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sábado, 1 de febrero de 2014

-MARIA ELENA WALSH, ESCRITORA

Un día como hoy... 1 de febrero... pero de 1930...nacía
MARIA ELENA WALSH. 
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María Elena Walsh, fotografía de Sara Facio
 
María Elena Walsh 
Ramos Mejía, Buenos Aires, 1 de febrero de 1930 
Buenos Aires, 10 de enero de 2011
fue una poetisa, escritora, música, cantautora, dramaturga y
compositora argentina

MARIA ELENA WALSH
En este blog, EL BOLICHO, hemos publicado más de veinte de sus canciones, y biografías, el día 1 de febrero de 2013, para quienes deseen leerlas.

Tambien sus comienzos con el dúo folklórico que formó con Leda Valladares:
LEDA Y MARIA

viernes, 10 de enero de 2014

MARÍA ELENA WALSH, ESCRITORA

Un día como hoy... 10 de enero...pero de 2011....fallecía
MARIA ELENA WALSH.
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MARIA ELENA WALSH
1 de febrero de 1930 - Ramos Mejía
10 de enero de 2011 - Buenos Aires
ESCRITORA INFANTIL, COMPOSITORA, AUTORA, CANTANTE

En este blog, EL BOLICHO, hemos publicado esta biografía de su página oficial, y otra, y más de veinte de sus canciones.
MARIA ELENA WALSH


invitamos a visitar la página oficial de la escritora:
www.mariaelenawalsh.com   

martes, 3 de septiembre de 2013

MARIA GRANATA, ESCRITORA



Un día como hoy... 3 de septiembre... pero de 1924... nacía
MARIA GRANATA.
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Nota sobre la escritora María Granata
De la página webb de SAN VICENTE          

"...todos nosotros tenemos aquí en San Vicente una gran maravilla:  que nos vemos nosotros y vemos a los demás."

Granata, nació en 1924, y comenzó a escribir sus primeros versos cuando todavía era una niña y desde un principio se vio influenciada por la vida natural y la sencillez de lo cotidiano.  Su padre, medico y doctor en filosofía y letras, fue quien le dio el primer incentivo, según ella, para inclinarse hacia la literatura.

Una excepcional poeta y narradora, donde sus novelas transitan por lo maravilloso, a veces hasta lo inverosímil, y siempre con un alto contenido poético en la expresión.  Aun así no dejo de maravillar a todos, realizando obras también para niños como para adultos que han hecho palpitar y sigue haciéndolo, a tantos lectores.  Su casa de San Vicente, en la que vivió durante muchos años, y que nunca ha dejado de visitar, esta  ubicada en el kilometro 46 de la ruta 210, a la cual se llega por un camino de tierra, rodeada de arboles que ella misma planto.  Es así como se nota en las obras que realizo que el medio geográfico siempre la ha influido al momento de escribir. Lo podemos comprobar al leer sus cuentos, aunque en cualquiera de sus obras se nota esta influencia, que se nutrieron de esa gran sensibilidad por la naturaleza que la ha rodeado.

Granata declaraba, en la década del 70, el porque le gustaba tanto San Vicente: "Lo curioso es que San Vicente, aun estando pegado a Buenos Aires, haya conservado una casa tan intocada que aún la capital de la República no ha llegado a contaminarla con sus costumbres, su ritmo; aquí todavía existe el silencio, los pájaros que para mí es maravilloso y no solo para descansar, pensar, sino también para sentir". 
 













BIBLIOTECA ESCOLAR MARIA GRANATA   (ESCUELA Nº 1)



Ella viviendo como vivió en San Vicente, en contacto con la naturaleza, le hizo exaltar una cantidad de valores precisamente de la naturaleza, de la condición humana, exenta del artificio del ritmo de la ciudad, es decir  esa mayor naturalidad del ser que tiene tiempo para sentir y pensar  "... todos nosotros lo tenemos aquí en San Vicente, disponemos de esa maravilla,  que nos vemos nosotros y vemos a los demás."

"No me gusta mucho escribir, lo que a mí me gusta es la vida de todos los días, vivir como todos..."

La inspiración que obtiene para escribir, aunque ella no cree en la inspiración, la forma en que obtiene y crea sus obras y como ve la literatura como expresión son puntos esenciales para comprender la forma en que se expresa al momento de leer alguna de sus obras.

