VICTORIA OCAMPO - Biografía - Parte 2
La aparición de
Sur
Durante una
conferencia sobre Charles Chaplin, Ocampo conoció a Waldo Frank, quien le
sugirió que lo visitara en Estados Unidos y fundara una revista literaria. Su
visita a Estados Unidos fue el primero de una serie de viajes que realizó a lo
largo de la década de 1930, en los cuales conoció a varias personalidades como
Jacques Lacan, Ramón Gómez de la Serna, Leo Ferrero, Sergéi Eisenstein y Le
Corbusier. A diferencia de los casos de Keyserling y Tagore, su amistad con
Frank perduró hasta la muerte del escritor en 1967.
Frank sugirió que
la revista a fundar tratara los problemas, las inquietudes y la literatura del
momento. Cuando Ocampo le comentó el proyecto a su padre, le aseguró: «Te vas a
fundir, Victoria». La escritora heredó tres fortunas a lo largo de su vida:
la de su tía Vitola, la de su madrina (que había acumulado el dinero de sus dos
maridos difuntos) y la parte proporcional del patrimonio de su padre,
fallecido el 18 de enero de 1930. El dinero en su gran parte fue invertido en
la compra de residencias y departamentos. Sin embargo, cuando Juan Domingo
Perón impuso la ley de alquileres, los inmuebles dejaron de dar renta y fueron
malvendidos en varias ocasiones. El proyecto de Sur requería de grandes
inversiones constantes y, al momento de su muerte en 1979, Ocampo no tenía
suficiente dinero para abonar sus impuestos.
El 1 de enero de
1931, apareció el primer ejemplar de la revista Sur, que contó con la
colaboración de Drieu La Rochelle, Jorge Luis Borges, Waldo Frank, Eugenio
d'Ors, Walter Gropius, Ernest Ansermet y Alberto Prebisch. La primera edición
se agotó rápidamente con una tirada de 4000 ejemplares y fue vendida también en
París y Madrid. Según su cuñado, el escritor Adolfo Bioy Casares, «... fue un
desafío para ella, como abrir un camino en la selva». Las primeras ediciones
fueron producidas en la imprenta de Francisco Colombo en San Antonio de Areco,
donde se había editado la popular obra de Ricardo Güiraldes, Don Segundo Sombra
(1926). Si bien el nombre (Sur) había sido idea de Waldo Frank, Ocampo se
había encargado del diseño simple de la portada, que consistía en una flecha
hacia abajo.
Victoria Ocampo
como directora de Sur.
"Durante los primeros años, no había sumario
que no fuera examinado, encargado por mí, de acuerdo con mis preferencias. Más
tarde dejé mucha más libertad (a veces casi toda) en manos de amigos
colaboradores en quienes confiaba. En 1929 habían clamado por una revista de
calidad literaria: ahí la tenían, en marcha. Creo que nunca se apartó de esa
línea, salvo en algún detalle sin mayor importancia para el conjunto. Las
fallas fueron casi siempre de orden monetario y acarreadas por la falta de
liquidez, como se dice ahora". Victoria Ocampo, octubre de 1970.
Las críticas
llegaron rápidamente y grupos nacionalistas sentenciaron la colaboración de
personalidades extranjeras en la revista, alegando que Ocampo solamente quería
satisfacer a lectores de otros países. En ese momento, le escribió a su amiga
María de Maeztu: «Tengo la impresión dolorosa de haber pasado un año trabajando
en el desierto, para el desierto... Estoy deprimida. No se imagina usted lo
mucho que he trabajado contra viento y marea». Hacia 1933 fue declarada
«persona no grata» por la Curia, motivo por el cual fue desautorizada su
próxima actuación en un festival de beneficencia para ayudar a los pobres.
Posteriormente, una carta de la Iglesia al presidente de facto Agustín P. Justo
reveló que la decisión había sido motivada por su amistad con varias personas
consideradas «enemigas» de la Iglesia tales como Tagore, Krishnamurti y
Malraux.
En 1931
aparecieron cuatro números de Sur, en 1932 la cifra se redujo a dos, y
solamente se produjeron tres entre 1933 y 1934. Durante el período julio de
1934 a julio de 1935, la revista no salió a la venta. Desde 1935 hasta 1953, se
publicó mensualmente, de 1953 a 1972 bimestralmente y desde 1972, sólo aparecieron
ediciones especiales. A lo largo de su historia, tuvo entre sus colaboradores
a figuras literarias como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, José Bianco,
Waldo Frank, Walter Gropius, Alfonso Reyes Ochoa, Thomas Mann, Thomas Stearns
Eliot, André Malraux, Henry Miller, Octavio Paz, Gabriela Mistral, entre muchos
otros. Como secretarios de redacción participaron Guillermo de Torre, Raimundo
Lida, Ernesto Sabato, María Luisa Bastos, Peregrina Pastorino, Nicolás Barrios
Lynch, Enrique Pezzoni y los ya mencionados Bianco y Borges.
Josefina Dorado,
Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges en Mar del Plata en
1935.
En 1933, Ocampo
fundó la editorial Sur con el fin de ayudar a solventar la publicación y
divulgar la literatura extranjera más relevante de la época. En el mismo año,
la editorial publicó por primera vez en español la obra de D.H. Lawrence
(algunas traducciones de Lawrence pertenecen a la madre de Borges, Leonor
Acevedo), como así también El romancero gitano, de Federico García Lorca, y
Contrapunto, de Aldous Huxley. En 1936, se publicó La condición humana y, al
año siguiente, Orlando y Un cuarto propio, de Virginia Woolf (traducidos por
Borges). Ocampo realizó algunas traducciones de autores como Albert Camus,
Graham Greene, D.H. Lawrence y Dylan Thomas.
