeña orquesta típica, dirigida por nosotros, y que acompañaba a Los Undar’s, famosa pareja de baile integrada por la Portuguesa y El Morocho, dos ases del tango canyengue". 
El doctor Luis Adolfo Sierra ha establecido, empero, que en el estreno de aquella pieza tocó la orquesta de Roberto Firpo. Cuando ésta (Firpo, al piano; Cayetano Puglisi, al violín; Pedro Maffia y Juan Bautista Deambroggio, a los bandoneones, y Alejandro Michetti, a la bateria) se alejó el 1º de setiembre de aquel año, fue reemplazada por la de D’Arienzo-D’Agostino Carta del doctor Luis Adolfo Sierra al autor..
 
De allí en más, D’Arienzo continuó vinculado al teatro. Acompañó, siempre con D’Agostino al piano, a Evita Franco, que tenía su edad y cantaba bellamente tangos como Loca, Entra no más o Pobre milonga; tañó su violín en la jazz de Frederickson y formó luego una orquesta con D’Agostino, en la que este, naturalmente, tocaba el piano; el otro violín lo hacía Mazzeo; en los bandoneones estaban Anselmo Aieta y Ernesto Bianchi, y Juan Puglisi en el contrabajo.

Cuando D’Agostino hizo rancho aparte, lo reemplazó Luis Visca, que por aquellos años componía "Compadrón". Aquel era un sexteto.

Y llegamos a 1935, que es un año clave en la performance de D’Arienzo; que es el año en que realmente aparece el D’Arienzo que todos recordarnos. Eso ocurre cuando se incorpora a su orquesta Rodolfo Biagi, un pianista que había tocado con Pacho, que había acompañado a Gardel en algunas grabaciones, que había tocado también con Juan Guido y con Juan Canaro. 
D’Arienzo actuaba por entonces en el Chantecler. La incorporación de Biagi significó el cambio de compás de la orquesta de D’Arienzo, que pasó del cuatro por ocho al dos por cuatro; mejor dicho, retornó al dos por cuatro, al compás rápido y juguetón de los tangos primitivos.

Cuando Biagi lo abandonó en 1938 para formar su propia orquesta, D’Arienzo ya se había identificado para siempre con el dos por cuatro. Frente al ritmo marcial de Canaro, a la trivialidad un tanto murguística de Francisco Lomuto, a los arrestos sinfonistas de De Caro, D’Arienzo aportaba al tango un aire fresco, juvenil y vivificador. El tango, que había sido un baile alardoso, provocativo, casi gimnástico, se vio un día convertido, al decir de Discépolo, en un pensamiento triste que se puede bailar... Se puede... El baile había pasado a ser subsidiario hoy; sólo que entonces había sido desplazado por la letra y por los cantores y ahora lo es por el arreglo. Y bien: D’Arienzo devolvió el tango a los pies de los bailarines y con ello hizo que el tango volviera a interesar a los jóvenes. El "rey del compás" Este apodo se lo aplicó Príncipe cubano (Angel Sanchez Carreño), animador del cabaret Chantecler. se convirtió en el rey de los bailes, y haciendo bailar a la gente ganó mucho dinero, que es una linda forma de ganarlo.

Los tangófilos menosprecian a D’Arienzo. Lo consideran una suerte de demagogo del tango. Pero D’Arienzo -como ha señalado muy bien José Luis Macaggi- hizo posible ese renacimiento del tango que ha dado en llamarse “la década del cuarenta” una década que es para el tango algo así, mutatis mutandis, lo que el siglo de oro para la literatura española.

Es claro que el tango no comienza en 1940. Tampoco los tanguistas de 1940 son más importantes que los de 1910 o 1920 (como Cervantes no fue más importante que Berceo o que el rey Alfonso). A veces se niega, con criterio entre esteticista y estetizante, a Canaro, a Contursi, a Azucena Maizani, a Luis Roldán, a los pioneros, a los que pusieron, bien o mal, los cimientos sobre los que se ha edificado el complicado edificio del tango. Piazzolla se ha quejado alguna vez de que siempre se toca la música de los muertos... ¡Por Dios! Es como quejarse porque los chicos de las escuelas leen a Miguel Cané y a José Hernández.

Una vez que tuvo éxito con el nuevo compás, que encandiló a los bailarines del Chantecler y que la radio El Mundo difundió en todo el país, D’Arienzo comenzó a teorizar sobre si mismo.

