Datos biográficos
Infancia
Nació en la
madrugada del 24 de febrero de 1837 en una casa localizada en el margen derecho
del Camiño Novo, la antigua vía de entrada a la ciudad de Santiago de
Compostela para todos aquellos viajeros procedentes de Pontevedra. Hija natural
del sacerdote José Martínez Viojo (1798-1871) y María Teresa de la Cruz Castro
y Abadía (1804-1862), una hidalga soltera de escasos recursos económicos,
fue bautizada a las pocas horas de su nacimiento en la Capilla del Hospital
Real por el presbítero José Vicente Varela y Montero, con los nombres de María
Rosalía Rita y figurando como hija de padres desconocidos. Con frecuencia
los biógrafos de la escritora gallega han ocultado la condición eclesiástica de
su padre, así como también trataron de obviar el hecho de que fue registrada
como hija de padres desconocidos y que se libró de entrar en la Inclusa al
hacerse cargo de ella su madrina María Francisca Martínez, fiel sirviente de la
madre de la recién nacida.
En veinte y cuatro de febrero de mil
ochocientos treinta y seis, María Francisca Martínez, vecina de San Juan del
Campo, fue madrina de una niña que bauticé solemnemente y puse los santos
óleos, llamándole María Rosalía Rita, hija de padres incógnitos, cuya niña
llevó la madrina, y va sin número por no haber pasado a la Inclusa; y para que
así conste, lo firmo.
Acta del bautizo firmada por el presbítero
José Vicente Varela y Montero.
Casa de Rosalía
en Padrón, sede de la Fundación Rosalía de Castro.
Hasta cumplir los
ocho años, Rosalía se encontró bajo la custodia de su tía paterna Teresa
Martínez Viojo en la aldea de Castro de Ortoño, perteneciente al municipio
coruñés de Ames. Es en esta época cuando la escritora toma conciencia de la
dureza de la vida del labriego gallego, así como también será en esta parte de
su vida cuando tenga conocimiento y vivencia del mundo rural propio de Galicia:
la lengua, las costumbres, las creencias o las cantigas que tanto influyeron en
su obra titulada Cantares gallegos. Si bien no se conoce con exactitud la fecha
en que la madre de Rosalía decide hacerse cargo de ella, se sabe que en torno
al año 1850 la joven se traslada a la ciudad de Santiago de Compostela donde
vivió junto a esta, aunque ya había convivido con anterioridad con ella en
Padrón.
Es en esta localidad gallega donde Rosalía recibió la
instrucción que por aquel entonces era la más adecuada para una señorita
(nociones básicas de dibujo y música), asistiendo de forma habitual a las
actividades culturales promovidas por el Liceo de la Juventud junto con
personalidades destacadas de la mocedad intelectual compostelana como Manuel
Murguía (se duda si fue en este momento cuando conoce a Murguía o
posteriormente, en su traslado a Madrid), Eduardo Pondal y Aurelio Aguirre.
Todavía en la actualidad es motivo de discusión entre los diferentes críticos
la relación que Rosalía mantuvo con Aurelio Aguirre, puesto que a pesar de que
se desconoce si existió una relación sentimental entre ambos, la obra del mencionado
sí que dejó huella en ciertos poemas de la escritora.
Madurez
En abril de 1856,
Rosalía se trasladó a Madrid junto con la familia de su pariente María Josefa
Carmen García-Lugín y Castro, en cuya compañía habitó la planta baja de la casa
número 13 de la calle Ballesta.
No se conoce con exactitud cuál fue el motivo que llevó a mudarse a la escritora, aunque Catherine Davis creyó posible que este hecho fuese debido al escándalo desencadenado a raíz del Banquete de Conxo, en el que desarrollaron un papel relevante varios miembros del Liceo, como fueron Aguirre o Pondal. Un año después de llegar a Madrid, Rosalía publicó un folleto de poesías escrito en lengua castellana que recibió el título de La flor, siendo este acogido con simpatía por parte de Manuel Murguía, quien hizo referencia a él en La Iberia.
No se conoce con exactitud cuál fue el motivo que llevó a mudarse a la escritora, aunque Catherine Davis creyó posible que este hecho fuese debido al escándalo desencadenado a raíz del Banquete de Conxo, en el que desarrollaron un papel relevante varios miembros del Liceo, como fueron Aguirre o Pondal. Un año después de llegar a Madrid, Rosalía publicó un folleto de poesías escrito en lengua castellana que recibió el título de La flor, siendo este acogido con simpatía por parte de Manuel Murguía, quien hizo referencia a él en La Iberia.