Ella jamas escribe de noche, siempre lo hace con la luz del sol como testigo, creándose a su alrededor un ambiente bohemio con elementos de la cotidianeidad e inclusive con interrupciones las que, declara María, la ponen en movimiento.

En un momento su amigo Carlos Gorostiza, le ha dicho "No sabes la maravilla que es la computadora. Yo ya no podría escribir sin la computadora..." a lo que ella respondió "pero si yo tuviera que trabajar con una computadora sentiría la interferencia de la cosa exclusivamente no poética y no podría. Necesito escuchar el sonido de las teclas que golpean. Necesito tocar, oír, sentir cuando construyo mis personajes. Me resulta más vibrante el sonido de la maquina y me lleva."

"Yo necesito la vibración de la gente, inclusive las conversaciones. En silencio, o encerrada en una habitación no podría escribir ni una sola palabra...". 

El principal pilar del pensamiento de Granata que la lleva a crear una obra es que por lo general el subconsciente hace una gran tarea por la cual  se nutre a la hora de escribir.  Esto quiere decir que uno de pronto va acumulando sensaciones, cosas que observa, y que lo emocionan "... yo creo que caen allí y de pronto van madurando y un buen día salen, por lo menos mi experiencia es esa...". Casi todo lo que ha escrito, lo realizo viajando en trenes, en bares o en su casa. "... Yo necesito la vibración de la gente, inclusive las conversaciones. En silencio, o encerrada en una habitación no podría escribir ni una sola palabra...". Eso es lo que hace que lo que ella tenga adentro salga. "Eso se debe a que el consciente se aferra a lo que sucede alrededor, a las conversaciones, a los problemas, entonces el subconsciente sale sin que el consciente lo dirija, o polemice con él, entonces allí sale una cosa fluida a la cual a veces me entero después que lo leo."

"Lo mas tremendo que le puede ocurrir a un escritor es tener que estar sufriendo ante una pagina en blanco."

Uno se sorprende al enterarse que a María no le gusta mucho escribir, que ha estado hasta tres años sin escribirá nada. "Lo que a mí me gusta es la vida de todos los días, vivir como todos, me gusta andar con los animales", prueba de ello es que ha dejado un poema a medio escribir, para poder atender a unos pollitos que acababan de nacer de una incubadora que ella estaba criando. Pero eso no es todo, además de que no le gusta mucho escribir, tampoco lee mucho.  Esto se debe a que siempre a tenido terror a llegar a ser una intelectual o vivir como intelectual. Pero esto no quiere decir que cuando ha sentido la necesidad de escribir no lo haga, sino que lo ha realizado con mucho gusto.  Es así que, declara Granata, sentirse obligado a escribir algo sin una idea o un sentimiento que guíe la obra es lo peor que le puede ocurrir a un escritor.

Por otro lado siempre ha pensado que la literatura no es un "Don vitalicio", no basta el oficio para hacer un libro, sino que el libro debe ser "un propio documento humano".  Además de que le  parece que un escritor, o un artista en general, debe estar en un estado de combustión permanente. Atento al mundo que lo circunda, muy consustanciado con el drama humano, con la alegría humana. Así todo ese material se va a ir organizando en el inconsciente para que después florezca y se valla elaborando secretamente.

"Yo escribo para tratar de conocer a los demás y por consiguiente conocerme mas"

Como ya hemos dicho, Granata a explorado principalmente por tres géneros de la literatura, a saber: la poesía, narrativa, y cuentos infantiles.

Ella procede de la poesía,  por tal motivo es que en su narrativa hay un trasfondo poético. En su literatura se puede encontrar su pasión por la vida y por la exploración de la condición humana. "Yo creo que un escritor es también un explorador y eso es lo que a mí me atrae. Yo escribo para tratar de conocer a los demás y por consiguiente conocerme mas"

La poesía, para ella, es la expresión suprema de la literatura. La poesía es la iluminadora, indica y continua diciendo, es como una condensación extrema que descubre un montón de cosas. Es definitoria. "La poesía me carga."