Ignoro si el merito de D’Arienzo consistió inicialmente en sugerir, en proyectar o meramente en dejar hacer. Tampoco vale la pena demorarse en denigrar las concesiones lamentables que el maestro hizo a la chabacanería, en composiciones tan ordinarias como "El tarta" o "El hipo". Mejor olvidar todo eso. En todo caso, esa chabacanería algún paralelismo guardaba con el tono original del tango, con la impronta plebeya que los compadritos pusieron al tango en las academias, en los cafés de camareras, en los bailes del Politeama y del Skating Ring, vale la pena, en cambio, detenerse en las teorizaciones d’arienzanas.

Orquesta Juan D'Arienzo






















Orquesta Juan D'Arienzo

En 1949 decía D’Arienzo: "A mi modo de ver, el tango es, ante todo, ritmo, nervio, fuerza y carácter. El tango antiguo, el de la guardia vieja, tenía todo eso, y debemos procurar que no lo pierda nunca. Por haberlo olvidado, el tango argentino entró en crisis hace algunos años. Modestia aparte, yo hice todo lo posible para hacerlo resurgir. En mi opinión, una buena parte de culpa de la decadencia del tango correspondió a los cantores. Hubo un momento en que una orquesta típica no era más que un simple pretexto para que se luciera un cantor. Los músicos, incluyendo al director, no eran mas que acompañantes de un divo más o menos popular. Para mi, eso no debe ser. El tango también es música, como ya se ha dicho. Yo agregaría que es esencialmente música. En consecuencia, no puede relegarse a la orquesta que lo interpreta a un lugar secundario para colocar en primer plano al cantor. Al contrario, es para las orquestas y no para los cantores. La voz humana no es, no debe ser otra cosa que un instrumento más dentro de la orquesta. Sacrificárselo todo al cantor, al divo, es un error. Yo reaccioné contra ese error que generó la crisis del tango y puse a la orquesta en primer plano y al cantor en su lugar. Además, traté de restituir al tango su acento varonil, que había ido perdiendo a través de los sucesivos avatares. Le imprimí así en mis interpretaciones el ritmo, el nervio, la fuerza y el carácter que le dieron carta de ciudadanía en el mundo musical y que había ido perdiendo por las razones apuntadas. Por suerte, esa crisis fue transitoria, y hoy ha resurgido el tango, nuestro tango, con la vitalidad de sus mejores tiempos.

Mi mayor orgullo es haber contribuido a ese renacimiento de nuestra música popular." Nota citada de la revista Aquí Está.

Esto es lo que decía D’Arienzo, a través de aquel gran periodista, de aquel maestro del reportaje que fue Andrés Muñoz. Y bien: el mismo día que D’Arienzo decía esas cosas, o casi el mismo día, Aníbal Troilo, con Edmundo Rivero, grababa "El último organito". Allí el cantor estaba en primer plano y, sin embargo, eso era tango puro, y en la más exigente antología sonora aquella bellísima versión no debería estar ausente.

Por lo demás, también D’Arienzo puso, a veces, al cantor en primer plano, y aunque lo hizo correr a la velocidad de la orquesta, buscó un éxito adicional y menospreciable en letras tan penosas como las nombradas o como "Chichipía" o "El nene del Abasto".

En 1975, un mes antes de su muerte, D’Arienzo volvió a teorizar: "La base de mi orquesta es el piano. Lo creo irremplazable. Cuando mi pianista, Polito. se enferma, yo lo suplanto con Jorge Dragone. Si llega a pasarle algo a éste no tengo solución. Luego el violín de cuarta cuerda aparece como un elemento vital. Debe sonar a la manera de una viola o de un cello. Yo integro mi conjunto con el piano, el contrabajo, cinco violines, cinco bandoneones y tres cantores. Menos elementos, jamás. He llegado a utilizar en algunas grabaciones hasta diez violines"Reportaje difundido por la agencia Telam y tomado de La Voz del Pueblo, Tres Arroyos, 23 de diciembre de 1975. Puesto que tanta importancia atribuía el maestro al piano, no es superfluo dar aquí la nómina de sus sucesivos pianistas: Alfonso Lacueva, René Cóspito, Vicente Gorrese, Nicolás Vaccaro, Juan Polito, Luis Visca, Carlos Di Sarli, Lidia Fassoli, Cesar Zagnolli, Rodolfo Biaggi, Juan Polito, Fulvio Salamanca, Juan Polito, Normando Lazara (Di Sarli sólo actuó un mes, en el Chantecler, en 1934, en reemplazo de Visca)..

