domingo, 19 de enero de 2014

JUAN CARLOS COLOMBRES, LANDRÚ



Entrevista a Juan Carlos Colombres, Landrú

Noviembre de 1999
(Realizada por Ana Da Costa)
SALA VIRTUAL DE LECTURA.COM

Ud. eligió el seudónimo porque le habían dicho que con barba era parecido a Landrú, el asesino francés. ¿Esa fue la única razón?
No, no fue la única razón. En el año '45 apareció mi primer dibujo político en Cascabel. En esa época Perón no permitía el humor político. Yo dibujaba en la revista de Don Fulgencio y firmaba "Colombres", pero tenía que buscar un seudónimo para poder dibujar en una revista de humor político. Cuando el hijo de Lino Palacio me dijo que con barba era parecido al asesino francés, decidí adoptarlo y resultó todo un éxito. Entonces firmé "Landrú", con acento en la u, para que no me echaran de Tribunales. Si me identificaban, me echaban. En el año '53 me querían obligar a afiliarme a un partido político. Como no quise tuve que renunciar y me dediqué, gracias a que me prohibieron, al humor político y al humor en general.

Landrú casualmente muere el 19 de enero de 1923, la fecha de su nacimiento. ¿Una coincidencia o su reencarnación?
En la reencarnación no creo porque soy vegetariano. No, no soy vegetariano, pero no creo en la reencarnación. Uno muere. Si yo me he reencarnado seguramente habré sido ratón, porque me gusta mucho el queso; o abeja, porque me gustan mucho los dulces. Fue una casualidad que descubrí a los quince años después que empecé a firmar "Landrú". Leyendo una revista veo que a Landrú le habían cortado la cabeza en la guillotina, justo el día y el mes que yo había nacido. Parece un cuento de Borges, no sé…

Durante los años de su formación había comenzado en Europa una corriente de humor absurdo. En la Argentina Oski y usted lo empiezan a difundir. ¿Cuáles son los elementos que componen la lógica de lo absurdo?
El primer chiste que hice era bien disparatado, era un hombre que le declaraba el amor a una mujer."Matilde, ¡te amo!". Ella le dice: "¡Yo también!". Él le responde: "¡Caramba!". Entonces las cosas comienzan a complicarse. Claro, tienen que ponerse de novios, casarse, tener hijos…¡El lío que era!. En esa época la gente no entendía esos chistes. Hice otro en que una mujer decía: "¡Estoy esperando que nazca mi hijo para saber cómo se llama!". Es muy difícil explicar eso. Ese humor nació en la revista italiana Bertoldo, en la época en que Mussolini era el dictador, el fascista, y que tenía prohibido el humor político en Italia. Ellos hacían un humor surrealista con cachadas al régimen fascista, pero tan sutilmente y tan disparatado que no los podían censurar. Después pasó ese humor a España, a la revista La Codorniz. En plena época de Franco ponían, por ejemplo: "Meteorológicas: Reina en toda España un fresco general proveniente de Galicia", y creo que la clausuraron un día. Después la clausuraron nuevamente y pusieron un pensamiento matemático: "Los almohadines son a los almohadones como los cojines son a x: nos importan dos equis que nos suspendan", y siguieron adelante. Es muy difícil definir qué es la lógica del absurdo, pero es eso. La vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza.

De sus manos nacieron una constelación de personajes y la creación de "Tía Vicenta", inspirada en su tía Cora. ¿Cuál era su lugar de observador para escuchar estos mensajes?
Al principio la lógica del absurdo la llevé a la política y la gente no entendía esos chistes. Empecé a reparar en la actitud de los políticos y me fogueé en las revistas durante mucho tiempo. En el '60 me llamaron del diario El Mundo para hacer el chiste político que todos los días se publicaba en la tapa, como ahora salen en Página /12. Todo mi trabajo se basó en la observación de la política. En la época de Illia el destape político había amainado un poco, y comencé a buscar un enfoque social y prestar mayor atención al comportamiento de la gente.