Su obra poética comprende algunos de los siguientes poemarios:
Umbral de tierra. 1942 (cuando tenia 18 años)
La muerte del adolescente. 1946
Corazón cavado. 1952
Color Humano. 1966
Cerrada Incandescencia.

En cuanto a la narrativa, su actitud es la misma que tuvo frente a la poesía. Siempre estuvo buscando que el sentir y el pensar se conjuguen.  "La narrativa es salir de mí hacia los demás con una especie de gran alegría. Es como correr por el mundo en busca de seres que no aparecen y yo me veo yendo hacia ellos."

Su narrativa está integrada por ocho novelas:
Los viernes de la eternidad. - Realizada luego de 2 años sin escribir y  llevada al cine de la mano de Héctor Olivera, con la actuación de Héctor Alterio y Thelma Biral. 1981
Los tumultos. 1974
El Jubiloso exterminio. 1979
El diluvio y la guerra.
El visitante.
La escapada.
El sol de los tiempos. 1992
Lucero Zarza. 

Por ultimo, en la literatura infantil su comienzo ha sido un tanto azaroso.
El comienzo en el mundo de la escritura para niños fue meramente circunstancial; ella estaba  colaborando en el diario "El Mundo" con unas notas que salían quincenalmente y en ese momento el  director del mismo, el Sr. Saenz Peña, le pide que haga cuentos infantiles con la idea de publicarlos todos los domingos, siendo este el inicio de ya mas de treinta cuentos infantiles publicados. Sin ese pedido expreso, indico Granata, quien sabe si hubiese  empezado alguna vez.

 "Una vez que yo empiezo a hacer un cuento infantil me doy cuenta que en mi ofrece una extrema libertad, una imaginación sin limites. Eso hace que me guste, que me interese, además yo me llevo muy bien con los chicos en general; creo que el chico coincide enormemente con el poeta, se asombra, hace descubrimientos, es un ser todavía libre..."

 En la literatura infantil tiene mas de treinta cuentos publicados.
 Agustin y la ventanita.            
Fantasía en la granja
Gallo Kikirico.                        
Jugando con las crías
Selva disfrazada.                     
Travesuras en el agua –                         
El ángel que perdió un ala.                  
Viaje en globo.                                     
Pico de cigüeña, Trompa de elefante
Que le paso al León?                            
Un río de duendes.                  
Aventuras en la selva.                            
Un saltarín para el Rey Clodovin.                    
El cazador de zorros azules.                              
La escoba endiablada.                        
El tren que aprendió a jugar.                             
La fiesta de los lagartos.                      
El perro sin terminar.                             
El niño azul.                 
La ciudad que levanto vuelo.                             
Una alegre visita.                     
El bichito de luz sin luz.                                     
Lucero Zarza.            
Río Turuntun.                            
Piupi.              
El gallo embrujado.                               

Su obra narrativa "Los viernes de la eternidad"  merece una mención aparte ya que, además de que es una de las novelas más importantes de la literatura fantástica Argentina, donde su trama contiene numerosos elementos que subyugan al lector, tales como las virtudes, las pasiones, las lealtades y las traiciones, ha sido llevada al cine en el año 1981 bajo la dirección de  Héctor Olivera, con la actuación de Héctor Alterio y Thelma Biral.

Al respecto María Granata dijo: "Cundo me propusieron llevar la novela al cine debo confesar que, primero yo tuve muy clara conciencia de que se trataba de un lenguaje distinto, es un lenguaje con sus experiencias propias, además es un espectáculo; de modo que hay exigencias que yo debía respetar, es decir, le respete al director toda la libertad que debía tener para hacer la película, porque necesitaba hacerla como la veía y la sentía, pues la película es obra de él. Cuando la vi, note la seriedad con que realmente la hizo, porque era un libro realmente difícil de ser llevado al cine. La película termina cuando todavía le faltan tres capítulos; de los cuales uno es muy largo; pero de todos modos, ese final no quedaba con una interrupción pues el mensaje está. En la película no podía haber la cantidad de reflexiones que yo hago en el libro, y que para mí en él quizá es una de las cosas más importante o fundamentales y eso no se podía lograr. De modo que a mí me parece magnifico dentro de lo que se podía hacer."

Esta gran escritora a sido distinguida y ganadora de diversos premios, y ha participado como jurado en variados eventos.