El lugar preciso
en que Rosalía conoció a Manuel Murguía es motivo de debate. Rosalía
y Manuel contrajeron matrimonio el 10 de octubre de 1858 en la iglesia
parroquial de San Ildefonso. Fue un amigo común el que posibilitó que ambos
entablasen una relación que finalmente acabó en boda. Respecto de la relación
que existió entre la pareja la crítica rosaliana sugiere diversas hipótesis,
que van desde idílicos cuadros conyugales hasta posturas más que matizadas, que
tomando como referencia escritos atribuidos a la poetisa, dibujan la psicología
de una mujer solitaria, carente de felicidad y escéptica ante el amor. Sin
embargo, Murguía fue la primera de las personas que animó a Rosalía en su
quehacer literario, siendo él responsable de la publicación de Cantares
gallegos. Tampoco le escatimó ni apoyo social ni intelectual en una época en la
que la condición femenina era considerada como minusvalía. A los siete meses de
casarse, Rosalía dio a luz en Santiago de Compostela a su primera hija, llamada
Alejandra (12 de mayo de 1859). A esta siguieron Aura (diciembre de 1868); los
mellizos Gala y Ovidio (julio de 1871); Amara (julio de 1873); Adriano Honorato
(marzo de 1875), quien falleció en noviembre de 1876 a consecuencia de una
caída; y Valentina (febrero de 1877), quien nació muerta. Todos los hijos de
Rosalía de Castro nacieron en Galicia, ya fuese en Lestrove, La Coruña o
Santiago de Compostela.
El matrimonio
cambió de domicilio en múltiples ocasiones, a lo que se añadió una separación
del mismo a causa de las actividades profesionales de Murguía y graves
problemas económicos derivados tanto de la inestabilidad laboral del marido
como de la parca salud de Rosalía de Castro. Todos estos factores configuran un
panorama vital que contribuye a explicar la hipersensibilidad y el pesimismo de
la escritora. En 1859, el matrimonio estaba residiendo en La Coruña. Luego pasa
a Madrid, de donde Rosalía regresa a Santiago (1861) para volver a la capital
española. Con posterioridad, existen referencias que permiten afirmar la
presencia de la poetisa en Lugo y Santiago, además de algunos viajes que
realizó el matrimonio a Extremadura, Andalucía, Castilla La Mancha y Levante.
En el mes de septiembre de 1868 se produjo el levantamiento revolucionario español, conocido como La Gloriosa, pasando Murguía de ser secretario de la Junta de Santiago a director del Archivo General de Simancas, cargo que ejerció durante dos años. A partir de este momento, la vida de Rosalía se desenvolvió entre Madrid y Simancas, siendo en la ciudad vallisoletana en la que escribió gran parte de las composiciones recogidas en Follas novas.
A fines de 1869 o en 1870 se produjo el encuentro entre Rosalía de Castro y Gustavo Adolfo Bécquer.
Desde 1871, Rosalía de Castro no salió de Galicia. Vivió a partir de este año en las Torres de Lestrove (donde residían sus parientes los Hermida de Castro), en Dodro (La Coruña), en Santiago de Compostela y Padrón, donde prácticamente se instaló en 1875.
En el mes de septiembre de 1868 se produjo el levantamiento revolucionario español, conocido como La Gloriosa, pasando Murguía de ser secretario de la Junta de Santiago a director del Archivo General de Simancas, cargo que ejerció durante dos años. A partir de este momento, la vida de Rosalía se desenvolvió entre Madrid y Simancas, siendo en la ciudad vallisoletana en la que escribió gran parte de las composiciones recogidas en Follas novas.
A fines de 1869 o en 1870 se produjo el encuentro entre Rosalía de Castro y Gustavo Adolfo Bécquer.
Desde 1871, Rosalía de Castro no salió de Galicia. Vivió a partir de este año en las Torres de Lestrove (donde residían sus parientes los Hermida de Castro), en Dodro (La Coruña), en Santiago de Compostela y Padrón, donde prácticamente se instaló en 1875.
Monumento
dedicado a Rosalía de Castro en el parque Alameda, Santiago de Compostela.
Tumba de Rosalía en el convento de Santo Domingo de Bonaval, en Santiago de Compostela.
Últimos años
Los últimos años
de la vida de Rosalía transcurrieron en la comarca de Padrón, lugar en el que
había pasado su infancia, así como buena parte de su juventud. La Casa grande
de Arretén, nombre popular con que el que se conocía al pazo en el que había
nacido su progenitora, ya no era de la propiedad de la familia, factor que
propició que la escritora tuviese que residir en las Torres de Lestrove entre
1879 y 1882 mientras su marido se encargaba de la dirección en Madrid de La
Ilustración Gallega y Asturiana. Finalmente, se trasladó junto con su familia a
la casa llamada de La Matanza, situada en la parroquia de Iria.
