Una palabra que empieza con A
Eugenio Mandrini
Esos que de noche ven demasiado con el
oído: los asustados
Esos que por órdenes, por fracasos,
por hastío, agachan
----la cabeza cada vez más, y uno se
pregunta ¿querrán
----morderse el corazón?
Esos que pueden vivir sin mí del mismo
modo que yo
----(a veces) no puedo vivir sin sus
muertes
Esos que se acuestan con una
servilleta al cuello para soñar
----con la Primera Cena: los
desmigajados, los convidados a nunca
Esos que mudan los paquetes de la
sangre a un carro y se
----golpean los huesos con las coces
de un caballo, para que arren
Esos que llevan los roperos al mar y
regresan desnudos: los
----ilusos vírgenes
Esos que no pueden dormir porque al
despertar oyen relojes
----atrasados: tic-crac tic-crac
Esos que miran caer los contoneos de
una hoja de otoño
----y piensan en la devoradora
tristeza antes que en los
----bosques del amor
Esos que leyeron el poema de Eluard,
juzgaron que faltaba
----oscuridad de aljibe o chillido de
desesperación allí, y
----se ponen a nombrar la libertad con
un dedo de fuego
----sobre una mole de hielo
Esos que han gastado su último manjar
de tabaco y elaboran
----sus propios humos con polvo de
diente rechinado
Esos que a pedacitos se cortan las
arrugas con tijeras
----porque han visto su respiración
perder velocidad
----en los azotes del espejo
Esos que cierran las ventanas
temerosos de morir ahogados
----por el polvo que levantan las
banderas cuando soplan
----en las calles, y después,
arrepentidos, se muerden
----las lágrimas
Esos que dan sus puños solo frente a
un momólogo, pero
----secretamente cuentan los abrazos
que guardan
Esos que no sobornan a la poesía para
que cante como un
----fantasma de oro, sino que la
sumergen en lava para que
----explote y aturda con sus silencios
al reino de los
----sordos; los mismos que la llevan a
que espante a las
----fieras congregadas en las fiestas
dominicales y asalte
----los candados que guardan a la
inhallable mujer de Dios
Esos que se echan a vivir, sin
equipaje, en andenes
----desolados, para saber si después
del último tren, bajo
----la noche lustrada por las viejas y
empecinadas estrellas,
----volverá a pasar la lluvia con sus
latidos de añorado
----corazón: los melancólicos, los del
hollín en un ojo,
----los boquiabiertos que tejen la
paciencia con sus barbas
Esos que bañan sus lenguas en jugos de
pólvora y las
----caricias en océanos de lija, y
luego salen a cortejar
----a la muerte, a demorarla
En fin, los trapecistas que hacen reir
a los pájaros,
----los suicidas que mueren
centenarios en la cama
Para ellos los tesoros
----desenterrados por los locos que
cavan en el aire,
----mi almohada de cuero de mortero
que hace de pesadillas
----polvo, y en especial una palabra
que empieza con A.
Esta
antología de poemas, es sólo una colección mínima, donde el lenguaje poético
aparece, sucede, como evidencia de lo inasible de lo poético.
Es
imposible encasillar en fórmulas, lo que de sí se afirma en su naturaleza de
desestructuración del lenguaje, esa libertad del poeta ante la palabra,
libertad no caótica, sino la que proviene del deseo por ordenar algo nuevo.
No
habría novedad creativa si no fuese por los sanos disidentes de la palabra (o
los revulsivos en cualquier ámbito), que luchan contra sus propias estructuras
que fijan estereotipos y contra todo deterioro de lo vital que aún habita lo
humano.
Antología
de poemas con poesía Gema.com.ar
No hay comentarios:
Publicar un comentario