lunes, 18 de febrero de 2013

GUSTAVO ADOLFO BECQUER, RIMA LXXXIV



RIMA LXXXIV



Yo soy el rayo, la dulce brisa,
lágrima ardiente, fresca sonrisa,
flor peregrina, rama tronchada;
yo soy quien vibra, flecha acerada.


Hay en mi esencia, como en las flores
de mil perfumes, suaves vapores,
y su fragancia fascinadora,
trastorna el alma de quien adora.


Yo mis aromas doquier prodigo
ya el más horrible dolor mitigo,
y en grato, dulce, tierno delirio
cambio el más duro, cruel martirio.


¡Ah!, yo encadeno los corazones,
mas son de flores los eslabones.


Navego por los mares,
voy por el viento
alejo los pesares
del pensamiento.


yo, en dicha o pena,
reparto a los mortales
con faz serena.


Poder terrible, que en mis antojos
brota sonrisas o brota enojos;
poder que abrasa un alma helada,
si airado vibro flecha acerada.


Doy las dulces sonrisas a las hermosas;
coloro sus mejillas de nieve y rosas;
humedezco sus labios, y sus miradas
hago prometer dichas no imaginadas.
Yo hago amable el reposo, grato, halagüeño,
o alejo de los seres el dulce sueño,


Todo a mi poderío rinde homenaje;
todos a mi corona dan vasallaje.
Soy Amor, rey del mundo, niña tirana,
ámame, y tú la reina
serás mañana.


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