fallecía el escritor
RICARDO GÜIRALDES.
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13 de febrero de 1886 - 8 de octubre de 1927
ESCRITOR GUACHESCO, POETA, NOVELISTA
Su obra más importante: DON SEGUNDO SOMBRA.
En este blog, EL BOLICHO, hemos publicado una pequeña biografía de RICARDO GÜIRALDES, el día 13 de febrero de 2013, para quienes deseen leerla.
También, en entrada aparte ese mismo día, hay uno de sus cuentos: PUCHERO DE SOLDAO.
Hoy, recordamos a este escritor de las cosas nuestras, con otro cuento, en el día de su partida.
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RICARDO GÜIRALDES - LA DEUDA MUTUA
Cuentos de muerte y de sangre.
Don Regino
Palacios y su mujer habían adoptado a los dos muchachos como cumpliendo una
obligación impuesta por el destino. Al fin y al cabo no tenían hijos y podrían
criar esa yunta de cachorros, pues abundaba carne y hubiesen considerado un
crimen abandonarlos en manos de aquel padre borracho y pendenciero.
-Déjelos, no más,
y Dios lo ayude -contestaron simplemente.
Sobre la vida tranquila
del rancho pasaron los años. Los muchachos crecieron, y don Regino quedó viudo
sin acostumbrarse a la soledad.
Los cuartos
estaban más arreglados que nunca; el dinero sobraba casi para la manutención, y
sólo faltaba una presencia femenina entre los tres hombres.
El viejo volvió a
casarse. En la intimidad estrecha de aquella vida pronto se normalizó la
primera extrañeza de un recomienzo de cosas, y la presente reemplazó a la
muerta con miras e ideas símiles.
Juan, el mayor,
era un hombre de carácter decidido, aunque callado en las conversaciones
fogoneras. Marcos, más bullanguero y alegre; cariñoso con sus bienhechores.
Y un día fue el
asombro de una tragedia repentina. Juan se había ido con la mujer del viejo.
Don Regino tembló
de ira ante la baja traición y pronunció palabras duras delante del hermano, que, vergonzoso, trataba de
amenguarla con pruebas de cariño y gratitud.
Entonces comenzó
el extraño vínculo que había de unir a los dos hombres en común desgracia. Se
adivinaron, y no se separaban para ningún quehacer; principalmente cuando se
trataba de arreos a los corrales; andanzas penosas para el viejo. Marcos
siempre hallaba modo de acompañarle, aunque no le hubiesen tratado para el
viaje.
Juan hizo vida
vagabunda y se conchabó por temporadas donde quisieran tomarlo, mientras la
mujer se encanallaba en el pueblo.
Fatalmente, se
encontraron en los corrales. El prurito de no retroceder ante el momento
decisivo los llevó al desenlace sangriento.
El viejo había
dicho:
-No he de
buscarlo, pero que no se me atraviese en el camino.
Juan conocía el
dicho, y no quiso eludir el cumplimiento de la amenaza.
Las dagas
chispearon odio en encuentros furtivos buscando el claro para hendir la carne;
los ponchos estopaban los golpes y ambos paisanos reían la risa de muerte.
Juan quedó tendido.
El viejo no trató de escapar a la justicia, y Marcos juró sobre el cadáver la
venganza.
Seis años de
presidio. Seis años de tristeza sorbida, día a día, como un mate de dolor.
Marcos se hizo
sombrío, y cuanto más se acortaba el plazo, menos pensaba en la venganza jurada
sobre el muerto.
-Pobre viejo,
arrinconado por la desgracia.
Don Regino
cumplió la condena. Recordaba el juramento de Marcos.
Volvió a sus
pagos, encontró quehacer, y los domingos, cuando todos reían, contrajo la
costumbre de aturdirse con bebidas.
En la pulpería
fue donde vio a Marcos y esperó el ataque, dispuesto a simular defensa hasta
caer apuñaleado.
El muchacho
estaba flaco; con la misma sonrisa infantil que el viejo había querido, se
aproximó, quitándose el chambergo respetuosamente:
-¿Cómo le va, don
Regino?
-¿Cómo te va,
Marcos?
Y ambos quedaron
con las manos apretadas, la cabeza
floja, dejando, en torno a sus rostros, llorar la melena. Lo único que podía
llorar en ellos.
Yo he conocido a
esa pareja unida por el engaño y la sangre más que dos enamorados fieles.
Y los domingos,
cuando la semana ríe, vuelven al atardecer, ebrio el viejo, esclavo el muchacho
de aquel dolor incurable, bajas las frentes, como si fueran buscando en las
huellas del camino la traición y la muerte que los acollara para siempre.
fuente:
BIBLIOTECA VIRTUAL
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
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