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miércoles, 30 de enero de 2013

-ALFREDO MARINO, POETA

Un día como hoy... 30 de enero... pero de 1904... nacía
FRANCISCO MARINO.
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 FRANCISCO ALFREDO MARINO Y "EL CIRUJA"

Nota de JOSE GOBELLO
publicada en la página webb TODOTANGO
Tangos y Leyendas.  

Francisco Alfredo Marino



















POETA, COMPOSITOR, CANTOR
30 de enero de 1904 – 21 de marzo de 1973

Nació en el porteño barrio de Almagro. De chico nomás, se agenció una guitarra y de oído comenzó a pulsar sus cuerdas, hasta hacerlo con soltura profesional.

En 1922, se presentó como cantor en el Café Nacional, donde hasta entonces nadie había osado hacerlo desde el palquito. En 1926, formó con Pablo Eduardo Gómez un dúo que primero se presentó en el “Casino Pigall” y luego en el mencionado café, donde en ese momento también actuaba la orquesta del bandoneonista Ernesto de la Cruz que, naturalmente, carecía de vocalista.

Una apuesta acerca del empleo del lunfardo en las letras de tango movió a Marino a improvisarse letrista. Produjo así una página magistral, un clásico que perdura: “El ciruja”. Éste y sus contemporáneos “La gayola” y “Barajando” son los últimos tangos malandras, cuando el lirismo de Homero Manzi recién estaba despuntando tímidamente con “Viejo ciego”.

Los versos fueron musicalizados por Ernesto de la Cruz y cantados por Pablo Gómez, el estreno fue en el mismo café el 12 de agosto. Marino jamás lo cantó. Carlos Gardel en cambio lo grabó ese mismo año con las guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri. Ignacio Corsini, el 21 de febrero de 1927 y Rosita Quiroga unos días antes, el 5 de febrero de 1927.

Francisco Alfredo MarinoEn este último año Marino en guitarra junto a sus colegas Iturralde y Barroso se convierten en acompañantes del cantor Juan Carlos Marambio Catán. Pero luego de su casamiento, siempre en 1927, abandona la farándula hasta 1930, cuando no puede resistirse a la invitación de Carlos Vicente Geroni Flores para incorporarse a su orquesta que emprendía una gira europea. Los cantores son Julio Vega y Héctor Morel (luego Héctor Farrel) el dúo se convierte en trío cuando se suma la morena norteamericana Nildey Watkins, cantante de blues. Actúan en España y Marruecos.

De regreso a Buenos Aires se incorpora como estribillista en el sexteto de Elvino Vardaro, haciendo presentaciones ante los micrófonos de Radio Fénix.

Se siente atraído por la actuación y así se lo pudo ver en dos obras de Francisco Canaro e Ivo Pelay: “La patria del tango” y “Mal de amores”. Asomó también en el cine en títulos varios como: “Turbión”, “El loco serenata”, “Pelota de trapo” y “Su última pelea”.

Finalmente llegó a Radio El Mundo donde permaneció 22 años, allí cobra nombradía en la famosa serie diaria “Los Pérez García”, en la que, por breve tiempo, encarna al padre de la familia: Don Pedro, ocupando luego su lugar Martín Zabalúa. También, participa en otro programa, que se emitía cuarenta y cinco minutos antes, el policial “Peter Fox lo sabía”. A partir de 1967 fue director de esa emisora.

El ciruja



















EL CIRUJA

Fue autor de una treintena de letras, entre ellas “Vieja volanta”, “El aguatero”, “El batidor” (Ver: "Sangre maleva..."), “Viejo taura”, “Anochecer”, “Cuartiando”, “Del pasado”. Pero ninguna alcanzó, sin embargo, la altura de “El ciruja” y ningún verso de la literatura tanguística ha igualado la expresividad del dodecasílabo imbatible que más de un escritor y poeta supo admirar, aquello de: “Campaneando un cacho ‘e sol en la vedera”.

