ROMANZA PARA PICHUCO Y MARIA
Tango
Música: José
Ogivieki
Letra: Matías
Mauricio
Con un montón de
besos trasnochados
la espera en el
barcito de la esquina
y mientras piensa
cuánto y cuánto la quería
se van poblando
de ternura los recuerdos.
La ve cruzar la
calle y se pregunta:
¿Traerá su
sombrerito mi María?
Y en una ráfaga
de amor la está nombrando,
la está rondando
con su piel de bandoneón.
Soy yo… yo soy
Pichuco –le decía–
¡No ves mi cara
gorda de gorrión!
Y se besaron con
la luna entre los labios
en Pompeya, donde
estaba el paredón.
Ya no es la
Buenos Aires milagrosa,
hoy todo huele a
frío de hormigón,
pero las sombras
de Pichuco y de María
regresan siempre,
cuando empuja el corazón.
Ya están bailando
el tango del misterio,
ya saben cuánto
duele despedirse,
tal vez el alma
se les ponga media triste,
tal vez
presientan el final de todo encuentro.
¿Qué mundo de
trasmundo los espera?
¿Adónde irán los
besos que se dieron?
Y allá se van,
los dos tomados de la mano
tangueando al
alba la canción que los unió.
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