Entrevista a Juan Carlos Colombres, Landrú
Noviembre de 1999
(Realizada por Ana Da Costa)
SALA VIRTUAL DE LECTURA.COM
Ud. eligió el seudónimo porque le habían dicho que con barba
era parecido a Landrú, el asesino francés. ¿Esa fue la única razón?
No, no fue la única razón. En el año '45 apareció mi primer
dibujo político en Cascabel. En esa época Perón no permitía el humor político.
Yo dibujaba en la revista de Don Fulgencio y firmaba "Colombres",
pero tenía que buscar un seudónimo para poder dibujar en una revista de humor
político. Cuando el hijo de Lino Palacio me dijo que con barba era parecido al
asesino francés, decidí adoptarlo y resultó todo un éxito. Entonces firmé
"Landrú", con acento en la u, para que no me echaran de Tribunales.
Si me identificaban, me echaban. En el año '53 me querían obligar a afiliarme a
un partido político. Como no quise tuve que renunciar y me dediqué, gracias a
que me prohibieron, al humor político y al humor en general.
Landrú casualmente muere el 19 de enero de 1923, la fecha de
su nacimiento. ¿Una coincidencia o su reencarnación?
En la reencarnación no creo porque soy vegetariano. No, no
soy vegetariano, pero no creo en la reencarnación. Uno muere. Si yo me he
reencarnado seguramente habré sido ratón, porque me gusta mucho el queso; o
abeja, porque me gustan mucho los dulces. Fue una casualidad que descubrí a los
quince años después que empecé a firmar "Landrú". Leyendo una revista
veo que a Landrú le habían cortado la cabeza en la guillotina, justo el día y
el mes que yo había nacido. Parece un cuento de Borges, no sé…
Durante los años de su formación había comenzado en Europa
una corriente de humor absurdo. En la Argentina Oski y usted lo empiezan a
difundir. ¿Cuáles son los elementos que componen la lógica de lo absurdo?
El primer chiste que hice era bien disparatado, era un
hombre que le declaraba el amor a una mujer."Matilde, ¡te amo!". Ella
le dice: "¡Yo también!". Él le responde: "¡Caramba!".
Entonces las cosas comienzan a complicarse. Claro, tienen que ponerse de novios,
casarse, tener hijos…¡El lío que era!. En esa época la gente no entendía esos
chistes. Hice otro en que una mujer decía: "¡Estoy esperando que nazca mi
hijo para saber cómo se llama!". Es muy difícil explicar eso. Ese humor
nació en la revista italiana Bertoldo, en la época en que Mussolini era el
dictador, el fascista, y que tenía prohibido el humor político en Italia. Ellos
hacían un humor surrealista con cachadas al régimen fascista, pero tan
sutilmente y tan disparatado que no los podían censurar. Después pasó ese humor
a España, a la revista La Codorniz. En plena época de Franco ponían, por
ejemplo: "Meteorológicas: Reina en toda España un fresco general
proveniente de Galicia", y creo que la clausuraron un día. Después la
clausuraron nuevamente y pusieron un pensamiento matemático: "Los
almohadines son a los almohadones como los cojines son a x: nos importan dos
equis que nos suspendan", y siguieron adelante. Es muy difícil definir qué
es la lógica del absurdo, pero es eso. La vida cotidiana está plagada de
discursos de esa naturaleza.
De sus manos nacieron una constelación de personajes y la
creación de "Tía Vicenta", inspirada en su tía Cora. ¿Cuál era su
lugar de observador para escuchar estos mensajes?
Al principio la lógica del absurdo la llevé a la política y
la gente no entendía esos chistes. Empecé a reparar en la actitud de los
políticos y me fogueé en las revistas durante mucho tiempo. En el '60 me
llamaron del diario El Mundo para hacer el chiste político que todos los días
se publicaba en la tapa, como ahora salen en Página /12. Todo mi trabajo se
basó en la observación de la política. En la época de Illia el destape político
había amainado un poco, y comencé a buscar un enfoque social y prestar mayor
atención al comportamiento de la gente.
¿De esa búsqueda nace "La página del Barrio
Norte"?