¿De esa búsqueda nace "La página del Barrio Norte"?
Si, surge a partir de esa idea y aparece publicada por primera vez en Tía Vicenta. Cuando Onganía en el año '66 la prohíbe, al tiempo, me contrata la revista Gente. En realidad armé esa sección como una cachada a la gente de..., como al lenguaje del Barrio Norte. En la "Página del Barrio Norte" hay tres personajes: María Belén y Alejandra, que eran dos chicas del Barrio Norte, y una prima que le decían "la prima mersa", que hablaba en una forma muy rebuscada. Por ejemplo, en lugar de decir "me voy al Uruguay" decía "me voy a la vecina orilla"; en lugar de decir "me voy a Inglaterra" decía "me voy a la Rubia Albión". Al huevo pasado por agua le decía "agente de proliferación de la gallina semicoagulado". Como esa página tuvo mucho éxito, organicé campeonatos de mersas. Después vinieron los niños bien: los caqueros, los petiteros y los chetos. ¿Los caqueros?, son todos sinónimos que se fueron incorporando al lenguaje a medida que cambiaron las épocas. Antes les decían petiteros porque eran los que iban al Petit Café, usaban el traje con dos tajitos, les gustaba estar bien vestidos, a la moda, tomaban el copetín, usaban claritos y el cola de mono también.

¿Cómo se combinan el humor y la política para salir ilesos y lograr que la tira no muera en el intento?
Hay una sola manera. En el año '55 no se podía hacer humor político. A partir de ahí descubrí la fórmula: no había que hacer un chiste ni en contra ni a favor de algo, sino sobre. No se podía inventar. Ni tampoco hacer un chiste todos los días sobre una persona, porque si no se convierte en campaña. Hay que desparramar el juego. Un día hacer sobre el Presidente, otro sobre un ministro, otro día sobre un político de la oposición, así se mantiene el equilibrio. Eso es la única manera. Con ese sistema nunca me hicieron una querella por juicio, ni por desacato, que ahora ya no existe más el desacato…

Constantemente usted hace mención del azar, de las cábalas, del destino, de la suerte. ¿Considera que son infalibles en su trabajo?
No es que yo haga mención de la cábala. Una vez tenía un programa de televisión, le escribía a Dringue Farías, y puse el Prode. No existía el Prode, se llamaba "polla" en esa época. La polla del fútbol, polla del golpe. .. Se llamaba polla del golpe porque cuando era presidente Guido se hablaba de que iba a haber un golpe. Después hubo un golpe: lo sacaron a Illia y subió Onganía. En esa polla del golpe inventé: "dos de enero, golpe de los bomberos; cinco de febrero, golpe de los vigilantes; dos de abril, golpe de la Marina"; y el dos de abril se levanta la Marina... Entonces fueron a buscarme y me metieron preso por un día en la Casa de Gobierno. Creían que yo estaba metido en el golpe. Yo no creo en las cábalas, creo en las casualidades. El otro día leyendo viejas Tía Vicenta veo que los chistes que he hecho han sucedido después. En política se repite la historia.

¿Qué otra casualidad recuerda?
En el gobierno de Perón, Raimundo Calcagno (Calki), que realizaba los comentarios de cine en Rico Tipo, dijo que "el argumento de una película era tan falso como una declaración jurada de bienes". Justo el día que sale Rico Tipo, Perón presenta una declaración jurada de bienes. Fue una casualidad. Es el azar, el destino, la cábala, el pobre no pudo trabajar más en periodismo. Nunca más.

¿Qué lo alentó a dedicarse al humor político?
En el año '55 había muchas revistas de humor, Rico Tipo, Patoruzú, todas eran muy buenas. Entonces le propuse a Divito sacar en Rico Tipo un suplemento político. El no se animó, no le interesaba la política. Al poco tiempo un primo me dijo que conocía gente que estaba interesada en sacar una revista de humor político. Una revista que yo pensaba llamarla como se llamó: Tía Vicenta, la revista del nuevo humor. La primera tirada que sacamos fué de 50.000 números. Se agotaron y fue subiendo, subiendo, subiendo, hasta que fue suplemento del diario El Mundo. El dia que la cerró Onganía el distribuidor había pedido 450.000 ejemplares de Tía Vicenta.

¿Por qué se arriesgó con un producto diferente?
Quise crear un nuevo estilo. Al principio la gente no entendía los chistes. Hacía juego de palabras, por ejemplo: en lugar de "Arturo Frondizi" ponía "Artizi Fronduro". La gente cada vez se entusiasmó más con ese nuevo humor porque lo fue entendiendo.