Rosalía nunca
disfrutó de una buena salud, pareciendo predestinada desde su juventud a una
muerte temprana. Como detalle anecdótico cabe señalar que a su médico
principal, el catedrático Maximino Teijeiro, le dedica un libro poniéndole: «De
su eterna enferma». También fue atendida, probablemente a requerimiento del
anterior, por el cirujano y también catedrático Timoteo Sánchez Freire. De
hecho, en las pocas cartas que se conservan y que ésta envió a su marido, con
frecuencia se alude a las continuas dolencias que la atenazaban. Poco tiempo
antes de fallecer, la escritora decidió pasar una temporada a las orillas del
mar y por ello se trasladó a Santiago de Carril. Cierto tiempo después regresó
al lugar de La Matanza, donde el cáncer de útero que padecía se fue complicando
progresivamente desde 1883, mermando cada vez más a la ya de por sí débil salud
de la escritora.
Tras tres días de agonía falleció al mediodía del miércoles 15 de julio de 1885, en su casa de La Matanza, a consecuencia de una degeneración cancerosa del útero. El cuerpo inánime recibió sepultura al día siguiente en el cementerio de Adina, localizado en Iria Flavia, que curiosamente había sido cantado en una composición de Rosalía de Castro. No obstante, su cadáver fue exhumado el 15 de mayo de 1891 para ser llevado solemnemente a Santiago de Compostela, donde fue nuevamente sepultado en el mausoleo creado específicamente para la escritora por el escultor Jesús Landeira, situado en la capilla de la Visitación del Convento de Santo Domingo de Bonaval, en el presente Panteón de Galegos Ilustres.
Tras tres días de agonía falleció al mediodía del miércoles 15 de julio de 1885, en su casa de La Matanza, a consecuencia de una degeneración cancerosa del útero. El cuerpo inánime recibió sepultura al día siguiente en el cementerio de Adina, localizado en Iria Flavia, que curiosamente había sido cantado en una composición de Rosalía de Castro. No obstante, su cadáver fue exhumado el 15 de mayo de 1891 para ser llevado solemnemente a Santiago de Compostela, donde fue nuevamente sepultado en el mausoleo creado específicamente para la escritora por el escultor Jesús Landeira, situado en la capilla de la Visitación del Convento de Santo Domingo de Bonaval, en el presente Panteón de Galegos Ilustres.
Resultan
especialmente ilustrativas las fidedignas líneas escritas por González Besada
sobre los últimos momentos de Rosalía: «...recibió con fervor los Santos
Sacramentos, recitando en voz baja sus predilectas oraciones. Encargó a sus
hijos quemasen los trabajos literarios que, ordenados y reunidos por ella
misma, dejaba sin publicar. Dispuso se la enterrara en el cementerio de Adina,
y pidiendo un ramo de pensamientos, la flor de su predilección, no bien se lo
acercó a los labios sufrió un ahogo que fue comienzo de su agonía. Delirante, y
nublada la vista, dijo a su hija Alejandra: "abre esa ventana que quiero
ver el mar", y cerrando sus ojos para siempre, expiró...». Sin embargo,
desde Padrón es imposible ver el mar. Por ello resultan enigmáticas estas
palabras puestas en boca de una persona para quién el mar fue una perenne
tentación de suicidio.
*Cantares gallegos.*
Fue en 1863
cuando Manuel Murguía hizo entrega al impresor vigués Juan Compañel del
manuscrito rosaliano de Cantares gallegos, obra iniciadora del Rexurdimento
pleno. Para comprender el origen de ésta, hay que tener presentes factores
tales como la familiaridad de la poetisa con la música popular, la
reivindicación romántica de las culturas tradicionales y de sus manifestaciones
populares. Tal fue el éxito alcanzado por la obra que Rosalía de Castro fue
invitada a participar en los Juegos Florales de Barcelona, aunque declinó el
ofrecimiento. Además, escritores lusos de la generación de 1865, como son
Antero de Quental o Teófilo Braga, manifestaron con prontitud su admiración por
el libro, para en 1868 ser vertidos al catalán dos de los poemas de éste por
parte de Víctor Balaguer.
Estructura y voces
El libro está
enmarcado entre los poemas uno y treinta y seis, que constituyen
respectivamente el prólogo y epílogo. Además manifiesta una estructura circular
al iniciarse con una composición en la que toma la voz una joven a quién
invitan a cantar y finalizar con la misma voz de la muchacha que se disculpa
por su falta de habilidad para cantar las bellezas de Galicia.
De este modo, los
poemas restantes quedan enmarcados por los dos que abren y cierran el discurso
lírico y se transforman en una recreación de la artista popular que canta
personalmente variopintos motivos, aunque en ciertos momentos le cede la voz a
determinados tipos populares o incluso permite que en dos poemas hable la misma
autora, concretamente en el número 25 y 33. En estos se hace evidente un yo
lírico que puede entenderse como un método que Rosalía emplea con la intención
de aparecer como un personaje popular más, dejando patente su pertenencia a la
comunidad rural.