Si, surge a partir de esa idea y aparece publicada por
primera vez en Tía Vicenta. Cuando Onganía en el año '66 la prohíbe, al tiempo,
me contrata la revista Gente. En realidad armé esa sección como una cachada a
la gente de..., como al lenguaje del Barrio Norte. En la "Página del
Barrio Norte" hay tres personajes: María Belén y Alejandra, que eran dos
chicas del Barrio Norte, y una prima que le decían "la prima mersa",
que hablaba en una forma muy rebuscada. Por ejemplo, en lugar de decir "me
voy al Uruguay" decía "me voy a la vecina orilla"; en lugar de
decir "me voy a Inglaterra" decía "me voy a la Rubia
Albión". Al huevo pasado por agua le decía "agente de proliferación
de la gallina semicoagulado". Como esa página tuvo mucho éxito, organicé
campeonatos de mersas. Después vinieron los niños bien: los caqueros, los
petiteros y los chetos. ¿Los caqueros?, son todos sinónimos que se fueron
incorporando al lenguaje a medida que cambiaron las épocas. Antes les decían
petiteros porque eran los que iban al Petit Café, usaban el traje con dos
tajitos, les gustaba estar bien vestidos, a la moda, tomaban el copetín, usaban
claritos y el cola de mono también.
¿Cómo se combinan el humor y la política para salir ilesos y
lograr que la tira no muera en el intento?
Hay una sola manera. En el año '55 no se podía hacer humor
político. A partir de ahí descubrí la fórmula: no había que hacer un chiste ni
en contra ni a favor de algo, sino sobre. No se podía inventar. Ni tampoco
hacer un chiste todos los días sobre una persona, porque si no se convierte en
campaña. Hay que desparramar el juego. Un día hacer sobre el Presidente, otro
sobre un ministro, otro día sobre un político de la oposición, así se mantiene
el equilibrio. Eso es la única manera. Con ese sistema nunca me hicieron una
querella por juicio, ni por desacato, que ahora ya no existe más el desacato…
Constantemente usted hace mención del azar, de las cábalas,
del destino, de la suerte. ¿Considera que son infalibles en su trabajo?
No es que yo haga mención de la cábala. Una vez tenía un
programa de televisión, le escribía a Dringue Farías, y puse el Prode. No
existía el Prode, se llamaba "polla" en esa época. La polla del
fútbol, polla del golpe. .. Se llamaba polla del golpe porque cuando era
presidente Guido se hablaba de que iba a haber un golpe. Después hubo un golpe:
lo sacaron a Illia y subió Onganía. En esa polla del golpe inventé: "dos
de enero, golpe de los bomberos; cinco de febrero, golpe de los vigilantes; dos
de abril, golpe de la Marina"; y el dos de abril se levanta la Marina...
Entonces fueron a buscarme y me metieron preso por un día en la Casa de
Gobierno. Creían que yo estaba metido en el golpe. Yo no creo en las cábalas,
creo en las casualidades. El otro día leyendo viejas Tía Vicenta veo que los
chistes que he hecho han sucedido después. En política se repite la historia.
¿Qué otra casualidad recuerda?
En el gobierno de Perón, Raimundo Calcagno (Calki), que
realizaba los comentarios de cine en Rico Tipo, dijo que "el argumento de
una película era tan falso como una declaración jurada de bienes". Justo
el día que sale Rico Tipo, Perón presenta una declaración jurada de bienes. Fue
una casualidad. Es el azar, el destino, la cábala, el pobre no pudo trabajar
más en periodismo. Nunca más.
¿Qué lo alentó a dedicarse al humor político?
En el año '55 había muchas revistas de humor, Rico Tipo,
Patoruzú, todas eran muy buenas. Entonces le propuse a Divito sacar en Rico
Tipo un suplemento político. El no se animó, no le interesaba la política. Al
poco tiempo un primo me dijo que conocía gente que estaba interesada en sacar
una revista de humor político. Una revista que yo pensaba llamarla como se
llamó: Tía Vicenta, la revista del nuevo humor. La primera tirada que sacamos
fué de 50.000 números. Se agotaron y fue subiendo, subiendo, subiendo, hasta
que fue suplemento del diario El Mundo. El dia que la cerró Onganía el
distribuidor había pedido 450.000 ejemplares de Tía Vicenta.
¿Por qué se arriesgó con un producto diferente?
Quise crear un nuevo estilo. Al principio la gente no
entendía los chistes. Hacía juego de palabras, por ejemplo: en lugar de
"Arturo Frondizi" ponía "Artizi Fronduro". La gente cada
vez se entusiasmó más con ese nuevo humor porque lo fue entendiendo.