La fábula que se cuenta es la habitual, y no falta en ella siquiera, el canflinflero que esquilma a la paica alucinada. Si “El ciruja” constituye un hito en la historia del tango, ello no se debe a la anécdota que narra, ni tampoco a la difusión singular que alcanzó —en cinco meses se vendieron 150.000 partituras—, sino a la pureza de su estilo. Se lo considera como el tango lunfardesco por excelencia. Es posible que lo sea aunque, en tal caso, compartiría esa distinción con “Uno y uno”, de Lorenzo Traverso.

Es necesario advertir, empero, la precisión de sus frases, limpia de ripios y pleonasmos, como si hubieran sido sometidas a un minucioso proceso de limado. Y nuevamente aquel verso: “Campaneando un cacho ‘e sol en la vedera”, la miseria física, la desmoralización, no han logrado nunca expresarse de modo tan elocuente.

En el vocabulario de “Nueva Antología Lunfarda” se lee: «Mosaico: deturpación de “moza”» (el término deturpación significa —según la Real Academia—, deformación, afeamiento).

En las tangueras páginas del periódico de Gaspar Astarita “Tango y Lunfardo”, Nº 80, figuran dos poemas: “Corralón”, que le pertenece y “A Alfredo Marino, mi padre” de su hijo Norberto.

Algunas versiones de "El ciruja":

-Ignacio Corsini con guitarras (1926 y 1927)
-Orq. Osvaldo Fresedo (1926)
-Carlos Gardel con guitarras de Barbieri y Ricardo (1926)
-Orq. Juan Maglio “Pacho” (1927)
-Rosita Quiroga con guitarras (1927)
-Orq. Francisco Canaro (1927)
-Quinteto Don Pancho (1939)
-Orq. Alfredo De Angelis con Julio Martel (1949)
-Orq. Francini-Pontier con Julio Sosa (1950)
--Orq. Carlos Di Sarli (1951)
Edmundo Rivero con Orq. Carlos Figari (1956)
-Conjunto Don Goyo
-Edmundo Rivero con guitarras (1963)
-Orq. Alfredo De Angelis con Carlos Aguirre (1966)
-Orq. José Basso con Alfredo Belusi (1967)
-Jorge Vidal con guitarras (1967)
-Tita Merello con Orq. Carlos Figari (1968)
-Enrique Dumas con orquesta
-Orq. Los Señores Del Tango
-Juanita Larrauri con Orq. Ernesto Tití Rossi (1972)
-Cuarteto “Pa’que Bailen Los Muchachos”-Dir Leopoldo Federico
-Walter Yonsky con guitarras de Palermo y Peñalba (1973)
-Lalo Martel con Orq. Osvaldo Requena
-Orq. Símbolo "Florindo Sassone" con Rodolfo Lemos (1983)
-Solo de bandoneón de Roberto Di Filippo (1983)
-Carlos Acuña con guitarras de Juanjo Domínguez (1984)
-Mariano Leyes con Orq. Alberto Di Paulo
-Walter Yonsky con Trío Bebe Nevoso (1989)
-Luis Cardei  (1990)
-Sexteto Tango Real con Pablo Banchero (1996)
-Orq. José Colángelo con Isabel Gil Arenas (1996)
-Oscar Chávez con Grupo “Otro Puerto”-Coco Potenza (1997)
-Conjunto La Chicana con Dolores Solá (2000)
-Patricia Noval  (2002)
-Jorge Dobalo con Antonio Pisano (2005)
-Las Bordonas con Ignacio Cedrún (2007)

fuente: TODOTANGO.
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lunes, 7 de enero de 2013

HECTOR PETRAY, CANTOR

HECTOR PETRAY
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Semblanza de RUBEN VECCHI
publicada en la página webb TODOTANGO

h petray 
CANTOR

6 de enero de 1926 - fecha de fallecimiento desconocida

Nombre completo: Héctor Osvaldo Olaguibe





Era oriundo del porteño barrio de Saavedra, donde se lo conocía por el seudónimo de Fiti y en donde cosechó innumerables amigos.