Temática
En Cantares
gallegos se encuentran recogidos cuatro núcleos temáticos fundamentales, que
son el costumbrismo, el amor, el intimismo y en último lugar, el social-patriotismo.
Temática costumbrista: en un considerable
número de composiciones predomina la descripción y la narración para presentar
creencias, romerías, devociones o personajes característicos de la cultura
popular gallega que Rosalía defendía frente a los estereotipos colonizadores.
Temática socio-patriótica: en este núcleo
temático se engloban aquellas composiciones en las que la emigración, el
abandono al que Galicia está condenada y la explotación de los gallegos en
tierras extranjeras son los motivos a los que se recurre para criticar la
situación de un pueblo gallego maltratado y reivindicar unos valores
universales de justicia social.
Temática amorosa: Estos poemas nos
muestran, desde una óptica popular, la manera de vivir el sentimiento amoroso
diferentes personajes del pueblo en distintas circunstancias y situaciones.
Temática intimista: Se incluyen aquí
"Campanas de Bastabales" y "Como chove miudiño". La voz de
la propia autora expresa sus sentimientos.
Artículo
principal: Follas novas
En 1880, Rosalía
de Castro editó en la capital española el que fue su segundo y último libro de
versos en lengua gallega, titulado Follas novas. Muchos de los poemas que
componen el libro fueron redactados durante la estancia de la familia en
Simancas (1869 - 1870), aunque también existen algunas creaciones literarias
que datan de la década de 1870 y que antes de aparecer en el libro ya habían
sido publicadas en la prensa. El poemario se halla dividido en cinco partes
(Vaguedás, Do íntimo, Varia, Da terra e As viuvas dos vivos e as viuvas dos
mortos) de extensión variable y que no responden a una planificación previa,
sino a una ordenación posterior a la elaboración de los textos.
Calificada como
la obra más rica y profunda de Rosalía, Follas novas fue y sigue siendo
considerada por buena parte de la crítica como el libro de transición entre la
poesía colectiva de Cantares gallegos y el radical intimismo de En las orillas
del Sar, en el que se da cabida a poemas de corte popular hasta creaciones que
tratan el paso del tiempo y la muerte. También se caracteriza por ser una obra
que tiene como trasfondo una notable intención social, que se manifiesta en la
denuncia que la autora hace de la marginación del sexo femenino, de los niños
huérfanos y de los campesinos, especialmente de aquellos que se habían visto en
la obligación de emigrar ante las pésimas expectativas económicas del país.
Estructura y núcleos temáticos
El libro se abre
con una dedicatoria de la autora a la Sociedade de beneficiencia dos naturales
de Galicia en La Habana, de la que había sido nombrada socia honoraria. A
continuación aparece el prólogo de Emilio Castelar, al que sigue un
significativo preámbulo de la escritora (titulado Dúas palabras da autora), en
el que se explica la característica cohesión existente entre lo personal y lo
social, entre los sufrimientos íntimos y las desgracias colectivas, que
constituye el eje central del poemario. En este preámbulo, Rosalía pone de
manifiesto su intención de no volver a escribir en gallego (cosa que reitera en
una carta escrita a Murguía en julio de 1881).
Alá van, pois, as Follas novas, que mellor
se dirían vellas, porque o son, e últimas, porque pagada xa a deuda en que me
parecía estar coa miña terra, difícil é que volva a escribir máis versos na
lengua materna.
Los núcleos
temáticos básicos de Follas novas son dos: por un lado se diferencia un tipo de
poesía subjetiva, que se corresponde con los dos primeros apartados en que se estructura
el libro (Vaguidades y Do íntimo), donde la autora desenvuelve un discurso
existencial pesimista y angustiado. Por otro lado existe una poesía objetiva,
correspondiente a los apartados cuarto y quinto (Da terra y As viúvas dos vivos
e as viúvas dos mortos), en la que se insiste en el aspecto reivindicativo de
lo popular y del hombre gallego, y donde se tratan temas que ya aparecieran en
Cantares gallegos, como la emigración y la injusticia social.
En el apartado
tercero (Varia) coexisten trazas de la poesía objetiva y la subjetiva enseñando
el complejo carácter que ofrece la realidad en toda su extensión para servir de
puente entre la subjetividad de Do íntimo y la objetividad de Da terra.