- En Tía Vicenta cada dibujante tenía un estilo propio. Armó
una revista sin secciones fijas e impuso un criterio de redacción abierta, a
diferencia de las revistas de la época. ¿Cuál era el espíritu que unificaba a
todos sus colaboradores?
Pensaba…por ejemplo, cuando una revista tiene la tapa armada
de determinada manera, después en la segunda página tiene una historieta, en la
tercera tiene una nota, la revista es siempre igual. Es como esos programas de
televisión con un humor que siempre es lo mismo, que cambian ligeramente, pero
conservan su estructura. Por eso se me ocurrió hacer una revista, de la que
cada número fuera distinto. Nadie era dueño de su espacio. Se creó en un ámbito
basado en la espontaneidad, el disparate y la falta de solemnidad, ya se
tratase de la política o de los hábitos sociales. En Tía Vicenta estuvieron:
Quino, Caloi, Faruk, Brascó, Oski, Blotta, Sábat, Copi, César Bruto, María
Elena Walsh, Conrado Nalé Roxlo, Roberto Maidana, Rogelio García Lupo, Dalmiro
Saénz y tantos otros... El mismo Frondizi colaboró una vez en Tía Vicenta y
firmó como "Domingo Faustino Cangallo". El negó que lo había hecho,
pero el secretario me aseguró que lo había hecho él.
¿En qué consistía ese artículo?
Era un comentario político sobre la reforma de la
Constitución. En Tía Vicenta firmaban con seudónimo y en los diarios con su
verdadero nombre.
¿Cree que el cierre del diario El Mundo, que editaba a Tía
Vicenta los días domingos, fue consecuencia de la censura?
No, lo que pasa es que los últimos dueños del diario
pertenecían al partido radical, eran simpatizantes del radicalismo, y el
gobierno de Onganía era contrario. Entonces, cuando subió Onganía duró un año
más. Cuando cerraron el diario El Mundo yo seguí haciendo un suplemento que se
llamaba "María Belén". El banco le reclamó todos los préstamos y la
Editorial Haynes quebró. Yo quedé sin trabajo. Al poco tiempo me llamaron de
Primera Plana y saqué una revista que se llamó Tío Landrú. Duró nada más que un
año porque también había presión del Gobierno y Primera Plana tenía miedo que
por culpa de Tío Landrú cerraran el diario. Entonces resolví con el director no
sacar más Tío Landrú. Por suerte, porque a los tres meses cerraron Primera
Plana.
¿Cómo fue su relación con Carlos Menem?
En el año '78 yo estaba con un periodista del diario Clarín
haciéndole un reportaje a Beba Bidart. Era el mes de julio. Hacía un frío
bárbaro. Serían las nueve y media de la noche, antes de que abriera el boliche.
Y apareció de golpe un señor todo vestido de blanco, con zapatos blancos, y
unas patillas inmensas que se acercó a la mesa. Era Carlos Menem. Me lo
presentaron y yo creía que estaba preso, porque no sabía que hacía poco que
había salido en libertad. Pero como a mí no me gustaba tener amistad con los
políticos, me retiré. Cuando a él lo eligen Presidente, tuve una gran sorpresa
cuando recibo una tarjeta de puño y letra de él, que me invitaba al acto donde
asumía como Presidente. Ahí lo conocí. Después lo he visto en otras ocasiones,
pero así de pasada; no tengo amistad con él.
¿Alguna vez lo presionó por hablar de algún tema en
particular?
No, nunca. Pero por ejemplo con Perette, que era
Vicepresidente de Illia, del cual era bastante amigo, lo dibujaba muy bajito,
porque es muy bajito. Entonces, cuando a él lo eligieron Vicepresidente me
llamó por teléfono a ver si podía dibujarlo medio centímetro más alto. Después
a Alfredo Palacios le hacía muchos chistes porque tenía fama de conquistador y
mujeriego. Lo dibujaba como fundador de Villa Cariño, ahí en Palermo, donde
iban todas las parejas a besarse en los autos. A Palacios le encantaba eso.
Cuando no lo publicaba me llamaba por teléfono y me preguntaba si estaba
perdiendo vigencia, porque hacía tiempo que no salía en Tía Vicenta. Una vez el
director del diario El Mundo estaba medio enojado conmigo porque había viajado
con Frondizi y él le dijo que yo lo dibujaba con la nariz demasiado larga.