Su debut fue en 1950. Su voz y su condición de cantor se hizo conocida públicamente, en el concurso que auspició Radio Splendid, en el año 1953, que ganó Alfredo Dalton. Participó con su verdadero nombre y salió segundo cantando el tango “Tengo miedo”.



En 1955, estrenó en el disco el tango “Afiches”, acompañado por su compositor, Atilio Stampone, quien dirigía la orquesta de Radio Belgrano. Pero esta excelente página no logró la repercusión que merecía, posiblemente, por la poca difusión que tuvo el material. Tuvieron que pasar casi veinte años para que el tema se hiciera conocido en la voz de Roberto Goyeneche.



Según mis registros, grabó con el director seis tangos: el ya mencionado “Afiches” y “Confesión” (1956), “Por la vuelta” y “Nostalgias” (1958) y, en 1962, en el primer larga duración de la orquesta de Atilio Stampone editado por el sello Odeon: “Uno” y “Adiós muchachos”.



Tuvo un breve paso por la orquesta de Aníbal Troilo, de la que se retiró para emigrar a los Estados Unidos, donde actuó durante bastante tiempo.



En el país del norte frecuentó la amistad de Horacio Deval y del boxeador Ringo Bonavena, entre otros argentinos. A su regreso a Buenos Aires, confesó el gran error que cometió al abandonar la orquesta de Troilo.



Hay un disco LP de 1977, titulado “Héctor Petray, la emoción del tango. Homenaje a Aníbal Troilo”, del sello Tennessee (disco 3001), donde interpreta diez temas del Gordo, acompañado por una orquesta dirigida por Frank Valiente.



Por una información que tomé del foro de Todo Tango, La Mesa del Café, me enteré que también compartió con el cantor Pablo Moreno un disco doble, con dos temas por lado, para el sello Microfón, en el registra “La noche de mi amor”, en tiempo de tango y “Mariquilla bonita”, en tiempo de milonga; mientras en el acople hay dos temas cantados por Moreno.



También, los dos cantores grabaron para el sello Audio Fidelity (disco AFLP 1880) otro disco larga duración, editado en Norteamérica, en 1958, con la orquesta de Atilio Stampone. Petray registró únicamente, “Por la vuelta”, ya que por un problema momentáneo de salud, no pudo seguir grabando y los temas que le habían sido asignados los tuvo que cantar Pablo Moreno. Lamentablemente ese disco no fue editado en la Argentina.

Falleció en estado de indigencia en el Hospital Pirovano.



fuente: TODOTANGO.
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domingo, 6 de enero de 2013

ROBERTO RUFINO, CANTOR DE TANGOS

Un día como hoy... 6 de enero... pero de 1922...nacía el cantor
ROBERTO RUFINO.

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Semblanza de ROBERTO SELLES
publicada en la página webb TODOTANGO.


Originalmente publicado en el fascículo 34 de la colección Tango Nuestro editada por Diario Popular.
           

CANTOR

6 de enero de 1922 - 24 de febrero de 1999



Escuchar a Roberto Rufino entonar "María" o "La novia ausente" o "Malena" o cualquiera de los tangos que había elegido para su repertorio, era advertir que ese tango iba desgranándose de a poco y que las palabras surgían por separado, sin dejar de integrar el todo que las reunía, con la fuerza propia que debían tener en su contexto.



Rufino fue eso: un decidor, un fraseador, un intérprete que sabía perfectamente cual era el mensaje de lo que estaba cantando.