Sur significó un
comienzo importante para los escritores jóvenes. Julio Cortázar escribió que
«... nos ayudó a los estudiantes que en la década de 1930 al 1940 tentábamos un
camino, titubeando entre tantos errores, tantas abyectas facilidades y
mentiras», mientras que Rafael Alberti dijo que «esa revista y esos libros nos
ligaban al mundo de la cultura». Según Octavio Paz, «Sur no es sólo un
revista o una institución: es una tradición del espíritu... [Victoria] ha hecho
lo que nadie antes había hecho en América».
A principios de
los años de 1930, Ocampo fue designada presidente del directorio del Teatro
Colón. El cargo fue breve ya que renunció con el arquitecto Alberto Prebisch,
Rafael González y Juan José Castro luego de que un miembro del Concejo
Deliberante quisiera incorporar a una mujer de escasas condiciones artísticas
en el ballet.
Entrevista con
Mussolini y estadía en Londres
En septiembre de
1934, Ocampo y Eduardo Mallea fueron invitados por el Instituto
Interuniversitario Fascista de Cultura a dar una serie de conferencias en
diversas universidades italianas a pesar de que no simpatizaban con el régimen
de Benito Mussolini. La escritora mantuvo una entrevista con el dictador,
donde lo interrogó sobre la condición de la mujer en el Estado fascista.
Mussolini le dijo que el primer deber de la mujer era el de dar hijos al
Estado, a lo que Ocampo le pregunto: «Pero, ¿podría la mujer colaborar de otra
manera con el hombre?». «No», respondió Mussolini. En su ensayo La historia
viva (1936), la escritora habló de su temor a que el Duce lleve a su país a una
guerra y de que las mujeres produzcan hijos para la muerte como instrumentos de
Estado.
Durante una
estadía en Venecia, la prensa gráfica la definió como la «embajadora
intelectual de un pueblo nuevo» y elogió su fluidez con el idioma italiano.
Poco después, en noviembre de 1934, Ocampo conoció a Virginia Woolf, que
definió a la escritora como «la opulenta belleza de la millonaria de Buenos
Aires». En enero de 1935, Woolf le envió una carta Ocampo en la que le
espetó: «... no permita que me hunda en la niebla. Cuénteme lo que hace, a
quién ve, cómo es el país... Y por favor, nunca piense que soy fría porque no
escribo. Me cansa tanto escribir». Ocampo invitó en varias ocasiones a Woolf
y su marido Leonard a Buenos Aires pero la salud de la escritora inglesa lo
impidió. Según Borges, Ocampo se sentía en inferioridad de condiciones frente
a Woolf «como el escolar frente al maestro sabio y severo, que lo está juzgando
continuamente». En 1939, viajó a Londres y llevó a la fotógrafa Gisèle Freund
para que le tomara algunas fotografías a Woolf, que luego serían ampliamente
reconocidas. Su suicidio, en marzo de 1941, significó un duro momento para
Ocampo y a modo de homenaje, en 1954 publicó Virginia Woolf en su diario.
La Unión de
Mujeres Argentinas
En su ensayo de
1936 titulado La mujer y su expresión, la escritora reflexionó acerca de la
marginación de las mujeres en el contexto patriarcal y sobre su dificultosa
relación con la cultura moderna, aspectos que de algún modo sintetizaban el
problema de la búsqueda de una expresión femenina autónoma. Ella diferenció ese
estilo de escritura al que aspiró como un modo dialógico de la expresión
monológica que sería propia de los varones en una cultura androcéntrica.
En una entrevista
con Danubio Torres Fierro para la revista Plural, Ocampo, que jamás estuvo
afiliada a un partido político, le dijo: «No me hablen de nuestro deber como
mujeres de ayudar al triunfo del marxismo o de lo que fuere con la promesa de
que su éxito nos proporcione el goce de todos nuestros derechos. No, no, no.
Primero tiene que cambiar la situación de la mujer en el mundo. Después vendrán
otros cambios que surgirán de ese y no viceversa».
Victoria Ocampo
en su juventud.
En marzo de 1936,
fundó la Unión de Mujeres Argentinas con ayuda de sus amigas Susana Larguía y
María Rosa Oliver, al mismo tiempo que se llevaba a cabo la Guerra Civil
Española. Poco después, le escribió a María de Maeztu: «Si el fascismo
triunfa en España, estamos perdidos en América». El régimen fascista avanzaba
en la Argentina y se propuso reformar la ley 11 357 para que la mujer casada no
gozara de los derechos civiles que le habían sido otorgados en 1926. Con esa
reforma, no podrían disponer de su persona ni de sus bienes y dependerían para
todo del género masculino. La finalidad de la Unión de Mujeres Argentinas era
impedir la promulgación de la ley citada mediante la fuerza de presión ejercida
por las mujeres de todas las clases sociales agrupadas en la UMA. Ocampo fue
elegida presidente de la misma en un momento en que ya era conocida por su
lucha como defensora por los derechos de la mujer.
La UMA comenzó a
expandirse y se formaron subcomisiones y filiales en ciudades del interior, a
la vez que se ofrecían conferencias, reuniones públicas y se repartían
panfletos donde se divulgaba la necesidad de obtener:
-Los derechos civiles y políticos de la
mujer.
-El incremento de leyes protectoras de
mujeres en la industria, la agricultura o el servicio doméstico.
-Amparo a la maternidad.
-Protección del menor.
-Desarrollo cultural y espiritual de la
mujer.
-La paz mundial.
-Disminución y prevención de la
prostitución.