Entonces me dijo que no lo podía dibujar. ¿Cómo no lo voy a dibujar a Frondizi
si hago el chiste de tapa y el Presidente Frondizi es el chiste político?.
Entonces resolví hacerlo de espalda. Durante un año salió así. Pasado un tiempo
me lo encontré a Frondizi y le conté. Me dijo: "¡Qué disparate!. Yo hice
un comentario, sólo dije: ¡qué larga me dibujó la nariz hoy Landrú!". A
Frondizi no le incomodaban los chistes. Yo no he tenido problemas con los
presidentes. A Videla lo dibujé como la Pantera Rosa. Pero no al principio,
porque el primer día del golpe me llamó el secretario general de Clarín, Marcos
Sitrin, y me dijo que lo había llamado Carpintero, que era el jefe de prensa de
la Junta Militar del Proceso para que yo hiciera un chiste sobre el golpe.
¿Cómo voy hacer un chiste el primer día? Entonces busqué quiénes eran los
ministros, y veo que hay un ministro que se llama Liendo. Entonces dibujé a dos
militares, que uno le decía al otro "Hasta ahora nos va Liendo bien".
Con eso zafé.
¿Por qué considera que la época de oro del humor político
termina en el '66?
En esa época subió Onganía y era una dictadura que enseguida
se convirtió en dictablanda. Tanto que al principio no quería que se lo
nombrara. Pero en esa época había unos rematadores muy conocidos que se
llamaban Onganía y Bonifazi. Cuando yo lo quería nombrar a Onganía ponía
"el General Bonifazi". Onganía me cerró porque decían que yo lo
dibujé como morsa. Los amigos de él le decían "morsa". Entonces como
a Illia lo dibujé como tortuga, al reemplazarlo Onganía a Illia, lo tenía que
dibujar como un animal para seguir la línea . Entonces dibujé dos morsas, y una
le decía a la otra: "Al fin tenemos un buen gobierno" y Onganía me
cerró la revista. Al morir Tía Vicenta moría para mí la década de oro de humor
político...
¿De dónde nace la costumbre argentina de bautizar a los
presidentes con nombres de animales?
Yo no sé de dónde nace. Me acuerdo que cuando era chico al
presidente Irigoyen le decían "el Peludo". Después en el '55 a los
anti-peronistas los llamaban "los gorilas", a Aramburu Lino Palacio
lo bautizó como "la Vaca", a Rogelio Frigerio le decían "el
Tapir", a Oscar Alende "el Bisonte". Entonces yo a Alsogaray lo
bauticé "el Chanchito"porque tenía que seguir la tradición argentina.
Él era Ministro de Economía y bregaba por la veda de carne, y que la gente
comiera carne de chancho o de pollo. Por equivocación me invitó a la
conferencia de prensa y cuando él hablaba yo lo veía a él como un chanchito. Le
puse "el Chanchito", y quedó.
En el año 1973 usted dibujaba para Clarín, la revista Gente
y Mercado. El humor vuelve a emerger luego de la guerra de las Malvinas sin la
virulencia de las viejas épocas. ¿A qué se debió?
Durante la época del Proceso no se podían hacer muchos
chistes, sobre todo de los comandantes. A pesar de eso yo de vez en cuando
hacía chistes, y como no sospechaban que yo estaba en la guerrilla, ni era
guerrillero, creo que por eso no me hicieron nada. Después de la guerra de Las
Malvinas entró en retirada el gobierno del Proceso, entonces se animaron a
hacer chistes políticos cada vez más profundos. A mí lo que nunca me gustó es
agredir a ningún político. A veces sin querer pude haber agredido, pero no fue
intencional. Me acuerdo que la hija de Frondizi, Elenita Frondizi, cuando el
padre asume, a ella le gustó la política y forma un comité. En Tía Vicenta sale
publicado un desfile de modas en que aparecía Elenita pasando moda. A ella no
le gustó. Entonces fue a verlo a su padre y le dijo que me cerrara Tía Vicenta
porque no le gustaba. Frondizi le contestó muy sabiamente: "Si vos querés
meterte en política, tenés que aguantar los chistes políticos, siempre y cuando
no sean una ofensa o un agravio, y si no dedicate a otra cosa". Ella,
también sabiamente, se dedicó a la docencia. Desgraciadamente vivió poco esa
chica, murió al poco tiempo, pero fue una lección de democracia que dio
Frondizi.
¿Hay algún método infalible para recrear las distintas
tipologías de sus personajes?
