Miércoles 14 de noviembre de 2007 | Publicado en edición
impresa
Por Marina Gambier |
LA NACION
HOMENAJE: ALEJANDRO BUSTILLO
A 25 años de su fallecimiento, recordamos al prestigioso
arquitecto con un recorrido por las obras más destacadas que dejó en Buenos
Aires y en la Patagonia argentina
Bustillo, en su casa de la calle Rodríguez Peña. Murió en
1982. Foto: gentileza Familia Bustillo
Su primera vocación fue la pintura, pero como tuvo diez
hijos y era consciente de que debía mantenerlos, dejó el arte para dedicarse de
lleno a la arquitectura. En buena hora. Hoy resultaría imposible imaginar
Bariloche sin el hotel Llao Llao, o Mar del Plata sin el hotel Provincial y su
generosa rambla a lo Place Vendôme, ni la ciudad de Buenos Aires sin el
imponente Banco Nación, por nombrar sólo tres de las obras más representativas
de la vasta y variada producción que dejó Alejandro Bustillo. El 3 del actual
se cumplieron 25 años de la muerte de este arquitecto argentino, cuyos
edificios ayudaron a la construcción simbólica del país de las vacas gordas y
el té a las 5. Además de los actos recordatorios realizados en los últimos
días, pronto saldrá a la venta un libro que recorre su vida y su legado, disperso
entre la Patagonia, la provincia de Buenos Aires y Europa.
Bustillo nació en 1889 en el seno de una familia
aristocrática. Se educó en el Politécnico Superior y luego en la Escuela de
Arquitectura, que entonces dependía de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas
y Naturales de la UBA. Su clara devoción por el academicismo francés, estilo
que cultivó con énfasis en los primeros años de trabajo, fue influencia de sus
maestros, Alejandro Cristophersen -el beauxartiano más destacado de la época-,
Eduardo Le Monnier y René Karman, también admirador del neoclasicismo francés.
Apenas graduado dio sus primeros pasos en el campo construyendo casas y cascos
de estancias, pero fue durante su larga estada en Europa donde afianzó sus
intereses estéticos, además de anudar vínculos sólidos con los hombres más
poderosos del país a quienes luego les proyectaría grandes residencias urbanas
y rurales que hoy son parte del patrimonio arquitectónico.
"En el campo hace sus primeros pasos, jugando con las
formas y los materiales de la zona, siempre con un sentido pintoresquista y
pictórico. Todas sus obras tienen un sentido artístico, contempla e interpreta
el paisaje haciendo con ellos su propia escenografía", recuerda su nieto
Fernando Bustillo, también arquitecto. "Creía que los grandes estilos eran
para la ciudad, y que lo rústico era para el campo. Tenía una visión muy
acotada de las cosas, era muy conservador, y coherente con eso. Era un
aristócrata y el resentimiento ideológico lo hizo ver como un oligarca, pero en
el fondo era un artista. Tenía un concepto político del engrandecimiento del
país, como muchos hombres de su clase y de su generación. Construyó en una
época de abundancia, y sus obras condicen con ese contexto social y político,
por eso su obra tuvo momentos muy claros, siempre contextualizados con la
realidad del país."
Los primeros edificios que construyó en Buenos Aires, la
mayoría petites hotels y casas de renta, adapta los conceptos compositivos del
estilo beaux arts; como ejemplo va la casa de Enrique Duhau (actual tienda
Armani, cuyo reciclaje fue muy cuestionado), lenguaje que con los años fue
depurando hasta llegar a una arquitectura más austera, pero monumental,
imitando los lineamientos de Albert Speer, arquitecto preferido de Hitler.
"Estaba muy compenetrado con esa expresión porque era la única que
entonces defendía los valores clásicos nacidos en Grecia, y él era un admirador
de la cultura griega", recuerda su nieto. De entonces datan sus mayores
obras como el Banco Nación, el edificio Volta y el hotel Provincial de Mar del
Plata.
Con los años Bustillo fue simplificando sus recursos a
medida que cambiaba la realidad del país. Además de innumerables edificios
privados, vale recordar que tuvo a cargo la remodelación de la ex Casa de
Bombas Recoleta para destinarla a Museo Nacional de Bellas Artes, y que
proyectó edificios y parques públicos en la provincia de Misiones. También es
importante aclarar que, aunque muchos creen que la casa de Victoria Ocampo,
sobre la calle Rufino de Elizalde, en Barrio Parque, fue diseñada por Le
Corbusier, lo cierto es que la vivienda es obra de Alejandro Bustillo, y que
por las cualidades del proyecto mereció juicios elogiosos del mismo Le
Corbusier.
Murió en 1982, y aunque sus familiares consideran que no
tuvo un justo reconocimiento, su obra sigue en pie, y habla por sí misma.
*Estancia La Primavera, 1918
Apenas graduado, Bustillo pasó unos años en el campo y fue
cuando diseñó varias residencias rurales, entre ellas, La Primavera, en
Neuquén, la casa de su familia. Siguiendo el concepto de su maestro Alejandro
Cristophersen -que consideraba que los grandes estilos eran para la ciudad y
que lo rústico era apropiado para el campo- diseñó una vivienda con aires
pintoresquistas, inspirado en el paisaje de la zona y otorgándole un
protagonismo destacado a los materiales autóctonos.
En rigor, La Primavera -recuerda su nieto Fernando- fue un
proyecto que descartó y que su hermano José María le robó, mientras él estaba
en Europa. Levantó la casa sin permiso del autor, aunque respetó cada detalle
del proyecto original.
