La Mesa del Café - La Botica renovada
publicado en la página webb TODOTANGO
Por: rolandomoro 06/10/2013
-LA CONDENA DEL LAGUNERO-
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El remero se
abría paso entre las cañas, impulsando la canoa con el botador de tacuara. A
sus espaldas el juncal se cerró de nuevo.
Los esteros
habían crecido junto al río ancho que los alimentaba a escondidas por las
entrañas de la tierra desde leguas y leguas al norte. El hombre lo sabía.También sabía que la altura de las aguas
le facilitaba hallar al fugitivo en una de las islas altas.
le facilitaba hallar al fugitivo en una de las islas altas.
Nada en su
aspecto delataba al policía. Era un mariscador más, con el aludo asegurado por
el barbijo, el bigote cual candado de boca, la camisa de puños prendidos y la
bombacha ceñida con las perneras de polaina. Los pies descalzos pisaban el plan
de la canoa. Hacia la proa reposaba el fusil de caño recortado.
El vericueto embocó en un límpido aguazal.
Unos suiriríes levantaron vuelo silbando. El canoero orilló la laguna. Tres carpinchos que se soleaban sobre un parche de arenas albinas, chapalearon carrizal adentro. Un chajá cantó muy por encima del sol de la tarde.
El vericueto embocó en un límpido aguazal.
Unos suiriríes levantaron vuelo silbando. El canoero orilló la laguna. Tres carpinchos que se soleaban sobre un parche de arenas albinas, chapalearon carrizal adentro. Un chajá cantó muy por encima del sol de la tarde.
Don Cambicho
enfiló hacia la Isla Yvaté cuya arboleda calzaba sobre el pajonal como un
sombrero verdino sobre cabellera rubicunda. En un pasadizo avistó una tacuara
de corte reciente. Pensó que bien podía ser una señal de Ángel Verón, el
malhechor.
El perro fue lo
primero que observó sobre la costa. Enganchó un raigón con la pala y dando un
fuerte envión a la canoa atracó a la sombra de un Ingá.
La luz titilaba
entre la hojarasca y el gallo del pantano cantaba el atardecer en una ensenada.
El perro se
acercó confiado a la embarcación, meneando la cola. El policía se disponía a
bajar el bolsón de avío y el fusil, cuando sintió la voz.
--¡Apéese, don
Cambicho!....¿Anda de recorrida?- y un hombre surgió entre las matas Era Ángel
Verón. Servicial tironeó la proa sobre tierra firme, allanando el desembarco al
visitante. Luego de los saludos de rigor se encaminaron hacia la ranchada del
isleño. Verón machete en mano, tomó la delantera, indicando la senda a lo largo
de la accidentada costa.
Un batir de alas
en la copa de un árbol alertó a Don Cambicho. Vio un cuervo y de nuevo prestó
atención a su guía…….(“El Verón no se incomodó ni se sorprendió, pensaba, y
debió suponer que llegué para apresarlo. Como si me estaba esperando”)
Esto no extrañó
demasiado al policía. Los forajidos, refugiados en los esteros, sabían que
tarde o temprano daría con ellos. Su fama de rastreador así lo presagiaba. El
acostumbraba capturar solo, sin ayuda, a los reclamados por la justicia y muy
raras veces se le resistían. Los que lo habían intentado no lo podían contar,
ya que el policía nunca se descuidaba.
La ramada estaba
enclavada en un abra. Las pajas del techo pendían hasta el suelo.
Repentinamente la
bola negra cayó de lo alto para posarse en la limpiada, cerca de los hombres.
El cuervo. Don Cambicho interrogó al Verón con la mirada.
-Es un guacho.
Así somos tres con el perro- dijo el lagunero al tiempo que puso a calentar
agua para el mate. El policía descansaba sobre un troncón con el Mauser
reclinado a su derecha. El cachorro, con la cabeza entre las patas, no quitaba
el ojo al cuervo.
-¿Y tu canoa?-
preguntó Cambicho
-Está en lo seco,
la estoy calafateando
-Entonces mañana
podés ir en la mía
-Como quiera Don.