Los panfletos,
muchos redactados por Ocampo, se vendían en las esquinas por dos centavos. Uno
de los más populares fue La mujer, sus derechos y sus responsabilidades. En
una oportunidad, dos jóvenes encargadas de venderlos fueron detenidas y
demoradas en la comisaría. El juez que intervino en el asunto aseguró que las
hubiera enviado a la cárcel de no ser porque había 20 000 mujeres apoyando la
UMA. Paralelamente, un presbítero acusó a Ocampo de propiciar la
proliferación de madres solteras y un legislador declaró que se aconsejara a
los maridos que descubrieran la falta de virginidad de sus esposas en el acto
de consumación del matrimonio que exigieran la anulación de su casamiento.
En agosto de
1936, propició un discurso radial transmitido simultáneamente en España sobre
La mujer y su expresión con el fin de fomentar la solidaridad entre las mujeres
de todo el mundo. Finalmente, la UMA logró su objetivo y el proyecto de la
reforma fue anulado. En 1938, renunció como presidente de la UMA al descubrir
que las socias comunistas estaban utilizando la organización para beneficio
propio.
La
correspondencia con Gabriela Mistral
Su relación con
la premio Nobel Gabriela Mistral comenzó en 1934, cuando se conocieron
personalmente en Madrid por medio de María de Maeztu. Mistral aprovechó el
encuentro para reprocharle irónicamente el hecho de haber nacido en «la
sociedad más cosmopolita del sur», su afrancesamiento y no haber buscado un
acercamiento con Alfonsina Storni. Poco después, Mistral le escribió que «ha
sido descomunal mi sorpresa de hallarla a usted criolla, tan criolla como yo,
aunque más fina» y agregó que «desde que leí su primer libro supe que usted
entraba en la escritura literaria con cuerpo entero. Si yo creyese... que su
radio de influencia no es sino un grupo de señores snobs, no perdería mi tiempo
escribiéndole».

Gabriela Mistral
hacia el final de su vida. Fue la primera mujer en obtener el premio Nobel de
Literatura. Alicia Jurado,
autora de La amistad entre Gabriela Mistral y Victoria Ocampo (1991), escribió
que «su amistad... puede clasificarse en dos períodos: el primero, en que se
tratan de usted y el segundo en que se tutean. El mayor encanto de este
epistolario es el lenguaje de Gabriela, seguramente el de su hablar natural,
lleno de términos peculiares y de giros donosos..., castizo, salpicado de
arcaísmos o de voces empleadas con acepciones hoy en desuso: una lengua llena
de gracia y de sabor criollo... ».
Mistral se
refería a Ocampo como «Vic.», «Vict.» o «Votoya», apodo que había recibido en
Mar del Plata por parte de un niño. Entre marzo y mayo de 1938, Mistral
permaneció en Argentina y Ocampo la hospedó alternadamente en su casa
marplatense, en Villa Ocampo y en su residencia de Buenos Aires. Según María
Esther Vázquez, «durante su estadía, Gabriela descubre que Victoria no sólo es
criolla en su lenguaje sino también en su modo típicamente argentino de ver las
cosas y en la utilización, además, de ciertas expresiones gruesas y de
palabrotas que había aprendido del "Tata" Ocampo...».
La editorial Sur
publicó en 1938 Tala, de Gabriela Mistral. En contestación a una carta de Ocampo
sobre sus problemas íntimos, Mistral le agradeció en 19 carillas la confianza
que había dispensado en ella y le dio consejos sobre su relación con Mallea,
que en 1938 cedió su cargo en Sur a José Bianco. Alrededor de 1937, Mistral,
enferma, le pidió a Ocampo que en caso de su muerte, cuidase de su sobrino
Yinyin, de apenas 14 años, evitando así que viviera en un orfanato. Sin
embargo, Yinyin se suicidó en 1943 y Mistral nunca se recuperó de esa
tragedia. Falleció de cáncer de páncreas y diabetes en 1957.
Período de guerra
y Juicios de Núremberg
En 1938, el
sociólogo francés Roger Caillois llegó a Argentina con el fin de dictar un
curso. Al presentarlo públicamente, Ocampo explicó: «El curso que hemos
organizado bajo los auspicios de Sur se propone esclarecer, de manera concreta,
las convergencias o los conflictos de estos dos órdenes de necesidades: las que
se originan en la vida colectiva y las que derivan de la parte social del ser
humano». La visita de Caillois, planeada para tres semanas, se convirtió en una
estadía de cinco años durante los cuales se hospedó en Villa Ocampo.
José Bianco se
había hecho cargo de la secretaría de redacción de Sur en 1938, pero sus viajes
al exterior hicieron que Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Raimundo Lida
ocuparan ocasionalmente su puesto. Borges y Ocampo no compartían los mismos
puntos de vista de cómo dirigir una revista literaria y a menudo discutían
severamente. Sin embargo, en julio de 1942, Sur publicó Desagravio a Borges
ante el hecho de que el jurado del premio Nacional pasara por alto su obra El
jardín de los senderos que se bifurcan y le negaran el premio al escritor. A
su vez, Ocampo auspició por voluntad propia las primeras conferencias de Borges
sin que él lo supiera nunca, luego de ser removido de su puesto en la
Biblioteca Municipal Miguel Cané y designado inspector de aves, huevos y
conejos en las ferias por el gobierno de Juan Domingo Perón en 1946. También
se hizo cargo de las primeras cirujías de vista que sufrió el escritor a causa
de una enfermedad congénita que lo fue dejando ciego progresivamente. Según
María Esther Vázquez, la relación entre ambos «fue mala por algo que parece una
estupidez, pero no lo es... Borges le debió muchísimas cosas a ella y en
algunos aspectos fue un poco desagradecido». La generosidad de Ocampo también
se pudo apreciar cuando financió los estudios de ingeniería del hijo de su
mucamo, que había perdido a su madre cuando era un niño.