- En Tía Vicenta cada dibujante tenía un estilo propio. Armó una revista sin secciones fijas e impuso un criterio de redacción abierta, a diferencia de las revistas de la época. ¿Cuál era el espíritu que unificaba a todos sus colaboradores?
Pensaba…por ejemplo, cuando una revista tiene la tapa armada de determinada manera, después en la segunda página tiene una historieta, en la tercera tiene una nota, la revista es siempre igual. Es como esos programas de televisión con un humor que siempre es lo mismo, que cambian ligeramente, pero conservan su estructura. Por eso se me ocurrió hacer una revista, de la que cada número fuera distinto. Nadie era dueño de su espacio. Se creó en un ámbito basado en la espontaneidad, el disparate y la falta de solemnidad, ya se tratase de la política o de los hábitos sociales. En Tía Vicenta estuvieron: Quino, Caloi, Faruk, Brascó, Oski, Blotta, Sábat, Copi, César Bruto, María Elena Walsh, Conrado Nalé Roxlo, Roberto Maidana, Rogelio García Lupo, Dalmiro Saénz y tantos otros... El mismo Frondizi colaboró una vez en Tía Vicenta y firmó como "Domingo Faustino Cangallo". El negó que lo había hecho, pero el secretario me aseguró que lo había hecho él.

¿En qué consistía ese artículo?
Era un comentario político sobre la reforma de la Constitución. En Tía Vicenta firmaban con seudónimo y en los diarios con su verdadero nombre.

¿Cree que el cierre del diario El Mundo, que editaba a Tía Vicenta los días domingos, fue consecuencia de la censura?
No, lo que pasa es que los últimos dueños del diario pertenecían al partido radical, eran simpatizantes del radicalismo, y el gobierno de Onganía era contrario. Entonces, cuando subió Onganía duró un año más. Cuando cerraron el diario El Mundo yo seguí haciendo un suplemento que se llamaba "María Belén". El banco le reclamó todos los préstamos y la Editorial Haynes quebró. Yo quedé sin trabajo. Al poco tiempo me llamaron de Primera Plana y saqué una revista que se llamó Tío Landrú. Duró nada más que un año porque también había presión del Gobierno y Primera Plana tenía miedo que por culpa de Tío Landrú cerraran el diario. Entonces resolví con el director no sacar más Tío Landrú. Por suerte, porque a los tres meses cerraron Primera Plana.

¿Cómo fue su relación con Carlos Menem?
En el año '78 yo estaba con un periodista del diario Clarín haciéndole un reportaje a Beba Bidart. Era el mes de julio. Hacía un frío bárbaro. Serían las nueve y media de la noche, antes de que abriera el boliche. Y apareció de golpe un señor todo vestido de blanco, con zapatos blancos, y unas patillas inmensas que se acercó a la mesa. Era Carlos Menem. Me lo presentaron y yo creía que estaba preso, porque no sabía que hacía poco que había salido en libertad. Pero como a mí no me gustaba tener amistad con los políticos, me retiré. Cuando a él lo eligen Presidente, tuve una gran sorpresa cuando recibo una tarjeta de puño y letra de él, que me invitaba al acto donde asumía como Presidente. Ahí lo conocí. Después lo he visto en otras ocasiones, pero así de pasada; no tengo amistad con él.