Nació el seis de enero de 1922, en Agüero 753 –pleno barrio del Abasto-, hijo de Lorenzo Rufino y Agustina Guirin, aunque en su partida de nacimiento figura el día en que fue inscripto, el 8 de ese mes y año. Poco más allá, en Agüero y Guardia Vieja, estaba el café O'Rondeman, donde supo soltar sus primeros gorjeos Carlos Gardel. ¿Una premonición? Quizá, porque también Rufino se inició en el viejo café de su barrio, que todavía regenteaban los hermanos Traverso. Pero la coincidencia va más allá: en el mismo año, 1935, fallecieron su padre y Gardel. Y en 1936, a los pocos días de haber pasado por Corrientes el cortejo que llevaba a Carlitos a su morada final, debutó profesionalmente "El Pibe del Abasto" –como se lo llamaba desde los días del O'Rondeman; también le decían "El Pibe Terremoto"- en el Café El Nacional, como vocalista de la típica de Francisco Rosse, para pasar, poco después, al Petit Salón, con la orquesta de Antonio Bonavena, autor de "Pájaro ciego" y tío del futuro boxeador.



A Bonavena siguieron, en la carrera artística de Rufino, las orquestas del "Cieguito" Camilo Tarantini, de José "Natalín" Felipetti –el del vals "Pabellón de las rosas"- y de Anselmo Aieta.



Ya el destino fijado por don Lorenzo había quedado definitivamente atrás: en esa época abandonó su bachillerato en tercer año. El tango sería su único destino.



Pero estamos aún en la prehistoria del cantor y 1938 será el año clave. Carlos Garay, representante de Carlos Di Sarli, lo oyó cantar el tango de Di Sarli y Enrique Carrera Sotelo "Milonguero viejo", se lo hizo saber a su representado y éste lo incluyó en su orquesta, con la que el cantor accedió al disco el 11 de diciembre de 1939, con el tango "Corazón", de Di Sarli y Héctor Marcó. La fama ya lo había tocado con su varita mágica y «a los 21 o 22 años, tenía un historial discográfico sin precedentes», señala el periodista Jorge Sturla.



En efecto, llegó a grabar, junto a Di Sarli, cuarenta y seis páginas. Entretanto, tuvo dos breves paréntesis, con las orquestas de Alfredo Fanuele (1941) y Emilio Orlando (1942), para retornar con "El Señor del Tango" en 1943.



Un año más tarde, se desvinculó de la orquesta que lo lanzó a la popularidad; era tiempo ya de probar suerte como solista. Debutó en calidad de tal, acompañado por su orquesta, que puso bajo la batuta de Atilio Bruni, en Radio Belgrano, donde se lo llamó "El Actor del Tango".



Posteriormente, dirigieron su agrupación acompañante Alberto Cámara –con quien grabó su primer disco como solista, para el sello uruguayo Sondor en 1945- y Porfidio Díaz, con la que registró el segundo disco, en la Victor chilena (1946).



Entre 1947 y 1950, volvió a convertirse en vocalista de orquesta ajena, las que dirigían Enrique Mario Francini-Armando Pontier y Miguel Caló, para continuar en calidad de solista entre 1952 y 1954. Durante los dos años siguientes, fue cantor de Roberto Caló, y luego siguió como solista, salvo breves intervenciones con algunos directores, como Francini (1957), Pontier (1961-1962), Aníbal Troilo (1962-1965) y Miguel Caló (1966, para registrar un larga duración).



Resulta curiosa la breve labor de Rufino como cantante melódico, bajo el seudónimo de Bobby Terré, con el que, puede decirse, no quedó precisamente en la historia. Como tal realizó grabaciones entre 1957 y 1960, alternando con su propio nombre como tanguero. Sus actuaciones en la sala mayor de Radio El Mundo, con la asistencia de público, fueron ocultadas tras una máscara, de modo que se lo presentaba como "El enmascarado Bobby Terré"; no era cuestión de "avivar a la gilada".



Tuvieron repercusión en su época sus interpretaciones de "Adiós, adiós, adiós...", "El teléfono", "Vuelve, amor" y "La luna y el sol". Pero eso fue todo. Terré volvió a ser Rufino y Rufino no volvería a alejarse del tango.