El personaje uno lo crea y es dueño de ese personaje. Por
ejemplo, yo hago "el señor Porcel" o "Rogelio, el hombre que
razonaba demasiado", o "la familia Cateura", que eran personajes
que tenían mucho éxito en Tía Vicenta, y los hacía a mi manera. A los políticos
los hago según las características de ellos. Por ejemplo a Cavallo lo hago con
unos ojos inmensos y completamente pelado, a Menem lo hago a veces con los
cambios de peinado o de facciones según lo pica una abispa o no lo pica la
abispa. Lo mismo a Chacho Álvarez, antes lo hacía con más rulos, ahora lo hago
con menos rulos porque se ha puesto más parecido a De la Rúa, ultimamente,
hasta en su vestimenta y su manera de hablar se parecen. Antes era más agresivo
o más contundente. Pero yo trato de pensar cuál es el chiste que quiere leer el
público. Leo las principales noticias del diario, oigo la radio y digo: éste es
el chiste. Lo elijo, lo llevo al diario, llevo varias opciones y me eligen una
o dos, a veces no publican ninguno por falta de espacio, pero siempre van
quedando. Hay chistes que tienen permanencia de hasta dos o tres meses y hay
otros chistes que los he publicado hace un año y vuelven a tener vigencia.
¿En qué consistía la clasificación "clase A",
"clase B" y "clase C" que realizaba en la revista Gente?
Por ejemplo, buscaba el restorán más paquete…o enfermedades.
Una enfermedad paqueta era un infarto de miocardio, esa era una enfermedad
"clase A". En cambio una enfermedad "clase C" serían las
hemorroides o la fístula anal, el flemón. Al colegio más elegante, o más
costoso, le ponía "clase A". Un colegio con malos alumnos, con malos
profesores, lo bajaba de clase. También ponía los alimentos: a la langosta
Termidor la ponía "clase A", o "doble A". En cambio, otro
alimento como fainá o gofio ya era "clase D", o "clase C".
Ese era un juego que yo hacía. Simultáneamente hacía en Gente campeonatos:
campeonatos de salvadores de la Patria, o de ratitas, por las chicas, o de
gente paqueta, y mandaban los cupones, porque era una manera de ganar lectores,
porque para votar tenían que comprar la revista y mandar un cupón. Entonces con
eso subía la tirada de las revistas.
¿A partir de este juego de clasificaciones fué acusado por
la izquierda de ser un dibujante elitista?
Bueno, por la izquierda tilinga, porque no se dieron cuenta
de que lo que yo hacía era en realidad una cachada al Barrio Norte. Un grupo
muy reducido me acusó de elitista o de aristocratizante, o algo así. Sin
embargo,dibujaba simultáneamente, en Clarín, Crónica, y también colaboré en La
Nación. Así que abarqué todo. No me he embarcado nunca en política, ni a favor
ni en contra de la guerrilla o del comunismo, ni tampoco me he burlado. Que le
haya incomodado a la gente que pusiera que el infarto de miocardio era
"clase A" y las hemorroides eran "clase Z", me parece que
no por eso me podían acusar de elitista. Además, no soy ni de extrema izquierda
ni de extrema derecha, yo soy de extremo centro. Puedo hacer chistes sobre
cualquier sector, no en contra. Nunca me han querellado, si no me hubieran
acusado.
Una de sus pasiones es el trabajo con los arcaísmos del
idioma. ¿El cambio en los hábitos sociales lo obligó a crear un nuevo lenguaje
en sus tiras?
Claro. En "María Belén" utilizaba el lenguaje que
se usaba en esa época. Ahora veo que mucha gente joven está confundiendo
algunas palabras, del lunfardo sobre todo. Por ejemplo, la palabra
"grela". ¿Para vos qué es la palabra "grela"?
"Sucio".
No. La palabra "grela" es 'mujer'. El tango dice
"Cuando la suerte que es grela…". Esto es: cuando la suerte que es
mujer... En el diccionario del lunfardo buscá "grela" y es 'mujer'.
El idioma es dinámico, se está renovando constantemente, posiblemente dentro de
diez años cambie. Si no, estaríamos hablando en latín nosotros.
¿A qué se debe que el uso del idioma se va desvirtuando?
Porque el idioma es dinámico y uno va cambiando. Hay
palabras que antes no se decían, por ejemplo la palabra "evento".
