Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
Un día como hoy... 13 de diciembre... pero de 1920... nacía HECTOR MAURE. ................................
Semblanza de NESTOR PINSON
publicada en la página webb TODOTANGO.
El autor consultó el libro "Héctor Mauré, Cronología de
su vida y trayectoria artística" de Eduardo Visconti Editorial
Corregidor, Buenos Aires 1993.
CANTOR 13 de marzo de 1920 - 12 de mayo de 1976 Nombre real: Vicente José Falivene
Su más importante investigador, Eduardo Visconti, define así
su estilo y su voz: «Su línea interpretativa era dramática y al mismo tiempo
melódica. Una voz particular, de registro barítono atenorado, agradable timbre
y clara dicción, voz potente, melodiosa y afinada, de corte gardeliano.»
Nació en el barrio de Palermo. Hijo de descendiente de
italianos, su padre fue agente de policía, primero, y después obrero en una
fábrica de mosaicos. Su madre era gallega, de Lugo, y era la encargada de la
casa donde vivían. Tuvo una hermana menor que también incursionó en el canto,
utilizando el seudónimo de Diana Rey y luego, como bolerista en la orquesta de
Don Fabián, como Alba Morena.
El colegio duró lo necesario, a los 17 años tuvo que
comenzar a trabajar en un taller mecánico de automóviles. En ese tiempo se
manifiestan sus inclinaciones hacia dos disciplinas diametralmente opuestas, el
boxeo y el canto. Tenía un físico llamativo y le gustaban los deportes. Los
guantes los practicaba en el Boxing Club Colegiales, que quedaba muy cerca de
su casa.
Desde 1933 a 1937, los pocos pesos que ganaba los hizo
boxeando, hasta que un golpe lo hizo abandonar la actividad para dedicarse
solamente el canto.
En 1936, por gestión de unos amigos, se presentó en el café
"Río De La Plata", que quedaba frente al monumento al Cid Campeador,
en la esquina de las avenidas Ángel Gallardo y Honorio Pueyrredón. Allí debutó
usando el nombre Tito Falivene y estuvo actuando durante tres meses.
Posteriormente cantó en un festival, que se desarrolló en el cine Argentino del
barrio de Palermo, acompañado por las guitarras de Osvaldo Avena, Pablo Rechia
y Antonio Ianigro.
En 1937, tiene la suerte de ser acompañado por la orquesta
de Anselmo Aieta, en un local dentro de la Exposición Rural, en el predio que
actualmente existe frente a Plaza Italia en Palermo.
En ese mismo año, continúa su carrera con la Orquesta
Característica Porteña, dirigida por Dante Liguori. Al poco tiempo, participa
del segundo concurso auspiciado por el jabón "Puloil", que se
desarrollaba en Radio Belgrano y tenía 5000 inscriptos, de los cuales se
seleccionaban las diez voces nuevas del año 1938. El concurso anterior lo había
ganado el cantor Hugo Gutiérrez, siendo el segundo premio para Andrés Falgás.
La elección se definía con el voto de los oyentes que
superaron los 200.000. A los participantes los acompañaban la orquesta de Juan
Canaro y las guitarras de Vila, Ciaccio y Cortese.
Nuestro joven aspirante se presentó como Vicente Falivene y
cantó dos tangos: "Lo han visto con otra" y "Confesión";
finalmente resultó ganador. El premio consistía en seis meses de actuación a
500 pesos por mes.
Como dato curioso, del resto de los seleccionados, sólo
podemos destacar a Chola Luna y en un plano menor a Laurita Esquivel. El resto
no trascendió.
Comenzó a estudiar y vocalizar en el conservatorio que había
instalado Gabriel Clausi "El Chula", luego en la academia de los
hermanos Rubistein. Hasta el año 1940 actúa en varias emisoras y luego se
emplea en la bodega "La Superiora". En ese momento, disminuyen sus
actuaciones por un breve período, donde podemos destacar su actuación, durante
15 días, junto a la orquesta de Alberto Pugliese (hermano de Osvaldo Pugliese).
A raíz del retiro del cantor Carlos Casares de la orquesta
de Juan D'Arienzo, el director inicia una búsqueda para su reemplazo. La prueba
se hizo en la sala "B" de Radio El Mundo, donde concurrieron
numerosos aspirantes. Casi al final, le tocó el turno a nuestro cantor y,
acompañado al piano por Fulvio Salamanca, ya cansado de tanto trajín, cantó el
tango de Pedro Maffia y Celedonio Flores "La mariposa". Fulvio
cansado al escucharlo se reanimó y miró hacia arriba, donde estaba D'Arienzo,
entonces alentó al muchacho: «¡Dale pibe, que ya te compraste al maestro!».