Entre los premios más destacados se encuentran:

Premio Municipal de Poesía y el del Certamen Martín Fierro. (Con Umbral de tierra). El Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Buenos Aires, Premio Martín Fierro de la Sociedad Argentina de Escritores, Premio Consagración de la Provincia de Buenos Aires, Premio Almafuerte, Premio Gente de Letras, Premio Nacional de Literatura y el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. Y el Premio Strega de la Argentina originado en Italia, obteniendo el primer puesto, siendo los cinco finalistas: Ernesto Sabato, Manuel Muiica Lainez, Juan Luis Gallardo, Jorge Luis Borges y María Granata que se llevo la estatuilla ganadora. 
http://www.websanvicente.com.ar/imagenes%20paginas/personalidades/maria%20granata/foto05.jpg
GRANATA RECIBIENDO EL PREMIO STREGA

Por ultimo queremos dejar un mensaje de la escritora donde muchos años atrás escribió una página encantadora, partiendo de algo sorprendente: ver cómo una rama verde puede brotar de los viejos muros de una casa en ruinas. Luego transfiere el dato a la experiencia de la vida cotidiana:

"La naturaleza humana también atraviesa los más fuertes espesores de la dureza, de la impiedad, en busca de la luz y de la vecindad del cielo, al igual que la rama que ha traspasado el muro.Nunca se sabe a ciencia cierta de dónde se han sacado fuerzas imprescindibles para cumplir ese agobiante itinerario; de qué manera se ha podido abrir un ínfimo camino, el trazo de la esperanza, tramo a tramo, con qué desesperación y, al mismo tiempo, con qué intensa vocación de vida. Porque en estos casos lo que cuenta es que la vida sea nuestra más definitiva vocación, la que en mayor grado nos represente y contenga, el haz ceñido de nuestros impulsos y asimismo el haz de nuestras convicciones.

Lo maravilloso es vencer la negación, lo compacto de los muros que nos cierran el paso, poder abrir un hilo de camino y recorrerlo con la paciencia del tallo que necesita la luz para brotar, una paciencia hecha de apasionadas y minuciosas consagraciones en que jamás se toma una derrota como definitiva, en que la ocasional derrota sirve para encender un nuevo desafío.Salir a la luz es una de las más bellas posibilidades; Hacer que la vida continúe en virtud de nuestra decisión, es bordear el milagro, acercársele hasta vislumbrar su centro.La delgada rama verde que ha traspasado el muro para seguir siendo más que una curiosidad, es más que lo insólito que de vez en vez se nos hace presente. La contemplo como si en cada una de sus hojas reconociera algo de mí misma y también algo de todos aquellos que han sabido abrirse paso en medio de la dureza". El ejemplo del tallo delgado que lucha por sobrevivir entre el cemento es un desafío también para todos nosotros. Cuando la noche se cierne sobre nuestra vida, el tallo nos impulsa a luchar hacia la luz. Ella está. Es cuestión de cambiar en la dirección correcta. 

San Vicente; el pueblo, su hogar y familia, que siempre quiso y querrá, con humildad y pasión.

fuente: página webb de San Vicente

 
 
 


 

 

domingo, 26 de mayo de 2013

ELSA BONERMANN, MIL GRULLAS



ELSA BONERMANN - MIL GRULLAS

 
Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos.



Porque ellos eran nuevos en el mundo. También, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendía muy bien qué era lo que estaba pasando.



Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados y tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa diaria y el miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a la noticia de la radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes. Sin embargo, creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo.



¡Ah... y también se estaban descubriendo uno al otro!



Se contemplaban de reojo durante la caminata hacia la escuela, cuando suponían que sus miradas levantaban murallas y nadie más que ellos podían transitar ese imaginario senderito de ojos a ojos.



Apenas si habían intercambiado algunas frases.



El afecto de los dos no buscaba las palabras. Estaban tan acostumbrados al silencio...



Pero Naomi sabía que quería a ese muchachito delgado, que más de una vez se quedaba sin almorzar por darle a ella la ración de batatas que había traído de su casa. -No tengo hambre —le mentía Toshiro, cuando veía que la niña apenas si tenía dos o tres galletitas para pasar el mediodía—. Te dejo mi vianda —y se iba a corretear con sus compañeros hasta la hora de regreso a las aulas, para que Naomi no tuviera vergüenza de devorar la ración.