Una tarea menos difundida que la de cantor, aunque no por ello ignorada, fue la de compositor y letrista. Es autor de numerosas obras, como "Muchachos, arranquemos para el centro", "Eras como la flor", "¡Cómo nos cambia la vida!", " ¡Calla!", "Destino de flor", "Dejame vivir mi vida", "La novia del suburbio", "Soñemos", "Tabaco rubio", "El clavelito", "No hablen mal de las mujeres", "Los largos del pibe", "En el lago azul", "Carpeta", "El bazar de los juguetes", "La calle del pecado", "Julián Tango", "Manos adoradas", "Porque te sigo queriendo", "¡Qué quieren, yo soy así!", "Lita", "Boliche", etc. Entre sus colaboradores autorales –músicos y letristas- se contaron Roberto Casinelli, Manolo Barros, Mario César Arrieta, Marvil, Roberto Caló, Cholo Hernández, Julio Navarrine, Héctor Marcó, Horacio Sanguinetti, Reinaldo Yiso, Ángel Cabral, Alberto L. Martínez, Alejandro Romay y otros.



Sus últimos años fueron de incansable actividad; daba la sensación de ser eterno. Pero los años no transcurren en vano, y sus presentaciones finales resultaban ya patéticas, con un público que seguía siéndole fiel y hasta llegaba a soplarle cariñosamente las letras cuando las olvidaba, en un inútil esfuerzo de ver en él al cantor que había sido.



Por otra parte, cada vez que pisaba un escenario parecía imposible poder bajarlo de él; era como si quisiera aferrarse para siempre al espectáculo y a la presencia de su hinchada. Con todo, en 1997 se hizo justicia: fue declarado "ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires", y en 1998, "ciudadano ilustre de la cultura nacional". Era la culminación de su trayectoria; una culminación, sin duda alguna, merecida.



El 24 de febrero de 1999, su corazón dejó de latir en la sala de terapia intensiva de la Fundación Favaloro. El 25 por la mañana, el pueblo despidió sus restos en el Cementerio de la Chacarita, entonando aquel tango que tantas veces su modo de decir había desgranado palabra por palabra, como para que no se perdiera el sentido de lo que había escrito el autor: "Malena canta el tango como ninguna...". Acaso sólo faltó una cosa, haber dicho Rufino en lugar de Malena.



Originalmente publicado en el fascículo 34 de la colección Tango Nuestro editada por Diario Popular.


fuente: TODOTANGO.
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viernes, 21 de diciembre de 2012

FONTAN LUNA, CANTOR

FONTAN LUNA.
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Semblanza de ABEL PALERMO
publicada en la página webb TODOTANGO

 f luna 
CANTOR, PIANISTA,

20 de diciembre de 1921 - ¿1997?

Nombre real: Alberto Rodríguez

Fue un cantor de timbre barítono, dueño de una voz cálida muy agradable, que respondió a todas las características de las voces de los años cuarenta. Sus registros fonográficos nos revelan sus sobrias interpretaciones con un moderado vibrato -del que no abusaba- y una impecable afinación.

Nació en General Sarmiento, provincia de Buenos Aires. Desde joven comenzó a tomar clases de piano, solfeo, armonía y, también de canto, su verdadera vocación.

A los inicios de la década del cuarenta, se radicó en Buenos Aires, donde hizo su debut profesional actuando en distintos escenarios, especialmente en bares y en clubes de barrio.

Durante 1947, cantó con la orquesta de Francisco Grillo en Radio Belgrano y, en una de esas presentaciones, lo escuchó Hugo Baralis, en aquel entonces violinista de la orquesta de Ástor Piazzolla y lo recomendó a su director.

Hacía un tiempo que la formación tenía problemas para sustituir a su cantor, Héctor Insúa, quien había decidido retirarse y cambiar de rumbo. En un principio, lo remplazó Fernando Reyes, pero fue un paso efímero y por ese motivo, hicieron una prueba con el joven de General Sarmiento, la que resultó airosa.

