Un lugar de reunión, para cantar, payar, decir poesías y mostrar nuestras tradiciones,
nuestros artistas tanto de FOLKLORE como de TANGO.
Un bolichopulpería para mostrar las tradiciones argentinas, nuestras costumbres, leyendas, nuestros pájaros, nuestros árboles, flores, y paisajes.
...y de otros pagos también... por qué no?? conocer otras culturas...
Un lugar para compartir... tomar mate, o un vino en amistad.
25 DE ABRIL 1953 - Nace en La Banda (Santiago del Estero), Roberto Carabajal,
cantor, autor, compositor. Hijo de Rosario Carabajal. Se inició con
Peteco Carabajal y Shalo Leguizamón, luego Los Carabajal y desde 1988
hace dúo con Cuti Carabajal. Autor de “En brazos de la ternura” con
Valles y “Madre querida” y “Padre”, las dos con Ternán. etc. EFEMERIDES FOLKLORICAS ARGENTINAS de JUAN CARLOS FIORILLO ......................................... ROBERTO CARABAJAL. .....................................
*15 de marzo de 1934: Nace Pablo Raúl Trullenque, en *La Banda (Prov. de
Santiago del Estero). Poeta y autor de varios temas del cancionero folklórico
argentino. Se destacan: "Santiago chango moreno", "La pucha con
el hombre". ........................................
PABLO RAUL TRULLENQUE.
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La poesía, el vino compartido, el último abrigo
Nota de José Félix Luna, publicada en El Punto y la coma.
Pablo Raúl Trullenque fue un poeta, escritor, letrista y
coplero nacido en *Santiago del Estero el *13 de enero de 1934 y fallecido el 5
de setiembre del 2000.
Huérfano de padre desde los cuatro meses, fue lustrabotas,
vendedor de diarios y, años más tarde, ayudante de sastre, oficio que le
permitió ganarse la vida con decoro.
Proveniente de una familia de músicos, desde temprana edad
se dedicó a animar fiestas estudiantiles y recitar glosas escritas por él.
En 1957 se mudó a Buenos Aires donde se relacionó con el
cantor Roberto Rimoldi Fraga, para quien compuso una serie de encendidas piezas
de desbordante fervor nacionalista, como “Argentino hasta la muerte” o la obra
integral “Los Federales”.
En su vasta producción se distinguen claramente dos
vertientes, una caracterizada por la etapa en que colaboró como glosista de
Rimoldi Fraga y la otra, de mayor vuelo poético y temático, cuando se reveló
como el autor más importante que haya dado esta provincia en los últimos años.
A partir de su humanismo a ultranza, concibió un arte
poético donde caben su naturaleza de hombre santiagueño, su amor por la tierra,
su convicción de que lo tradicional es la fuente natural para la fisonomía de
un pueblo, sus ideas de poeta, su estilo y su técnica de creador de canciones
populares y la pauta de su fundamental gravitación en el proceso de
jerarquización literaria de nuestro folklore.
Es evidente, porque se evidencia en su obra y en su conducta
intelectual, que jamás renunció a su condición de poeta para convertirse en
letrista de canciones. Entrevió, más bien, que si escribía sus poemas sólo para
la revista o el libro, condenaba a su obra a una supuesta circulación de
élites.
Por eso eligió para su expresión de poeta la canción; porque
entre pecho y espalda portaba un bombo y una guitarra y porque advirtió que la
nación era nuestra manera connatural de divulgación literaria y la gran
imprenta capaz de comunicar la poesía en gran escala.
Los que aún sostienen que Pablo Raúl Trullenque fue un poeta
“menor” porque se limitó a escribir letras para canciones populares, no tienen
la menor idea de lo que es ser poeta ni de lo que fue Pablo Trullenque. Él
expresó a Santiago del Estero con versos que establecieron una hermandad entre
los fantasmas del pasado y los hombres vivientes que hacen la continuidad
esencial de un pueblo.
Pero como era un hombre viviente -¡y en qué medida lo era!-
conjuró en sus canciones a las cosas, a los paisajes y las costumbres del
pasado con ideas poéticas tan presentes que fue capaz de consumar una nueva
poesía.
Para todas sus canciones empleó, con exquisita elección, el
léxico popular, pero con sonidos capaces de transmitir ternuras, amores y
compadecimientos.
Esta es, acaso, la cifra capital de la belleza que logra
modular en sus inconfundibles metáforas: “Es una falta envido su
corazón”, “Es un camino que anda solo bajo el sol”, “Por fincas perfumadas”
“Tu boca, enjambre de besos”, “Hoy mi mesa y mi guitarra, mañana mi último
abrigo”.
Coplero por excelencia, cultivó la secular tradición
española de manera impecable, pero sin permitir que la avara métrica le limite.
S hubiera escrito poemas correctos, poemas regulares, provistos de una
gramática tradicional, probablemente hoy sería uno más en la lista de las
antologías y las “antojolías”, uno de esos poetas que se leen un par de veces
en la vida sin que lleguen a provocar ninguna modificación en nadie.
Pero tuvo la envidiable intuición de olvidarse de los dogmas
de la cultura oficial para acercarse al hombre de la calle, al del monte y el
campo, al del barrio, al del vino compartido, al amigo amanecido y solo.
Fue varias veces honrado y condecorado: recibió el premio
“Cóndor” otorgado por la fundación Estampas y Memorias de la ciudad de La
Plata; el premio “Reconocimiento” del centro cultural de la Universidad
Nacional de Tucumán, el premio “Ricardo Rojas”, otorgado por la municipalidad
de Santiago del Estero, que asimismo le otorgó el título de “Ciudadano
distinguido”.
La diócesis de Santiago del Estero lo reconoció con el
premio “Eslabón”, en julio del 2000, la Sociedad Argentina de Autores y
Compositores lo homenajeó en esta ciudad, oportunidad en que recibió el premio
“Chango”.
Una de las bibliotecas populares de esta ciudad lleva su nombre
y la Legislatura Provincial lo declaró “Ciudadano ilustre”.
Pero su mayor premio es más sencillo y se renueva todos los
días cuando se juntan los compadres y se ven los amigos, cuando las tardes de
los viernes se va con los últimos pájaros y empieza lentamente la ceremonia del
fuego y del encuentro, la magia convocante del asado.
Cuando la guitarra y el vino despiertan juntos y la mesa es
un nido de abrazos y de risas y palabras, cuando cualquiera afina y el otro
pide un bombo, cuando arranca el rasguido y la voz se prepara para cantar la
copla; es el momento en que, esquivando la tristeza, baja su nombre prendido de
los versos para presidir el encuentro de los amigos.
Quiero creer que eso quería Pablo Trullenque, eso buscaba
desde que comenzó a escribir.
Estar volviendo siempre.
Nota de José Félix Luna, publicada en El Punto y la coma.