La concepción de
la vida
La obra poética,
en la que el sentimiento constante y predominante es la saudade, nos ofrece una
visión desolada del mundo y de la vida. También es reseñable la profundización
en el yo que realiza la poetisa y que la lleva al descubrimiento de una saudade
ontológica, un sentimiento misterioso e inefable de soledad sin relación con
algo concreto, que está vinculado a la radical orfandad del ser humano. Esta
tara existencial que Rosalía analiza desde su propia vivencia, se percibe como
el hallazgo final de un proceso en el que la desgracia va marcando su vida por
medio del sufrimiento y del dolor, siendo este último inevitable, como nos lo
revela en el poema Unha vez tiven un cravo. Ante esta situación, la única
solución es la huida o pérdida absoluta de la conciencia.
Toda la visión
desolada de la vida se intensifica con la angustia existencial que se deriva de
la omnipresencia de un fantasma que atenaza su vida y que se manifiesta de
forma especial en el símbolo oscuro, vago y polisémico de la negra sombra.
El Sar a su paso
por Padrón.
En las orillas del Sar
Un año antes de
su muerte, Rosalía de Castro publicó el que resultó ser su último libro de
poemas, titulado En las orillas del Sar escrito íntegramente en lengua
castellana. Aún no hay consenso entre la crítica literaria con respecto a la
fecha en la que fueron creados los poemas recogidos en este libro. Sin embargo,
las palabras de González Besada en su discurso de ingreso a la Real Academia
Española marcaron a la crítica posterior, pues según el periódico El Progreso
de Pontevedra, afirmaba que «las creaciones ahora recogidas En las orillas del
Sar han visto la luz pública en 1866». Por el momento han sido infructuosas
todas las búsquedas del susodicho periódico, por lo que tampoco se puede
afirmar que en él se encontrasen plasmadas las poesías rosalianas.
Compendio de obras prosísticas
*Lieders (en lengua española, año 1858):
este artículo publicado en El Álbum del Miño (Vigo) constituye el primer
escrito en prosa en lengua castellana publicado por Rosalía de Castro,
posiblemente como consecuencia de los comentarios favorables de Manuel Murguía
y Benito Vicetto con respecto a su introducción en el ámbito poético.
*La hija del mar (en lengua castellana, año
1859): su permanencia en Muxía le inspiró la ambientación de esta obra en
prosa, que además fue la primera de las novelas de Rosalía. En ella se
desenvuelve el tema del temperamento femenino, tratándose de un relato de
marcado carácter reivindicativo en el que dos mujeres intentan defender su
honra en medio de un ambiente predominantemente femenino. Destaca el prólogo de
la novela, donde la autora, defiende los derechos de la mujer en la vida
intelectual. Cita predecesoras destacadas tanto del mundo de las artes como de
la política, incluyendo algunos ejemplos de mujeres luchadoras, reformadoras y
poderosas en diferentes ámbitos de la vida pública. Tal como la define la
catedrática Pilar García Negro, Rosalía fue una "feminista en la
sombra" que reivindicó el papel de las mujeres en un momento muy
complicado.
*Flavio (en lengua castellana, año 1861): en
esta obra aparece por primera vez el tema del amor desengañado, siendo
recurrente en la poesía que cultivó a partir de este momento. Se trata de una
novela de la etapa de la juventud de la autora, quién la define como un «ensayo
de novela».
*El caballero de las botas azules (en lengua
castellana, año 1867): considerada por la crítica la más interesante de las
novelas de Rosalía y calificada por ésta como un «cuento extraño», constituye
una enigmática fantasía satírica en la que la escritora gallega expone un
surtido de relatos de corte lírico-fantástico con trazos costumbristas que
tiene el objetivo de satirizar tanto la hipocresía como la ignorancia de la
sociedad madrileña. Confluyen en su composición elementos provenientes de dos
campos, como son la libre imaginación (influencia de E. T. A. Hoffmann) y la
sátira realista de costumbres.
Hay en Madrid un palacio extenso y
magnífico, como los que en otro tiempo levantaba el diablo para encantar a las
damas hermosas y andantes caballeros. Vense en él habitaciones que por su
elegante coquetería pudieran llamarse nidos de amor, y salones grandes como
plazas públicas cuya austera belleza hiela de espanto el corazón y hace crispar
los cabellos. Todo allí es agradable y artístico, todo impresiona de una manera
extraña produciendo en el ánimo efectos mágicos que no se olvidan jamás.
Fragmento del capítulo I de la novela El
caballero de las botas azules
*Conto gallego (en lengua gallega, año
1864): apareció por primera vez en una publicación periódica en el año 1864, y
hasta el descubrimiento de esta edición sólo se tenía conocimiento de la
publicación realizada por Manuel de Castro y López en su Almanaque gallego de
Buenos Aires, en el año 1923
El cuento refiere un motivo tradicional de la literatura misógina en la que dos amigos hacen una apuesta con la intención de demostrar cual de ellos logra seducir a la viuda el mismo día del entierro de su marido. El trazo característico del cuento es la economía narrativa: la trama se centra en el diálogo existente entre los personajes, mientras que la voz narradora limita sus intervenciones hasta lo imprescindible.