Como era de suponer, el debut se produciría en el reducto
habitual del director, el cabaret "Chantecler". En esa oportunidad
comienza a utilizar su nombre artístico, Héctor, por Héctor Varela, primer
bandoneón y arreglador de la orquesta y Mauré, pensando en la esposa de
D'Arienzo, que se apellidaba Maure, sólo le agregó el acento.
El 12 de diciembre de 1940 hace su debut en el disco con el vals
de Juan Carlos Gravis "Flor de mal", del otro lado "Esclavas
blancas" de Horacio Pettorossi, cantado por Alberto Reynal. Su última
grabación con D'Arienzo fue el 21 de julio de 1944, con el tango
"Amarras" (de Carlos Marchisio y Carmelo Santiago), fueron en total
50 registros.
El primero de enero de 1945 comienza su labor como solista,
actuando en Radio Belgrano, con orquesta propia dirigida por el bandoneonista
Alberto Cima.
También actuó con los conjuntos de guitarras de José Canet y
de Roberto Grela.
Su éxito era muy grande y prácticamente no hubo día que no
tuviera trabajo, se presentó en todos los pueblos y también en Uruguay. A fines
de 1949 es tentado por Juan Canaro y se embarca rumbo a Francia. Pero las
desavenencias con el director llegaron antes que el debut. Regresó frustrado,
pero con el saldo positivo de haber tomado unas clases con Andrés Huc Santana,
que era el primer bajo de la Opera de París.
Se casó en 1953 con Susana Esther Bassini. Vivió en nuestra
capital y unos años más tarde adquirió su casa propia en la ciudad de Ituzaingó
(a unos 22 kilómetros del centro de Buenos Aires). Fue padre de tres hijas.
En septiembre de 1955, a raíz de la caída del gobierno del
General Perón, del cual era adherente, fue marginado de todas las radios.
En 1960 comienza lentamente a desaparecer el tango de la
radio y la televisión, las empresas son tentadas a dar paso a nuevos ritmos. De
tantos sitios donde Mauré se presentó en ese entonces debemos recordar "El
Rincón de los Artistas" de los hermanos Forastieri, reducto que defendió
hasta las últimas consecuencias la difusión del tango y, donde además, Héctor
Mauré debutara el 7 de noviembre de 1965 y fuera artista exclusivo hasta el 9
de mayo de 1976.
Tres días más tarde, imprevistamente, en su casa, un infarto
al miocardio ponía fin a su existencia.
Dejó 293 grabaciones para los sellos Víctor, Orfeo, Columbia
y Music Hall.
Además de los músicos ya mencionados, fue acompañado por las
orquestas de Carlos Demaría, Juan Sánchez Gorio, Héctor Varela, Lito Escarso,
Jorge Dragone, Leopoldo Federico y también un conjunto propio dirigido por
Pascual Elía. En muchos casos ni figuraba el nombre de la orquesta en el disco,
tal el caso de Héctor Varela que lo acompañó con un sexteto.
Como autor y compositor registró en SADAIC 26 temas, uno de
ellos, el tango "Oro y diamantes", fue grabado por Juan D'Arienzo.
Como dato simpático y curioso, recordemos que su primer
representante artístico fue el famoso comediante Fidel Pintos.
Sus interpretaciones de los tangos "Amarras",
"Cicatrices" y "Cosas olvidadas" están impresas en la
antología del mejor tango, por su voz cálida, su espíritu gardeliano y su
impronta de porteño cabal.
El autor consultó el libro "Héctor Mauré. Cronología de
su vida y trayectoria artística", de Eduardo Visconti, Editorial
Corregidor, Buenos Aires 1993.
fuente: TODOTANGO.
................................... SAN JOSE DE FLORES
Un día como hoy... 14 de diciembre... pero de 1900... nacía
JUAN D’ARIENZO. ..................................
Semblanza escrita por JOSE GOBELLO
publicada en TODOTANGO.
Originalmente
publicado en "Tango y Lunfardo" Nº 132, Año XIV, Chivilcoy, 16 de
setiembre de 1997. Director: Gaspar J. Astarita.
DIRECTOR Y VIOLINISTA.
