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Semblanza de NESTOR PINSON
publicada en la página webb TODOTANGO
Sobre notas de Hernán Restrepo Duque y Ricardo Risetti, de su libro “De corazón a corazón”, editorial Corregidor 1994.
CANTOR
22 de mayo de 1900 – 19 de noviembre de 1985
Nombre completo: Juan Nepomuceno Arvizu Santelices
Apodo: El tenor de la voz de seda
El bolero como género comenzó a transitar su camino a fines
del siglo XIX. Se cuenta que en 1911, un sastre cubano, Pepe Sánchez,
aficionado a la música, compuso “Tristezas”, luego llamado “Me entristeces
mujer” o “Un beso”, no hay coincidencias entre los historiadores con el título,
pero sería el primer bolero.
El tango y el bolero siempre han tenido una estrecha
relación, tanto por la forma que nacieron como por su desarrollo. No es
exagerado decir que, de alguna manera, han colaborado entre uno y otro. Fueron
numerosos los cantores de boleros que incluyeron tangos en sus repertorios. Así
como también, los autores y compositores tangueros que participaron en la creación
de páginas románticas e, incluso, dirigiendo conjuntos que acompañaban las
actuaciones y grabaciones de muchos de sus intérpretes.
Entre las legendarias voces del bolero, Juan Arvizu merece
un espacio propio por su larga relación con nuestro país y con el tango. Llegó
a Buenos Aires contratado para la inauguración de LR1 Radio El Mundo, hecho
ocurrido el 29 de noviembre de 1935. La relación fue pactada por un mes y
medio, pero se extendió por la notable aceptación que obtuvo del público, a tal
punto que sentó aquí su residencia. Permaneció 18 años en la Argentina, siendo
el punto de partida de sus numerosas giras al exterior.
En su inmenso repertorio (los eruditos en el tema calculan
en alrededor de dos mil el número de sus grabaciones), figuran buena cantidad
de tangos y ritmos afines como valses y milongas, claro que, en la mayoría de
los casos, por su estilo tan personal, suenen abolerados.
Algunos de los títulos son: “Prohibido”, “Pecado”,
“Verdemar”, “Plegaria”, “Si dejaras de quererme”, “Que fácil es decir” (Rodolfo
Sciammarella y Tabanillo), “Señor juez” (Manuel Jovés), “Salud, dinero y amor”,
“Nuestra casita” (Alberto Castellanos y Paco de la Ceja), “La cumparsita”, “Mi
Buenos querido”, “Madreselva”, “Caminito”, “Una canción”, “Sinceramente”,
“Corrientes y Esmeralda”, “Lágrimas de sangre” (Roberto Giménez), “No cantes
ese tango” (Francisco Lomuto y Rodolfo Arriogorraga), “Nido gaucho”, “Tengo mil
novias”, “Cada vez que me recuerdes”, “Mi único amor”.
Nació en Querétaro, Méjico, donde vivió ayudando a su padre
en su tarea de radiotelegrafista. De pequeño, fue alentado por la mamá para
estudiar vocalización, solfeo y armonía, cantando además, en un orfeón
infantil.
A los 22 años, se radicó en el Distrito Federal y allí
continuó sus estudios con José Pierson, cantor y declamador —luego se
convertiría en maestro y director de compañías de ópera—, quien tuvo bajo su
tutela, a famosos interpretes de la canción popular como Jorge Negrete, José
Mojica, Alfonso Ortiz Tirado, Pedro Vargas, Juan Pulido entre otros.
Dos años más tarde se produjo su debut en el Teatro
Esperanza Iris, en una obra lírica titulada La Sonámbula. Sus cualidades
naturales, su potente registro de tenor -que supo controlar, ya famoso, en
buena cantidad de temas románticos-, llamaron la atención de otros directores y
del público. Rápidamente, se fueron reconociendo sus virtudes siendo, en muchas
ocasiones, aclamado de pie al terminar sus presentaciones.
A raíz de su éxito se ganó el interés de la industria
fonográfica, el primer sello fue Brunswick, en el que debutó en 1928, con la
grabación de “Varita de nardo”, de Joaquin Pardavé. A continuación, intervino
en la Victor que lo incluyó en su nómina. Más adelante, registró su voz en otra
discográficas, hasta convertirse en uno de los cantores con más discos de la
historia de la música latinoamericana.
En 1930, fue convocado para la inauguración de una emisora
en su país, la Radio XEW y en 1942, viajó a Norteamérica para la misma gestión,
esta vez con la Cadena de las Américas de la Columbia Broadcasting. Participó
en varios films, en Méjico y en Cuba, que tenían simples argumentos al solo
efecto de presentar sus canciones.
Un logro increíble del cantante fue descubrir a un pianista
de anémicos cabarets y de prostíbulos que, a su lado, se transformó en la mayor
figura del bolero en toda América, lo llamaban El Flaco de Oro (tenía una
cicatriz desde la comisura izquierda de su boca hasta la mitad de la mejilla,
producto de un impacto con una botella rota), se trataba de Agustín Lara
(30/10/1896 – 6/11/1970).
De más está decir quién fue Agustín Lara y lo que significó
para la música, sin lugar a dudas, uno de los más grandes creadores del
continente. Pero lo notable, es que comenzó a crecer componiendo y acompañando
a Arvizu desde el piano. No sólo engrosó el repertorio del amigo, más adelante
lo hizo para los más famosos intérpretes, trascendiendo fronteras, basta
nombrar “Granada”, “Solamente una vez” y “María Bonita” (dedicado a María Félix
con quien se casó en 1945).
Arvizu vivió algunos años en Chile y también en Colombia,
cuando decidió volver a su país no tuvo la recepción esperada, el paso del
tiempo lo había postergado, vivía otra generación con gustos y estilos de vida
distintos.
En 1967, decidió tomar descanso, su vida había sido un
traqueteo permanente, la tranquilidad llegó después de una extensa vuelta, en
Querétaro, la ciudad que lo vio nacer.
Dicen que fue en Buenos Aires, donde lo bautizaron “El tenor
de la voz de seda”.
Sobre notas de Hernán Restrepo Duque y Ricardo Risetti, de
su libro “De corazón a corazón”, editorial Corregidor 1994.
fuente: TODOTANGO.
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fuente: TODOTANGO.
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