El cuento refiere un motivo tradicional de la literatura misógina en la que dos amigos hacen una apuesta con la intención de demostrar cual de ellos logra seducir a la viuda el mismo día del entierro de su marido. El trazo característico del cuento es la economía narrativa: la trama se centra en el diálogo existente entre los personajes, mientras que la voz narradora limita sus intervenciones hasta lo imprescindible.
*Las literatas (en lengua castellana, año
1866).
*El cadiceño (en lengua castellana, año
1866): cuento de carácter satírico, en el que ciertos personajes se expresan en
castrapo, una variante popular del castellano caracterizada por el uso de
vocabulario y de expresiones tomadas del idioma gallego que no existen en
castellano.
*Ruinas (en lengua castellana, año 1866): es
un cuadro de costumbres centrado alrededor de tres tipos humanos, tres
habitantes de una pequeña villa, ejemplares por sus valores espirituales, que
se sobreponen a su decadencia social.
*El
primer loco (en lengua castellana, año 1881): es una novela breve, en la que
Rosalía obvia la moda realista del momento para retornar a las fórmulas
románticas de su etapa más juvenil.
*El domingo de ramos (en lengua castellana,
año 1881).
*Padrón y las inundaciones (en lengua
castellana y publicado en La Ilustración Gallega y Asturiana, el 28 de febrero
y el 8, 18 y 28 de marzo de 1881).
*Costumbres gallegas (en lengua castellana,
año 1881): en este artículo, Rosalía critica la costumbre que existía en el
litoral gallego de ofrecer una mujer de la familia al marinero recién arribado.
Cumple destacar que el escrito fue objeto de críticas muy duras, dentro del
territorio gallego.
Lengua literaria
El idioma que
tenían a su disposición los iniciadores del Renacimiento romántico, que eran
unos completos desconocedores de los textos medievales, era una lengua
dialectal empobrecida, muy erosionada por la lengua oficial y fragmentada en
variedades comarcales.
No se puede
afirmar que Rosalía de Castro escribiese en un dialecto determinado, aunque su
elástico sistema de normas lingüísticas tenga como base geográfica las hablas
de las comarcas bañadas por el Sar y el Ulla, con una clara tendencia al seseo.
Como consecuencia de la precaria situación en la que se encontraba la lengua
gallega escrita de la época, Rosalía solía emplear vulgarismos (probe en lugar
de pobre, espranza en lugar de esperanza y dreito en lugar de dereito son
algunos ejemplos), hipergalleguismos (concencia o pacencia son dos ejemplos) y
castellanismos (dicha, Dios, conexo...). También son habituales en sus obras
las variaciones léxicas (frores, frois, froles o dor, dore, delor) y
morfológicas, mientras se adoptan diferentes soluciones para la formación del
plural de las palabras agudas.
A pesar de todo,
a Rosalía le interesa más la vivacidad que la pureza de la lengua gallega que
usa para expresarse, lo que deja patente en el prólogo de Cantares gallegos. Es
allí donde se dice que a pesar de carecer de gramáticas y de reglas, lo que
propicia la aparición de errores ortográficos, la autora puso su mayor cuidado
en reproducir el verdadero espíritu del pueblo gallego.
Importancia y significado de su obra en gallego
Con la
publicación de Cantares gallegos en el año 1863 se alcanzó el momento culmen
del Rexurdimento de las letras gallegas, así como se marcó un punto de
inflexión en la historia de la literatura gallega. Con un elevado ejercicio
lingüístico y literario, la escritora prestigió al gallego como lengua
literaria (si bien este idioma ya había sido utilizado para la creación
literaria, como sucede con la lírica galaicoportuguesa) y reivindicó su uso. Además,
por medio de los temas tratados en Cantares gallegos, Rosalía otorga a su obra
un carácter sociopolítico reflejando las duras y pésimas condiciones bajo las
que se encontraba la sociedad rural gallega, al mismo tiempo que reivindicaba
al gallego frente al castellano, y a Galicia frente al resto de España. Se
puede decir que Rosalía pretendió defender y redescubrir a la cultura e
identidad gallega, las cuales habían sido obviadas por la ideología centralista
estatal. La huella de Cantares gallegos quedó reflejada tanto en la posterior
producción literaria como en el mismo pueblo gallego, que al verse reflejado en
la obra rosaliana tomó conciencia de su propia dignidad. El éxito del libro se
debió a la extraordinaria conexión que existió entra la escritora y las gentes
de su región, llegándose al extremo de que el pueblo llegó a asumir un gran
número de poemas y estrofas como versos comunitarios.
