martes, 15 de octubre de 2013

CINE TERRAZA ATENAS, LOS ESCRITOS...

La botica renovada (casi casi..drugstore)
LOS ESCRITOS DE ROLANDO
La Mesa del Café - Folklore
publicado en la página webb TODOTANGO

Por: rolandomoro    14/10/2013



-CINE TERRAZA ATENAS-



En la Argentina profunda de la década de los 40 y 50 cada pueblito tenía su cine. Lugar de encuentro obligado de las salidas pueblerinas, donde los jóvenes podían ver a las chicas que iban creciendo firmes y pulposas

En los pagos de Allá Ité. El cine constaba de dos partes; una cubierta llamada “Olimpo” y otra descubierta llamada “Atenas”. Ambas con entradas por calles diferentes, se comunicaban por un pasillo interno. Si de pronto llegaban las tormentas de verano, mientras se participaba del cine abierto, debido a los intensos calores, los concurrentes se trasladaban a la sala cubierta; ocurría lo mismo con las repentinas neblinas que “caían” sobre el espacio abierto impidiendo observar la transmisión.

Las instalaciones del cine Atenas funcionaba como uso múltiple, pista de baile, teatro a cielo abierto, presentación de magos, cine y cuanto espectáculo podamos imaginar. Poseía una boletería muy elemental por la entrada que se hallaba frente al Club Social del pueblito, arriba de la cual funcionaba la propaladora del pueblo. Luego una gran pared pintada de blanco con cal, donde se proyectaban las películas. Ocurría que dicha pared, debido a las continuas lluvias, se cubrían de hongos negros poniendo de noche a filmaciones de prados primaverales. Debido a ello se cubrió dicha pared con lienzos blancos cosidos por los bordes, que llegaban hasta el suelo.

Se mejoraron muchísimo las emisiones, siempre y cuando no hubiese viento que moviese el “cortinado” haciendo que un muerto repentinamente se moviera cobrando vida.

Luego un embaldosado que solía ser utilizado como pista de baile, al fondo una cantina (siempre abierta), donde el dueño (Michel Bader), expedía bebidas y espirales. Sobre la cantina a su vez, se encontraban las máquinas que emitían las películas de celuloide. En esa salita siempre se encontraban dos personas, uno era el operador y otro quien solía apagar los incendios de las cintas que se producían en cada emisión. Veces las cintas era tan cortadas que resultaba imposible hilvanar la trama del film.

Líneas se sillas plegables de madera (como las de antes) y pasillos cada determinada hileras de las mismas donde encontraban ubicación los espectadores. Las familias solían concurrir, en épocas de mucha humedad, provistas de espirales Buda o Caracol por la invasión de mosquitos. Por momentos la humareda era tan intensa que para ver las películas, era necesario estar en las primeras filas. Cuando la concurrencia era demasiada, frente a las primeras filas se colocaban esqueletos de vino, sobre las cuales se asentaban tablones como asiento para los chicos

Gente de pueblo y colonia con emociones y principios sociales a flor de piel. Las películas debían basarse en argumentos simples. El bueno, el malo, la humilde chiquilla desvalida y una familiar mala. Si era de “covoy”, el mocito bueno y lindo, el feroz bandolero, el sherif de policía y un comerciante o político corrupto…….¡¡Muchos tiros, infinidad de tiros, donde debía triunfar siempre el bueno!!

Todo simple, elemental, donde el interés giraba sobre el triunfo de la justicia y la bondad.

De acuerdo a la película, los chicos podíamos concurrir acompañado por algún mayor, tía, tío, padrino o amigo de la familia pues se regresaba de noche y en la oscuridad. Corría el 54 o 55, cuando acompañado por un tío fuimos a ver dos películas de la época (clase vagón de cola, categoría de la Ñ a la Z). Al entrar se encontraba sentado en primera fila Don Braulio Benavides, comisario del pueblo, hombre derecho y formal, pero más bruto que una tapia. Él era “Policía de Territorio" y jamás había salido de la jurisdicción. Todo su proceder era de tendencia “maniqueísta” para quien existían solo los buenos y los malos, sin importar si se tratase de un ganadero, dueño de bailanta, cuatrero, actor de teatro o cine. Se encontraba aquella noche acompañado por su mujer y una hija que tendría a la sazón unos 18 años.

La película era de un protagonista que hacía de malo, muy malo. Un muchacho humilde y trabajador y una bella joven, inocente y soñadora, quien trabajaba de sol a sol para una patrona mala. Lógicamente, el rico estaba enamorado de la joven protagonista y como ella no quería a ese malvado hombre mayor, éste le hacía las mil y una tropelías.

La cinta corría junto a la indignación de toda la concurrencia de la colonia, que iba cargando bronca en cada acto- la mujer del comisario era la más enojada-cuando de pronto el traidor sacando una daga espera escondido al joven trabajador para matarlo. Una de las asistentes se levanta y exige de forma imperativa y a los gritos al funcionario de la ley que proceda inmediatamente ante tal tropelía. La mujer del comisario (que no lo tuteaba), agregó…..¡¡Proceda Don Braulio, proceda!!

Benavides, vestido de bombacha y botas, camisa de dos bolsillos, charretera y jineta de tres “soles”, bruto e inocente. Se paró y ante su familia-que también sufría- sacó el revolver de comisión y aplicó tres tiros a la pantalla de lienzo.

El operador cortó la emisión y se encendieron las luces. Una parte de la concurrencia aplaudía, mientras el resto de los asistentes no salían del asombro.

Quedó en el decir popular la expresión generada aquella noche, cuando “algo” no estaba bien……¡¡Te voy a aplicar la de Braulio!!

También…..¡¡Cúralo a lo Benavides!!


LOS ESCRITOS DE ROLANDO
La Mesa del Café - Folklore 
publicado en la página webb TODOTANGO

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