14 de diciembre de 1900 – 14 de enero de 1976
En 1936 irrumpe
victorioso Juan D’Arienzo en el disputado territorio de la popularidad. Acababa
de cumplir 35 años, uno menos que Julio De Caro -estilísticamente ubicado en el
otro extremo del espectro musical del tango- era estrella desde 1924 y
D’Arienzo comenzó a serlo cuando Pablo Osvaldo Valle lo llevó a la flamante
radio El Mundo. Lo cual no quiere decir, de ninguna manera, que D’Arienzo fuera
un tanguista tardío. Como casi todos los musicantes de aquellos tiempos se
inició en el tango de chiquilín. Con Ángel D’Agostino al piano, el
bandoneonista Ernesto Bianchi -por apodo, Lechuguita- y Ennio Bolognini
-hermano de Remo y de Astor- tocó, de muy chico, en teatritos de tres al cuatro.
Su primera actuación memorable, que el mismo no memora bien, data de 1919. El
25 de junio de aquel año, la compañía Arata-Simari-Franco estrenó, en el teatro
Nacional, la pieza cómica de Alberto Novión "El cabaret Montmartre".
D’Arienzo Había nacido el 14 de diciembre de 1900 en el barrio porteño de
Balvanera. Moriría el 14 de enero de 1976, en un reportaje del año 1949 El
tango es para las orquestas, reportaje a Juan D'Arienzo, por Andrés Muñoz, en
Aquí Está, Buenos Aires, 5 de mayo de 1949. Donde Muñoz puso El Morocho, debe
leerse El Mocho., dijo que el tocó en aquel estreno: "Con D’Agostino y yo
en el violín tomamos parte en el estreno del sainete de Alberto Novión "El
cabaret Montmartre"/.../. En la obra aparecía una pequeña orquesta típica,
dirigida por nosotros, y que acompañaba a Los Undar’s, famosa pareja de baile
integrada por la Portuguesa y El Morocho, dos ases del tango canyengue". El doctor Luis Adolfo Sierra ha establecido, empero, que en el estreno de
aquella pieza tocó la orquesta de Roberto Firpo. Cuando ésta (Firpo, al piano;
Cayetano Puglisi, al violín; Pedro Maffia y Juan Bautista Deambroggio, a los
bandoneones, y Alejandro Michetti, a la bateria) se alejó el 1º de setiembre de
aquel año, fue reemplazada por la de D’Arienzo-D’Agostino Carta del doctor Luis
Adolfo Sierra al autor..
De allí en más,
D’Arienzo continuó vinculado al teatro. Acompañó, siempre con D’Agostino al
piano, a Evita Franco, que tenía su edad y cantaba bellamente tangos como Loca,
Entra no más o Pobre milonga; tañó su violín en la jazz de Frederickson y formó
luego una orquesta con D’Agostino, en la que este, naturalmente, tocaba el
piano; el otro violín lo hacía Mazzeo; en los bandoneones estaban Anselmo Aieta
y Ernesto Bianchi, y Juan Puglisi en el contrabajo.
Cuando D’Agostino
hizo rancho aparte, lo reemplazó Luis Visca, que por aquellos años componía
"Compadrón". Aquel era un sexteto.
Y llegamos a
1935, que es un año clave en la performance de D’Arienzo; que es el año en que
realmente aparece el D’Arienzo que todos recordarnos. Eso ocurre cuando se
incorpora a su orquesta Rodolfo Biagi, un pianista que había tocado con Pacho,
que había acompañado a Gardel en algunas grabaciones, que había tocado también
con Juan Guido y con Juan Canaro. D’Arienzo actuaba por entonces en el
Chantecler. La incorporación de Biagi significó el cambio de compás de la
orquesta de D’Arienzo, que pasó del cuatro por ocho al dos por cuatro; mejor
dicho, retornó al dos por cuatro, al compás rápido y juguetón de los tangos
primitivos.
Cuando Biagi lo
abandonó en 1938 para formar su propia orquesta, D’Arienzo ya se había
identificado para siempre con el dos por cuatro. Frente al ritmo marcial de
Canaro, a la trivialidad un tanto murguística de Francisco Lomuto, a los
arrestos sinfonistas de De Caro, D’Arienzo aportaba al tango un aire fresco,
juvenil y vivificador. El tango, que había sido un baile alardoso, provocativo,
casi gimnástico, se vio un día convertido, al decir de Discépolo, en un
pensamiento triste que se puede bailar... Se puede... El baile había pasado a
ser subsidiario hoy; sólo que entonces había sido desplazado por la letra y por
los cantores y ahora lo es por el arreglo. Y bien: D’Arienzo devolvió el tango
a los pies de los bailarines y con ello hizo que el tango volviera a interesar
a los jóvenes. El "rey del compás" Este apodo se lo aplicó Príncipe
cubano (Angel Sanchez Carreño), animador del cabaret Chantecler. se convirtió
en el rey de los bailes, y haciendo bailar a la gente ganó mucho dinero, que es
una linda forma de ganarlo.