¿Alguna vez lo presionó por hablar de algún tema en particular?
No, nunca. Pero por ejemplo con Perette, que era Vicepresidente de Illia, del cual era bastante amigo, lo dibujaba muy bajito, porque es muy bajito. Entonces, cuando a él lo eligieron Vicepresidente me llamó por teléfono a ver si podía dibujarlo medio centímetro más alto. Después a Alfredo Palacios le hacía muchos chistes porque tenía fama de conquistador y mujeriego. Lo dibujaba como fundador de Villa Cariño, ahí en Palermo, donde iban todas las parejas a besarse en los autos. A Palacios le encantaba eso. Cuando no lo publicaba me llamaba por teléfono y me preguntaba si estaba perdiendo vigencia, porque hacía tiempo que no salía en Tía Vicenta. Una vez el director del diario El Mundo estaba medio enojado conmigo porque había viajado con Frondizi y él le dijo que yo lo dibujaba con la nariz demasiado larga. Entonces me dijo que no lo podía dibujar. ¿Cómo no lo voy a dibujar a Frondizi si hago el chiste de tapa y el Presidente Frondizi es el chiste político?. Entonces resolví hacerlo de espalda. Durante un año salió así. Pasado un tiempo me lo encontré a Frondizi y le conté. Me dijo: "¡Qué disparate!. Yo hice un comentario, sólo dije: ¡qué larga me dibujó la nariz hoy Landrú!". A Frondizi no le incomodaban los chistes. Yo no he tenido problemas con los presidentes. A Videla lo dibujé como la Pantera Rosa. Pero no al principio, porque el primer día del golpe me llamó el secretario general de Clarín, Marcos Sitrin, y me dijo que lo había llamado Carpintero, que era el jefe de prensa de la Junta Militar del Proceso para que yo hiciera un chiste sobre el golpe. ¿Cómo voy hacer un chiste el primer día? Entonces busqué quiénes eran los ministros, y veo que hay un ministro que se llama Liendo. Entonces dibujé a dos militares, que uno le decía al otro "Hasta ahora nos va Liendo bien". Con eso zafé.

¿Por qué considera que la época de oro del humor político termina en el '66?
En esa época subió Onganía y era una dictadura que enseguida se convirtió en dictablanda. Tanto que al principio no quería que se lo nombrara. Pero en esa época había unos rematadores muy conocidos que se llamaban Onganía y Bonifazi. Cuando yo lo quería nombrar a Onganía ponía "el General Bonifazi". Onganía me cerró porque decían que yo lo dibujé como morsa. Los amigos de él le decían "morsa". Entonces como a Illia lo dibujé como tortuga, al reemplazarlo Onganía a Illia, lo tenía que dibujar como un animal para seguir la línea . Entonces dibujé dos morsas, y una le decía a la otra: "Al fin tenemos un buen gobierno" y Onganía me cerró la revista. Al morir Tía Vicenta moría para mí la década de oro de humor político...

¿De dónde nace la costumbre argentina de bautizar a los presidentes con nombres de animales?
Yo no sé de dónde nace. Me acuerdo que cuando era chico al presidente Irigoyen le decían "el Peludo". Después en el '55 a los anti-peronistas los llamaban "los gorilas", a Aramburu Lino Palacio lo bautizó como "la Vaca", a Rogelio Frigerio le decían "el Tapir", a Oscar Alende "el Bisonte". Entonces yo a Alsogaray lo bauticé "el Chanchito"porque tenía que seguir la tradición argentina. Él era Ministro de Economía y bregaba por la veda de carne, y que la gente comiera carne de chancho o de pollo. Por equivocación me invitó a la conferencia de prensa y cuando él hablaba yo lo veía a él como un chanchito. Le puse "el Chanchito", y quedó.

En el año 1973 usted dibujaba para Clarín, la revista Gente y Mercado. El humor vuelve a emerger luego de la guerra de las Malvinas sin la virulencia de las viejas épocas. ¿A qué se debió?
Durante la época del Proceso no se podían hacer muchos chistes, sobre todo de los comandantes. A pesar de eso yo de vez en cuando hacía chistes, y como no sospechaban que yo estaba en la guerrilla, ni era guerrillero, creo que por eso no me hicieron nada. Después de la guerra de Las Malvinas entró en retirada el gobierno del Proceso, entonces se animaron a hacer chistes políticos cada vez más profundos. A mí lo que nunca me gustó es agredir a ningún político. A veces sin querer pude haber agredido, pero no fue intencional. Me acuerdo que la hija de Frondizi, Elenita Frondizi, cuando el padre asume, a ella le gustó la política y forma un comité. En Tía Vicenta sale publicado un desfile de modas en que aparecía Elenita pasando moda. A ella no le gustó. Entonces fue a verlo a su padre y le dijo que me cerrara Tía Vicenta porque no le gustaba. Frondizi le contestó muy sabiamente: "Si vos querés meterte en política, tenés que aguantar los chistes políticos, siempre y cuando no sean una ofensa o un agravio, y si no dedicate a otra cosa". Ella, también sabiamente, se dedicó a la docencia. Desgraciadamente vivió poco esa chica, murió al poco tiempo, pero fue una lección de democracia que dio Frondizi.