Con Follas novas
Rosalía creó un universo nuevo y extremadamente personal, en el que el puro
lirismo intimista alcanza la más alta realización artística, más allá de las
vivencias estéticas, en una continua y angustiada pregunta sobre el sentido de
la existencia humana. La poesía que se recoge en esta obra revela la
conflictividad de un mundo en el que no existen valores eternos y verdades
absolutas, y donde el ser humano se encuentra totalmente solo. Es la
cosmovisión pesimista y angustiada la que trasluce la crisis de valores de la
sociedad capitalista frente a la seguridad de la sociedad patriarcal, que aparece
en descomposición por la acción de aquella.
Las críticas e influencias posteriores
La valoración de
la obra rosaliana y la mitificación de la escritora se produjeron tras el
fallecimiento de la misma, puesto que a lo largo de su vida esta fue permanentemente
menospreciada y marginada, quedando fuera de escritos tan relevantes como La
literatura en 1881 de Leopoldo Alas y Armando Palacio Valdés. Fue necesario
esperar hasta los modernistas y la generación del 98 para que reconocieran en
Rosalía a una creadora afín a su espíritu.
Los mayores
promotores de Rosalía de Castro fueron los escritores del 98, quienes la dieron
a conocer a través de sus escritos en toda la geografía española y en la
América hispanohablante, valiéndose de su gran reconocimiento social y de la
reedición de muchas de las páginas que fueron escritas por ellos y que versaban
sobre la escritora. Principalmente, fueron Azorín y Miguel de Unamuno los más
acérrimos valedores de Rosalía, quienes le dedicaron entre 1911 y 1912 un total
de seis artículos que versaban sobre la escritora gallega. El resto de
literatos noventayochistas no se pronunciaron en favor de Rosalía de Castro, y
si lo hicieron fue de una forma muy tenue, como hizo Antonio Machado con una
lacónica y tardía observación sobre la poetisa. Destacó también Ramón María del
Valle-Inclán, pero en este caso por las duras críticas y juicios negativos que
le dedicó a la obra rosaliana, a pesar de ser amigo de su marido, Manuel
Murguía, quien se había encargado de la redacción del prólogo de la obra
titulada Femeninas, del mismo Valle Inclán.
El independiente
Juan Ramón Jiménez también se hizo eco de la obra rosaliana, dedicándole todo
tipo de elogios y considerándola como la predecesora de la revolución poética
iniciada por Rubén Darío. Considerándola una poeta del litoral, al igual que
hacía con Bécquer, Jiménez le otorga el calificativo de innovadora y precursora
del modernismo español.
Día de las Letras
Gallegas
El 20 de marzo de
1963, tres miembros numerarios de la Real Academia Gallega, concretamente
Francisco Fernández del Riego, Manuel Gómez Román y Xesús Ferro Couselo,
enviaron una carta al que por aquel entonces ostentaba el cargo de presidente
de la institución, Sebastián Martínez Risco, en la que se sometía a
consideración de la Junta General la propuesta de celebrar el centenario de la
publicación de la obra Cantares gallegos, de Rosalía de Castro. El 28 de abril,
a consecuencia de la propuesta elevada al presidente, tiene lugar una Junta
ordinaria en los salones municipales cuyo resultado fue la declaración del Día
das Letras Galegas el 17 de mayo de cada año, quedando reflejada tal decisión en
el acta de la sesión.
Todos sabemos que o libro rosalián editado
en 1863, ten sido a primeira obra maestra con que contóu a Literatura Galega
Contemporánea. A súa aparición veu a lle dar prestixio universal á nosa fala
como instrumento de creación literaria. Representa, pois, un fito decisivo na
historia da renacencia cultural de Galicia.
Todos sabemos que el libro rosaliano
editado en 1863, ha sido la primera obra maestra con la que contó la Literatura
Gallega Contemporánea. Su aparición le proporcionó prestigio universal a
nuestra habla como instrumento de creación literaria. Representa, pues, un
hecho decisivo en la historia del renacimiento cultural de Galicia.
Punto primero de la carta.
Ninguén desconoce que o libro ten unha forza
simbólica estraordinaria. Sendo a amosa máis reveladora do nivel cultural dos
pobos, non é de estranar o afán de esparexelo e de lle abrir camiños pra
ensanchar o ámpido dos seus leitores. No caso de Galicia, ningunha data máis
axeitada pra enaltecer e difundir o libro eiquí producido, que a que conmemora
a pubricación da obra coa que se encetóu o prestixio contemporáneo das Letras
galegas.
Nadie desconoce que el libro tiene una
fuerza simbólica extraordinaria. Siendo la muestra más reveladora del nivel
cultural de los pueblos, no es de extrañar el afán de esparcirlo y de abrir
caminos para ensanchar el ámbito de sus lectores. En el caso de Galicia,
ninguna fecha es más ajustada para ensalzar y difundir el libro aquí producido,
que la que conmemora la publicación de la obra con la que se formó el prestigio
contemporáneo de la Letras Gallegas.