Los tangófilos
menosprecian a D’Arienzo. Lo consideran una suerte de demagogo del tango. Pero
D’Arienzo -como ha señalado muy bien José Luis Macaggi- hizo posible ese
renacimiento del tango que ha dado en llamarse “la década del cuarenta” una década
que es para el tango algo así, mutatis mutandis, lo que el siglo de oro para la
literatura española.
Es claro que el
tango no comienza en 1940. Tampoco los tanguistas de 1940 son más importantes
que los de 1910 o 1920 (como Cervantes no fue más importante que Berceo o que
el rey Alfonso). A veces se niega, con criterio entre esteticista y
estetizante, a Canaro, a Contursi, a Azucena Maizani, a Luis Roldán, a los
pioneros, a los que pusieron, bien o mal, los cimientos sobre los que se ha
edificado el complicado edificio del tango. Piazzolla se ha quejado alguna vez
de que siempre se toca la música de los muertos... ¡Por Dios! Es como quejarse
porque los chicos de las escuelas leen a Miguel Cané y a José Hernández.
Una vez que tuvo
éxito con el nuevo compás, que encandiló a los bailarines del Chantecler y que
la radio El Mundo difundió en todo el país, D’Arienzo comenzó a teorizar sobre
si mismo.
Ignoro si el
merito de D’Arienzo consistió inicialmente en sugerir, en proyectar o meramente
en dejar hacer. Tampoco vale la pena demorarse en denigrar las concesiones
lamentables que el maestro hizo a la chabacanería, en composiciones tan
ordinarias como "El tarta" o "El hipo". Mejor olvidar todo
eso. En todo caso, esa chabacanería algún paralelismo guardaba con el tono
original del tango, con la impronta plebeya que los compadritos pusieron al
tango en las academias, en los cafés de camareras, en los bailes del Politeama
y del Skating Ring, vale la pena, en cambio, detenerse en las teorizaciones
d’arienzanas.
Orquesta Juan
D'Arienzo
En 1949 decía
D’Arienzo: "A mi modo de ver, el tango es, ante todo, ritmo, nervio,
fuerza y carácter. El tango antiguo, el de la guardia vieja, tenía todo eso, y
debemos procurar que no lo pierda nunca. Por haberlo olvidado, el tango
argentino entró en crisis hace algunos años. Modestia aparte, yo hice todo lo
posible para hacerlo resurgir. En mi opinión, una buena parte de culpa de la
decadencia del tango correspondió a los cantores. Hubo un momento en que una
orquesta típica no era más que un simple pretexto para que se luciera un
cantor. Los músicos, incluyendo al director, no eran mas que acompañantes de un
divo más o menos popular. Para mi, eso no debe ser. El tango también es música,
como ya se ha dicho. Yo agregaría que es esencialmente música. En consecuencia,
no puede relegarse a la orquesta que lo interpreta a un lugar secundario para
colocar en primer plano al cantor. Al contrario, es para las orquestas y no
para los cantores. La voz humana no es, no debe ser otra cosa que un
instrumento más dentro de la orquesta. Sacrificárselo todo al cantor, al divo,
es un error. Yo reaccioné contra ese error que generó la crisis del tango y
puse a la orquesta en primer plano y al cantor en su lugar. Además, traté de
restituir al tango su acento varonil, que había ido perdiendo a través de los
sucesivos avatares. Le imprimí así en mis interpretaciones el ritmo, el nervio,
la fuerza y el carácter que le dieron carta de ciudadanía en el mundo musical y
que había ido perdiendo por las razones apuntadas. Por suerte, esa crisis fue
transitoria, y hoy ha resurgido el tango, nuestro tango, con la vitalidad de
sus mejores tiempos.
Mi mayor orgullo
es haber contribuido a ese renacimiento de nuestra música popular." Nota
citada de la revista Aquí Está.
Esto es lo que
decía D’Arienzo, a través de aquel gran periodista, de aquel maestro del
reportaje que fue Andrés Muñoz. Y bien: el mismo día que D’Arienzo decía esas
cosas, o casi el mismo día, Aníbal Troilo, con Edmundo Rivero, grababa "El
último organito". Allí el cantor estaba en primer plano y, sin embargo,
eso era tango puro, y en la más exigente antología sonora aquella bellísima
versión no debería estar ausente.
Por lo demás,
también D’Arienzo puso, a veces, al cantor en primer plano, y aunque lo hizo
correr a la velocidad de la orquesta, buscó un éxito adicional y menospreciable
en letras tan penosas como las nombradas o como "Chichipía" o
"El nene del Abasto".
