BOTICA RENOVADA (casi casi drugstore)
LA MESA DEL CAFE - FOLKLORE
publicado en la página webb TODOTANGO
Por: rolandomoro 18/10/2013
-YAGUARÓN-
“Revólveres y
Winchester dejaron su trazo de muerte y humo en el paisaje. Quedaban allí
tendidos el pagador y un policía. Detrás del caserío un atracador-también
muerto-mientras colgaba el brazo izquierdo de otro policía baleado en la
refriega.
El galope de los
caballos alejaba a Monzón-otro de los atracadores- y a lo lejos se divisaba a
“yaguarón” quien llevando las sacas de pago de la peonada de la empresa
quebrachera, huía, herido por el certero disparo de la policía. Pero como
siempre ocurría con el forajido. Llegaba como un fantasma, para luego alejarse
cual ánima en pena. Monzón fue despenado tiempo después, cuando borracho se
enfrentó a un hachero en el baile del “rengo Frías”, allá en Machagai. De
“yaguarón” nunca se supo nada, dicen que huyó para Santa Fe primero, luego
Buenos Aires”
La amarillenta y
desgastada tapa, se cerró cubriendo las páginas de aquella “historia- novelada”
de los años 40, ocurrida en los bravíos y agrestes territorios del Chaco.
-Los días son
hermosos, esplendentes, sin pronóstico de lluvia…. ¿Vamos al paraje “La
Condesita” a pasear y buscar patos?
-Me gustaría….
¿Se podrá llegar?
-Probemos….
Aún no amanecía,
la desgreñada y lujuriosa melena del monte lucía su oscura vestimenta de noche,
cuando la camioneta dejó la negra lengua del asfalto internándose en los
históricos parajes de donde la gente partió un día, junto a los quebrachos, que
supieron poblar en otros amaneceres esa desolada tierra de pastizales y
esteros.
Las nubes vestían
su rosada vestimenta del rosicler, cuando las sílabas escritas por bandadas de
carau´neé, iban llenando los pizarrones del cielo. Perezosas garzas se agitaban
en nervioso vuelo y sus alas cual inmensas tijeras fueron cortando el aire
calmo de la mañana. A lo lejos el grito del chaja, desde su seco y ramoso
mangrullo, anunciaba nuestra presencia y una liebre amanecida, cruzó con
premura el sendero abandonado que transitábamos.
Las viejas ruinas
aun podían distinguirse en medio del pastizal que fue tomando posesión de
aquellos territorios de los cuales durante milenios, habían sido de su
exclusiva propiedad. Con amplio rodeo nos dirigimos al sur, donde una extensa
laguna nos posibilitaría ver aves migratorias como los ánades que buscábamos.
El paraje se
encuentra en el difuso límite entre Santa Fe y los territorios del Chaco. La
avanzada “gringa” de colonización llegó por esos cardinales desafiando a las
tribus nativas que vivían más al norte. Luchas intensas, llantos y sufrimiento
de ambos bandos, fueron lo cotidiano de aquellas gestas épicas entre
inmigrantes y nativos.
El silencio, sólo
herido por la suave brisa que acariciaba el pastizal, impulsaba a la
meditación. Músculos laxos y alerta olvidada en la ciudad, llevaban al olvido
el desenfundar las escopetas. Amplio giro rodeando el estero y juncales,
mientras el vehículo establecía el sendero a través de sus cubiertas, en andar
calmo y prudente.
Al mediodía
amainando bajo una tala, dimos paso al avío generoso que habíamos traído de la
ciudad. Entre salamines, galletas, queso del bueno……¡¡Una botella de buen
tinto!!
El tiempo marcaba
sus horas sin apuro. Frente nuestro un monte abigarrado nos impedía la visión
del horizonte. Timbó, Aguaribay, Lapachos y sotobosque intenso que al reanudar
la marcha, nos obligaron a transitar marcha adelante, atrás, vuelta a la izquierda,
a la derecha y retomar. Luego de una hora de “fabricar” senderos, salimos a un
abra inmensa, limpia…. ¡Los bañados del Tapenagá!