La orquesta de Ástor estaba integrada por: Roberto Di Filippo, Abelardo Alfonsín, Jorge Luongo y el director (bandoneones), Hugo Baralis, Carmelo Cavallaro, Andrés Rivas (violines), Víctor Casagrande (viola), José Federighi (cello), Valentín Andreotta (contrabajo) y Atilio Stampone (piano). Las voces: Fontán Luna y Aldo Campoamor, quien la poco tiempo se alejó y su lugar fue ocupado, brevemente, por Oscar Ferrari.

Debutó con Piazzolla en los bailes de carnaval de 1948 y, en noviembre del mismo año, llegó al disco para el sello Odeon, con el tango “Cafetín de Buenos Aires” y el vals “República Argentina” de Santos Lipesker con letra de Reinaldo Yiso.

Al año siguiente, el director disuelve la orquesta, quedando instalado Fontán Luna como el último cantor de esa notable formación típica.

A partir de 1950, el cantor fue convocado por Radio Splendid para integrar su elenco. Pero, en 1952, vuelve con Ástor, ya que este fue contratado por dicha emisora para dirigir su Orquesta Estable de Cuerdas. También participó la cancionista Nilda Marino.

En 1954, se presentó como solista en los micrófonos de Radio Argentina y, al año siguiente, tuvo una fugaz participación en la orquesta del Atilio Stampone y también en la de Emilio Orlando.

Para sus presentaciones en Radio Belgrano, en 1958, Lorenzo Barbero lo contrató para cantar en su orquesta, junto a su otro vocalista, Daniel Rey.

Al año siguiente, Florindo Sassone perdió a su cantor Carlos Guido, que se fue a la orquesta de Osvaldo Pugliese y su lugar lo ocupó Fontán Luna. El otro cantor era Andrés Peyró. Actuaron en Radio El Mundo y en el Canal 7 de televisión.

Con Sassone grabó tres temas, “Soledad”, “Mano a mano” y “Tu pecado”, de Roberto Lambertucci. En marzo de 1960, se retiró de la orquesta e inició una gira por la Argentina que finalizó en la ciudad de Mendoza. Desde allí, poco tiempo después, cruzó a Chile para iniciar un largo camino, recorriendo los países del Océano Pacífico con notable éxito, durante veinte años.

En la década del ochenta, se unió al músico radicado en México, Coco Potenza y actuaron en distintos escenarios y canales de televisión de Centro América, junto a grandes figuras internacionales, compartiendo espectáculos con Luis Miguel.

En 1995, registró para el sello mexicano Pentagrama, con el acompañamiento de Potenza y Gogui Fontán, varios éxitos de su repertorio, entre ellos: “Naranjo en flor”, “El cantor de Buenos Aires”, “La última curda”, “Mi vieja viola” y, como un homenaje a Ástor Piazzolla, “La bicicleta blanca” y “Balada para mi muerte”.

En un intercambio de mensajes de nuestro foro "La Mesa del Café", se publicó la infausta noticia de su muerte, aunque sin mayores precisiones. Un amigo del cantor confirmó el deceso, ocurrido en México alrededor de 1997. Con esta triste nueva, cerramos este breve y justo homenaje a un talentoso intérprete de nuestro tango.

Fuente: TODOTANGO.
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viernes, 30 de noviembre de 2012

HUGO DEL CARRIL, CANTOR


Un día como hoy...30 de noviembre...pero de 1912... 
nacía el cantor
 HUGO DEL CARRIL
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Semblanza escrita por GASPAR ASTARITA
publicada en la página webb TODOTANGO.

Hugo Del Carril
CANTOR, ACTOR, DIRECTOR DE CINE       
Nombre real: Piero Bruno Hugo Fontana
30 de noviembre de 1912 – 13 de agosto de 1989

Hugo del Carril nació en el porteñísimo barrio de Flores, en la Capital Federal, y ya muy jovencito comenzó en la radiofonía argentina, como locutor primero, alternando esta actividad con la de cantor, vocación que traía ya en el alma y que se nutriría, acrecentaría y afirmaría en la admiración por Carlos Gardel, y de la que terminó finalmente haciendo profesión.

