La Mesa del Café - La Botica renovada
publicado en la página webb TODOTANGO
Por: rolandomoro 10/10/2013
-MAMI, JESUCRISTO ESTA EN EL POTRERO-
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Raimundo sacaba tesoros de debajo de la tierra, removía
ruinas y encontraba monedas de oro y de plata durante las siestas del pueblo.
Bajo el sol quemante a veces tropezaba en los troncos y en los cascotes y le
parecía que deambulaba entre los escombros de un terremoto. La sangre circulaba
caliente y liviana por sus venas, la cabeza le temblaba y el amor, la tristeza
y la alegría, miraban hacia abajo, hacia arriba, hacia los costados, siempre a
punto de despegar de su alma y caer en las primeras manos que encontrara. Esa
mañana despertó en su dormitorio, y el polvo plateado del aire, en rayos
oblicuos iluminó su cama. Las palomas volaron afuera y el gato maulló en su
ventana.
El día llegaba desafiante, trepando por las cortinas, por
las paredes, saltando y retrocediendo en rayos de sol y en sonidos familiares y
cotidianos.
-¡A la escuela!
-¡Ya voy!
Manoteó el haz de luz y de polvillo y comenzó a vestirse
despacito, debajo de la sábana, Se lavó, se peinó. Tomó el desayuno.
-Vamos, apúrate, vas a llegar tarde.
El día era muy caluroso. La llegada del verano daba a
Raimundo una violenta necesidad de soledad,, le hubiera gustado esa mañana en
vez de ir a la escuela, esconderse en un rincón de la huerta o huir hasta el
monte para ver el color del cielo entre la copa de los quebrachos.
Al salir de su casa, con su cartera llena de cuadernos
golpeándole el costado, miró hacia arriba y le pareció que el cielo ardía
debajo del sol como si todo el esplendor del mundo se hubiese reunido sobre el
pueblo.
Caminaba despacio, buscando las palabras que debía decirle a
su maestra por no haber hecho el mapa, y de pronto, como los niños o como los
viejos, se puso a llorar. La verdad se le apareció ante los ojos, le hizo
apurar el paso con la mirada brillante y en lugar de cruzar ligero como
siempre, el enorme baldío detuvo la marcha y tuvo la certidumbre de que allí no
lo encontrarían. Vaciló un poco antes de seguir avanzando hacia el rancho, la
cabaña como lo llamaba él. Desde hacía mucho tiempo deseaba entrar, y se
decidió por fin. Al asomarse, un hombre delgado con la cara negra a causa de
una barba de mucho tiempo lo llamó con señas amistosas. La verdad se le
apareció entonces como un relámpago, le hizo correr un sudor frío por el
cuerpo, y vacilante, atacado de un extraño temblor, avanzó hacia el hombre.
Dentro de su corazón ardía la hoguera del catecismo
aprendido en los atardeceres en la iglesia del pueblo, y le pareció oír la voz
del cura.
-Si se conservan puros verán a Jesucristo
La fe le oprimía las manos, las piernas, y se sentó en el
banquito delante de él. Sus palabras hicieron correr lágrimas de amor en esa
flor abierta de la mañana que era su carita. Raimundo veía brillar estrellas a
su alrededor y de su boca quería salir.
-¿Qué puedo darte Jesús mío? ¿Volverás?
-Si, si, voy a venir siempre
-Yo te defenderé.
Cuando al mediodía regresaba a su casa, el horizonte del
pueblo lo conmovió con su belleza, era allá a lo lejos, una luminosa llanura
abierta a la esperanza y Raimundo se detenía a cada momento, volviéndose para
mirar el rancho.
Esa siesta tuvo todo planeado, se refugiaría allí todos los
días, libre a escuchar la voz de él, palabras hechas de mármol y aire.
Aguzando los oídos a los ruidos de su alrededor entró esa
mañana al rancho,, las rodillas le temblaban, se asomó y en el rincón, con la
cabeza caída sobre su cuerpo flaco, recostado en la penumbra, como una talla
hecha de quebracho, Jesús dormitaba. Raimundo detenido en la entrada pensó: Me
arrodillaré ante él y esperaré hasta que despierte; va a levantar la mano y me
va a bendecir. Pero sintió miedo ante tanto silencio y su voz débil murmuró
-Señor, señor……
Y miró a su alrededor; en otro rincón vio un catre cubierto
de ropas que caían en jirones, y allí se sentó a esperar que él despertara, y
pensó en todo lo que iba a pedirle: Su mamá, su papá, sus hermanas, todos
necesitaban algo, y el deseo de un bien no terrenal le subía por el cuerpo y se
sentía allí, quieto, al lado del señor, intentanto salvarse y salvar a todos.
Sintió que el pecho se le oprimía, necesitó aire y se asomó a la puerta del
rancho y junto al aire de la mañana aspiró el olor de su piel limpia. Cuando se
volvió, él había despertado y lo miraba sonriendo, con los ojos brillantes.
