Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
CICATRICES TANGO 1925 Música: Adolfo Avilés Letra: Enrique Maroni Cicatrices incurables de una herida que me ha causado la vida en su triste batallar. Cicatrices que ya no se cierran nunca porque llevan siempre trunca la esperanza de curar.
La quería eternamente pero ella fue perjura y llenó de honda amargura y de pena mi ilusión. Y es por eso que ahora vivo siempre a golpes con la suerte y sólo quiero la muerte para mi angustiado y pobre corazón.
En la cara también luzco con orgullo un recuerdo que es muy tuyo y que llevo por mi mal. Un recuerdo que me hicieron en tu nombre cuando yo jugué como hombre con la vida del rival.
Cicatrices imborrables de un tormentoso pasado que la suerte me ha brindado y que nunca perderé. Cicatrices de mi vida que, aunque no tienen encanto, yo las quiero tanto y tanto que jamás, jamás ya nunca olvidaré.
Un día como hoy...28 de febrero... pero de 1886... nacía
ANTONIO SCATASSO.
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Semblanza de NESTOR PINSON publicada en la página webb TODOTANGO
BANDONEONISTA, DIRECTOR, COMPOSITOR
28 de febrero de 1886 - 29 de julio de 1956 Apodos: El Tano Barullo, El Gringo
Mandolina, guitarra y bandoneón fueron los instrumentos que
tocó este italiano, nacido en Nápoles, pero su actividad estuvo centrada en la
dirección y en la composición musical.
Según Juan Carlos Marambio Catán en su libro autobiográfico
tocaba de oído. Aunque Rubén Pesce, en un trabajo sobre sus inicios, afirmaba
que música y, especialmente armonía, estudió con Alcides Palavecino, quien le
llevó sus primeras composiciones al pentagrama. De todas maneras, si no fue
nulo fue escaso su apego al estudio, pero en los que todos coinciden es en su
memoria privilegiada, en su gran facilidad para retener cualquier música.
Marambio dijo sobre su persona: «Era una pintoresca figura
del ambiente teatral, tuvo éxitos resonantes, pues no carecía de buen gusto y
una fina intuición para crear melodías agradables. Pero carecía de la menor
dosis de cultura, era tosco, agresivo, aunque muy trabajador». A continuación,
relata una anécdota propia de su mentada ignorancia: «Julio Escobar, periodista
y autor teatral, escribía en el diario Última Hora y en su página siempre tenía
preparadas las banderillas para clavarlas.
El título de una nota fue "El
malogrado maestro Scatasso". Esto lo tuvo nervioso pues no entendía lo de
malogrado, el significado de la palabra. Por fin alguien le explicó que no se
afligiera, que en realidad significaba que no le pagaban lo que realmente
merecía. Quedó conforme con la aclaración. Y cuando en La Real (confitería
frecuentada por la gente de prensa) lo vio a Escobar, eufórico, se le acercó
para decirle: "Muchas gracias Escobar, por fin se acuerdan de defender el
trabajo de los músicos, hace tiempo que vengo reclamando lo mal que nos
pagan"».
Llegó al país alrededor de los cuatro años de edad y pronto
se sintió atraído por el mandolín. Con ese instrumento, hizo su debut
profesional, alrededor de 1907, junto al violinista Francisco Canaro y el
guitarrista Félix Camarano, en una gira por el interior. Más tarde se presenta
en algunos cafés de Villa Crespo, junto a Augusto Pedro Berto y a Domingo
Salerno y es posible, según Oscar Zucchi, que ver y escuchar a Berto le haya
despertado el interés por el fuelle.
Ya con la "jaula" sobre sus rodillas, en 1914,
incursionó en el café El Parque, de la calle Talcahuano, al que volvió en 1922
ya afianzado en el instrumento y en el medio tanguero, entonces estaba
acompañado por Fidel Del Negro en el piano, Bernardo Germino, en el violín y
Luis Bernstein en el contrabajo. Y llegó al teatro con su cuarteto, que al año
siguiente presentaba a Tito Roccatagliata en lugar de Germino. Al poco tiempo,
comenzó como director de espectáculos teatrales, que se constituyó en su
principal actividad y motivo de la mayoría de sus composiciones, melodías
sencillas, ideales para los sainetes, que son aceptadas de inmediato por el
público.
En el año 1923 conoció a Ignacio Corsini en el Teatro Smart.
Se establece una gran amistad que se traduciría en una larga trayectoria
juntos. Al año siguiente, actuaron en el Teatro Apolo. Algunos de los músicos
que integraban su orquesta fueron: Julio Vivas en bandoneón -luego guitarrista
de Gardel-, el violinista Alberto Pugliese y Fidel Del Negro.
Comienza a grabar en la Victor acompañando al cantor
uruguayo Oscar Rorra, "El Caruso negro", demasiado pomposo el
apelativo, quizás puesto en broma, porque en realidad era apenas mediocre Entre
los títulos: "Un real al 69" de Salvador Granata, "Triste
regreso", "Recuerdos de arrabal" de Eduardo Pereyra y
"Cruel mujer" de Arturo Senez y Sierra.
Sus actuaciones con Corsini fueron creciendo y en los más
variados escenarios. Actuó repetidas veces en Rosario y Córdoba, también
aparece en Radio Nación.