Antes de
iniciarse la Segunda Guerra Mundial, Ocampo salvó la vida de la fotógrafa judía
Gisèle Freund al enviarle una visa y dinero para salir de Francia. Cuando su
país fue ocupado por Alemania en 1940, Ocampo le dedicó varias notas en Sur al
hecho y proporcionó apoyo espiritual y material a los diversos comités de ayuda
tal como lo había hecho durante la Guerra Civil Española.
En mayo de 1943,
invitada por la Fundación Guggenheim, llevó a cabo un viaje a Estados Unidos
para realizar una gira de conferencias alrededor del país para el cual decidió
tomar un avión, rompiendo con su costumbre viajar por mar. De regreso a
Buenos Aires, cuando París fue liberada en 1944, asistió a una manifestación de
mujeres que se congregaron en Plaza Francia para celebrar el acontecimiento.
Durante la misma, Perón ordenó dispersar a las manifestantes con la policía
montada, provocando una gran cantidad de heridos, y las acusó de generar
desorden en la vía pública. En 1946, fue invitada por el gobierno británico
para asistir a los Juicios de Núremberg en un avión de la RAF con el fin de
presenciar parte de los juicios a los criminales nazis de guerra,
convirtiéndose en la única latinoamericana en estar presente durante los
mismos. En 1950, recibió por parte de Borges el Gran Premio de Honor de la
SADE, en la casa donde había nacido su madre.
Lawrence de
Arabia
Ocampo publicó
dos libros sobre el militar y escritor británico Lawrence de Arabia: 338171
T.E. (1942), un ensayo traducido al francés y al inglés, y Lawrence de Arabia y
otros ensayos (1951), publicado por la editorial madrileña Aguilar. En seis de
sus diez Testimonios, habló sobre él reiteradas veces. Según Ocampo, los
hombres que más la impresionaron a lo largo de su vida fueron Lawrence y
Gandhi: «Incrédulo uno, el otro creyente... Ambos convencidos de que sólo la
energía espiritual obra milagros. Ambos fieles durante su vida y hasta la
muerte a ese ideal», dijo.
Lawrence de
Arabia, en 1918.
El desprecio por
el dinero, el renunciamiento de Lawrence a su grado militar y su libro Los
siete pilares de la sabiduría, entre otras particularidades, llamaron la
atención de Ocampo, que viajó a Estados Unidos en 1943 y obtuvo una copia de
su manuscrito The Mint depositado en la Biblioteca del Congreso de Washington,
donde Lawrence narró sus experiencias como soldado raso en el cuerpo de
aviación y tanques. Sobre esa experiencia, la escritora dijo que «la emoción de
ese encuentro, con que había soñado,... me paralizaba a tal punto que pasó
algún tiempo antes de que abriera el volumen». Ocampo tradujo ocho capítulos
de The Mint en 1951 en colaboración con Enrique Pezzoni y Ricardo Baeza.
Debido a que Lawrence murió prematuramente a causa de un accidente inesperado
en 1935, Ocampo no tuvo ocasión de conocerlo personalmente pero en 1946, visitó
por primera vez al hermano de Lawrence y su madre, lo que le permitió enterarse
de detalles íntimos de su entorno familiar y vida personal, como el curioso
dato de que el apellido que utilizaba era ficticio.
Peronismo y
arresto
Cuando Perón
anunció el 26 de julio de 1946 que aprobaría la ley de sufragio femenino,
Ocampo se indignó al pensar que obtendría un derecho a través de un gobierno
antidemocrático. En 1951, una cruz fue pintada en la entrada de su
residencia Villa Ocampo, lo que la señalaba como «oligarca disidente». Temiendo
que allanasen sus propiedades y destruyeran sus papeles y correspondencia,
despachó todo el material en una serie de valijas que envió a sus hermanas,
amigos y demás familiares cercanos. Las cartas dirigidas a personas fuera de la
Argentina las entregaba a allegados que viajaban en el momento.
El 8 de mayo de
1953, menos de un mes después de que estallaran dos bombas en Plaza de Mayo
durante un acto de la CGT, Ocampo fue arrestada y allanada durante una estadía
en Mar del Plata por cinco oficiales de policía y un comisario, y
posteriormente remitida a Buenos Aires. Con 63 años, fue interrogada
largamente en el Departamento de Policía y permaneció dos días sin ingerir
alimentos hasta que fue trasladada como presa política a la cárcel femenina de
El Buen Pastor, en San Telmo. Ahí estuvo en contacto con prostitutas y demás
criminales femeninas recluidas, procesadas o condenadas por delitos comunes.
Dos días después de su arresto, su amiga Susana Larguía, compañera fundadora de
la UMA, también fue encarcelada. Con anterioridad, Norah Borges y su madre,
Leonor Acevedo, de entonces 77 años, habían sido arrestadas acusadas de
escándalo en la vía pública. Ocampo comentó luego que «en la cárcel uno tenía
la sensación de que tocaba fondo, vivía en la realidad».
La noticia de su
arresto llegó al extranjero y, al enterarse, Aldous Huxley y Waldo Frank
encabezaron el Comité Internacional para la Liberación de los Intelectuales
Argentinos, mientras que The New York Times publicó una nota de protesta
exigiendo la libertad no solo de Ocampo, sino también de Francisco Romero,
Adolfo Lanús, Roberto Giusti, entre muchos otros. El primer ministro de la
India Jawaharlal Nehru insistió en la liberación de la escritora y Gabriela
Mistral le envió un telegrama a Perón el 27 de mayo con el mismo fin.
Finalmente, Ocampo fue liberada en la noche del 2 de junio luego de 26 días de
arresto. Desde su salida hasta el derrocamiento de Perón en 1955, fue vigilada
estrictamente; de hecho, cuando Stravinsky le pidió en dos ocasiones que fuera recitante
de nuevo en Perséphone en Italia y Estados Unidos, la policía no le otorgó el
certificado de buena conducta para renovar su pasaporte.
