Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
Un día como hoy...31 de julio... pero de 1976... fallecía
FRANCISCO DE CARO.
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PIANISTA, COMPOSITOR 23 de marzo de 1898 - 31 de julio de 1976
Nota: En este blog, EL BOLICHO, hemos publicado la biografía del pianista FRANCISCO DE CARO, el día 23 de marzo de 2013, para quienes deseen leerla. Muy amables.
que no sé del todo explicar, sólo siento que corre serena una vida que pasa y se va. Como aromas deja el pasado de otro tiempo que fue mejor, y ese sueño de niño dorado vio lo cierto cuando despertó.
Es el recuerdo de ayer
que me invita a pensar, porque palpito en él: las aventuras de amor, el colegio, el placer que hallaba juguetón. Y de las flores de casa aquel perfume embriagador ya no siente el que pasa porque fue el tiempo quien lo llevó.
Cuando tu mente vuelva
a los años que se van, siempre verá la huella con antojo de llorar.
¡Cuántas las ilusiones!...
¡Cuantas mi alma vio pasar, y ellas están entonces casi borradas porque se van!
ROBERTO RAY
Nota: se pueden escuchar temas cantandos por ROBERTO RAY, y leer su biografía, en este blog, el día 21-12-2012.
Un día como hoy... 23 de marzo... pero de 1898... nacía
FRANCISCO DE CARO.
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Semblanza de GABRIEL CHULA CLAUSI
publicada en la página webb TODOTANGO. PIANISTA, COMPOSITOR 23 de marzo de 1898 - 31 de julio de 1976
Lo que muestro aquí, no es una biografía sino que señalaré
distintos rasgos y hechos, de los que fui testigo y actor junto a un gran
amigo.
Al desvincularse varios músicos, entre ellos Pedro Laurenz
de la orquesta de Julio De Caro, el maestro reorganizó la misma y me convocó
para formar la línea de bandoneones junto a Carlos Marcucci, Félix Lipesker y
Romualdo Marcucci. Yo venía de integrar pareja de bandoneones con Pedro Maffia
en su prestigiosa orquesta.
Desde mi inclusión en el conjunto de Julio De Caro compartir
el trabajo me aproximó a Francisco De Caro, músico a quien admiraba desde
jovencito cuando los escuchaba a él y a Julio en el Select Lavalle, años 1928 o
1929.
Al incorporarme a la orquesta en 1934, nos conocíamos con
Francisco aunque no teníamos mucho trato. Luego sí. Mi amistad con él se
acentuó y lo quería como a un hermano. Más allá de la orquesta, nos visitábamos
y teníamos mucho trato personal.
Ya dije de mi admiración por él y sé que Francisco sentía lo
mismo por mi trabajo. El gran talento de Francisco De Caro se manifestaba ya a
fines de los años '20. Era un pianista muy moderno, de una línea musical muy
adelantada y como compositor, ni hablar. En el '27 o '28 sacó el tango
"Sueño azul" que fue algo de locura. En el '28, el tango "Flores
negras".
Francisco fue un adelantado para su época y una suerte de
"padre" de numerosos pianistas que siguieron esa escuela. Ejemplos:
Horacio Salgán, Carlitos García y otros quizá con algunas diferencias, pero que
abrevaron en la maestría de Francisco De Caro. Estimo que hasta el año '50,
tuvo una destacada actuación y marcó rumbos para las nuevas generaciones de
músicos.
Fue un hombre muy humilde y sencillo. Aparte de sus estudios
musicales, era un intuitivo. Un gran creador y notable pianista. Con esos
valores se nace.
Julio Rosenberg, Julio De Caro,
Luis Díaz y Francisco De Caro
Siempre nos tuvimos un gran respeto. Cierta vez un señor
Moles me comentó: «Fui a visitarlo a Francisco y en la conversación me dijo: Yo
tengo un solo amigo que es Clausi, el 'Chula' que tocaba el bandoneón con
nosotros».
Alguna vez cuando yo enfermaba, enviaba al Dr. Iranzi, yerno
de Julio De Caro, ahí Francisco aprovechaba para venirse con el médico.
Durante mi actuación con Pedro Maffia, años '30 o '31
grabamos el tango de Francisco "Páginas muertas" que cantaba Pedro
Lauga, fue cuando los De Caro viajaron a Francia.
En una visita del maestro Fritz Kralsier para actuar en el
Teatro Colón, quiso oír música nuestra. Ocurrió en el salón dorado del teatro y
entre otros artistas, para el tango se eligió a la orquesta de Julio De Caro.
Al ejecutar el tango de Francisco "Ideal" que cantó Pedro Lauga,
Kraisler, por medio del intérprete, pidió que lo repitieran porque le había
impactado esa obra. El famoso maestro aprobaba con aplausos reiterando:
«¡Bravo!»
Aquí tengo que mencionar un hecho lamentable. En ocasión de
una elección en SADAIC, hice oír mi protesta porque gente no muy calificada
emitía un voto que valía por diez y Francisco De Caro ni figuraba. Ahí recibí
el apoyo de García Jiménez y finalmente se le concedió al notable pianista, un
voto. Todo un sacrificio.
En 1966 me habían hablado de un trabajo en Japón y decidí
armar un sexteto convocando para los violines a Elvino Vardaro y Manlio
Francia; en el contrabajo Francisco De Lorenzo; Pedro Maffia y yo en
bandoneones y Francisco De Caro en piano. Vardarito estaba en Córdoba y le dijo
entusiasmado a Maffia «voy por el Chula». Maffia no podía creer que Francisco
pudiera unirse a nosotros. El conjunto no tenía nombre. Yo pensaba en uno que
no personalizara en ninguno de nosotros de acuerdo con el prestigio que ya
tenían los muchachos. Me encontré con Raúl Iglesias, pianista de Tanturi y me
sugirió "Los seis de oro" no me pareció mal y a Maffia le gustó. Para
ese tiempo, Pedrito Maffia enfermó y se veía muy desmejorado.