En 1929 forma un trío para acompañar las presentaciones de
Tita Merello, en Buenos Aires y Montevideo. En 1933 forma la Orquesta Típica
Argentina los Cuatro Ases, para actuar en Chile, Perú, Bolivia y Brasil. Una de
sus últimas actuaciones fue en Radio Argentina en 1943, formó el rubro
Scatasso-Cachito, sobrenombre del bandoneonista Héctor Presas. Siguió ligado al
teatro, pero ya en tareas administrativas, hasta el momento de su muerte.
Fueron numerosos los cantantes que acompañó y ayudó a
escalar posiciones, como a Ernesto Famá y a Azucena Maizani.
Sus principales obras: "Adiós para siempre",
"Caferata", "Dejá el conventillo", "El olivo",
"El poncho del amor", "La cabeza del italiano", "La he
visto con otro", "La mina del Ford", "La tristeza del
bulín", "No me tires con la tapa de la olla", "Pobre
corazón mío", "Ventanita de arrabal", "Ya no cantas
chingolo", "El espejito", "Malandrina", "Mariposa
de cabaret", "Moneda corriente", "Qué sabe la gente",
"Viva la patria", "Lagrimeando lagrimeando", "Macho y
hembra", "Pobre gringo", "Juventud",
"Melgarejo".
Augusto Pedro Berto -quien había sido guitarrero, pero era ya
bandoneonista- utilizó, en 1906, un viejo gato de autor anónimo que tenía en su
repertorio inicial, le cambió el tiempo y lo transformó en la tercera parte de
un tango. Cuando llegó a editarlo -recién en 1917- aclaró en la partitura:
"Tango milonga sobre motivos populares". También demoró en ponerle un
título.
Quinteto Berto
Al respecto, el pianista Juan Santa Cruz le refería a Juan
Silbido (Emilio J. Vattuone), que «cuando actuaba Berto en el cabaret L'Abbaye
de Esmeralda al 500, el citado tango era frecuentemente tocado allí, sin título
alguno». A propósito del título, seguía contando Santa Cruz, «Cierta noche, un
concurrente amigo suyo le expresó: "¿Don Augusto, por qué no lo titula La
payanca?"».
Otra es la historia que el propio Berto le narró a León
Benarós: «Cerca de la esquina de Guido y Callao había un terrenito baldío en
que jugaban unos chicos intentando pialar, con lacitos de piolín, unas
gallinas». Fue entonces cuando oyó a un amigo suyo decirle a uno de los
pequeños: «¡Pialala de payanca!». La frase le dio pie para titular su tango. El
término describe un tiro de lazo con el cual se atrapa al animal por las patas
delanteras.
Por supuesto, merece más confianza la versión del propio compositor.
Pero, ¿no habrá camuflado Berto el verdadero origen de ese título? Nos lo
preguntamos porque existe además, una tercera historia develada por Enrique
Ricardo del Valle: «Según algunos, Payanca era el apodo de una pupila de
quilombo». La copla anónima que se le aplicó al tango parece apoyar esta
versión: "Payanca, Payanquita, / no te apresures, / que el polvo que te
echo / quiero que dure".
Sea como fuere, el tango se tituló "La payanca" y
llevó una letra inicial de Juan Andrés Caruso y luego otra de Jesús Fernández
Blanco. A cincuenta y dos años de su nacimiento, en 1958, el trío Los Muchachos
de Antes -que conducía Panchito Cao- lo convirtió en su "caballito de
batalla". Tal fue, por entonces, el furor del viejo tango que aún los jovencitos
atrapados por el rock and roll solían silbarlo por la calle.
Grabaciones de "La payanca"
Orquesta Eduardo Arolas, canta: Pancho Cueva
Orquesta Típica Victor, instrumental (1926)
Guitarras de Iriarte, Pagés y Pesoa, instrumental
Orquesta Juan D'Arienzo, instrumental (1936)
Cuarteto Roberto Firpo, instrumental (1946)
Orquesta Juan D'Arienzo, instrumental (1949)
Cuarteto Enrique Mora, instrumental (1952)
Orquesta Juan D'Arienzo, instrumental (1954)
Orquesta Héctor Varela, instrumental (1957)
Panchito Cao y Sus Muchachos De Antes, instrumental (1958)
Quinteto Roberto Firpo, instrumental (1959)
Quinteto Roberto Firpo "Quinteto De Antes",
instrumental (1959)
Quinteto Oscar Sabino - "Los Cinco De Sabino",
instrumental
Conjunto Eulogio Viola y su ritmo Del 900, instrumental
Cuarteto Palais De Glace, instrumental
Las Guitarras De Oro, instrumental
Quinteto "Los Taitas", instrumental
Orquesta Osvaldo Pugliese, instrumental (1964)
Quinteto Pirincho Dir: Francisco Canaro, instrumental (1964)
Orquesta Juan D'Arienzo, instrumental (1966)
Conjunto Felipe Antonio, instrumental (1972)
Walter Yonsky, con guitarras de Bartolomé Palermo y Paco
Peñalba (1973)
Orquesta Florindo Sassone, instrumental (1974)
Cuarteto de La Ochava, instrumental (1983)
Orquesta Alberto Nery, canta: Quique Ojeda y Víctor Renda
(1984)