Naomi... Poblaba el corazón de Toshiro. Se le anudaba en los sueños con sus largas trenzas negras. Le hacía tener ganas de crecer de golpe para poder casarse con ella. Pero ese futuro quedaba tan lejos aún...



El futuro inmediato de aquella primavera de 1945 fue el verano, que llegó puntualmente el 21 de junio y anunció las vacaciones escolares.



Y con la misma intensidad con que otras veces habían esperado sus soleadas mañanas, ese año los ensombreció a los dos: ni Naomi ni Toshiro deseaban que empezara. Su comienzo significaba que tendrían que dejar de verse durante un mes y medio inacabable.



A pesar de que sus casas no quedaban demasiado lejos una de la otra, sus familias no se conocían. Ni siquiera tenían entonces la posibilidad de encontrarse en alguna visita. Había que esperar pacientemente la reanudación de las clases.



Acabó junio, y Toshiro arrancó contento la hoja del almanaque...



Se fue julio, y Naomi arrancó contenta la hoja del almanaque...



Y aunque no lo supieran: ¡Por fin llegó agosto! —pensaron los dos al mismo tiempo.



Fue justamente el primero de ese mes cuando Toshiro viajó, junto a sus padres, hacia la aldea de Miyashima. Iban a pasar una semana. Allí vivían los abuelos, dos ceramistas que veían apilarse vasijas en todos los rincones de su local.



Ya no vendían nada. No obstante, sus manos viejas seguían modelando la arcilla con la misma dedicación de otras épocas, -Para cuando termine la guerra... —decía el abuelo—. Todo acaba algún día... —comentaba la abuela por lo bajo. Y Toshiro sentía que la paz debía de ser algo muy hermoso, porque los ojos de su madre parecían aclararse fugazmente cada vez que se referían al fin de la guerra, tal como a él se le aclaraban los suyos cuando recordaba a Naomi.

¿Y Naomi?



El primero de agosto se despertó inquieta; acababa de soñar que caminaba sobre la nieve. Sola. Descalza. Ni casas ni árboles a su alrededor. Un desierto helado y ella atravesándolo.



Abandonó el tatami, se deslizó de puntillas entre sus dormidos hermanos y abrió la ventana de la habitación. ¡Qué alivio! Una cálida madrugada le rozó las mejillas. Ella le devolvió un suspiro.



El dos y el tres de agosto escribió, trabajosamente, sus primeros haikus:



Lento se apaga

El verano

Enciendo

Lámpara y sonrisas.



Pronto

Florecerán los crisantemos.

Espera,

Corazón.



Después, achicó en rollitos ambos papeles y los guardó dentro de una cajita de laca en la que escondía sus pequeños tesoros de la curiosidad de sus hermanos.



El cuatro y el cinco de agosto se lo pasó ayudando a su madre y a las tías ¡Era tanta la ropa para remendar!



Sin embargo, esa tarea no le disgustaba. Naomi siempre sabía hallar el modo de convertir en un juego entretenido lo que acaso resultaba aburridísimo para otras chicas. Cuando cosía, por ejemplo, imaginaba que cada doscientas veintidós puntadas podía sujetar un deseo para que se cumpliese.



La aguja iba y venía, laboriosa. Así, quedó en el pantalón de su hermano menor el ruego de que finalizara enseguida esa espantosa guerra, y en los puños de la camisa de su papá, el pedido de que Toshiro no la olvidara nunca...



Y los dos deseos se cumplieron.



Pero el mundo tenía sus propios planes...



Ocho de la mañana del seis de agosto en el cielo de Hiroshima.



Naomi se ajusta el obi de su kimono y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?



"Ahora", Toshiro Pesca en la isla mientras se pregunta: -¿Qué estará haciendo Naomi?



En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.



En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez un cielo. El cielo de Hiroshima.



Un repentino resplandor ilumina extrañamente la ciudad.



En ella, una mamá amamanta a su hijo por última vez.



Dos viejos trenzan bambúes por última vez.



Una docena de chicos canturrea: "Donguri-Koro Koro- Donguri Ko..." por última vez.



Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.



