Clarin.com Sociedad 10/05/14
Murió el periodista y crítico gastronómico Miguel Brascó
Tenía 87 años
Estuvo internado durante tres semanas tras sufrir un ACV. Se
destacó, además, como dibujante y escritor.
Luego de permanecer internado durante más de tres semanas,
tras sufir un ACV, esta mañana falleció el periodista y reconocido crítico
gastronómico Miguel Brascó. Tenía 87 años.
Brascó, especialista en vinos, además se destacó en varias
ramas del arte. Fue un respetado dibujante y escritor. Dentro de su faceta
periodística, creo la revista humorística Leoplán y tuvo participaciones en el
canal Gourmet.
Brascó estaba internado en la clínica Colegiales tras sufrir
un ACV el pasado 16 de abril.
Años atrás, en una entrevista con el diario La Nación, donde
también escribía sus columnas, recordó que cuando chico, sus hermanos mayores
vivían en Buenos Aires con su madre y como su padre era médico estaba siempre
de viaje por lo cual "tenía una vida muy libre y muy segura. No pasaba
nada. Era una versión exacta de la Argentina".
Brascó, quien integró el club Epicuro junto al cocinero Gato
Dumas y el bodeguero José Federico López, se graduó de abogado en Santa Fe y
trabajó como publicista en Perú.
"Mi generación fue rescatada por Borges de la
prosopopeya del lenguaje acartonado de Enrique Larreta y los escritores de esa
época. Obviamente, Argentina tiene muchos antecedentes de literatura casi
conversada", rememoraba y destacó que "hay una tradición en la
Argentina de escribir como se habla, que fue lo que impuso primero Macedonio
Fernández y después Borges".
fuente: CLARIN.COM
..........................................
Miguel Brascó: adiós al artista que le puso poesía al vino y
a la vida
Poeta, novelista, abogado e ilustrador, murió en una clínica
de Colegiales a los 87 años. Con un estilo elegante y sarcástico, fue pionero
de la crítica gastronómica y referente del buen vivir.
DIARIO CLARIN –
11-05-2014
Diego Geddes
No era la simple
interacción de un sommelier con un vino. Cuando Miguel Brascó metía su nariz en
una copa para dar su veredicto, metía también todas sus vidas: el poeta, el
escritor, el dibujante, el abogado, el compositor de canciones, el que se casó
seis veces, el que enviudó dos, el padre abandónico, el padre que enterró a una
hija y el padre que tuvo otra a los 70 años. Todo eso era Miguel Brascó. Todo
eso y, sobre todo, el tipo más respetado en el ambiente de la degustación en la
Argentina. El que puso de moda la crítica de vinos al mismo tiempo que se
imponía la moda gourmet en el mundo. El que se burló con sarcasmo de los mil
adjetivos que se usan para definir al vino. El que tenía un personaje (el tipo
de moño y tiradores) que era igual al de su persona. El hacedor incansable, que
trabajó en dos libros hasta sus últimos momentos de lucidez. Brascó, el que
vivió una de esas vidas que ya parecen no poder vivirse más, falleció ayer a
los 87 años en Buenos Aires, después de haber estado tres semanas internado por
un ACV.
Nació en Sastre,
Santa Fe, en 1926, pero sus padres se mudaron a Puerto Santa Cruz, en donde se
crió. Volvió de adolescente y se recibió de abogado. A los 20, se casó con una
mujer 8 años más grande, con la que tuvo su primer hijo, Nicolás. Pero la dejó y
se vino a vivir a Buenos Aires. Conoció la noche y la bohemia. Fue amigo de
Cortázar y de Rodolfo Walsh. Con Quino y Landrú alimentó su pasión de
dibujante. Se fue con el músico Ariel Ramírez de gira por Bolivia y siguió solo
hasta Lima, donde trabajó como dibujante de un diario. Siguió por Madrid por un
posgrado de Derecho, y rumbo a Holanda, para ser obrero en una fábrica de
cigarros.
Volvió al país en
1960 y entró al mundo editorial. El vínculo con la gastronomía llegó cuando se
hizo cargo de la sección Buen Vivir de la revista “Claudia”. “Me dieron un
suplemento de 8 páginas y no me editaban. Yo escribía en el estilo Brascó”. Y
esa fue su marca: inteligente, sarcástico, irónico, preciso, capaz de usar la
poesía y el lunfardo para hablar de vinos. Y el estilo Brascó también era feroz
cuando el ritual de la degustación se volvía snob. Decía: “En una presentación,
un enólogo reconocido tomó el vino, miró al techo y dijo: ‘Cada vez que respiro
este vino me acuerdo del olor de los pantalones de cuero de mi abuelo’. Hubo un
silencio en la sala. Un periodista preguntó: ‘Y, digame, qué parte de los
pantalones’. Ese periodista era yo”, contaba. Pero también sabía revelar
detalles de los detalles. Por ejemplo, sugería no tomar un buen vino si se
comía ensalada con aceto “porque el aceto es tan avinagrado que arruina
cualquier percepción de sabor”.
En una entrevista
tras la muerte de su mujer Lucila Goto (con quien fundó la revista Cuisine
& Vins) dijo que sentía que solo viviría tres años más. Nicolás, su hijo
mayor, la leyó, lo buscó y se reencontraron. “Yo procedí como un chancho -diría
Brascó después- Me fui. Era un capítulo negro de mi vida. Lo abandoné. Ahora
tenemos una buena relación”, dijo Brascó en 2011. Su hija Irene falleció a los
31 en un accidente. Y su hija más chica, Milagros, de 15 años, lo ayudaba a
usar la computadora.
Se reía de su
nariz, Brascó. Porque solía reírse de todo, porque tenía más de una vida para
contar. Y porque siempre enseñaba a quien quisiera escuchar.
fuente: CLARIN
11-05-2014
Nota de Diego Geddes
No hay comentarios:
Publicar un comentario