¿Hay algún método infalible para recrear las distintas tipologías de sus personajes?
El personaje uno lo crea y es dueño de ese personaje. Por ejemplo, yo hago "el señor Porcel" o "Rogelio, el hombre que razonaba demasiado", o "la familia Cateura", que eran personajes que tenían mucho éxito en Tía Vicenta, y los hacía a mi manera. A los políticos los hago según las características de ellos. Por ejemplo a Cavallo lo hago con unos ojos inmensos y completamente pelado, a Menem lo hago a veces con los cambios de peinado o de facciones según lo pica una abispa o no lo pica la abispa. Lo mismo a Chacho Álvarez, antes lo hacía con más rulos, ahora lo hago con menos rulos porque se ha puesto más parecido a De la Rúa, ultimamente, hasta en su vestimenta y su manera de hablar se parecen. Antes era más agresivo o más contundente. Pero yo trato de pensar cuál es el chiste que quiere leer el público. Leo las principales noticias del diario, oigo la radio y digo: éste es el chiste. Lo elijo, lo llevo al diario, llevo varias opciones y me eligen una o dos, a veces no publican ninguno por falta de espacio, pero siempre van quedando. Hay chistes que tienen permanencia de hasta dos o tres meses y hay otros chistes que los he publicado hace un año y vuelven a tener vigencia.

¿En qué consistía la clasificación "clase A", "clase B" y "clase C" que realizaba en la revista Gente?
Por ejemplo, buscaba el restorán más paquete…o enfermedades. Una enfermedad paqueta era un infarto de miocardio, esa era una enfermedad "clase A". En cambio una enfermedad "clase C" serían las hemorroides o la fístula anal, el flemón. Al colegio más elegante, o más costoso, le ponía "clase A". Un colegio con malos alumnos, con malos profesores, lo bajaba de clase. También ponía los alimentos: a la langosta Termidor la ponía "clase A", o "doble A". En cambio, otro alimento como fainá o gofio ya era "clase D", o "clase C". Ese era un juego que yo hacía. Simultáneamente hacía en Gente campeonatos: campeonatos de salvadores de la Patria, o de ratitas, por las chicas, o de gente paqueta, y mandaban los cupones, porque era una manera de ganar lectores, porque para votar tenían que comprar la revista y mandar un cupón. Entonces con eso subía la tirada de las revistas.

¿A partir de este juego de clasificaciones fué acusado por la izquierda de ser un dibujante elitista?
Bueno, por la izquierda tilinga, porque no se dieron cuenta de que lo que yo hacía era en realidad una cachada al Barrio Norte. Un grupo muy reducido me acusó de elitista o de aristocratizante, o algo así. Sin embargo,dibujaba simultáneamente, en Clarín, Crónica, y también colaboré en La Nación. Así que abarqué todo. No me he embarcado nunca en política, ni a favor ni en contra de la guerrilla o del comunismo, ni tampoco me he burlado. Que le haya incomodado a la gente que pusiera que el infarto de miocardio era "clase A" y las hemorroides eran "clase Z", me parece que no por eso me podían acusar de elitista. Además, no soy ni de extrema izquierda ni de extrema derecha, yo soy de extremo centro. Puedo hacer chistes sobre cualquier sector, no en contra. Nunca me han querellado, si no me hubieran acusado.

Una de sus pasiones es el trabajo con los arcaísmos del idioma. ¿El cambio en los hábitos sociales lo obligó a crear un nuevo lenguaje en sus tiras?
Claro. En "María Belén" utilizaba el lenguaje que se usaba en esa época. Ahora veo que mucha gente joven está confundiendo algunas palabras, del lunfardo sobre todo. Por ejemplo, la palabra "grela". ¿Para vos qué es la palabra "grela"?
"Sucio".
No. La palabra "grela" es 'mujer'. El tango dice "Cuando la suerte que es grela…". Esto es: cuando la suerte que es mujer... En el diccionario del lunfardo buscá "grela" y es 'mujer'. El idioma es dinámico, se está renovando constantemente, posiblemente dentro de diez años cambie. Si no, estaríamos hablando en latín nosotros.