En 1975, un mes
antes de su muerte, D’Arienzo volvió a teorizar: "La base de mi orquesta
es el piano. Lo creo irremplazable. Cuando mi pianista, Polito. se enferma, yo
lo suplanto con Jorge Dragone. Si llega a pasarle algo a éste no tengo
solución. Luego el violín de cuarta cuerda aparece como un elemento vital. Debe
sonar a la manera de una viola o de un cello. Yo integro mi conjunto con el
piano, el contrabajo, cinco violines, cinco bandoneones y tres cantores. Menos
elementos, jamás. He llegado a utilizar en algunas grabaciones hasta diez
violines"Reportaje difundido por la agencia Telam y tomado de La Voz del
Pueblo, Tres Arroyos, 23 de diciembre de 1975. Puesto que tanta importancia
atribuía el maestro al piano, no es superfluo dar aquí la nómina de sus
sucesivos pianistas: Alfonso Lacueva, René Cóspito, Vicente Gorrese, Nicolás
Vaccaro, Juan Polito, Luis Visca, Carlos Di Sarli, Lidia Fassoli, Cesar
Zagnolli, Rodolfo Biaggi, Juan Polito, Fulvio Salamanca, Juan Polito, Normando
Lazara (Di Sarli sólo actuó un mes, en el Chantecler, en 1934, en reemplazo de
Visca)..
Sin duda, los
resultados logrados por la orquesta de D'Arienzo no justificaban tanto derroche
instrumental, ni justificaban tener el primer violín a un artista como Cayetano
Puglisi. Con igual numero de instrumentos la orquesta de Troilo obtuvo, en
1946, ese prodigio de sonoridad que es la versión de Recuerdos de bohemia. Pero
esa es otra cuestión. Lo cierto es que, en 1975, en plena vanguardia, D’Arienzo
seguía sosteniendo que "sí los músicos retornaran a la pureza del dos por
cuatro, otra vez reverdecería el fervor por nuestra música y, gracias a los
modernos medios de difusión, alcanzaríamos prevalencia mundial"Reportaje
difundido por la agencia Telam y tomado de La Voz del Pueblo, Tres Arroyos, 23
de diciembre de 1975. Puesto que tanta importancia atribuía el maestro al piano,
no es superfluo dar aquí la nómina de sus sucesivos pianistas: Alfonso Lacueva,
René Cóspito, Vicente Gorrese, Nicolás Vaccaro, Juan Polito, Luis Visca, Carlos
Di Sarli, Lidia Fassoli, Cesar Zagnolli, Rodolfo Biaggi, Juan Polito, Fulvio
Salamanca, Juan Polito, Normando Lazara (Di Sarli sólo actuó un mes, en el
Chantecler, en 1934, en reemplazo de Visca)..
Volver al dos por
cuatro primitivo significa, sin embargo, borrar a Canaro, borrar a Cobián,
borrar a De Caro, borrar a todos los tanguistas del Cuarenta. ¿Vale la pena?
D’Arienzo, al fin
de su carrera, cultivó el estilo camp; por supuesto, sin saberlo y sin
proponérselo. La gente lo veía gesticular frente a los músicos y los cantores;
lo veía con simpatía, había algo de nostalgia y algo de burla. Por supuesto, el
compás de la orquesta se llevaba tras de si los pies de los bailarines. Y los
pies de los bailarines siguen yéndose con el compás cuando suenan los discos de
D’Arienzo, y su figura continua suscitando una gran simpatía. Se la merece por
lo que hizo por el tango al promediar la década de 1930.
Originalmente
publicado en "Tango y Lunfardo" Nº 132, Año XIV, Chivilcoy, 16 de
setiembre de 1997. Director: Gaspar J. Astarita.
CLAUDINETTE TANGO Música: Enrique Delfino Letra: Julián Centeya Ausencia de tus manos en mis manos, distancia de tu voz que ya no está... Mi buena Claudinette de un sueño vano, perdida ya de mí, ¿dónde andarás?
La calle dio el encuentro insospechado, la calle fue después quien te llevó... Tus grandes ojos negros, afiebrados, llenaron de tiniebla mi pobre corazón.
Medianoche parisina en aquel café-concert, como envuelta en la neblina de una lluvia gris y fina te vi desaparecer.
Me dejaste con la pena de saber que te perdí, mocosita dulce y buena que me diste la condena de no ser jamás feliz.
Mi sueño es un fracaso que te nombra y espera tu presencia, corazón, por el camino de una cita en sombra en un país de luna y de farol.
Mi Claudinette pequeña y tan querida, de blusa azul y la canción feliz, definitivamente ya perdida, me la negó la calle, la calle de París. .......................................................