LOS ESCRITOS DE ROLANDO
La Mesa del Café - Folklore
publicado en la página webb TODOTANGO
Por: rolandomoro 14/10/2013
-CINE TERRAZA
ATENAS-
En la Argentina
profunda de la década de los 40 y 50 cada pueblito tenía su cine. Lugar de
encuentro obligado de las salidas pueblerinas, donde los jóvenes podían ver a
las chicas que iban creciendo firmes y pulposas
En los pagos de
Allá Ité. El cine constaba de dos partes; una cubierta llamada “Olimpo” y otra
descubierta llamada “Atenas”. Ambas con entradas por calles diferentes, se
comunicaban por un pasillo interno. Si de pronto llegaban las tormentas de
verano, mientras se participaba del cine abierto, debido a los intensos
calores, los concurrentes se trasladaban a la sala cubierta; ocurría lo mismo
con las repentinas neblinas que “caían” sobre el espacio abierto impidiendo
observar la transmisión.
Las instalaciones
del cine Atenas funcionaba como uso múltiple, pista de baile, teatro a cielo
abierto, presentación de magos, cine y cuanto espectáculo podamos imaginar.
Poseía una boletería muy elemental por la entrada que se hallaba frente al Club
Social del pueblito, arriba de la cual funcionaba la propaladora del pueblo.
Luego una gran pared pintada de blanco con cal, donde se proyectaban las
películas. Ocurría que dicha pared, debido a las continuas lluvias, se cubrían
de hongos negros poniendo de noche a filmaciones de prados primaverales. Debido
a ello se cubrió dicha pared con lienzos blancos cosidos por los bordes, que
llegaban hasta el suelo.
Se mejoraron
muchísimo las emisiones, siempre y cuando no hubiese viento que moviese el
“cortinado” haciendo que un muerto repentinamente se moviera cobrando vida.
Luego un
embaldosado que solía ser utilizado como pista de baile, al fondo una cantina
(siempre abierta), donde el dueño (Michel Bader), expedía bebidas y espirales.
Sobre la cantina a su vez, se encontraban las máquinas que emitían las
películas de celuloide. En esa salita siempre se encontraban dos personas, uno
era el operador y otro quien solía apagar los incendios de las cintas que se
producían en cada emisión. Veces las cintas era tan cortadas que resultaba
imposible hilvanar la trama del film.
Líneas se sillas
plegables de madera (como las de antes) y pasillos cada determinada hileras de
las mismas donde encontraban ubicación los espectadores. Las familias solían
concurrir, en épocas de mucha humedad, provistas de espirales Buda o Caracol
por la invasión de mosquitos. Por momentos la humareda era tan intensa que para
ver las películas, era necesario estar en las primeras filas. Cuando la
concurrencia era demasiada, frente a las primeras filas se colocaban esqueletos
de vino, sobre las cuales se asentaban tablones como asiento para los chicos
Gente de pueblo y
colonia con emociones y principios sociales a flor de piel. Las películas
debían basarse en argumentos simples. El bueno, el malo, la humilde chiquilla
desvalida y una familiar mala. Si era de “covoy”, el mocito bueno y lindo, el
feroz bandolero, el sherif de policía y un comerciante o político
corrupto…….¡¡Muchos tiros, infinidad de tiros, donde debía triunfar siempre el
bueno!!
Todo simple,
elemental, donde el interés giraba sobre el triunfo de la justicia y la bondad.
De acuerdo a la
película, los chicos podíamos concurrir acompañado por algún mayor, tía, tío,
padrino o amigo de la familia pues se regresaba de noche y en la oscuridad.
Corría el 54 o 55, cuando acompañado por un tío fuimos a ver dos películas de
la época (clase vagón de cola, categoría de la Ñ a la Z). Al entrar se
encontraba sentado en primera fila Don Braulio Benavides, comisario del pueblo,
hombre derecho y formal, pero más bruto que una tapia. Él era “Policía de
Territorio" y jamás había salido de la jurisdicción. Todo su proceder era
de tendencia “maniqueísta” para quien existían solo los buenos y los malos, sin
importar si se tratase de un ganadero, dueño de bailanta, cuatrero, actor de
teatro o cine. Se encontraba aquella noche acompañado por su mujer y una hija
que tendría a la sazón unos 18 años.
La película era
de un protagonista que hacía de malo, muy malo. Un muchacho humilde y
trabajador y una bella joven, inocente y soñadora, quien trabajaba de sol a sol
para una patrona mala. Lógicamente, el rico estaba enamorado de la joven
protagonista y como ella no quería a ese malvado hombre mayor, éste le hacía
las mil y una tropelías.
La cinta corría
junto a la indignación de toda la concurrencia de la colonia, que iba cargando
bronca en cada acto- la mujer del comisario era la más enojada-cuando de pronto
el traidor sacando una daga espera escondido al joven trabajador para matarlo.
Una de las asistentes se levanta y exige de forma imperativa y a los gritos al
funcionario de la ley que proceda inmediatamente ante tal tropelía. La mujer
del comisario (que no lo tuteaba), agregó…..¡¡Proceda Don Braulio, proceda!!
Benavides,
vestido de bombacha y botas, camisa de dos bolsillos, charretera y jineta de
tres “soles”, bruto e inocente. Se paró y ante su familia-que también sufría-
sacó el revolver de comisión y aplicó tres tiros a la pantalla de lienzo.
El operador cortó
la emisión y se encendieron las luces. Una parte de la concurrencia aplaudía,
mientras el resto de los asistentes no salían del asombro.
Quedó en el decir
popular la expresión generada aquella noche, cuando “algo” no estaba bien……¡¡Te
voy a aplicar la de Braulio!!
También…..¡¡Cúralo
a lo Benavides!!
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