A principios del
siglo pasado llamaban a esos parajes como “El Baile”, pues allí se reunían los
nativos luego de atacar las poblaciones gringas de “Las Toscas” y “Florencia”,
para festejar y hacer orgías de celebración. También allí fueron exterminados cientos
de originales al ser “descubiertos” por las partidas de escarmiento enviadas
por el gobierno nacional.
En medio de
pastizales y achirales, podía distinguirse un solitario y aislado puente de
madera, a él nos dirigimos en marcha lenta y doble tracción.
-Al llegar dijo
mi compañero……. ¿No vas a pretender subir allí?
-Me encantaría,
observa esas cuadernas de quebracho y urunday, están como recién hechas.
-Este puente
tendrá más de ochenta años.
Sentía una rara
atracción, un deseo muy fuerte de trepar a ese viejo puente, olvidado,
construido a principios del siglo pasado para sacar madera de los campos con
rumbo a Villa Guillermina, donde se encontraba “La Forestal”. Nadie pasaría por
allí en más de sesenta años, pero se lo veía tan bueno que la determinación muy
dentro de mí era imperiosa.
-Estará lleno de
hormigas verijeras y avispas bravas.
-¡No nos
bajaremos del vehículo!
-Estás loco, bien
sabes que las verijeras no pican, sacan el pedazo de donde tienes la piel más
fina…. ¡Los mellizos!
- No seas cagón chamigo….
¡Voy a subir!
Primera baja y
lentamente fuimos subiendo al viejo puente que gauchito resistía. Tantas
toneladas habrán aguantado sus cuadernas para que el peso de un vehículo
moderno no lo sintiera. Una vez arriba de esa vieja armazón sin barandas,
paramos la camioneta y nos dimos a observar el paisaje.
Quietud total,
una calma infinita que nos invadía completamente. Tiempo e historia se
agolpaban en nuestra mente para decirnos que por allí pasaban la saga de
tragedias y alegrías. De sueños y frustraciones de generaciones de semejantes.
A la izquierda un
amplio bañado cubría hasta donde alcanzaba la visión. A la derecha un
serpenteante arroyo en medio de vegetales, daba directamente debajo del puente.
La abundante flora impedía ver por debajo. En sus cabeceras plantas de tala
nacían fuertes y sanas, agrandando el misterio de lo que cubría la antigua
construcción...
-Mira allá, a la
izquierda…. ¡Son picazos!
-¡¡Si, son
picazos!!
-Están en el
bañado y hay muchos
-¿Cómo hacemos
para llegarles?
-Imposible andar
por esos bajos, todo esta cubierto de embalsados
-Sólo si traemos
el canobote y con dos pértigas nos empujamos
Amos y esclavos
de un tiempo sin tiempo, nos sentíamos como los viejos moradores, dueños del
entorno. Lentamente al ser las 18,30 hs. Dimos marcha atrás y salimos al
pastizal para retomar las huellas que habíamos hecho anteriormente con tanto
cuidado.
De vuelta al
hogar, con mente limpia y antes de entregarme al descanso, lo veo. En la mesa
de luz permanecía el amarillento libro que relataba de aquel bandolero rural
que un día había logrado escapar herido.
“De “yaguarón”
nunca se supo nada, dicen que huyó para Santa Fe primero, luego Buenos Aires”
El lunes golpea
con su carga de obligaciones propias y ajenas. Teléfonos enloquecidos,
alterados, que nunca dicen nada. Noticieros con su carga de miserias y mala
onda, sueño difícil de conciliar…..¡¡La vida golpea a mi puerta como todos las
semanas!!
-Debemos poner
frazadas sobre el techo para que el canobote no lastime la pintura en los
barquinazos.
-¡No olvides
levar un rifle por las dudas!