Antes "evento" era una eventualidad, un acontecimiento que podría
pasar o no. Ahora "evento" es una cosa que va a pasar. La Real
Academia va modificando las palabras teniendo en cuenta el uso del lenguaje.
Como el dequeísmo. Mucha gente dice: "la verdad, de que…" y está mal
dicho: "La verdad, que…". Es lo mismo que decir en lugar de "De
la Rúa", decir "de que De La Rúa".
El uso de las palabras está a veces ligado a ciertos grupos
de pertenencia a la manera de códigos o claves. Ud. alguna vez los clasificó.
¿Recuerda algunas palabras divertidas o disparatadas?
¿Palabras divertidas o disparatadas? Bueno, hay palabras que
de por sí me hacen gracia. Por ejemplo, la palabra "bigote" me hace
gracia. La palabra "feldespato", no. Me parece que hay palabras
graciosas, como el seudónimo mío. Cuando empecé a firmar "Landrú"
aumenté la cantidad de lectores. Quiere decir que los nombres influyen. Tál es
el caso de los nombres cortos en los políticos: Perón, Balbín… "La vida
por Perón" es facilísimo, en cambio "La vida por
Iturraspelagoitía" ya es mucho más difícil. El nombre corto y acentuado
como Landrú, Perón, Balbín, causa mayor efecto. Hay que decir "De la
Ruá", ahora.
Usted hizo infinidades de caricaturas de políticos: de
Alfredo Palacios a Menem, pasando por Alsogaray, Illia, Perón, Isabelita y
Alfonsín. ¿Cuál es su caricatura más entrañable?
Todas. Hay personas que son más fáciles de dibujar que
otras, porque la caricatura es una exageración de los rasgos. Por ejemplo,
Frondizi haciéndole la nariz larga -tenía una nariz larga-, es muy fácil de
dibujar. De la Rúa también tiene la nariz larga pero un poco menos que
Frondizi. Alfredo Palacios, con sus bigotes y su melena era el más fácil de
dibujar. En cambio hay otros políticos que tienen facciones más regulares. El
caso de Beliz. Tiene una cara medio lavada y hay que estudiarlo mucho para
hacer…, y no hace gracia hacer la caricatura de Beliz. En cambio la caricatura
de Menem hace gracia.
¿Cualés son los pasos a seguir para diseñar la caricatura?
Primero, veo mucho las características. Cuando surge un
nuevo personaje político estudio, miro varias fotos de él, lo miro por
televisión y voy delineando los rasgos hasta que hago una caricatura. Siempre
trato de hacerlo en la misma posición, porque si no puede ocurrir que no me
salga tan parecido. Entonces quiero que la gente enseguida al ver el dibujo
sepa quién es, que lo identifique. Y otra cosa muy importante es que a veces,
sin ser una crítica, hay algunos dibujantes que hacen un dibujo muy bueno, pero
no se sabe si los personajes están en el campo, en la ciudad o dentro de una
casa. Por eso yo siempre que dibujo un personaje le agrego la escenografía: si
están en el campo hago pajaritos, nubes, sol; si están en la casa siempre hago
el piso, un cuadro, la pared, una mesa, para que sepan. Porque a veces el lugar
donde están las personas está identificado con el chiste.
¿Cuál es el origen de la risa?
Cuando comencé a dibujar yo quería estudiar el origen de la
risa y casi me quedo sin hacer humorismo, porque era dificilísimo. Al cumplir
tres meses mi hija, descubrí una teoría: yo le mostraba el dedo y ella me lo
agarraba. Lo mismo sucedía la segunda vez y la tercera. A la cuarta vez que
intentaba tomar el dedo se lo sacaba, y se reía. En ese preciso instante
comprobé que la risa es la sorpresa, algo que aparece cuando no se lo espera.
El humor funciona mientras que la sorpresa no sea desagradable. Por ejemplo,
uno ve a un militar condecorado caminando por la calle y se dá un tremendo
golpe, que es la sorpresa: la gente se ríe. Es decir, si el que se da el golpe
es uno, nadie se ríe. Si un pobre mendigo se tropieza nadie se ríe tampoco.
¿De qué nos reímos los argentinos?