Escogido el camino de la canción popular, tomó lecciones con la soprano Elvira Colonese, cantante lírica que encauzó técnica y profesionalmente sus naturales condiciones, comenzando en 1929 a trabajar en Radio del Pueblo. 
Allí fue estribiliista de casi todas las orquestas que desfilaban por la emisora, presentándose ya con el nombre de Pierrot, Hugo Font o Carlos Cáceres. 
Antes había actuado en un cuarteto de voces junto a Emilio Castaing y Mario y Martín Podestá; 
luego integró el trío París, y posteriormente formó el dúo Acuña-Del Carril, ya definitivamente adoptado el seudónimo de Hugo del Carril; 
grabó por ese tiempo (mediados de la década del '30) una serie de composiciones con la orquesta de Edgardo Donato.

Después comenzó su carrera como solista, cuando el director Héctor Quesada lo llevó a Radio La Nación secundado por guitarristas (posteriormente el acompañamiento guitarrístico lo confió casi exclusivamente a los hermanos Puccio).

En 1936 grabó en discos Víctor también como solista, con el marco de la orquesta de Tito Ribero, músico, arreglador y compositor que a partir de entonces se convertiría en su director y asesor musical.

A fines de ese mismo año intervino en la película "Los muchachos de antes no usaban gomina", cantando el tango del director del film (Manuel Romero) con música de Francisco Canaro titulado Tiempos viejos. 
Su estampa, su simpatía, su dicción, su sonrisa y su voz hacen que Manuel Romero lo inicie, a partir de esa fugaz aparición, en el cine nacional, actividad que le proporcionó fama y dinero, al mismo tiempo que le dieron a su nombre y a su figura dimensión de ídolo.

Títulos representativos y recordados del cine y de aquella época gloriosa de Hugo del Carril pueden ser, tratando de hacer una muy apretada síntesis, "Madreselva", "Gente bien", "El astro del tango", "Vida de Carlos Gardel", "La piel del zapa" y, más adelante, "La cabalgata del circo", "La cumparsita", "El último payador", "El ultimo perro", "El negro que tenía el alma blanca".

Y paralelamente a esta actividad de actor se ha ido agigantando el cantor. Diversas radios, los más calificados escenarios porteños y las giras por el interior y América van extendiendo su éxito, su prestigio y su fama dentro y fuera del país, idolatría a la que ha contribuido enormemente el cine, tremenda estructura publicitaria que lo hace conocer en todas partes. El sello Odeón registra en sus placas todo ese bien escogido repertorio que la pantalla y el escenario difunden, y que afirman un estilo muy personal, muy gardeliano, de gran calidad y emotividad. Quedan, de esta manera, en el surco discográfico inmejorables versiones.

De una gruesa lista tomamos algunos títulos como ejemplo: "Nostalgias", "Nada más", "Betinotti", "Como aquella princesa", "Percal", "Sosiego en la noche", "Desaliento", "Igual que ayer", "Pobre mi madre querida", "Al compás del corazón", "Nubes de humo", "Buenos Aires", "Tres esquinas".

Sobre 1950 incursionó en el cine como director, otra de sus pasiones, iniciándose con "Historia del 900"; consiguió más adelante un justificado éxito con lo que sería su mejor trabajo: "Las aguas bajan turbias" (basada en el libro "El río oscuro", de Alfredo Varela). En toda esa década dirigió otros filmes: "La Quintrala", "Mas allá del olvido", "Una cita con la vida", "Las tierras blancas", "Culpable", "Esta tierra es mía", etcétera, que no alcanzaron el nivel y la repercusión de "Las aguas bajan turbias".

Con respecto a esta actividad de Hugo del Carril de director, guionista o realizador, dice José Agustín Mahieu: «Hugo del Carril parece, en general, una víctima del medio que lo ha formado, incapaz de distinguir, por su incompleta formación cultural, los datos reales, no puede tampoco expresar sus intuiciones, insuficientemente claras para si mismo. Por eso su intención realista cae en la deformación melodramática o folletinesca.»("Breve historia del cine argentino", de José Agustín Mahieu, Eudeba, 1966, pág. 44). Claro, Mahieu es un crítico y especialista.