-La luz, ojo que
eso es importante
Bajar la canoa en
el riacho fue duro, no encontramos lugar propicio cerca del puente para
hacerlo. Nos alejamos un centenar de metros hasta un recodo y allí con cuerdas
pusimos la embarcación en el agua. Dos varejones largos de aliso serían nuestra
propulsión y arrancamos.
Poco tiempo
después nos encontrábamos debajo del puente. Pudimos ver de esa forma la
magnifica construcción de los mayores que en otro tiempo diseñaron y realizaron
una estructura tan fuerte y genial. Por el lado izquierdo el río tocaba la
orilla sobre la cabecera. Por el lado derecho la vegetación formaba un cubículo
que daba al albardón, cuyos bordes se encontraban protegidos por las abundantes
plantas de tala.
Permanecimos en
silencio, mientras aferrábamos fuertemente las pértigas que nos impulsaban.
Una sensación de
vacío y urgencia nos fue ganando en ese silencio al acercarnos al contrafuerte
de su cabecera.. ¿Que cubría el viejo puente con tanto celo?
Machete en mano
nos abrimos paso en la vegetación para llegar a la lengua de tierra donde se
afirmaban sus pilares.
Olvidando las
hormigas y avispas bravas, mis ojos seguían el raro impulso de ver que se
ocultaba allí.
Que raro misterio
guardan los debajo puentes que nos impulsa a investigar. Embrujo de todo
aquello que permanece vedado a los ojos y su rápido mirar, muchas veces sin
ver.
Dos talas y las
jarillas removidas, dan ingreso al albardón de su cabecera derecha. Al poner un
pié sobre la seca lengua de tierra. La visión de un cráneo humano me deja
petrificado. Era muy visible volcado sobre el contrafuerte. Huesos
desparramados por el entorno.
Espero a mi amigo
que aun amarraba la embarcación, al bajar, una señal de la cruz me indica que
él también había visto el esqueleto humano.
-¿Será un indio?
-Tal vez, tal vez
-¡Acerquémonos
más!
Mi amigo, a quien
estas cosas lo molestan de sobremanera, permaneció anclado en la costa del
agua.
Con lentos y
cuidados pasos para no pisar los huesos, fui acercándome al finado. Debía
llevar allí muchos años, posiblemente más de 50. Cerca se notaban dos armas,
que por lo ruinoso y oxidado casi no se podían distinguir. Pero una había sido
larga y otra corta-posiblemente un revolver-Además se notaban dos
semienterrados bultos.
Con el cuchillo
fui sacando la tierra de uno de esos bultos. Se trataba de un antiguo maletín
de cuero totalmente destruido…… ¡Los restos no eran de un nativo!
-¡Vámonos de
aquí, dijo mi amigo!
-Espera un poco
más…. ¡Quiero ver de que se trata!
El cuchillo fue
desenterrando lo que restaba del maletín. Las dos presillas de cierre aun se
notaban perfectamente. Dentro pude ver, en medio de hojas ilegibles, una en la
cual se leía “LA FORESTAL”. Era una planilla de pago. También billetes
destruidos de vieja denominación.
La ruta de fuga
de aquel asalto al pagador, pasaba por este puente…. ¿Sería yaguarón?
Con el machete
cortamos unas ramas de tala para hacer pequeña cruz y plantarla a su lado.
Luego retornamos al bote y sin pensar en buscar los picazos que habían motivado
esa salida, retornamos al hogar en silencio. Respetamos la privacidad de “SU”
lugar de muerte, nunca lo comentamos con nadie que pueda, a través del morbo,
alterar la paz que tanto había buscado.
“De “yaguarón”
nunca se supo nada, dicen que huyó para Santa Fe primero, luego Buenos Aires”
*ROLANDO E.MORO*
(Cuentos y Vivencias del Chaco)
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Por: unicabettyboop 18/10/2013
Rolando, como siempre, una maravilla...!!!! Ya me da vergüenza ponderarte los escritos, pero es así, están preciosos. Como ya me dijiste veinte veces que no te interesaba publicarlos en un libro ( por lo menos no ahora...) no te lo diré más, pero mientras tanto, al mismo tiempo que están acá en el foro, los voy publicando en mi blog,que claramente lo lee menos gente que esta página, pero que son personas de otros grupos afuera del tango, que nunca vendrán a leer acá, entonces es una forma también de difundirlos.