Punto quinto de la carta.
A los dos días de
alcanzarse un acuerdo en el seno de la institución, el presidente de la Real
Academia Gallega procedió a la comunicación del mismo al Ministerio de
Información y Turismo solicitando su permiso para poder llevar a buen término
la iniciativa. El 14 de mayo, el delegado provincial del Ministerio al que se
había acudido respondió de manera positiva a la propuesta. Así, aquel año de
1963 se honró lo figura de Rosalía por medio de diversos actos que fueron promovidos
por la institución académica, teniendo esto como sede principal la ciudad de La
Coruña. No obstante, en otras ciudades de toda Galicia también se promovieron
distintos homenajes y actos con el objetivo de honrar tanto a la autora como a
su obra.
Reconocimientos
En la actualidad,
son varias las instituciones, espacios públicos y bienes de consumo designados
con el nombre de Rosalía de Castro, poniendo esto de manifiesto el arraigo
social que tiene la figura de la poetisa. De este modo, es posible encontrar
centros de educación tanto en la Comunidad Autónoma de Galicia como en el resto
de regiones de España, en Rusia, Venezuela (Teatro Rosalía de Castro) o Uruguay
llamados igual que la escritora, a lo que se debe añadir numerosos parques,
plazas y calles, asociaciones culturales, premios otorgados a personas
íntimamente vinculadas a la lengua gallega y española, bibliotecas,
agrupaciones folclóricas, coros musicales e incluso un vino con Denominación de
Origen Rías Baixas. Sin embargo, resulta curioso que un avión de la compañía
Iberia, así como una aeronave perteneciente a Salvamento Marítimo, hayan sido
bautizados igual que la escritora. Obviamente, también son varios los
monumentos (placas conmemorativas y esculturas principalmente) dedicados a su figura
en diversos países del mundo.
Con la emisión
del 23 de octubre de 1979 apareció el último de los billetes de 500 pesetas,
puesto que este sería substituido en 1987 por monedas de igual valor. El
billete se distinguía por presentar en el anverso el retrato de Rosalía de
Castro, grabado por Pablo Sampedro Moledo, así como por mostrar en el reverso
la Casa-Museo de Rosalía sita en Padrón y unos versos con la caligrafía de su
autora, pertenecientes a la obra Follas novas. De esta forma, Rosalía de Castro
se convirtió junto con Isabel la Católica, en el único personaje femenino no
alegórico retratado en el anverso de un billete propiamente español.
Notas
Doña María Teresa
de la Cruz de Castro y Abadía había nacido en el pazo de Arretén, inmueble que
popularmente era conocido con el nombre de la Casa Grande, enclavado en la
parroquia de Iria. Hija del mayorazgo don José Castro Salgado, reconoció como
hija suya a Rosalía (al estar su padre vinculado al clero, este no estaba en
condiciones de hacer lo mismo), concediéndole de esta forma el primero de sus
apellidos, de modo que aparece únicamente con él en los documentos oficiales,
unas veces como hija natural y otras como hija ilegítima.
Por una parte
están las repetidas afirmaciones del propio Manuel Murguía de que no conoció a
Rosalía antes de 1857, año que además es citado por los descendientes de la
pareja como el del primer encuentro de sus padres. Por otra parte, los
testimonios de un conocimiento anterior son numerosos, ya sea en los salones
del Liceo de Compostela, o en la casa de D.ª Carmen Lugín en Madrid, donde
residió Rosalía, lugar frecuentado por escritores tales como Julio Nombela, los
hermanos Bécquer, Serafín Avendaño y el mismo Murguía.
En el año 1853,
una epidemia de tifus puso en grave peligro la vida de Rosalía. A pesar de que
la escritora sanó, no sin dificultad, su amiga Eduarda Pondal, hermana del
poeta, feneció a causa de la enfermedad.
Las razones que
inducen a Rosalía de Castro a abandonar de una forma tan radical aquella lengua
a la que tanto contribuyera con la intención de dignificar todavía se
desconocen, aunque cierto es que dentro de la crítica exiten diferentes
posturas: Alonso Montero cree que la razón del abandono del gallego radica en
las duras críticas que recibió el artículo titulado Costumbres gallegas, en el
que Rosalía arremetía contra una insólita práctica llamada prostitución
hospitalaria que consistía en ofrecer al marinero que había realizado una larga
travesía una de las mujeres de la familia. Por otra parte, Marina Mayoral
piensa que el abandono debe ser visto como un gesto de reivindicación de la
libertad del artista por parte de la autora.
Busto de Rosalía
de Castro en el Paseo de los Poetas, El Rosedal, Buenos Aires.
WIKIPEDIA.
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