Paralelamente,
padeció serios problemas económicos debido a sus grandes inversiones en Sur. El
asunto se lo confesó a Gabriela Mistral que, tras declinar una invitación que
le realizó en 1956 para que la visitara, le confirmó la pérdida de 85 000 pesos
argentinos en el 25º aniversario de su revista.
Ejemplar de la
revista Sur nº 217/18 de 1952.
Carrera posterior
Reconocimiento y
renuncia de Bianco
En 1958, fue
designada presidente del Fondo Nacional de las Artes y en 1962, Francia la
nombró Comendadora de la Orden de Artes y Letras, en una ceremonia donde
pronunció: «... Una vez más he saboreado material y espiritualmente a París...
Lo que los franceses me dan lo acepto como un certificado de amor a Francia...
A mi amor se dirige, y es mi amor, no yo, quien se siente digno de él».
El equipo de
redacción de Sur en 1961: Ocampo, en el centro, entre Adolfo Bioy Casares,
Alicia Jurado y Borges.
Al mismo tiempo,
José Bianco renunció a su puesto después de una severa discusión con Ocampo
originada por su viaje a Cuba en 1961, dos años después de la Revolución
Cubana. Bianco rehusó a declarar que no realizó ese viaje como representante
oficial de Sur sino de forma privada e invitado por la Casa de las Américas.
Ambos se reconciliaron poco después y en una entrevista a Primera Plana, Bianco
declaró que Sur era una revista apolítica y ampliamente abierta. Según
Ocampo, «las visiones políticas se agudizaron de manera alarmante. Sur llegó a
sufrir el descuartizamiento de Ravaillac, sin merecerlo. Tal vez algunos se
figuren que lo mereció... Amigos muy queridos pidieron, por razones
extraliterarias, que borráramos su nombre del comité de colaboración. El primero
fue Drieu La Rochelle, el segundo Ortega y Gasset... lo mismo Sabato, que luego
pidió que lo reintegráramos». A comienzos de los años de 1950, Pablo
Neruda había acusado a Sur de publicar obras de «espías internacionales» y
«colonialistas». Ocampo respondió a la crítica con una nota breve de tono
humorístico y, por su parte, Neruda le dedicó un poema titulado Ahora canta el
Danubio donde la apoda «Madame Charmante». Diez años después, Neruda se
convirtió en un ferviente admirador de Ocampo, la elogió en una reunión del PEN
Club en Nueva York y hasta publicó un poema de Oliverio Girondo en su
revista.
Fotografía de
Ocampo en la década de 1960.
En 1962,
colaboradores, amigos y admiradores de Ocampo le rindieron un homenaje. Las
cien colaboraciones reunidas fueron adjuntadas bajo un volumen titulado
Testimonios sobre Victoria Ocampo, con comentarios de Jawaharlal Nehru, Leonard
Woolf, Graham Greene, Jacques Maritain, Le Corbusier, Marguerite Yourcenar,
T.S. Eliot, entre otros. En 1964, la revista rindió homenaje a Ezequiel
Martínez Estrada con motivo de su muerte. Ocampo había tenido un último gesto
de generosidad para con él al contratar un médico reconocido para tratar su
rara enfermedad dermatológica y sustentar los gastos médicos en colaboración
con Héctor A. Murena.
A lo largo de la
década de 1960, los reconocimientos hacia Ocampo fueron en aumento. En 1965, al
recibir el premio María Moors Cabot, habló de «la lucha contra la invasión de
elementos políticos que en este momento intervienen en todo y premian la
entrega de las conciencias así como castigan toda actitud independiente». En
el mismo año, fue condecorada junto con Borges con la Orden de Comendador del
Imperio Británico por la reina Isabel II. Paralelamente, recibió el premio Vaccaro;
en 1966 fue declarada miembro de la Academia de Roma; en 1967 se le otorgó el
doctorado honoris causa de la Universidad de Harvard y el Instituto Popular de
Conferencias le entregó el premio Alberdi-Sarmiento. En 1968, recibió en
Villa Ocampo a Indira Gandhi, quien luego le entregaría el doctorado honoris
causa de la Universidad de Visva Barathi.
De sus viajes a
Estados Unidos a lo largo de la década de 1960, Ocampo presenció el gran apagón
de doce horas del noreste estadounidense de 1965. La experiencia quedó
registrada en el relato Manhattan a vela del séptimo tomo de sus Testimonios,
dedicado a su hermana «Pancha», que había muerto repentinamente en octubre de
1967, meses antes que su hermana Rosa.
Enfermedad
En 1963, durante
un viaje a París, comenzó a padecer fuertes dolores en su boca y al año
siguiente, debió ser intervenida quirúrgicamente en el Instituto del
Diagnóstico luego de ser diagnosticada con cáncer bucal. Debió utilizar una
prótesis que le permitía comer, beber y hablar. Se mantuvo estable hasta que
años después, en un viaje a Estados Unidos, sufrió una recaída y debió
someterse a una operación y tratamiento nuevos. En marzo de 1968, se fracturó
una pierna, por lo que debió guardar reposo en su residencia de Mar del
Plata.
Últimos años
En 1970, tras
años de posposición, le dedicó tres números de Sur a la mujer (326, 327 y 328)
reunidos en un volumen que se publicó en 1971, con comentarios de Indira
Gandhi, Golda Meir, Alicia Moreau de Justo, Ernesto Sabato, Roberto Arlt, entre
otros. También se incluía una encuesta anónima destinada a indagar qué pensaba
la mujer de su papel en el mundo y otra realizada a mujeres relevantes de la
Argentina, en lo que se refería a las leyes que deben regir el control de la
natalidad y el aborto.