Sin duda, los resultados logrados por la orquesta de D'Arienzo no justificaban tanto derroche instrumental, ni justificaban tener el primer violín a un artista como Cayetano Puglisi. Con igual numero de instrumentos la orquesta de Troilo obtuvo, en 1946, ese prodigio de sonoridad que es la versión de Recuerdos de bohemia. Pero esa es otra cuestión. Lo cierto es que, en 1975, en plena vanguardia, D’Arienzo seguía sosteniendo que "sí los músicos retornaran a la pureza del dos por cuatro, otra vez reverdecería el fervor por nuestra música y, gracias a los modernos medios de difusión, alcanzaríamos prevalencia mundial"Reportaje difundido por la agencia Telam y tomado de La Voz del Pueblo, Tres Arroyos, 23 de diciembre de 1975. Puesto que tanta importancia atribuía el maestro al piano, no es superfluo dar aquí la nómina de sus sucesivos pianistas: Alfonso Lacueva, René Cóspito, Vicente Gorrese, Nicolás Vaccaro, Juan Polito, Luis Visca, Carlos Di Sarli, Lidia Fassoli, Cesar Zagnolli, Rodolfo Biaggi, Juan Polito, Fulvio Salamanca, Juan Polito, Normando Lazara (Di Sarli sólo actuó un mes, en el Chantecler, en 1934, en reemplazo de Visca)..

Volver al dos por cuatro primitivo significa, sin embargo, borrar a Canaro, borrar a Cobián, borrar a De Caro, borrar a todos los tanguistas del Cuarenta. ¿Vale la pena?

D’Arienzo, al fin de su carrera, cultivó el estilo camp; por supuesto, sin saberlo y sin proponérselo. La gente lo veía gesticular frente a los músicos y los cantores; lo veía con simpatía, había algo de nostalgia y algo de burla. Por supuesto, el compás de la orquesta se llevaba tras de si los pies de los bailarines. Y los pies de los bailarines siguen yéndose con el compás cuando suenan los discos de D’Arienzo, y su figura continua suscitando una gran simpatía. Se la merece por lo que hizo por el tango al promediar la década de 1930.


Originalmente publicado en "Tango y Lunfardo" Nº 132, Año XIV, Chivilcoy, 16 de setiembre de 1997. Director: Gaspar J. Astarita.

fuente: TODOTANGO.
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                         LA CUMPARSITA
                                                    
                        LOCA
                                                    
              LA PUÑALADA                       
                                                    
        OSVALDO RAMOS - SENTIMIENTO GAUCHO                              
                                                      
            ARMANDO LABORDE - YUYO BRUJO
              
                   HECTOR MAURE - CLAUDINETTE                         
                                                                                 

jueves, 15 de noviembre de 2012

CLAUDINETTE, HECTOR MAURE



CLAUDINETTE
Tango 1942

Música: Enrique Delfino
Letra: Julián Centeya

Ausencia de tus manos en mis manos,
distancia de tu voz que ya no está...
Mi buena Claudinette de un sueño vano,
perdida ya de mí, ¿dónde andarás?

La calle dio el encuentro insospechado,
la calle fue después quien te llevó...
Tus grandes ojos negros, afiebrados,
llenaron de tiniebla mi pobre corazón.

Medianoche parisina
en aquel café-concert,
como envuelta en la neblina
de una lluvia gris y fina
te vi desaparecer.

Me dejaste con la pena
de saber que te perdí,
mocosita dulce y buena
que me diste la condena
de no ser jamás feliz.

Mi sueño es un fracaso que te nombra
y espera tu presencia, corazón,
por el camino de una cita en sombra
en un país de luna y de farol.

Mi Claudinette pequeña y tan querida,
de blusa azul y la canción feliz,
definitivamente ya perdida,
me la negó la calle, la calle de París.


                            HECTOR MAURE
                                                   

lunes, 15 de octubre de 2012

CLAUDINETTE, HECTOR MAURE


CLAUDINETTE
TANGO

Música: Enrique Delfino

Letra: Julián Centeya

Ausencia de tus manos en mis manos,
distancia de tu voz que ya no está...
Mi buena Claudinette de un sueño vano,
perdida ya de mí, ¿dónde andarás?

La calle dio el encuentro insospechado,
la calle fue después quien te llevó...
Tus grandes ojos negros, afiebrados,
llenaron de tiniebla mi pobre corazón.

Medianoche parisina
en aquel café-concert,
como envuelta en la neblina
de una lluvia gris y fina
te vi desaparecer.

Me dejaste con la pena
de saber que te perdí,
mocosita dulce y buena
que me diste la condena
de no ser jamás feliz.

Mi sueño es un fracaso que te nombra
y espera tu presencia, corazón,
por el camino de una cita en sombra
en un país de luna y de farol.

Mi Claudinette pequeña y tan querida,
de blusa azul y la canción feliz,
definitivamente ya perdida,
me la negó la calle, la calle de París.


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