lunes, 2 de mayo de 2016

HORACIO LORIENTE, MI ABUELO


HORACIO LORIENTE, historiador uruguayo, es el autor de la semblanza de Ernesto Di Cicco, que hemos publicado, y ha escrito sobre casi todos los músicos y cantores uruguayos.
Encontré esta Carta de lectores, del diario EL PAIS, escrita por el nieto de Horacio Loriente, y me pareció algo precioso que un nieto pueda escribir sobre su abuelo.
Lo comparto:
 
Horacio Loriente, mi abuelo
Horacio Loriente | Montevideo

@| “Ya cayendo la tarde guardaba mis cuadernos rojo, azul y verde ansioso por salir de la escuela. Sabía que él llegaba justito a la hora de la salida.

Y sí, a las 5 en punto ya estaba ahí.

Yo caminaba con él cerquita, siempre por el mismo camino. Cuatro cuadras. Donde termina Herrero y Espinosa, atrás de la patronal de taxis, siempre había una pausa para mirar por un portón viejo, un tranvía oxidado, seguíamos despacito, valija de cuero con lápices en la mano hasta la casa de mis abuelos.

Apenas entraba, mi abu me tenía pronta una taza de yogur de vainilla. Yo miraba dibujos en blanco y negro, mientras ellos se preparaban para tomar mate dulce en la cocina.

Cuando el reloj del living daba las seis, la cocina de mi abuela respiraba `Clarín`. Hora par, descubrí mucho después. Radio Spica, también aprendí más tarde. La `música típica y folclórica para la Cuenca del Plata`.

Mi abuelo picaba ajo, batía claras de huevo y hacía tomate en rodajas como nadie.

Abuelo `blanco`, le decía yo. Supongo que por su pelo blanco de canas.

Nunca lo escuché gritar. `Puteaba` bajito solo cuando perdía Nacional. Usaba unos lentes que yo había encontrado en una plaza. Dormía siestas. Pero antes de dormir, me leía siempre la misma historieta de Archie.

Pasaban las horas mientras esperaba que mis padres me vinieran a buscar para ir a mi casa. Entonces se escabullía despacito por adelante mío y se metía en su otra vida. En otra dimensión. El cuarto del frente latía solo. Mi abuelo hacia latir la música. Tangos. Sonido de la púa contra un disco viejo. Se sentaba frente a una máquina de escribir muy vieja y se escuchaba el tap tap tap ágil de sus dedos. Yo entraba con curiosidad, a ver qué hacía, pero tardé demasiado en darme cuenta que era historiador, investigador y periodista. Tenía una columna de tango en el diario El País.

Para mí era solo mi abuelo blanco.

Habitación antigua, muy alta, adornada con una luz colgante, gran mesa escritorio con cuatro generosas sillas, discos, vitrola, pasadiscos, grabadores de cinta, un bandoneón pasa casetes, más discos, una radio transoceánica, libros, una enorme foto de `La Giralda` sin el palacio Salvo encima, más discos, lápices, papeles, fotos familiares, biblioratos de lomos muy gastados y otro reloj de péndulo con una campanada muy dulce.

Madera y metal.

No hay por dónde caminar.

Es la misma habitación que me ve hoy escribiendo esto en un laptop. Con un CD de Roberto Firpo con poco volumen, porque ya es de madrugada.

Escuchando las mismas campanadas, rodeado de miles de discos que no entiendo, porque era muy chico para saber disfrutar todo lo que él podía enseñar.

Me quedo sentado sin saber quiénes fueron Irusta, Fugazot y Demare. Ni Ignacio Corsini. No conozco a casi nadie de los que me rodean. Con la hermosa vitrola que me mira, callada. Y las fotos de Gardel susurrando palabras que no entiendo.

De mi abuelo me queda el libro `80 notas de tango`, y mi nombre”.

fuente:
ECOS DIARIO EL PAIS




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