Doris Meyer declaró que «por su espíritu de
orientación este número especial de Sur se anticipó en cuatro años a los
objetivos del Año Internacional de la Mujer... transmitía un mensaje de
solidaridad». En noviembre de 1970, un artículo publicado en el diario La
Nación informó el cese de la publicación de la revista Sur. Sin embargo, diez
meses después apareció el ejemplar número 326-328, en el cual se anunciaba como
revista bianual, pero se trató de la última edición activa realizada en vida de
la escritora, ya que los demás números se dedicaron a reeditar antologías de
trabajos ya publicados.
Victoria Ocampo
en sus últimos años.
En 1973, las
hermanas Ocampo se precipitaron a donar sus residencias de Villa Ocampo y Villa
Victoria a la UNESCO ante los graves problemas económicos y su clara intención
—en especial de Victoria— de que ambas propiedades fueran conservadas «para ser
utilizadas, con un sentido vivo y creador, en la producción, investigación,
experimentación y desarrollo de las actividades culturales, literarias,
artísticas y de comunicación social tendientes a mejorar la calidad de la vida
humana, la cooperación internacional y la paz entre los pueblos».
Desde ese
entonces, la UNESCO se hizo cargo del mantenimiento de las viviendas y las
hermanas Ocampo lograron un acuerdo que les permitió residir en ellas hasta su
muerte.
En el mismo año, Ocampo renunció al Fondo Nacional de las Artes,
alegando: «Por desgracia, en arte, popularidad no es invariablemente sinónimo de
calidad. Y sin calidad no hay arte... En cuanto a mí, lo poco que he agregado a
la labor de ustedes ha sido inspirado por el deseo de servir a mi país».
En 1975, fue
invitada como huésped de honor al congreso con motivo del Año Internacional de
la Mujer pero, debido a las tendencias marxistas de la celebración, decidió no
asistir y enviar un mensaje por medio de Fryda Schultz.
En junio de 1977 se
convirtió en la primera mujer en ser elegida miembro de la Academia Argentina
de Letras por votación de sus pares. Desde noviembre a diciembre de ese año,
se llevaron a cabo en Villa Ocampo las Jornadas del Diálogo de las Culturas,
cuyo material fue reunido en la edición 342 de la revista Sur. Si bien
asistió a todas las jornadas, su salud había desmejorado considerablemente.
Según sus allegados, se negaba a ingerir los calmantes para mitigar el dolor ya
que la obnubilaban. Sin embargo, continuó recibiendo escasas visitas, entre
ellas, las del monseñor Eugenio Guasta. A pesar de su delicado estado de
salud, logró publicar en 1978 una traducción de Oda jubilar, de Paul Claudel.
Fallecimiento
Ocampo pasó sus
últimos meses postrada sobre su cama y transcurrió Navidad y Año Nuevo
prácticamente sola. Su sobrina, Dolores Bengolea, relató que «yo la vi una
semana antes de morir,... tenía unida la boca con la nariz, estaba
horriblemente dolorida, sufría mucho... Victoria no hablaba, tenía una
pizarrita donde escribía». El 24 de enero su salud se agravó; según Miné
Cura «esa mañana había venido un médico para darle una inyección; imagino que
sería una especie de quimioterapia. Ella no quería; al fin, cuando aceptó, le
dijo al médico que lo hacía bajo su exclusiva responsabilidad. Pero no la pudo
soportar». En la madrugada del 27 de enero, ingresó en coma y falleció a las
9 a la edad de 88 años. Sus restos fueron sepultados a las 10.30 h del
día siguiente en la cripta familiar del cementerio de la Recoleta. Durante el
funeral, Ángel Battistessa, presidente de la Academia Argentina de Letras,
despidió sus restos diciendo: «A veces basta la desaparición de una persona
para que toda una generación quede disminuida».
Por su parte, Borges comentó:
«En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, ella tuvo el
valor de ser un individuo. Estoy agradecido personalmente por todo lo que hizo
por mí, pero sobre todo, estoy agradecido como argentino por todo lo que hizo
por la Argentina».
Ocampo dispuso
que después de su muerte, a modo de autocensura y de respeto de sus más íntimos
pensamientos, se cumpliera su deseo expreso de quemar determinados manuscritos,
cartas y carpetas, entre ellos los relativos a su salud. Su amiga y
administradora en sus últimos años de vida, Matilde Díaz Vélez, y la prima de
la escritora, Josefina Dorado, junto con el personal de Villa Ocampo, se
encargaron de cumplir la petición. Luego de su muerte y de acuerdo a sus
pedidos, entre 1979 y 1984 se publicó su autobiografía (dividida en seis
tomos), la cual había comenzado a escribir en 1952. Su hermana Angélica le
sobrevivió apenas un año y falleció el 21 de enero de 1980.
Personalidad y
carácter
Juan José Sebreli
manifestó: «Victoria Ocampo era una oligarca, pero no todas las oligarcas fueron
como ella. En tiempos en que las mujeres tejían, bordaban, iban a misa con los
ojos mirando al suelo, Victoria quería ser actriz, escribía obras de teatro, se
bañaba en las playas de Mar del Plata, montaba a caballo, bailaba tangos,
fumaba, manejaba autos y, por supuesto, se declaraba atea».
A pesar de sus
diferencias ideológicas, el político Arturo Jauretche, le reconoció varios
méritos y valores y, por sobre todas las cosas, su sentido del humor. La
fotógrafa Sara Facio coincidió en ese punto y manifestó que «era muy graciosa y
muy suelta para hablar. Físicamente imponente (medía 1,72 cm), alta, grande.
