DOMINGO MOLES.
..................................
Semblanza de JORGE WAISBURD
publicada en la página webb TODOTANGO
..................................
Semblanza de JORGE WAISBURD
publicada en la página webb TODOTANGO
BANDONEONISTA, DIRECTOR, COMPOSITOR
21 de diciembre de 1944 – 30 de octubre de 1992
Nombra completo:
Domingo Manuel Moles
Según los datos
terrenales, Mingo nació en Buenos Aires y según recuerda el dolor, se fue
físicamente antes de cumplir 48 años.
Especie de
eslabón único e irremplazable entre Aníbal Troilo y Astor Piazzolla, su
bandoneón y su impronta se distinguen nítidamente del resto de sus colegas.
El gran Leopoldo
Federico me dijo algo así como: «Toda la inspiración de mi trío se la debo a
Mingo. El marcó un camino». Y es que desde su primera formación —el “Buenos
Aires Trío”—, hasta el evolucionado Trío Contemporáneo -que supo formar por
primera vez en el ´67 y que renovó varias veces-, siempre tuvo un sonido
original, moderno, reconocible e irresistible.
Mingo escribía y
tocaba como si le dictaran desde arriba. Cuando se lo dije, al poco de
conocernos, me miró con sus ojos de transparencia, su sonrisa franca como la de
un chico y con su vocecita pequeña que aún escucho me preguntó, pícaro: «¿Se
nota?»
Profundamente creyente,
sorprendentemente humilde, con una emotividad a mansalva, Mingo fue un Hombre y
un Artista elevado. Sabía disfrutar y sufrir como nunca he visto a nadie. Y
amar, y tocar y escribir.
Había debutado en
“La Botica del Ángel”, a los 20 años, él y su bandoneón, solitos. Y allí se
lució —sin buscarlo—, durante varias temporadas. Actuó prolongadamente en “El
Viejo Almacén”, en la época del reinado de Edmundo Rivero. Y lo llamaron para
formar parte de las orquestas de Osvaldo Piro, José Colángelo, Carlos García y
la de su maestro Julio Ahumada. Tuvo su Octeto, su Orquesta y el Trío, claro.
Moles con
Federico, Colángelo y Bragato, entre otros
Supo acompañar a
Ruth Durante, Roberto Goyeneche, María Eugenia Darré, Olivia Molina, Graciela
Susana, Inés Miguens ("Galleta") y, entre muchos otros, a sus amigos
Carlos Barral, Daniel Río Lobos, Gabriel Reynal, Carlos Varela, Guillermo
Fernández, Guillermo Galvé...
Tenía la
extraordinaria virtud de dar con su bandoneón el marco exacto que el tango necesitaba,
pero al mismo tiempo pasar desapercibido, poniendo el acompañamiento para que
luzca la voz, o, dicho de otro modo, La Música al servicio de La Poesía.
Caso único:
alguna vez, por pedido de una grabadora, y con la expresa autorización del Gran
Astor, hizo un cambio (reemplazo) al fueye de Piazzolla.
Viajó por todo el
mundo, siempre con su jaula a cuestas. Canadá, Japón, Alemania, Francia, etcétera. Hay videos suyos, presentándose en la TV
de muchos de esos países. Hay discos del Trío Contemporáneo editados en
Alemania, en Japón, en Francia. Aquí, es difícil encontrarlos.
La anteúltima vez
que se presentó ante el gran público, fue en “La Noche de los Fueyes”, cierre
de “La Cumbre del Tango”, septiembre de 1992. Y la última vez, fue casi un
juego... Estaba Mingo en mi casa, un domingo, cuando llega Adriana Varela.
Nunca se habían visto. Entre mates y anécdotas empezaron a tocar juntos. Dos
horas después, estábamos improvisando un recital en La Paz. Se empezó a llenar
de gente. Terminó cerrándose la Avenida Corrientes. Guardo esa grabación como
una joya. Antes de que pasara un mes, una feroz anemia perniciosa se llevó a
Mingo en 5 días.
Dejó escritos un
puñado de tangos. Algunos con letra de Héctor Negro, otros en colaboración con
Roberto Díaz (ambos le dedicaron exquisitos poemas), con María Eugenia Darré,
con Carlos Barral, con Eugenio Majul, etc. El último tango se iba a llamar “El
Big Bang”, y la letra era mía. Pero vino otro Big Bang, y el tango quedó
inconcluso.
Luego le escribí
un tango (“El ángel azul”), que ya nunca tendrá música.
Mingo tenía un
hijo y una hija a los que adoraba. Y amigos entrañables, como Natalio
Etchegaray, Julio Pane, Saúl Cosentino, Raúl Luzzi, Yoshinori Yoneyama,
Leopoldo Federico, Gloria y Rodolfo Dinzel, Jorge Göttling, Héctor Negro y
muchos más.
José Gobello,
Roberto Selles y otros, le han dedicado palabras de profunda admiración y
cariño. El obituario de Jorge Göttling fue una obra de arte, de profunda
emoción.
Sus amigos, mi
familia, mis perros y mis plantas extrañan su Amor y sus cuidados. Y yo,
además, su bandoneón.
fuente: TODOTANGO.
......................................
fuente: TODOTANGO.
......................................
No hay comentarios:
Publicar un comentario