Hay argentinos que son, como dice Portal, caracúlicos y no
se ríen nunca. Otros que son jocosos y se ríen porque sí nomás, de tontos que
son. Creo que hay que reirse de las cosas inteligentes, humorísticas, que hacen
gracia. Hay distintos tipos de humor. Durante una época yo me di cuenta de que
el humor que hacía era el humor que quería la gente. Creo que el humor que hago
sigue teniendo vigencia, a pesar de que llevo más de cincuenta años haciendo
humor, y todavía estoy trabajando en Clarín, uno de los diarios que tiene la
mayor tirada del país.
Confiese, usted colabora en el suplemento "Ollas y
sartenes", de Clarín, pero no sabe cocinar...
No sé cocinar, ni me gusta. Me gusta la comida, me encanta,
pero cocinar, lavar los platos y planchar no me gusta. Hago chistes sobre la
comida porque entiendo de comidas. He viajado mucho, voy a muchos restoranes y
entiendo de cocina, de los platos que me gustan y cómo son los platos. Pero
invento. Me inspiré en hacer chistes de cocina por una película de los hermanos
Marx, que se llamaba "Una noche en la Ópera". Va Groucho Marx y le
dice al mozo: "¿Hay sopa a la francesa?". El mozo le dice
"Sí". Entonces le dice "Bueno, tráigame a la francesa y quédese
con la sopa". A mí me hizo mucha gracia. Los hermanos Marx hacían un humor
surrealista que a mí me gustaba, y era el humor que seguí. Me acuerdo que en otra
película está Groucho Marx en medio de una fiesta, hay un apagón, y cuando se
enciende la luz sale diciendo con un collar en la mano: "¡Acaba de ser
robado un collar de perlas que no solamente es igual a éste, sino que lo
es!". Se lo guardó y salió disparando. Era bien disparatado y la gente en
esa época no lo entendía mucho, pero para mí ese era el humor que me hacía
gracia, el que me gustaba. Esa película yo la he visto cuando tenía doce o
trece años.
Usted me contó que hay una receta que le sale muy bien.
Es el huevo frito gigante. Cuando yo trabajaba en Tribunales
había un señor que se llamaba de la Riega, que corría regatas que se hacían
desde Mar del Plata hasta Rio de Janeiro. Él era el cocinero de a bordo.
Entonces, cuando él tenía gente a comer que venían de improviso hacía los
huevos fritos gigantes. Me los enseñó a hacer: hay que batir las claras un
rato, separar las yemas, después hay que ponerlo en una sartén con las yemas en
el medio, las claras se inflan y queda como una tortilla. Entonces fui al hotel
Sheraton, lo preparé, y salió publicado en el suplemento "Ollas y
sartenes" hace dos años.
¿En Clarín le censuraron el título original de esa receta?
¡Si!. ¿Se puede decir por qué?. Cuando vi la foto del huevo
frito gigante le puse de título: "Este es el huevo gigante de Landrú, en
el próximo número publicaremos el otro". Por supuesto, ahí me lo
censuraron.
¿Qué otra receta podría hacer?
Un litro de agua fría, un litro de agua caliente, revolver
bien y se obtiene agua tibia. Otra receta que podría hacer es un pollo a la
francesa. Se toma a una francesa, un pollo, y se lo coloca en un recipiente.
Luego, se lo pone todo en baño María Julia. Cuando María Julia salga del baño,
se saca el pollo. A la francesa se la pincha con un tenedor, y si María Julia
grita quiere decir que todavía esta cruda, y si no grita quiere decir que ya se
la puede comer.
¿Qué son las "chácharas",
"chascarrillos", "chirigotas" y "cuchufletas"?
"Cuchufleta" viene a ser una sarandaja. Yo tenía
ocho palabras que eran sinónimos, son todas palabras que están en desuso,
arcaísmos. Hay palabras que ya no se utilizan más. Esas palabras eran sinónimos
de chiste, de un gag. Ahora todo es inglés, la liquidación es sale, las casas
que llevan comidas son delivery o fast food. Será la globalización, pero el
inglés nos está devorando. Yo defiendo mucho el idioma, por eso a veces busco
palabras antiguas que me parecen graciosas. "Chirigotas", "astracanadas",
"chascarrillos" me parecen palabras graciosas.
¿El uso de las malas palabras le parece que es un recurso
poco sutíl para hacer humor?