-Señor sálvame, le dijo
-Claro, te salvaré. Aquí estás seguro y lo llamó con un
movimiento de cabeza. Le pareció verlo como antes, descarnado, colgando de la
cruz, con la cabeza doblada sobre el pecho, y entonces, de los ojos de Raimundo
cayeron unas lágrimas gruesas que resbalaron sobre su guardapolvo blanco.
Las palabras de él lo confundían, a veces tenía la impresión
de que estaba soñando y miraba sus ojos, unas veces dulces, otras amenazadores.
-¿Quieres irte conmigo?
-Señor, no se si lo merezco
-Entonces cierra los ojos y déjame bendecirte con mis manos,
Raimundo sentía que dentro suyo nacía algo terrible, desconocido y grande; el
sudor le pegaba las medias sobre las piernas y poco a poco se dejaba llevar por
las palabras de él, por sus manos, y era feliz a su lado, y comprendió que
hasta podría dormir junto a él sin pesadillas.
Estuvo enfermo dos días, tuvo fiebre. Cuando volvió al
rancho, una mañana nublada y triste, camino a la escuela, él le dijo al verlo
llegar.
Te esperaba Raimundo….. ¿Dónde has estado?
-Estuve enfermo
-Raimundo acércate, tengo que hablarte.
Se acercó y él prosiguió en voz baja, como si le hablase al
oído:
-Te he estado esperando, sé que también vos me extrañaste.
Raimundo deseó inclinarse, caer en su regazo, y entonces él le tomó la barbilla
y levantó su rostro.
-Te sentirás sano ahora.
Lo guió hasta el catre y Raimundo se acostó con una
sensación de vértigo y sintió las manos de él que recorrían su cuerpo y le
pareció que de sus dedos se desprendían rayos luminosos.
Al regresar a su casa y entrar al comedor, su madre lo
estaba esperando, y sacudiéndolo muy fuerte por los hombres, le dijo:
-¿Dónde te metés a la mañana en lugar de ir a la escuela?
-Mami, Jesucristo está en el potrero
-Andá a lavarte.
Y con la cabeza gacha, sin ninguna ayuda en ese momento, se
metió en el baño. Esa tarde su madre repitió una y otra vez:
-Júrame que no vas a ir de nuevo, júrame.
-Tengo que volver, el señor me espera.
Su madre insistía
-¿Qué te dijo?
-Me bendice mamá, con las manos
Y le contó a su madre,, habló sobre su cuello tibio, entre
sus cabellos castaños que olían a flores, y le repitió las palabras de él,
porque quería que hasta su madre llegara la luz del Señor. Su madre callada,
parecía no oírlo, tenía la cara pálida y de pronto oyó que sollozaba muy
fuerte, como si llorara a un muerto.
Mami, Jesucristo está en el potrero….. ¿Porqué lloras?
*Nidia Daisy Nocetti*
(Del libro “Ayer y Hoy en las Letras Goyanas”
de Wenceslao Moore)
(Del libro “Ayer y Hoy en las Letras Goyanas”
de Wenceslao Moore)
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Por: unicabettyboop 10/10/2013
HERMOSO.
Se puede interpretar de muchas maneras, claro, según la
pureza de corazón y de mente que se tenga...sobretodo teniendo en cuenta la
reacción de la madre del nene, pero el relato está hermoso.
Pudo ser un encuentro con alguien carnal de un niño
fantasioso, pudo ser una ensoñación, pudo ser un encuentro REAL CON
JESUS...todo pudo ser, da para interpretarlo como digo, de muchas formas.
Pensando que pudiera ser un encuentro real con Jesús, me
emocionó la sencillez y la pureza del nene, cuando la primera vez que lo ve ,
en vez de pedirle algo, le dice "qué puedo DARTE??"
o cuando le responde "no sé si lo merezco" con sus
conocimientos recientes de catecismo y su fe y su amor puro de niño.
Por: unicabettyboop 10/10/2013
Gracias, como siempre, Rolando, por traernos esta vez este
cuento tan especial.
También lo publicaré.
De los tres el que más me gustó es el del lagunero, porque
tiene un final que me parece muy justo, el de la mujer despechada me encantó
como está escrito, y este último me deja un gusto amargo también, por la madre.
Muy linda la anécdota de la planta, y muy sorprendente
también, pero dicen que las plantas llevan un poco del alma de las personas que
las cuidan, así que partió el mismo día que su dueño. Increíble pero suceden
estas cosas.
Si tu mamá te está dando su biblioteca, y no tenés tiempo de
leerlos todos, los que no sean "recuerdos emocionales", autografiados
y demás...que sean "libros comunes", podés mandarlos para el sur, que
serán leídos, y devueltos.
Sólo hay que conseguir un chasqui que venga y vaya.
ABRAZON
Graciela.
LOS ESCRITOS DE ROLANDO
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