Sin embargo debemos aceptar que el gran público captó su intuición, su sensibilidad y su intención, y aplaudió sin retaceos su trabajo, como realizador, como director y como actor. Y este perfil de su multifacética actividad artística deja algo positivo. Al menos los dos trabajos nombrados primeramente.

Sus convicciones políticas, que lo acercaron decididamente al peronismo, le provocaron un enfrentamiento con muchos sectores artísticos adversos a Perón, que por ese motivo le restaron importancia a su obra y lo aislaron en el afecto y en la amistad, máxime cuando grabó la popular marcha "Los muchachos peronistas", registro que con el tiempo quedaría como símbolo de ese movimiento político. Después de 1955 vivió un tiempo en México, prácticamente resistido en su patria y en lo que había sido su mundo del espectáculo.

Siguió cantando y siguió filmando en los años '60, pero los tiempos del esplendor artístico habían pasado. Se presentó, aunque esporádicamente, en algunas temporadas teatrales, en alguna película.

Encaró diversos negocios al margen del espectáculo, en los que le fue mal, resintiéndose su situación económica, al punto de tener que retomar su actividad de cantante; hizo algún trabajo en televisión, grabó discos, pero sin el nivel de lo que había logrado en los años '40 y '50, aunque el público le siguió dispensando su aplauso y su cariño.

Como cuando el jueves 6 de marzo de 1980, al debutar en Caño 14, debió cantar 57 minutos seguidos por imposición de un público enfervorizado.

Y otra inequívoca demostración de esa adhesión y afecto se la reiteró Buenos Aires unos años después, cuando, invitado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad, ofreció un ciclo de recitales de canto en el Centro Cultural San Martín.

Hugo del Carril fue además un hombre de una corrección ejemplar. Mientras dispuso de medios acudió en ayuda de cuanto colega lo necesito. Y su palabra, su amistad y su consejo estuvieron siempre al lado de los jóvenes, a quienes asistió con su experiencia y su solidaridad. Siempre puso el gesto amistoso y cordial por sobre las diferencias que en algún momento lo hirieron.

Esa hidalguía, unida a su simpatía y a su apostura (una especial mezcla de porteñidad y criollismo), más sus condiciones artísticas, contribuyeron para ratificar el adjetivo de ídolo popular que hemos elegido para esta nota como un merecido homenaje a su digna trayectoria.

 fuente: TODOTANGO
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jueves, 22 de noviembre de 2012

JOSE BERON, MADRE DE LOS CABELLOS DE PLATA

MADRE DE LOS CABELLOS DE PLATA


Te canto pensando que tú estás muy lejos,
¡Ay madre del alma, muy lejos de mí!
Los vientos se llevan jirones del alma
Que yo en mis canciones, mando para ti.
Quisiera tenerte vestida de estrella
Quisiera a mi lado sentir tu calor,
Y en la maravilla de tus ojos claros
Ver los ojos míos, rebozando amor.

Madre...
De los cabellos de plata
Que en tu regazo sublime tanto me hiciste soñar.
Madre...
Por la que siempre suspiro
No quisiera verte lejos, ni ver tus ojos llorar.

Amor como el tuyo no encuentro en la tierra
¡Ay madre del alma, qué amor sin igual!
Yo quiero pagarte diciendo a la gente,
Que mi vida es poco para tu bondad.
Pusiste en mi frente claveles de fuego
Con besos que nunca podré yo olvidar,
Y a cambio de aquello cuando yo te canto
Va tu santo nombre junto a mi cantar.

Letra : Alejo León Montoro
Música : Juan Solano Pedrero

Grabado por José Berón con acompañamiento de guitarras.

fuente: HERMANO TANGO.
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