¡Y sí! Yo en lugar de decir una mala palabra le digo
"¡la Patti que te Ruckauf!". No es una mala palabra pero lo es. O
sino le digo "¡Andate al Corach!" o "¡No seas menemudo!";
son frases entre política y malas palabras. Se inventan malas palabras con los
políticos, yo hago juego de palabras. Yo creo que la mala palabra en sí no es
graciosa. Una vez fui al teatro de revistas y salía un cómico, miraba al
público, y decía "¡La puta que los parió!". Todos se mataban de risa
menos yo. A mí no me hacía gracia. La mala palabra en sí no es graciosa. Lo que
es gracioso es el argumento o una astracanada o una chirigota. Ahora se basan
en suplantar malas palabras o cosas eróticas con el humorismo, por eso está en
decadencia el humorismo.
Por lo general a los políticos les gusta que se hable de
ellos. Hablar de un político significa que está en vigencia. ¿Qué grado de
tolerancia tienen hacia los humoristas?
Creo que en general a los políticos les gusta que se hable
de ellos. La mayoría de los políticos me han pedido dibujos. Presidentes y
ministros me han invitado a comer, pero no soy amigo de ellos. No quiero
hacerme amigo, porque siendo muy amigo de un político ya le tomás cariño y
después digo "Uy, tal vez este chiste no le gusta". Por eso cuando
voy a Clarín muestro los chistes antes, yo no publico sin que me lo apruebe el
director o el jefe de política que está en ese momento. Porque yo no sé si ese
día o al día siguiente va a ir a almorzar a Clarín el ministro de Economía o el
Presidente o un alto funcionario, y no creen conveniente que salga el chiste
publicado ese día.
¿Existe la libertad de prensa o de empresa?
La libertad de prensa total no existe, existe la libertad de
empresa. Por ejemplo, en el diario La Nación trabajé en una época, antes que en
Clarín, y ahí no se me iba a ocurrir hacer un chiste sobre Mitre. Yo había
inventado un verbo: "bartolomitrear" ("yo bartolomemitre",
"tú bartolotetitres", "él bartolosesitre"…). Eso no lo iba
a presentar en La Nación porque se iban a enojar. Ese chiste al tiempo lo
publiqué en una revista de historia, y tal cual: lo llamaron al director
periodistas de La Nación de alto nivel y le dijeron "¿Cómo han publicado
ese chiste, que es una ofensa?". Yo no lo consideraba una ofensa. He hecho
chistes sobre Graciela Fernández Meijide. El verbo "meijidear":
"yo meijide", "tú teijides", "él seijide",
"nosotros nos ijideamos", "ellos se joden"... Sobre De la
Rúa, Patti... Hay otro de Onganía: "yo onganía", "tú
onganías"..., "ellos nos engañan". Toda la vida he hecho juegos
de palabras. A veces a De la Rúa no le gustaban mucho mis chistes, porque le
puse "de la Ruina". Y el primero que le puso "de la Duda"
fui yo. No es que sea enemigo de él, si lo conozco hace muchos años. A
Fernández Meijide le puse "Fernández Mejode" y salió publicado en el
diario porque no lo consideraban ofensivo, porque yo hago un dibujo medio naïf,
sin agresión. En cambio, si ese chiste se hace con un dibujo medio agresivo,
por ejemplo: "Cayeron las bolsas en todo el mundo" y dibujo a la
Meijide con las bolsa de la cara más bajas, no es una agresión a ella, es una
cosa que viene cantada por la realidad
¿El humor es un rasgo de inteligencia?
Sí, porque generalmente la gente opa no se ríe, no entiende
los chistes. La inteligencia es la memoria. La memoria es una característica de
la inteligencia, por eso al cerebro lo considero un músculo. En la gente que no
cultiva el músculo, el músculo se atrofia. Tengo 76 años, bastante memoria. Hay
un amigo que tiene mi edad o menos, y está haciendo la lista de la gente que
hay que matar, está medio mal, pero se confunde porque en lugar de Lorenzo
Miguel escribe Luis Miguel, en lugar de Herminio Iglesias anota Julio Iglesias.
Yo le digo: "Estás loco, tené cuidado, rompé esto porque estás mal".
El no cultivó y no hizo trabajar la memoria. Yo todos los días al pensar
chistes hago trabajar la mente. No hago ejercicio físico porque creo que el
ejercicio es malo, todos los deportistas se mueren jóvenes. Un humorista inglés
decía que "el mejor ejercicio es ir caminando al entierro de los
deportistas".
Entrevista a Juan Carlos Colombres, Landrú
Noviembre de 1999
(Realizada por Ana Da Costa)
SALA VIRTUAL DE LECTURA.COM
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