París-París
Yo te saludo París,
cuando una rebelión de
gárgolas
ebrias levanta el
vuelo,
llevándose la catedral
a los barrios pérfidos,
donde los jorobados
por la vida,
ven cumplirse sus
sueños jodidos de locura.
Y una tormenta
venérea,
ahuyenta las baladas
de los inválidos
que encendieron sus
barcazas
en la Isle de la Cité,
para morirse
putrefactos o buenos.
Ahí va, toma la
ballesta, apunta,
el ángel de los pelos
rubios
vuela con los dos
corazones galos
y el mismo hábito de
ausencia, macabro,
y otra vez errás el
disparo,
que mata al gorrión
parisino,
que escupe miserias en
el pont d’alma.
Y otros también
disparan,
con poderosos flashes
amarillos
al ángel, a las
gárgolas, a los títeres de los claustros,
a los miserables que
ahora, roban el pan.
Y mientras corro por
las calles
mirando como vuela
Notredam,
con sus alas de oro,
dorado,
una mujer me patea un
penal con una estrella,
en el arco donde se
escondió tantas veces el sol
y que le da el tanto
del triunfo
entre mis piernas
agotadas por el espanto.
Yo te saludo París,
porque tu belleza
tiene hedores del infierno,
porque tanta sangre ha
corrido por el Sena,
porque eres el alma
enamorada de un pintor enano,
porque cobijas a
Chopin y hueles a cebolla,
porque de allí
vinieron mis ancestros
sin saber que además
traían el tango.
Y porque mi corazón
sagrado,
volverá un día en una
cigüeña negra,
a devolverte aquél pan
que me traje,
y así me condenes para
siempre a tu milagro.
ESTEBAN CHARPENTIER.
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