Luego tomaron
mate. Sobre ellos, hileras ondulantes de zancudos “rumbiaron” hacia sus
dormideros, en tanto el sol se tambaleaba detrás de la floresta.
-Si gusta, don,
voy a prieparar un frito, ayer cacé un carpincho
-¿Con qué lo
mataste?
-Con la 16
-¿En donde la
tenés?
-Ahí en el
quincho
-¡Traéla chamigo!
-¿Pa´qué?
-¡Traéla te dije!
El mariscador
obedeció. El policía guardó la escopeta al lado de su fusil. VERÓN cortó trozos
de la media res del carpincho. Uno tiró al perro, otro al cuervo. Don Cambicho
sacó unas galletas del bolsón y preguntó
-¿Tenés muchos
cueros que llevar?
-Una docenita
nomás ¿Caben?
-Puede. Decíme
Verón….¿Siempre le das de comer al pajarraco ese?
-Ya es viejo. Lo
crié en Taba´í. Me siguió cuando tuve que alzarme dispué del hecho. Creo que el
cuervo también tuvo la culpa que achuré al gente.
Pero lo mezquino,
don. Y él a mí. Cuando grazna le tengo rabia porque me hace recordar. Mire,
don Cambicho, recién el día que el cuervo se mande a mudar, he de poder
olvidar pa´ empezar de nuevo. No se como no lo liquido de una vez.
-Decime
Verón….¿porqué achuraste al dotor ese?
-Ni yo se, don.
No lo hice adrede, me dentró la chifladura
-¿El, que te
hizo? ¿Te quiso pelear?
-No, don. Que iba
a pelear el infelí. Me enseñó una papeleta y me dijo que tenía que dirme del
campo ese mismo día. Era bien hablado y yo no tenía contrata. Le dije “si
señor”
-¿Y después?
-¿Dispué?....¡¡Ah!!
vino la Coti con el mate. Hacía poco que me la había agenciado. El finao la comió
con los ojos, le sonrió y dijo……”Vos podés quedarte. Con vos no es la cosa”. Y
ella, de zonza, también le sonrió.
Sobre el olor a
carne asada y el rubor de los leños, sobre los seres cautivos de la gran
laguna, se tendía la noche.
Verón había
tirado la pata del carpincho al perro. De seguida, el cuervo aleteó emitiendo
su graznido destemplado.
-¡¡Maldito
bicho!!-rezongó el cazador. Pero cortó una punta del asado para lanzarla al
ave.
-Así mismo chilló
aquella vez cuando la Coti alargó el mate al finao. Fue entonces cuando pelé el
cuchillo y…..¡Me disgracié!
Los hombres se
estiraron sobre el suelo envueltos en sus ponchos, cerca de las brasas. Un gato
montés entonó un maullo ronco como la tos. Un coletazo de pez sonó en la laguna
y de monte adentro, la risotada de un buho orejudo. Arriba bailaban dos
luciérnagas en la Cruz del Sur.
Al pintarse la
mañana, el estampido del Mauser, chicoteó sobre la Isla Yvaté, acallando los
trinos de un hornero madrugador.
Fue días después,
que Don Cambicho arribó al pueblo costero del Iverá. Los lugareños, al
verlo llegar en la canoa, solo, imaginaron la tragedia. El policía desembarcó
con expresión adusta. Luego señaló al bulto de plumas negras, desparramadas en
el plan.
-Entiérrenlo, al
cuervo, como un cristiano………….
Desde entonces ya
nadie más rastreó al Ángel Verón…
*Rodolfo P.
Betzel-1980*
(Del libro “Ayer
y Hoy en las Letras Goyanas”
de Wenceslao Moore)
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de Wenceslao Moore)
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Por:
unicabettyboop 07/10/2013
Rolando.
Qué grande don
Cambicho, comprensión pura, hombre justo y recto, me encantó la historia, las
descripciones, el respeto mutuo de ambos personajes. MUY BUENO...!!!!
Abrazón.
Graciela.
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