¿A qué se debe que el uso del idioma se va desvirtuando?
Porque el idioma es dinámico y uno va cambiando. Hay palabras que antes no se decían, por ejemplo la palabra "evento". Antes "evento" era una eventualidad, un acontecimiento que podría pasar o no. Ahora "evento" es una cosa que va a pasar. La Real Academia va modificando las palabras teniendo en cuenta el uso del lenguaje. Como el dequeísmo. Mucha gente dice: "la verdad, de que…" y está mal dicho: "La verdad, que…". Es lo mismo que decir en lugar de "De la Rúa", decir "de que De La Rúa".

El uso de las palabras está a veces ligado a ciertos grupos de pertenencia a la manera de códigos o claves. Ud. alguna vez los clasificó. ¿Recuerda algunas palabras divertidas o disparatadas?
¿Palabras divertidas o disparatadas? Bueno, hay palabras que de por sí me hacen gracia. Por ejemplo, la palabra "bigote" me hace gracia. La palabra "feldespato", no. Me parece que hay palabras graciosas, como el seudónimo mío. Cuando empecé a firmar "Landrú" aumenté la cantidad de lectores. Quiere decir que los nombres influyen. Tál es el caso de los nombres cortos en los políticos: Perón, Balbín… "La vida por Perón" es facilísimo, en cambio "La vida por Iturraspelagoitía" ya es mucho más difícil. El nombre corto y acentuado como Landrú, Perón, Balbín, causa mayor efecto. Hay que decir "De la Ruá", ahora.

Usted hizo infinidades de caricaturas de políticos: de Alfredo Palacios a Menem, pasando por Alsogaray, Illia, Perón, Isabelita y Alfonsín. ¿Cuál es su caricatura más entrañable?
Todas. Hay personas que son más fáciles de dibujar que otras, porque la caricatura es una exageración de los rasgos. Por ejemplo, Frondizi haciéndole la nariz larga -tenía una nariz larga-, es muy fácil de dibujar. De la Rúa también tiene la nariz larga pero un poco menos que Frondizi. Alfredo Palacios, con sus bigotes y su melena era el más fácil de dibujar. En cambio hay otros políticos que tienen facciones más regulares. El caso de Beliz. Tiene una cara medio lavada y hay que estudiarlo mucho para hacer…, y no hace gracia hacer la caricatura de Beliz. En cambio la caricatura de Menem hace gracia.

¿Cualés son los pasos a seguir para diseñar la caricatura?
Primero, veo mucho las características. Cuando surge un nuevo personaje político estudio, miro varias fotos de él, lo miro por televisión y voy delineando los rasgos hasta que hago una caricatura. Siempre trato de hacerlo en la misma posición, porque si no puede ocurrir que no me salga tan parecido. Entonces quiero que la gente enseguida al ver el dibujo sepa quién es, que lo identifique. Y otra cosa muy importante es que a veces, sin ser una crítica, hay algunos dibujantes que hacen un dibujo muy bueno, pero no se sabe si los personajes están en el campo, en la ciudad o dentro de una casa. Por eso yo siempre que dibujo un personaje le agrego la escenografía: si están en el campo hago pajaritos, nubes, sol; si están en la casa siempre hago el piso, un cuadro, la pared, una mesa, para que sepan. Porque a veces el lugar donde están las personas está identificado con el chiste.

¿Cuál es el origen de la risa?
Cuando comencé a dibujar yo quería estudiar el origen de la risa y casi me quedo sin hacer humorismo, porque era dificilísimo. Al cumplir tres meses mi hija, descubrí una teoría: yo le mostraba el dedo y ella me lo agarraba. Lo mismo sucedía la segunda vez y la tercera. A la cuarta vez que intentaba tomar el dedo se lo sacaba, y se reía. En ese preciso instante comprobé que la risa es la sorpresa, algo que aparece cuando no se lo espera. El humor funciona mientras que la sorpresa no sea desagradable. Por ejemplo, uno ve a un militar condecorado caminando por la calle y se dá un tremendo golpe, que es la sorpresa: la gente se ríe. Es decir, si el que se da el golpe es uno, nadie se ríe. Si un pobre mendigo se tropieza nadie se ríe tampoco.