Muy libre para vestirse, usaba trajes sueltos, le gustaba ser natural e
independiente». En la década de 1960, sus exóticos anteojos (padecía miopía)
de cristales verde oscuro con armazón de color marfil, fabricados en la década
de 1940 por la óptica neoyorquina Lugene, se convirtieron en un distintivo de
su estilo personal.
Ocampo era
conocida por sus ocurrencias y su irascibilidad. Su biógrafa, María Esther
Vázquez, relató: «En 1964, Borges veraneaba en lo de los Bioy en Mar del Plata;
yo también pasaba allí unos días. La casa es vecina de la de Victoria, quien
acababa de volver de Londres entusiasmadísima con los Beatles. Tal era su fervor
por el conjunto que se trajo el primer disco, que acababan de grabar, y una
peluca idéntica a la cabeza de John Lennon. Nos había invitado a comer a
Borges, a Adolfito [Bioy Casares], a Silvina y a mí junto con otras personas,
sólo para hacernos escuchar después el disco... el entusiasmo de Victoria la
llevó a pedirle a Borges que se probara la peluca; él se negó con pasión.
Después de un tira y afloja en que las voces de ambos se elevaron varios
decibeles por encima de lo normal, ella, muy enojada, le dijo: "Usted,
che, con lo empacado que es, nunca va a llegar a nada"».
Muchos
coinciden en su tendencia a enojarse fácilmente y personalidad autoritaria,
sobre todo para con Borges. En una ocasión, durante una estadía en Mar del
Plata, el hijo de su mucamo, José Luis, por quien Ocampo tenía gran aprecio,
casi arriesgó su vida por salvar a una persona en el mar. Cuando la escritora
se dio cuenta de que casi muere, se enfureció, lo increpó y acabó abrazándolo,
mientras lo seguía llamando «estúpido».
Ayudó a mucha gente. Recogió a chicos
huérfanos y les dio educación. En la Segunda Guerra Mundial mandó tres
toneladas de alimentos y ropa a la Europa ocupada, sobre todo a Francia. Fue
una mujer muy sensible y generosa en el ámbito de la cultura. Borges, que no le
tenía gran simpatía, dijo que ella educó a su país y a su continente. María Esther Vázquez, 2002
Admiradora de
Mahatma Gandhi y Lawrence de Arabia, sus preferecias musicales incluían a
Frédéric Chopin, Gabriel Fauré y Claude Debussy. Ocampo se quejó en
múltiples oportunidades de su incapacidad para la creatividad, «ese don que no
quiso darme el cielo; habría deseado escribir novelas. Pero ése no era mi
sino». Incluso, surgieron rumores sobre los celos hacia su hermana Silvina
por su éxito literario. «La gente decía que Victoria tenía celos de la
capacidad literaria y poética de su hermana menor, pero es ella quien publica
el primer libro de Silvina en la editorial Sur. Le escribe un prólogo
maravilloso pero muy duro... De hecho, en ese prólogo señala la distancia
tremenda que hay entre ellas».
Su relación con
la Iglesia fue declinando luego de su Primera Comunión y en los comienzos de su
adolescencia. En una carta a Delfina Bounge en 1909, le escribió: «Si existe
Dios, ¿por qué es tan cruel?» y admitió sentirse «vacía». Luego, manifestó:
«No se me había ocurrido pensar que aquel Dios de mi niñez, único testigo y
confidente de mis amores y mis miedos, no tenía por qué proporcionarme seres
perfectos y maravillosos, puesto que yo no era lo uno ni lo otro». Descreía
del «Dios vengador, exigente, mezquino, implacable, limitado que habían tratado
de imponerme» y se sintió atraída por el Dios «comprensivo y tolerante» del que
hablaban Tagore y Gandhi. Hacía 1929, dijo que necesitaba creer en Dios para
agradecerle la existencia de Keyserling y, hacia el final de su vida, solía
mantener largas charlas con monseñor Eugenio Guasta.
Escritorio de
Victoria Ocampo en su residencia de San Isidro.
Legado
En 1986, se
estrenó la pieza teatral Eva y Victoria, de Mónica Ottino, donde se representó
un encuentro imaginario con su antagonista Eva Perón, llevada al teatro con
gran éxito por China Zorrilla y Soledad Silveyra.
En 1989, se filmó Cuatro
caras para Victoria, ensayo biográfico dirigido por Oscar Barney Finn y
encabezado por Carola Reyna, Julia Von Grolman, Nacha Guevara y China Zorrilla.
En sus relatos,
las dificultades que suponen configurar una expresión propia de las mujeres las
utilizó y así mencionó la falta de una educación formal, de libertades y de una
tradición literaria femenina en la cual sustentar una escritura. En particular,
le pareció decisiva la carencia de referentes dentro de la literatura, y quizás
por ello sus textos ponen en evidencia el deseo de establecer diálogos y
alianzas con distintos sujetos. En sus libros cita en muchas ocasiones a
relevantes escritoras como Jane Austen, Elizabeth Barrett Browning, George
Eliot y las hermanas Brönte (en especial Emily).
Francisco Ayala la definió
como una «escritora de circunstancias, espontánea y natural», mientras que
Enrique Pezzoni en su libro El texto y sus voces, escribió: «... la veo
incorporada a una serie de escritores que tradicionalmente se identifican con
nuestro medio literario (y no sólo literario)».
Fue la primera
mujer en obtener un registro de conducir en Argentina, la única
latinoamericana en asistir a los Juicios de Núremberg, la primera mujer en ser
elegida miembro de la Academia Argentina de Letras y una de las principales
figuras en la luchas por las causas de la mujer (impidió la reforma de la ley
11 357) y el antifascismo. Como directora de Sur, difundió a los más
importantes escritores del mundo y promovió a talentos locales, como en el caso
de Borges o Julio Cortázar, dándolos a conocer entre los lectores de habla
hispana. La premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral le aseguró a Ocampo que
había «cambiado la dirección de lectura de varios países en Sudamérica».