Me reí tanto de
cómo el comisario Benavides tiraba tiros contra la pantalla de tela del
cine...!!!!!! jajajajaja...!!! Tu relato es una pintura perfecta de lo que eran
los cines en los pueblitos, lugar de reunión donde no faltaba nadie.
Y el relato del
YAGUARON.... sin palabras...!!!! impresionante....!!!!
Más para uno que
ni se imagina andar por el río y por esos parajes...son experiencias totalmente
diferentes de lo que se vive en una ciudad grande.
Te felicito.
ABRAZON.
Graciela.
Por: rolandomoro 19/10/2013
GRACIELA: Si un
cuento, relato o vivencia, logra llevarte a la emoción…. ¡Valió la pena!
Quien escribe una
poesía requiere de imaginación, conocimiento de términos y fundamentalmente
prolijidad en el manejo del idioma. Se puede escribir al amor o la desolación,
sin haber salido jamás de una habitación, pues las emociones son innatas. La
vena poética con la que escriba, marcará la diferencia con el resto.
Un payador,
relator costumbrista o simplemente quien escribe sobre vivencias, necesita
experiencia y conocer profundamente el camino que transita. Escribir sobre
aquello que no se conoce es llegar al terreno de la indiferencia pues no
logrará nunca hacer que quien lee, pueda sentirse parte del escrito.
Personalmente
solo tecleo sobre lo vivido y experimentado, aparte de los recursos literarios
a los cuales pueda recurrir para cerrar un relato.
En este portal
(durante los últimos 10 años), se volcaron más de 400 relatos y vivencias,
muchos de los cuales podrían rescatarse para ser publicados. Pensando que un
libro solo requiere de 12-20 de ellos para ser impreso, hacen que me replantee
el hecho de ponerlo en la imprenta en el futuro. Me comentaba un joven médico
días atrás (primo de la Chiva-Boca del Arazá-). “Yo tiré la cirugía y pacientes
a la mierda, ahora solo escribo y soy feliz…. ¡No haré otra cosa en el
futuro!”.
Hugo (así se
llama), escribe relatos para chicos y sus libros se venden como pan caliente,
el gobierno lo lleva a distintos colegios y los jóvenes se apasionan con sus
relatos, que él mismo lee. Por ello Graciela, es muy posible que comience a
publicar los cuentos que tengo en el archivo y jamás fueron levantados a página
alguna.
Si tienes a tus
hijos cerca, te deseo que mañana tengas un hermoso día…. ¡Feliz día de la
madre!
Abrazón
Por: unicabettyboop 20/10/2013
Querido Rolando,
me alegro mucho que te replantees el tema de publicar tus escritos en un libro,
o varios...!!!! en un futuro no lejano. Realmente hay muchos que son muy buenos
y merecen ser leídos por muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuchas personas.!!!
De los que has
publicado acá, me vienen a la mente varios: Los sueños de Don Éden..!!!
claramente, Las hojas muertas la historia de amor del ñangapirí... Moloc de
cemento, La calandria, Carbonato de bracio...!!!!!! jajajaja, este
Yaguarón...!!! la historia del "caballo" Pajarito, y tantos tantos
otros.. todos muy lindos. Así que me alegro mucho que lo vayas a hacer algún
día..y te vuelvo a felicitar.
Muchas gracias
por el saludo por el día de la madre, estaré con mi mamá, que gracias a DIOS
está bien, cumplidos sus 81 que como sabes los cumplió el mismo día que vos, y
mis hermanos a la noche para festejar en familia todos juntos, y mi casa se ha
convertido en casa de reunión ya que mis pizzas son muy famosas... jajajaja..!!
Somos cuatro madres así que todo muy lindo, Muchas gracias.
Un beso.
Graciela.
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