De cualquier modo, seguíamos con nuestros planes. Un día
Maffia me entregó su último tango, "Heliótropo" diciéndome: «tomá,
arreglalo, es un tango que se presta para unos buenos solos...». El apreciaba
mucho mi trabajo. Al poco tiempo falleció. Luego del sepelio yo salía del
cementerio acompañado por Ciriaco Ortiz y le comenté lo del sexteto. Le
pregunté si no tenía interés en cubrir la plaza de Maffia para el viaje a Japón
y me contestó: «¡Chula!, voy aunque me muera en el avión».
Mas no pudo ser, Francisco De Caro quería que el sexteto se
llamara De Caro-Clausi y yo pensaba que no era justo como ya expliqué. Debe
quedar claro que no había de parte de Francisco ninguna mala voluntad hacia el
resto de los músicos a quienes respetaba mucho. Lo que pasaba era que él quería
encabezar, al menos por una vez, un conjunto y, al mismo tiempo, resaltar mi
tarea y mi nombre. Eso hizo languidecer el proyecto hasta que decidí no seguir
adelante.
Cuando Francisco De Caro enfermó, lo visitaba asiduamente a
su casa o al Sanatorio Anchorena y su hermano Julio, me llamaba para enterarse
del estado de salud de Francisco.
El día que falleció, ingresé a la sala y a él lo asistían
con oxígeno. Estuve un rato y cuando me retiraba, me dijo por última vez,
levantando un brazo: «Saludos a los tuyos, saludos a los tuyos...»
En los últimos tiempos de su vida, tuvo un empleo y atendía
a la gente en el Ministerio de Trabajo que funcionaba en el edificio del
Consejo Deliberante. Era una tarea que le habían asignado como cierta ayuda
económica, seguramente debido a sus excelentes méritos artísticos. Fue algo muy
merecido.
Entre mis más caros recuerdos, siempre estará el del
querido, talentoso y respetado por la mayoría de los músicos sin excepción,
Francisco De Caro.
Desde sus primeros años de vida demostró una refinada vocación
musical. Comenzó estudiando el violín, llegó incluso a integrar conjuntos
instrumentales de cámara gracias a su finísima intuición, ya que su visión era
mínima y no le permitía leer el pentagrama.
Minotto Di Cicco que advirtió su talento lo hizo dejar el
arco por el fueye. No fue mucho el estudio para llegar a dominarlo de tal
manera, que no es exagerado decir que ya era un virtuoso.
Tenía 16 años cuando se integra al conjunto Celenza-Romano
que en aquel tiempo se presentaba en el Café El Parque, frente al edificio de
los tribunales. Alberto Celenza era aún violinista —luego se hizo cargo del
contrabajo para el resto de su carrera— y Antonio Romano era bandoneonista.
Luego, quiso el azar que actuara en el mismo palco, ahora
con la orquesta de Enrique Pollet, que contaba con otros muchachos como Osvaldo
Pugliese (piano), José De Grandis y Fernando Franco (violines).
En 1926, fue el único bandoneonista del conjunto codirigido
por Juan D’Arienzo y Luis Visca, para actuaciones en el Cine Hindú de la calle
Lavalle, en reemplazo de Anselmo Aieta.
Pero su gran momento llegó cuando al retirarse Pedro Maffia
de la orquesta de Julio De Caro, Pedro Laurenz que lo conocía bien, lo recomendó
para ser su pareja. Debutó grabando el tango “Recuerdo” y en el Cine Select-Lavalle,
de la calle Lavalle casi esquina Suipacha.
Ocho años permaneció junto a De Caro realizando todas las
giras por Brasil, por Francia y estando presente en el film con Carlos Gardel “Luces
de Buenos Aires”.
Era 1934 y luego de los carnavales que animaron en el Cine
Pueyrredón, del barrio de Flores, surgieron los problemas que devastaron la
orquesta, todos, menos Francisco De Caro, se abrieron e integraron un nuevo
conjunto bajo la dirección de Pedro Laurenz, así hasta 1939.
Más tarde, entre otros, trabajó con el pianista José Tinelli
y en 1939, con la nueva orquesta de Armando Baliotti, en el Café Pellegrini, de
esa calle en el cruce con Lavalle. Fueron sus compañeros, Eduardo Del Piano,
Alfredo Attadía (bandoneones), Alfredo Gobbi, Benjamín Holgado Barrio (violines),
entre otros.
También, estuvo en la orquesta de Domingo Federico e
incluso, con la agrupación folklórico-tanguera dirigida por el guitarrista
Mario Pardo.
Poco después, se radicó en Montevideo, era el año 1940. Lo
citaron y concurrió a presentarse en las orquestas orientales de Juan Cao y
Roberto Luratti. Retornó para tocar con Federico nuevamente y con Juan Polito,
para terminar en Montevideo con “Pirincho” Martínez y con César Zagnoli.
Por una temporada, formó orquesta propia para las
presentaciones en la CX16 Radio Carve. Y, como solista, le estaba reservado un
ciclo exitoso en televisión, en el canal cuatro de la otra orilla rioplatense.
Compuso varios tangos de corte romántico, dos de ellos son “Rama
florida” y “Souvenir”.
Extraído del libro: “La Historia del Tango” Tomo 7, Ed. Corregidor,
Buenos Aires: 1977.