¿De qué nos reímos los argentinos?
Hay argentinos que son, como dice Portal, caracúlicos y no se ríen nunca. Otros que son jocosos y se ríen porque sí nomás, de tontos que son. Creo que hay que reirse de las cosas inteligentes, humorísticas, que hacen gracia. Hay distintos tipos de humor. Durante una época yo me di cuenta de que el humor que hacía era el humor que quería la gente. Creo que el humor que hago sigue teniendo vigencia, a pesar de que llevo más de cincuenta años haciendo humor, y todavía estoy trabajando en Clarín, uno de los diarios que tiene la mayor tirada del país.

Confiese, usted colabora en el suplemento "Ollas y sartenes", de Clarín, pero no sabe cocinar...
No sé cocinar, ni me gusta. Me gusta la comida, me encanta, pero cocinar, lavar los platos y planchar no me gusta. Hago chistes sobre la comida porque entiendo de comidas. He viajado mucho, voy a muchos restoranes y entiendo de cocina, de los platos que me gustan y cómo son los platos. Pero invento. Me inspiré en hacer chistes de cocina por una película de los hermanos Marx, que se llamaba "Una noche en la Ópera". Va Groucho Marx y le dice al mozo: "¿Hay sopa a la francesa?". El mozo le dice "Sí". Entonces le dice "Bueno, tráigame a la francesa y quédese con la sopa". A mí me hizo mucha gracia. Los hermanos Marx hacían un humor surrealista que a mí me gustaba, y era el humor que seguí. Me acuerdo que en otra película está Groucho Marx en medio de una fiesta, hay un apagón, y cuando se enciende la luz sale diciendo con un collar en la mano: "¡Acaba de ser robado un collar de perlas que no solamente es igual a éste, sino que lo es!". Se lo guardó y salió disparando. Era bien disparatado y la gente en esa época no lo entendía mucho, pero para mí ese era el humor que me hacía gracia, el que me gustaba. Esa película yo la he visto cuando tenía doce o trece años.

Usted me contó que hay una receta que le sale muy bien.
Es el huevo frito gigante. Cuando yo trabajaba en Tribunales había un señor que se llamaba de la Riega, que corría regatas que se hacían desde Mar del Plata hasta Rio de Janeiro. Él era el cocinero de a bordo. Entonces, cuando él tenía gente a comer que venían de improviso hacía los huevos fritos gigantes. Me los enseñó a hacer: hay que batir las claras un rato, separar las yemas, después hay que ponerlo en una sartén con las yemas en el medio, las claras se inflan y queda como una tortilla. Entonces fui al hotel Sheraton, lo preparé, y salió publicado en el suplemento "Ollas y sartenes" hace dos años.

¿En Clarín le censuraron el título original de esa receta?
¡Si!. ¿Se puede decir por qué?. Cuando vi la foto del huevo frito gigante le puse de título: "Este es el huevo gigante de Landrú, en el próximo número publicaremos el otro". Por supuesto, ahí me lo censuraron.

¿Qué otra receta podría hacer?
Un litro de agua fría, un litro de agua caliente, revolver bien y se obtiene agua tibia. Otra receta que podría hacer es un pollo a la francesa. Se toma a una francesa, un pollo, y se lo coloca en un recipiente. Luego, se lo pone todo en baño María Julia. Cuando María Julia salga del baño, se saca el pollo. A la francesa se la pincha con un tenedor, y si María Julia grita quiere decir que todavía esta cruda, y si no grita quiere decir que ya se la puede comer.

¿Qué son las "chácharas", "chascarrillos", "chirigotas" y "cuchufletas"?
"Cuchufleta" viene a ser una sarandaja. Yo tenía ocho palabras que eran sinónimos, son todas palabras que están en desuso, arcaísmos. Hay palabras que ya no se utilizan más. Esas palabras eran sinónimos de chiste, de un gag. Ahora todo es inglés, la liquidación es sale, las casas que llevan comidas son delivery o fast food. Será la globalización, pero el inglés nos está devorando. Yo defiendo mucho el idioma, por eso a veces busco palabras antiguas que me parecen graciosas. "Chirigotas", "astracanadas", "chascarrillos" me parecen palabras graciosas.

