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martes, 7 de julio de 2015

MATIAS MAURICIO, SAN PUGLIESE



SAN PUGLIESE
Candombe
Música: Nicolás Guerschberg / Eduardo Guerschberg
Letra: Matías Mauricio

De zurda y sin un mango se me hace Don Osvaldo
que andás por calle Humboldt arriando un aluvión
de tangos enyumbados que van a contramano
de un cielo ya tapado por monstruos de hormigón.

Sabés, a Buenos Aires le falta tu misterio,
tu mística tanguera que hacía delirar;
por eso yo te pido “santito” en este infierno
¡chuceame a los que quieren mufarnos la ciudad!

San Pugliese
nuevo arcángel suburbano
en qué patio revirado
se quedó tu corazón.
San Pugliese
antimufa, milonguero,
alumbranos desde el cielo
desangrándote de amor,
que hoy tus tangos
son el alma del asfalto,
son el cuore y el infarto
de este “ispa” en rebelión.

Mi abuelo me contaba que allá, en los cuarenta
las minas se empilchaban de luz el corazón,
soñando que una noche al ritmo de tu orquesta
algún cantor de barrio las saque del bajón.

Ya ves, a nuestra gente le jode el ninguneo
de ver como se llevan el último adoquín;
por eso yo te pido “santito” en este infierno
¡chuceame a los que quieren mufarnos el país!


MATIAS MAURICIO, HISTORIA DE UN ADIOS



HISTORIA DE UN ADIOS
Tango
Música: Nicolás Guerschberg / Eduardo Guerschberg
Letra: Matías Mauricio

Cuando quise darle un vuelco a tanta trama
y en tu cama desatar un aluvión;
vos huiste como un pez en la tormenta
como un tren en la desierta
vía muerta del amor.

Cuando supe que a la cuerda de tu cuerpo
sólo suben los que saben perdonar,
se me dio por acampar entre tus brazos
y en un viejo hotel de paso
nos echamos a volar.

Yo tenía un corazón con dos ventanas,
vos hablabas de un país y de un amor.
Yo soñaba tantas cosas, que soñando
me olvidé como se escribe una canción.
Yo soñaba tantas cosas, que soñando
me olvidé como empezaba esta canción.

Y así fue, me abandonaste en la frontera
de manera que no supe distinguir
que en la cresta de la ola de tus labios
sólo flotan los resabios
de los besos que te di.

Pero todo el que te espera desespera
y esperarte es un café con gusto a sal,
una selva de cuchillos en los huesos,
el bostezo de otro beso,
y otra vez la soledad.