*Banco Nación, 1944 -1955
Alejandro Bustillo consideraba al Banco Nación como su obra
máxima, y la planificó tan obsesivamente que hasta mandó a hacer una maqueta de
yeso, que hoy se conserva en el museo del Banco. Ocupa toda una manzana y fue
proyectado en 1937. La primera etapa de su construcción fue inaugurada en 1944
y su apertura definitiva, en 1955. Imbuido en los cánones compositivos de la
arquitectura griega, Bustillo diseñó el edificio pensando hasta en la
incidencia del sol y la luz en los detalles de la fachada. El tratamiento
exterior repite motivos de la arquitectura francesa del siglo XVIII, y Bustillo
observó que si el frontis estaba inclinado se vería derecho desde abajo, por
eso luce ligeramente inclinado. El interior se organiza en torno de una gran
rotonda sin columnas, resuelta a escala monumental, con grandes ambientes y
paramentos revestidos de mármol y pisos de granito. Esta obra se inscribe en la
etapa en que Bustillo construyó emulando las obras del arquitecto preferido de
Hitler, Albert Speer.
Hotel Provincial de Mar del Plata
Durante la gestión de su hermano José María al frente del
Ministerio de Obras Públicas, en 1941, le encargan la nueva Rambla de Mar del
Plata, y en 1946 la urbanización de la Playa Bristol y la construcción del
hotel Provincial, obras éstas que demandaron diez años. Son dos grandes
edificios, inconfundibles, casi idénticos, plantados siguiendo la línea de la
costa, separados por una plaza seca y unidos por una explanada peatonal elevada
sobre el nivel del mar, y que Bustillo diseñó
pensando en la Place Vendôme de París. La estética exterior
es una combinación de los órdenes clásicos reinterpretados según el ambiente de
playa y con claras alusiones a los balnearios de la belle époque. En 1950 se
creó una normativa para que los nuevos edificios vecinos mantuvieran la
impronta bustilliana, con sus recovas de arcos rebajados, muros de ladrillo y
piedra, etcétera.
*Hotel LLAO LLAO, 1938
Entre 1934 y 1944, durante la gestión de su hermano Exequiel
que por entonces ocupaba la presidencia de Parques Nacionales, Alejandro
Bustillo realiza una serie de obras importantes a lo largo y ancho del Parque
Nacional Nahuel Huapi, entre las que se destaca el hotel Llao Llao, obra que
ganó por concurso, que fue inaugurada en 1938 y que tras un incendio en 1939
fue reconstruida en 1940, según los lineamientos del proyecto original. Cabe
destacar que para que nadie sospechara, Exequiel Bustillo había decidido que su
hermano no cobraría ni un centavo por el diseño y la ejecución del proyecto.
Cuentan que se derribaron cerca de cinco mil árboles para
poder emplazar el inmenso chalet de estilo normando, realizado íntegramente en
madera y piedra, con techos en madera de quebracho y tejuelas de alerce,
pensado en torno de una planta en forma de H y elevado sobre una loma entre
lagos y cerros, logrando una absoluta integración con la geometría del paisaje.
El primer hotel tenía telégrafo, correo, una sucursal del Banco de la Nación,
farmacia y cancha de golf diseñada por Alberto del Solar Dorrego. Entre otros
aportes de Bustillo a la arquitectura de la región se destaca la creación de
una normativa para la aprobación de planos, de manera de obtener un estilo
definido en la zona, privilegiando técnicas artesanales. Entre otros edificos
que dejó en pie se destacan la hostería Isla Victoria, el Centro Cívico de
Bariloche y la residencia El Messidor, inspirada en un castillo del sur de
Francia.
*Al Sur, un cierto aire de familia
En medio de la nada, porque es la nada, y con la impronta de
los grandes galpones lanares construidos por los pioneros de la Patagonia, el
estudio Bustillo, del arquitecto Fernando Bustillo, nieto de Alejandro, diseñó
el flamante hotel Eolo, en la localidad de El Calafate, provincia de Santa
Cruz. El edificio luce entrañables referencias a las obras que construyó su
abuelo en el Sur, pero esta vez fue realizado con técnicas constructivas
modernas y una impronta contemporánea que surge de observar el lugar,
comprender las vicisitudes de la geografía y las necesidades del negocio.
"Me inspiré en los edificios rurales de la zona,
construidos en seco, revestidos por chapas o tablas de madera, y organizados de
manera de facilitar el mantenimiento.
Si observa bien, está separado de la tierra. Sólo les di
proporción y compuse un conjunto equilibrado de masas que se apoya sobre la
ladera de un cerro que mira a la estepa.
Imaginé un lugar al reparo del viento, donde disfrutar del
sol, con ambientes amplios con grandes ventanales que enmarquen los mejores
cuadros del paisaje", destaca Bustillo nieto en la memoria descriptiva del
proyecto, organizado en torno de un patio central, con 17 suites de grandes
dimensiones e inmejorables panorámicas al valle, la Cordillera y el lago
Argentino. "El elemento diferencial respecto de los hoteles de la región
es el gran patio central -interno y sin techo-, que además de resguardar de la
acción molesta del viento permitió organizar y coordinar las diversas áreas del
programa, manteniendo la privacidad de huéspedes y del personal de servicio. La
circulación interna a las habitaciones gira alrededor de este patio y nos
permite contemplar la arquitectura interior del conjunto", aclara
Bustillo. Los ambientes principales, como el lobby, el comedor y el spa, fueron
distribuidos en las áreas centrales de cada una de las alas que conforman el
patio, porque éste también sirve de gran hall de distribución interna del hotel
y acorta distancias entre los ambientes principales y las habitaciones
reservadas por los huéspedes.
fuente: LA NACION.COM
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