DANIEL ALTAMIRANO.
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CANADA- BREVES Y VARIADAS – Diciembre 2001
DANIEL ALTAMIRANO - Por José E. Negrete
DE NORTE A SUR.COM
Si lo hubiéramos planeado, no hubiera salido tan bien
coordinado. Estoy hablando de mi encuentro casual con el cantante y compositor
argentino Daniel Altamirano, un par de días después de realizarse la Fiesta de
la Vendimia Toronto 2001. Nos encontramos en la carnicería El Gaucho y
aprovechamos a rescatar algunas impresiones de este excelente “decidor” de
nuestro folklore.
Nos cuenta que se encuentra en estos momentos haciendo
giras, con poca participación en festivales. Pretende de esta manera llegar a
su público a narrar las vivencias y costumbres de su pueblo, que es la esencia
misma del folklore, sin dejar de lado lo romántico, ya que esa es una parte
importante de nuestra vida, como lo es la comida y el vino también.
El “bardo” continúa contándonos que en sus conciertos, tiene
por costumbre realizar un paseo imaginario a través del cancionero
latinoamericano, lo que nos consta, recordando la excelente versión de “El
violín de Becho” de Alfredo Zitarrosa. En relación a esta pieza musical, Daniel
recuerda a un violinista que el conoció en Buenos Aires, cuando llegó con sus
hermanos “Los Altamirano”, se juntaban en una peña a la que llegaba por las
tres de la mañana un gran violinista (Hernán Oliva), luego de sus actuaciones
de esa noche, a tocar (y lo hacía por horas….) la música que a él le gustaba,
la música clásica.
A nuestro requerimiento, Daniel Altamirano nos cuenta que
comenzó con sus hermanos, siendo la revelación de Cosquín en el 69 y ya en el
73 se separa de ellos, luego de haber grabado cinco o seis discos de larga
duración, que habían movilizado a la gente, al ser un grupo nuevo, jovencito,
algo así como “Los Nocheros” actuales. Luego de separarse de sus hermanos,
forma el grupo “Los de siempre”, con los que estuvo hasta el 77. Ya en esta
época, siente que debe comenzar en forma individual, habiendo compuesto temas
como “Dios a la una”, “Crepúsculo perdido”, “Que vengan a beber”, “Chaya para
un adiós en La Rioja”, “La Oma” (hecha famosa por “Los cuatro de Córdoba”) y
otras.
Actualmente sigue grabando (el último CD es “Dulce dolor”),
transformando lo amargo en dulce y tratando de dejar un mensaje en cada
canción, “fundamentalmente el mensaje es la pintura de la gente de mi pueblo y
de lo que pasa en la Argentina, especialmente en la Provincia de Buenos Aires
(fuera de la ciudad) y en el interior”, la “realidad” de la vida….
Nos cuenta que él no busca las grandes letras, sino que
busca que las letras hablen como habla el común de la gente y que expresen lo
que verdaderamente sucede en la realidad, porque es importante llevar las
vivencias, como la “Serenata del amor callado”, que habla sobre la pareja y que
dice “doloroso es saber que te quiero y no puedo decirlo con el alma como
quisiera hacerlo, si lo saben las piedras, si lo saben las flores de mi casa y
mi sombra que está rondando tu silencio y mis manos que acarician tu cuello y
mis besos que alborotan tu vida….”
fuente:
DE NORTE A SUR.COM
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