¿El uso de las malas palabras le parece que es un recurso poco sutíl para hacer humor?
¡Y sí! Yo en lugar de decir una mala palabra le digo "¡la Patti que te Ruckauf!". No es una mala palabra pero lo es. O sino le digo "¡Andate al Corach!" o "¡No seas menemudo!"; son frases entre política y malas palabras. Se inventan malas palabras con los políticos, yo hago juego de palabras. Yo creo que la mala palabra en sí no es graciosa. Una vez fui al teatro de revistas y salía un cómico, miraba al público, y decía "¡La puta que los parió!". Todos se mataban de risa menos yo. A mí no me hacía gracia. La mala palabra en sí no es graciosa. Lo que es gracioso es el argumento o una astracanada o una chirigota. Ahora se basan en suplantar malas palabras o cosas eróticas con el humorismo, por eso está en decadencia el humorismo.

Por lo general a los políticos les gusta que se hable de ellos. Hablar de un político significa que está en vigencia. ¿Qué grado de tolerancia tienen hacia los humoristas?
Creo que en general a los políticos les gusta que se hable de ellos. La mayoría de los políticos me han pedido dibujos. Presidentes y ministros me han invitado a comer, pero no soy amigo de ellos. No quiero hacerme amigo, porque siendo muy amigo de un político ya le tomás cariño y después digo "Uy, tal vez este chiste no le gusta". Por eso cuando voy a Clarín muestro los chistes antes, yo no publico sin que me lo apruebe el director o el jefe de política que está en ese momento. Porque yo no sé si ese día o al día siguiente va a ir a almorzar a Clarín el ministro de Economía o el Presidente o un alto funcionario, y no creen conveniente que salga el chiste publicado ese día.

¿Existe la libertad de prensa o de empresa?
La libertad de prensa total no existe, existe la libertad de empresa. Por ejemplo, en el diario La Nación trabajé en una época, antes que en Clarín, y ahí no se me iba a ocurrir hacer un chiste sobre Mitre. Yo había inventado un verbo: "bartolomitrear" ("yo bartolomemitre", "tú bartolotetitres", "él bartolosesitre"…). Eso no lo iba a presentar en La Nación porque se iban a enojar. Ese chiste al tiempo lo publiqué en una revista de historia, y tal cual: lo llamaron al director periodistas de La Nación de alto nivel y le dijeron "¿Cómo han publicado ese chiste, que es una ofensa?". Yo no lo consideraba una ofensa. He hecho chistes sobre Graciela Fernández Meijide. El verbo "meijidear": "yo meijide", "tú teijides", "él seijide", "nosotros nos ijideamos", "ellos se joden"... Sobre De la Rúa, Patti... Hay otro de Onganía: "yo onganía", "tú onganías"..., "ellos nos engañan". Toda la vida he hecho juegos de palabras. A veces a De la Rúa no le gustaban mucho mis chistes, porque le puse "de la Ruina". Y el primero que le puso "de la Duda" fui yo. No es que sea enemigo de él, si lo conozco hace muchos años. A Fernández Meijide le puse "Fernández Mejode" y salió publicado en el diario porque no lo consideraban ofensivo, porque yo hago un dibujo medio naïf, sin agresión. En cambio, si ese chiste se hace con un dibujo medio agresivo, por ejemplo: "Cayeron las bolsas en todo el mundo" y dibujo a la Meijide con las bolsa de la cara más bajas, no es una agresión a ella, es una cosa que viene cantada por la realidad

¿El humor es un rasgo de inteligencia?
Sí, porque generalmente la gente opa no se ríe, no entiende los chistes. La inteligencia es la memoria. La memoria es una característica de la inteligencia, por eso al cerebro lo considero un músculo. En la gente que no cultiva el músculo, el músculo se atrofia. Tengo 76 años, bastante memoria. Hay un amigo que tiene mi edad o menos, y está haciendo la lista de la gente que hay que matar, está medio mal, pero se confunde porque en lugar de Lorenzo Miguel escribe Luis Miguel, en lugar de Herminio Iglesias anota Julio Iglesias. Yo le digo: "Estás loco, tené cuidado, rompé esto porque estás mal". El no cultivó y no hizo trabajar la memoria. Yo todos los días al pensar chistes hago trabajar la mente. No hago ejercicio físico porque creo que el ejercicio es malo, todos los deportistas se mueren jóvenes. Un humorista inglés decía que "el mejor ejercicio es ir caminando al entierro de los deportistas".


Entrevista a Juan Carlos Colombres, Landrú
Noviembre de 1999
(Realizada por Ana Da Costa)
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