Miles de hombres piensan en mañana por última vez.



Naomi sale para hacer unos mandados.



Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.



Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegran esa mañana. Y con ellos desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el pasado de Hiroshima.



Ya ninguno de los sobrevivientes podrán volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino querido.



Nadie será ya quien era.



Hiroshima arrasada por un hongo atómico.



Hiroshima es el sol, ese seis de agosto de 1945. Un sol estallando.



Recién en diciembre logró Toshiro averiguar donde estaba Naomi.

¡Y que aún estaba viva, Dios!



Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en una localidad próxima a Hiroshima, como tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror estuviera ahora instalado dentro de ellos, en su misma sangre.



Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.



El invierno se insinuaba ya en el aire y el muchacho no sabía si era frío exterior o su pensamiento lo que le hacía tiritar.



Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.



Sobre su mesa de luz, unas cuantas grullas de papel desparramadas.



-Voy a morirme, Toshiro... —susurró. No bien su amigo se paró, en silencio, al lado de su cama—. Nunca llegaré a plegar las mil grullas que me hacen falta...



Mil grullas... o "Semba-Tsuru", como se dice en japonés.



Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesita. Sólo veinte. Después, las juntó cuidadosamente antes de guardarlas en un bolsillo de su chaqueta.



-Te vas a curar, Naomi —le dijo entonces, pero su amiga no le oía ya: se había quedado dormida.



El muchachito salió del hospital, bebiéndose las lágrimas.



Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporariamente alojados) entendieron aquella noche el porqué de la misteriosa desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.



Hojas de diario, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos los mayores se durmieron, sorprendidos.



En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre las sombras. Esperó hasta que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se incorporó con sigilo y abrió el armario donde se solían acomodar las mantas.



Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto y volvió a su lecho.



La tijera la llevaba oculta entre sus ropas.



Y así, en el silencio y la oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó primero novecientos ochenta cuadraditos y luego los plegó, uno por uno hasta completar las mil grullas que ansiaba Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía, el muchacho se encontraba pasando hilos a través de las siluetas de papel. Separó en grupos de diez las frágiles grullas del milagro y las aprestó para que imitaran el vuelo, suspendidas como estaban de un leve hilo de coser, una encima de la otra.



Con los dedos paspados y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras dentro de su furoshiki y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara. Por esa única vez, tomó sin pedir permiso la bicicleta de sus primos.



No había tiempo que perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros que lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.



-Prohibidas las visitas a esta hora —le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme sala en uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.



Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre su lecho, Por favor...



Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de papel. Con la misma aparentemente impasibilidad con que momentos antes le había cerrado el paso, se hizo a un lado y le permitió que entrara: -Pero cinco minutos, ¿eh?



Naomi dormía.



Tratando de no hacer el mínimo ruidito, Toshiro puso una silla sobre la mesa de luz y luego se subió.



Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el cielorraso. Pero lo alcanzó. Y en un rato estaban las mil grullas pendiendo del techo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos con alfileres.



Fue al bajarse de su improvisada escalera cuando advirtió que Naomi lo estaba observando. Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.



-Son hermosas, Tosí-can... Gracias...



-Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas —y el muchacho abandonó la sala sin darse vuelta.



En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a balancearse impulsadas por el viento que la enfermera también dejó colar, al entreabrir por unos instantes la ventana.



Los ojos de Naomi seguían sonriendo.



La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los adultos. ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer el horror instalado en su sangre?



Febrero de 1976.



Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos y es gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.



Serio y poco comunicativo como es, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle por qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos que habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se encuentran algunas grullas de origami dispersas al azar.



Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue sorprenderlo.



Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de las máquina de calcular.



Grullas surgidas de servilletas con impresos de los más sofisticados restaurantes...



Grullas y más grullas. Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe de creer en aquella superstición japonesa.



-Algún día completará las mil... —cuchicheaban entre risas— ¿Se animará entonces a colgarlas sobre su escritorio?

Ninguno sospechaba, siquiera, la entrañable relación que esas grullas tienen con la perdida Hiroshima de su niñez. con su perdido amor primero.


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Nota:
Una antigua leyenda japonesa promete que cualquiera que haga mil grullas de papel recibirá un deseo de parte de una grulla, tal como una vida larga o la recuperación de una enfermedad.