Un retrato suyo
preside el Salón Mujeres Argentinas en la Casa Rosada, junto a otras figuras
femeninas de la historia argentina, como Juana Azurduy, Eva Perón, Lola Mora,
Cecilia Grierson, Mariquita Sánchez de Thompson, entre otras. Este salón fue
inaugurado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2009, como parte
de las refacciones de la Casa de Gobierno.
Su residencia
Villa Ocampo, actualmente perteneciente a la UNESCO, fue declarado Monumento
Histórico Nacional en 1997 y funciona como casa-museo con la opción de visitas
guiadas.
Villa Victoria, por su parte, fue declarada de interés patrimonial
por la ordenanza nº 10075/95 del Concejo Deliberante de General Pueyrredón.
Además, su vivienda de Capital Federal, diseñada por Alejandro Bustillo,
continúa siendo uno de los mayores ejemplos de arquitectura moderna y
actualmente es sede del Fondo Nacional de las Artes.
Obra literaria
Testimonios
Testimonios, 1ª serie. Madrid: Revista de
Occidente, 1935.
Testimonios, 2ª serie. Buenos Aires: Sur,
1941.
Testimonios, 3ª serie. Buenos Aires:
Sudamericana, 1950.
Testimonios, 4ª serie. Buenos Aires:
Sudamericana, 1950.
Testimonios, 5ª serie. Buenos Aires: Sur,
1954.
Testimonios, 6ª serie. Buenos Aires: Sur,
1962.
Testimonios, 7ª serie. Buenos Aires: Sur,
1967.
Testimonios, 8ª serie. Buenos Aires: Sur,
1971.
Testimonios, 9ª serie. Buenos Aires: Sur,
1975.
Testimonios, 10ª serie. Buenos Aires: Sur,
1977.
Autobiografía
Autobiografía I: El archipiélago. Buenos
Aires: Sur, 1979.
Autobiografía II: El imperio insular.
Buenos Aires: Sur, 1980.
Autobiografía III: La rama de Salzburgo.
Buenos Aires: Sur, 1981.
Autobiografía IV: Viraje. Buenos Aires:
Sur, 1982.
Autobiografía V: Figuras simbólicas. Medida
de Francia. Buenos Aires: Sur, 1983.
Autobiografía VI: Sur y Cía. Buenos Aires:
Sur, 1984.
Traducciones
-Albert Camus: Calígula. Buenos Aires:
Revista Sur, números 137-138, marzo-abril 1946.
-Colette y Anita Loos: Gigi. Buenos Aires:
Sur, 1946.
-Dostoievsky-Camus: los poseídos. Buenos
Aires: Losada, 1960.
-William Faulkner-Albert Camus: Réquiem para
una reclusa. Buenos Aires: Sur, 1957.
-Graham Greene: el cuarto en que se vive.
Buenos Aires: Sur, 1953.
-Graham Greene: el que pierde gana. Buenos
Aires: Sur, 1957.
-Graham Greene: la casilla de las macetas.
Buenos Aires: Sur, 1957.
-Graham Greene: el amante complaciente.
Buenos Aires: Sur, 1959.
-Lanza del vasto: Vinoba (en colaboración
con Enrique Pezón). Buenos Aires: Sur, 1955.
-T.E. Lawrence: El troquel. Buenos Aires:
Sur, 1959.
-Dylan Thomas: Bajo el bosque de leche (en
colaboración con Félix della Paolera). Buenos Aires: Sur, 1959.
-Graham Greene: Tallando una estatua.
Revista Sur, junio de 1965.
-Jawaharlal Nehru: Antología. (selección y
prólogo de V.O.). Sur, diciembre de 1966.
-Mahatma Gandhi: Mi vida es mi mensaje.
Buenos Aires: Sur, 1970.
-Graham Greene: La vuelta de A.J.Raffles.
Buenos Aires: Sur, 1976.
-Paul Claudel: Oda Jubilar. Buenos Aires:
Sur, 1978.
Otras obras
-De Francesca a Beatrice (con prólogo de
Ortega y Gasset). Madrid: Revista de Occidente, 1924; Buenos Aires: Sur, 1963.
-La laguna de los nenúfares. Madrid: Revista
de Occidente, 1926.
-Domingos en Hyde Park. Buenos Aires: Sur,
1936.
-San Isidro (con un poema de Silvina Ocampo
y 68 fotografías de Gustav Thorlichen). Buenos Aires: Sur, 1941.
-Le Vert Paradis. Buenos Aires: Lettres
Francaises, 1947.
-Lawrence d´Arabia (publicado en francés e
inglés). París: Gallimard, 1947.
-El viajero y una de sus sombras (Keyserling
en mis memorias). Buenos Aires: Sudamericana, 1951.
-Lawrence de Arabia y otros ensayos. Madrid:
Aguilar, 1951.
-Virginia Woolf en su diario. Buenos Aires:
Sur, 1954.
-Habla el algarrobo (Luz y sonido). Buenos
Aires: Sur, 1959.
-Tagore en las barrancas de San Isidro.
Buenos Aires: Sur, 1961.
-Juan Sebastián Bach, El hombre. Buenos
Aires: Sur, 1964.
-La bella y sus enamorados. Buenos Aires:
Sur, 1964.
-Diálogo con Borges. Buenos Aires: Sur, 1969.
-Diálogo con Mallea. Buenos Aires: Sur,
1969.
-Páginas dispersas de Victoria Ocampo.
Números 356/357 de la revista Sur: enero-diciembre de 1985. Buenos Aires, mayo
de 1987.
fuente: WIKIPEDIA.
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